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P S I C O L O G Í A     ●    F I L O S O F Í A     ●    E S P I R I T U A L I D A D
P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


El método de los 12 pasos - (1 - 6)

por Rocío Incera

¿Quién soy y qué hago todos los días?

Primer Paso
A través de los Doce Pasos, nos respondemos cotidianamente a estas preguntas y aprendemos a vivir según la voluntad de nuestro Amoroso Poder Superior. Desde el fondo de nuestro dolor y tristeza, supimos que éramos incapaces de cuidar de nosotros mismos y de controlar eventos, situaciones y a otras personas. Nos derrotamos. Hicimos nuestro Primer Paso: No puedo con mi adicción hacia lo que otros hacen o dejan de hacer, dijo el codependiente. No puedo con mi ingesta de alcohol, dijo el alcohólico. No puedo con mi manera de comer, dijo el comedor compulsivo. No puedo controlar mi consumo de fármacos, dijo el fármaco-dependiente. No puedo sostener ni guiar a una familia en la que existe un adicto, dijeron las familias de alcohólicos. Y se derrotaron. Comenzaron a vivir según los Doce Pasos y su vida cambió... siempre para mejorar.

No podemos con nosotros mismos y no siempre entendemos por qué hacemos o hicimos lo que nos llevó lejos de aquello que hubiésemos querido hacer o de la forma como habíamos planeado vivir. Nos derrotamos. Queriendo ir a la playa, terminamos perdidos en la montaña, sin saber cuál era, ni qué hacíamos ahí. Nos derrotamos. Hicimos nuestro Primer Paso. No eran los otros. Éramos nosotros y nuestras conductas. Los otros no tuvieron la culpa. Los responsables fuimos nosotros.

Segundo Paso
Algunos, que guiamos nuestra vida a través de los Doce Pasos, afirmamos que vivimos mejor cuando estamos permanentemente en un Primer Paso, porque la derrota siempre nos lleva a estar dispuestos a ponernos bajo la guía de un Amoroso Poder Superior. Cuando pensamos que nosotros podemos solos, que es cosa fácil, que somos invencibles... fuimos voluntaristas y mal llevados. Hicimos lo mismo que habíamos hecho y que nos llevó a nuestra derrota: seguimos gritando, seguimos llorando, victimizándonos y culpando a otros; continuamos con las mentiras que son las ilusiones y las fantasías, que penden sólo del aire y de las que nos caímos una y otra vez. Quedamos confundidos porque soñar era peligroso, cuando nos comparamos con otros que sueñan y que sí materializan felizmente sus sueños. Tuvimos que derrotarnos al constatar que nuestros sueños eran guajiros y que no era posible llevarlos a la realidad. Nos dimos cuenta de que, en realidad, no nos gustaba salir de nuestra zona de confort y desarrollar nuestros talentos para caminar mejor y ser más autosuficientes en esta bendita Tierra.

Tercer Paso
Como nos reconocimos impotentes y estuvimos dispuestos a comprendernos, a nosotros, a la vida y a los otros, de modos distintos, pudimos poner nuestra vida y nuestra voluntad al cuidado de un Amoroso Poder Superior. Pero muchos de nosotros teníamos pavor de un dios porque el que conocíamos nos castigaba, igual que hicieron nuestros padres. O no recibimos formación alguna en la fe y sólo confiábamos en nuestras escasas fuerzas, que no resultaron suficientes ni bien entonadas para conservar nuestro bienestar aquí en la Tierra (por eso terminamos como terminamos y estamos como estamos).

El Programa de los Doce Pasos nos permite "elaborar" —como dicen los psiquiatras— a nuestro Poder Superior. Salen los asuntos con la autoridad: padres, maestros, hermanos mayores, jefes. Y podemos dejarnos sentir todas las emociones que conlleva el asunto del PODER: nunca son menores. Abusaron de nosotros y nosotros abusamos de otros. Y este bendito Tercer Paso, nos ayuda a limpiar el negro rincón en el que vivimos, pues la mayoría de nosotros no tuvimos los padres que hubiésemos tenido, sino éstos criticables, con los que tuvimos que lidiar toda la vida y que nos maltrataron de modos conscientes e inconscientes.

Con el paso de los días y las semanas, podemos limpiar nuestro concepto de autoridad y derrotarnos a todos nuestros sentimientos respecto de los demás y el uso de autoridad, la interpretación que hacemos de ella y el modo como la vivimos y la actuamos. Podemos CONFIAR en un Amoroso Poder Superior. El asunto crece y se mejora con el tiempo. El asunto del Poder se cura, restablece y aclara a través de los años en los Doce Pasos. No es un cajón que ordenamos de una sentada.

