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P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


El método de los 12 pasos - (7 - 12)

por Rocío Incera

¿Quién soy y qué hago todos los días? (segunda y última parte)

Séptimo Paso
Me fui a un parque y cerré los ojos. Me sentía segura. Me gusta la naturaleza. Mi Poder Superior, en buena parte es y está en la naturaleza. Ahí se expresa. Fui más consciente de mis Pasos anteriores, pedí a mi Amoroso Poder Superior, que me curara. Unos pidieron que los curara de su pereza. Ya habían descubierto sus principales defectos de carácter. Yo pedí que me curara de la ira y de la envidia. Envidiaba a mi madre por tener un buen esposo. Estaba enojada con mi padre porque su actitud era —según mi subjetividad— de "sí pero no"... muy enferma yo, interpretando a otos. Pedí, por tanto, ser curada de mi subjetividad distorsionada. Pedí ser curada de los amores torcidos en los que siempre estuve metida. Lo pedí con fe. Algunos pidieron ser curados de la compulsión por comer. Pudieron ser pacientes y amorosos consigo mismos. Pudieron ser tolerantes y amorosos con su debilidad. Pudieron aprender a vivir día a día... sólo por hoy. Todos pudimos lidiar con los aspectos que afloraba de nuestra sombra, y seguimos aprendiendo a vivir con más sobriedad y de modos más simples, claros, mejores para nosotros y para nuestra vida cotidiana, sobre todo, de la interior. Logramos cierta paz.

Octavo Paso
Para algunos de nosotros, las relaciones con otros son un problema. Los despreciamos. O los obedecemos. Los endiosamos o los denostamos. Los consideramos malos o buenos. En lo personal, paulatinamente me di cuenta de que soy una persona educada y atenta en las formas, pero que —dentro de mí— vivo como un molusco empavorecido, encerrado en una concha. Los demás me dan miedo. Me siento amenazada y casi paranoide respecto de los demás.

Otros, tratan de gobernar y de imponer —en rigor, todos pasamos por ahí, el asunto del control es tremendo, un verdadero monstruo— a otros cómo vivir. Y en ocasiones son odiados, temidos o considerados una especie de salvador. ¡Peligro! Nuestras relaciones con otros son más complejas y suele haber más "en el fondo del cazo" de lo que solemos ser capaces de ver.

Este paso nos ayuda a ir aclarando nuestros patrones de convivencia en todos los ámbitos de nuestra vida. No es fácil, pero es posible. Es cierto que no siempre terminamos por entender bien qué pasa con ésta o con aquella relación, pero con el Programa, con los Doce Pasos, al menos tenemos la posibilidad de observar más de cerca y de no continuar con relaciones que nos dañan, ni de victimizarnos en aquellas en las que dañamos. Podemos, auténticamente, barrer nuestro lado de la calle y ser humildes, sobrios y amistosos. Podemos ser mejores con los demás.

Al principio, drenamos todo lo que nos duele. Muchos abusaron de nosotros. Con el tiempo —años, quizá de autoconocimiento continuo— nos percatamos de nuestra responsabilidad y dejamos de hacer lo que hacíamos. Nos damos cuenta de nuestra responsabilidad en cada una de las situaciones de vida que vivimos. Parece poco, ¡pero en realidad es un tesoro! Recuperamos nuestro único y verdadero poder: manejar nuestros asuntos personales con otros, con responsabilidad de nosotros mismos, de nuestras conductas y de nuestras actitudes.

Noveno Paso
Como yo sí fui víctima por muchos años y me costó un gran esfuerzo darme cuenta de los modos en que lo facilité, he hecho escasos Novenos Pasos. Si yo hiciera una reparación con el hermano que se quedó con las herencias de mis padres, o si pidiera perdón al jefe que firmó artículos escritos por mí con su nombre, quizá me considerarían lista para el siguiente abuso: yo me enfurezco con quien me hace daño y ellos —como no son capaces de ver el daño que hacen— se enfurecen conmigo aún más, y piensan que la dañada soy yo, aunque ellos con esto también se dañen a sí mismos.

