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P S I C O L O G Í A     ●    F I L O S O F Í A     ●    E S P I R I T U A L I D A D
P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


Introducción al método de los 12 pasos

por Rocío Incera

Los Doce Pasos son útiles para mirar de cerca lo más importante en cada uno de nosotros: ¡Nosotros mismos! Es un lugar común que el autoconocimiento es el mejor consejo que nos han legado profetas, filósofos y psicoanalistas, a lo largo del tiempo. Y comienza a ser para cada uno de nosotros una verdad: es difícil vernos fuera de nuestra propia caja, cambiar por decreto o por milagro, y mejorar nuestra realidad. Algunos nos hemos derrotado y sabemos que romper con patrones propios está más allá de ver la paja en el ojo ajeno, y que distinguir la viga en el propio, no es sencillo.

Los Doce Pasos fueron diseñados, contrastados y vividos por dos hombres —Bill W. y Dr. Bob—, un par de alcohólicos, cuya vida dependió de su compromiso para conocerse a sí mismos, con el fin de no volver a beber. Y sus comunidades de alcohólicos fueron poco a poco estableciéndose. Nacieron las Tradiciones de AA. Los Pasos ayudaban a las personas a cuidar de sí mismas. Las Tradiciones cuidaban del grupo. El amoroso Poder Superior personal se encarga de las personas. El amoroso Poder Superior, expresado en la Conciencia, cuidaba del grupo. Los alcohólicos se mantuvieron sobrios en las épocas de la Guerra del Whiskey. Dejaron de llenar los hospitales y de ser tratados como enfermos incurables, sempiternos. Se reconocieron enfermos. Se derrotaron y desde su propio fondo comenzaron a ascender con sus propios esfuerzos en la realidad cotidiana y tratando de seguir la voluntad de su amoroso Poder Superior.

¡Y luego sus propias familias, también enfermas, adoptaron los Pasos! Después los hijos de padres alcohólicos, los codependientes, los comedores compulsivos, los adictos a fármacos y a otras sustancias psicoactivas.

En lo personal, considero que el cuidado del planeta interno para enfermos y para "sanos", ocurre de una manera puntual, honesta, clara y transformadora, al adoptar en nuestra vida cotidiana estos benditos Doce Pasos. Al fin y al cabo, TODOS estamos invitados a vivir sólo por hoy, en el aquí y en el ahora, soltando los asuntos que están más allá de nuestro control y pidiendo cambiar lo que sí podemos cambiar: a nosotros mismos... con la ayuda de este programa espiritual (no religioso).

Son sencillos y, con ellos, vamos de la mano de nuestro amoroso Poder Superior. Veamos:

Fuego, aire, tierra y agua en nosotros mismos
El Primer Paso trata de la derrota. De tocar el fondo de nuestra incapacidad para ser asertivos y apropiados en nuestra vida. Trata de la rendición frente al dolor de ver los estragos que hicimos en nosotros mismos y en los otros, cuando vivimos sin conciencia, como cabras en cristalería, o como ermitaños; como avestruces —con la cabeza en un hoyo, sin querer mirar la realidad— o como fieles caninos de gente poco digna de confianza.

Unos manejamos mal nuestro fuego interno, nuestra ira y nos enojamos, gritamos, pataleamos, sin poder palpar la calma ni la sobriedad. Rompimos, desgajamos, nos relacionamos destructivamente con las personas a través de la polémica, gritos, palabras altisonantes. Y nunca logramos nada.

Otros, imaginamos un amor que no existía. Fuimos salvadores de Dulcineas que sólo existieron en nuestra fantasía. Creímos que las personas eran Dulcineas del Toboso y ellas eran sólo lo que podían ser por ellas mismas, llenas de errores y de limitaciones, tal como nosotros somos. Pero imaginamos que éramos un Quijote y que era necesario rescatarlas. No hicimos caso de nuestro sentido común, ni de los consejos de amigos y familia. Y un día, nos caímos de las nubes altas y rosas en las que andábamos y tocamos fondo: no éramos en realidad capaces de amar. Vivíamos en el aire, sin tocar tierra.

Muchos, no supimos cuidar nuestra tierra. No supimos cómo mantener un trabajo y nos íbamos huyendo. Creíamos que nuestra labor era indispensable y tocamos fondo cuando nos sustituyeron con facilidad. Algunos, descuidamos las herencias que eran nuestras: confiamos en protectores que nos engañaron y nos robaron dinero, bienes y oportunidades, porque era más fácil confiar en otros y dejar la responsabilidad en manos de los demás. Y algunos de nosotros defendimos la tierra que no era nuestra: en lugar de trabajar, era más fácil que nos mantuvieran. Nos avisaron que resultábamos muy pesados... pero seguimos exigiendo y danzando el vals de las sombras: no quisimos creer que el que paga, manda. Y fue más fácil manipular y obtener ganancias a corto plazo, que desarrollar nuestros talentos y finalmente vivir de nuestro trabajo y esfuerzo. Eso sí... nos quejamos amargamente de aquellos a quienes les otorgamos el poder y los llamamos abusivos y explotadores. No quisimos ver qué hacíamos nosotros para llegar a esa condición de derrota, al no saber mantenernos a nosotros mismos, por nosotros mismos. La tarea ineludible de la autosuficiencia.

Para muchos, fue sencillo quejarnos, llorar, victimizarnos; ser desconfiados y manipular a todos con nuestras fortalezas y limitaciones, pidiendo reconocimiento y limosna. Lloramos nuestras debilidades físicas, emocionales, mentales y espirituales, poniéndonos en manos de otros. Los otros nos ayudaron, hasta que se cansaron y dejaron de hacerlo. Victimamos a los otros con nuestras lágrimas y nuestras advertencias, con nuestra indiferencia o con nuestros actos dramáticos. Y los otros corrieron a salvarnos en muchas ocasiones... hasta que se cansaron. No quisimos darnos cuenta de que TODOS tenemos limitaciones y TODOS necesitamos enfrentar nuestro vivir cotidiano para sostenernos cada vez mejor. Casi nos ahogamos en nuestro propio llanto.

¿Qué nos pasó? ¿Qué nos pasa? ¿Cómo sostenemos nuestra vida material? ¿Qué nos hace llorar y dónde lloramos? ¿Con quién estamos y por qué? ¿Vivimos de realidades sólidas o sólo de fantasías? ¿Son sueños o estamos alucinando? ¿Qué estamos haciendo día a día? ¿Nos encolerizamos y nos emcerramos el enojo? ¿Lo vomitamos como si fuésemos flamígeros dragones? ¿Nos creemos el Cid Campeador y queremos derrotar a los moros invasores? ¿Qué personajes históricos encarnamos? ¿Qué arquetipos nos gobiernan?

En breves frases: ¿Quiénes somos? ¿Conocemos nuestro lado oscuro? ¿Podemos vernos de frente y hablar desde nuestra vulnerabilidad de nosotros mismos? ¿Entramos en polémicas con otros fácilmente? ¿Conocemos nuestros talentos, los desarrollamos y tratamos de vivir de ellos? ¿Nos depreciamos y despreciamos a los demás? ¿Honramos la vida, a nosotros mismos y a la naturaleza?