Cuarto Paso
Nos ayuda a reconocer cuál fue nuestra historia. Tal vez, ahí es cuando por fin aprendemos a "irnos hacia adentro", a hablar de nosotros mismos y de nuestras experiencias. Escribimos acerca de qué vivimos, cuáles fueron nuestros dolores y penas. Como es un asunto de tocar el fondo de nuestro dolor, necesitamos haber pasado por un Tercer Paso y contar con un Poder Superior protector y amorosos. Necesitamos haber construido un Poder Superior que salga de nosotros mismos y que nos otorgue seguridad.

En mi caso, mi primer Cuarto Paso me llevó sin escalas al amor que yo sentí por mi padre cuando tenía 4 años. No era que él me molestara tanto, ni que fuese un violento y abusador —a la vez que de alguna manera sí lo fue—, sino los modos como yo lo amaba y trataba de ganarlo como "mi esposo para-toda-la-vida". Se trataba de ver cómo lo convertí en mi Dios, en mi poder superior, en mi no-va-más. Cierto: mis padres no manejaron adecuadamente mis arquetipos porque eran una pareja común y corriente, llena de situaciones inmanejables y de broncas que se cubrían con un "aquí no pasa nada y todos somos felices... ¿Entendido?" Negación, supresión, represión; como en casi todas las familias humanas.

Sin embargo, yo nunca pude elegir parejas adecuadas para mí y mis relaciones con los hombres se convirtieron en verdaderamente problemáticas: buscaba inútilmente a mi padre en todos. Muy triste. Aquella derrota por reconocer mi parte en los triángulos mal resueltos me puso a llorar 5 horas seguidas y de modo intermitente durante días. Y mi curación —luego de 5 años— todavía no se completa. Pero puedo estar perfectamente sin un hombre, mantener mi realidad material con mi trabajo, ser feliz sin pareja y esperar que mi Poder Superior traiga en la bendita vida las experiencias para que yo viva, experimente, reflexione y, así, aprenda.

Quinto Paso
Llegué con mi madrina de Programa de Codependientes, desecha. La había llamado por el celular porque no podía sostenerme en pie, luego de saber que yo era la que coqueteaba —¡a esa edad!— con mi padre y que luché contra mi madre a muerte para "tener su amor"... como pareja, no como padre.

Ella me consoló, me dijo que ese día no condujera el auto y que durmiera tanto como me fuera posible, que me diera un baño caliente y que tratara de estar tranquila. Fue comprensiva. Luego, me puso a escribir. ¡Y escribí! En el Programa, es muy útil escribir a mano. Del corazón a la mano, brota y se drena el dolor, los malos entendidos, la confusión, la derrota, las agendas ocultas... poco a poco. Nunca de un día para otro.

Y así vamos logrando el autoconocimiento: nos decimos a nosotros, a nuestro Amoroso Poder Superior y a otra persona digna de confianza que vive los Doce Pasos, la naturaleza de nuestro dolor, de nuestros defectos de carácter, con honestidad, sin tapujos, con palabras sencillas, sin discursos, sin intelectualidad. Expresamos nuestras verdades de una manera cruda y simple. Punto.

Y ella consoló mi dolor con su escucha atenta, compasiva, cariñosa. Conoce su propia sombra y sabe lo que es enfrentarse a sí misma y a su sombra. Drenar me hizo libre y comencé a ser libre por saber que no tenía que mantener las cargas emocionales dentro de mí. ¡Casi me quedo sin energía para enfrentar la vida! Aligerada, pude ir al...

Sexto Paso
Me puse en disposición de que Dios me curara. Me di cuenta de todas las veces que les coqueteaba a los hombres sólidos —pero casados— que me encontraba a lo largo de mi camino de vida. Me di cuenta de la sobriedad que necesitaba para dejar de depender de los hombres, engañándome que los amaba, diciéndome que su esposa o su pareja "no los merecía"... Y continué con mi liberación.

Hoy, sé que cuando se me acerca un casado o comprometido, un no divorciado, un separado o un hombre que vive aún con su madre, se trata de pan con lo mismo. El mismo dolor, con distintas caras, cuerpos y experiencias humanas. Al final, ese mismo patrón.

¿Ya vivo el sueño de Cenicienta y de Blanca Nieves? ¿Ahora vivo feliz por siempre? No. Aún lucho por mi auto sostenimiento y mi autosuficiencia. ¿Qué tipo de hombres me encuentro ahora que no ando en la órbita de los casados y comprometidos por sus propias historias? Hombres como yo: que se buscan a sí mismos, que tratan de no repetir sus historias. Por fin, me es posible tener amigos... y no hombres-prospecto. ¡Qué alivio!

Tal vez luego desee tener pareja. No sé qué quiero para mí. Tengo camino de curación por delante. No veo aún con claridad. Lo que sí es una verdad para mí: vivo más feliz, manejo mejor mi soledad y desarrollo mis talentos con trabajo. Gracias a mi Amoroso Poder Superior, a los Doce Pasos y a mi trabajo cotidiano con ellos. Gracias a mi grupo y a mi Programa.
Pasos 7 - 12
Introducción