En cambio, sí he podido hacer reparaciones con personas a quienes herí con mis conductas: grité desmedidamente a mis hijos, pedí ayuda a personas que no me la podían otorgar porque no podían siquiera consigo mismas y yo todavía quería que me apoyaran. Pedí trabajo cuando no había un puesto para mí, y me victimicé cuando no me lo dieron. Me consideré injustamente tratada porque no me aumentaron el sueldo, cuando la gente, en general, se bajaba el sueldo y renunciaba a privilegios. Regañé a otros cuando percibí desorden y no puse orden, por lo menos en lo mío. Era más fácil ver los errores de los otros. Y no quería ver los míos.

El Noveno Paso me llevó a cierta conciencia de mis actos y pude poco a poco enmendarme respecto de los demás. También, poco a poco, nunca de un día para otro. Los Doce Pasos se convierten en una forma de vivir.

¿Cómo te reflejas tú mismo en todo lo dicho hasta aquí? ¿Quieres, quizá, comenzar a escribir? ¿Quieres ir a una junta? ¿Cómo vas a cuidar de ti mismo de hoy en adelante? Sobre todo, ¿cómo te sientes? ¿Qué te despierta esta lectura? ¿Te ayuda a revelarte a ti mismo? ¿Puedes aceptarte con todo y sombra, con todo y tu vulnerabilidad?

Décimo Paso
Cada día saqué mi literatura de codependientes, leí y escribí acerca de cómo iba viviendo mi día. De igual manera, cada alcohólico sacó su Libro Azul. Un dependiente de fármacos, finalmente fue al doctor y le dijo que había doblado la dosis porque no podía con la ansiedad ni con la tristeza. Por fin fue honesto. Asistió a su junta con la frecuencia que necesitaba para continuar sobrio y cuando no entendía las situaciones, le hablaba a una persona más experimentada en el Programa, para desahogarse.

Mis agendas ocultas —que me sostengan, que hagan las cosas por mí, que me quieran—, mi egoísmo, mi infelicidad, mi falta de ánimo para vivir, quedaron en el cuaderno y al cuidado de mi Amoroso Poder Superior. ¡He dejado de actuar como una víctima a la que todos tienen que cuidar!

Y necesito verme atentamente a mí misma para saber: ¿Qué estoy haciendo hoy? ¿Cuáles son mis gustos? ¿Cuáles mis compulsiones? ¿Por qué dije eso? ¿Qué estoy defendiendo? ¿Qué me hace entrar en polémica, discusión y desgaste? Sin escudriñar, sin esculcarme a mí misma, sin hurgar en otros ni en mí, puedo tranquilamente reflexionar sobre mis motivaciones internas profundas. Mejoro cada día en mi autoconocimiento. Poco a poco. Sólo por hoy. Vivo sólo por hoy... aunque aún me pegue como lapa a mi pasado o me ponga a tener expectativas imposibles respecto de mi porvenir. Vivo mi presente mejor que como lo vivía sin el Programa. Y eso es suficiente para mí.

Onceavo Paso
Medito, oro, escucho más a la vida, soy menos protagónica, dejo de creerme un ser tan especial, pongo límites a mi narcisismo, lloro por tristeza real, dejo de sentirme la heroína salvadora de los supuestos débiles que yo inventé. Medito, oro, rezo y mejora mi capacidad para poner mi vida y mi voluntad en las manos de mi Amoroso Poder Superior. Soy capaz de profundizar en mi relación con Dios, tal como yo lo concibo.

Doceavo Paso
Como logré cierta claridad al vivir con la estructura de los Doce Pasos, en Programa de autoconocimiento y de auto-maestría, llevé el mensaje a otros que quizá no entendían de qué va la vida, como yo lo era antes de comenzar el Programa (con todo y flamante esposo del que me divorcié a los 20 años de casados, manejo de tres idiomas adicionales al español, hijos sanos y bellos, 15 años de meditación a cuestas y estudios de un par de posgrados). Lo intelectual y todos los cálculos para mejorar mi vida no fueron útiles para ser feliz. Viajé a muchos lados del mundo y no fui más feliz. Hice mucho por ser feliz. Y lo que me ha hecho vivir con más plenitud, ha sido vivir en una estructura fácil para lograr cierto autoconocimiento: mi Programa de Doce Pasos.

Así vivimos muchos. Todos los que describí en el Primer Paso.

Ahora hago mi Doceavo Paso al escribir estos artículos para ustedes, con cariño y calidez.
Pasos 1 - 6
Introducción