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P S I C O L O G Í A     ●    F I L O S O F Í A     ●    E S P I R I T U A L I D A D
P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


Crecer con visión y voluntad


por Salvador R. Sánchez G.

El crecimiento es la evolución de los seres vivos, tanto en lo individual como en conjunto, hacia la plenitud. Para los seres humanos, es un proceso inacabable de búsqueda y experimentación de mejores formas de ser, de hacer, de vivir.

En ciertos aspectos crecer es algo natural, espontáneo, que sucede independientemente de la voluntad de quien crece, como ocurre con el aumento de estatura en los jóvenes o con cualquier otro proceso de maduración del organismo determinado por nuestro programa genético. Es algo sobre lo que tenemos poco o ningún control: hay quienes quisieran nunca envejecer, pero eso todavía es imposible. En sentido estricto ni siquiera podemos ser "forever young", como propone Rod Stewart.

Hay, también, algo que llamaremos crecimiento inducido, que es el derivado de los procesos de socialización, de interacción con los demás. Así, aprendemos a hablar, a comer, a cuidar de nuestra higiene, a tratar correctamente a los demás, a asumir roles, etc.

Otras vías de crecimiento están supeditadas casi completamente a la capacidad de planeación y realización del sujeto que quiere cambiar. Si alguien se propone crecer en el terreno de los conocimientos, por ejemplo, debe identificar el campo del saber en que quiere y puede desarrollarse (ingeniería, finanzas, botánica, repostería, etc.), hasta qué grado de extensión o profundidad lo hará (aficionado, experto, maestro, licenciatura, doctorado, etc.) y de qué recursos tendrá que echar mano para lograrlo (libros, herramienta, cursos, tiempo, viajes, etc.). Después, debe hacer lo que tiene que hacer --es decir, debe trabajar--, con la dedicación y constancia necesarias, hasta alcanzar sus objetivos.

Lo anterior es aplicable de igual manera a los campos de las habilidades (bailar, tocar la guitarra, escribir) y por supuesto al crecimiento espiritual. Todo cambia constantemente y todas las criaturas vivientes del mundo se transforman en el sentido natural que se mencionó arriba. Sólo las personas tenemos la capacidad de dirigir nuestra evolución, al grado que podemos incluso llegar a incidir en el propio crecimiento natural (y retrasar el envejecimiento, por ejemplo) y a modificar los aprendizajes adquiridos por inducción. Esta posibilidad de crecimiento dirigido, que es un auténtico privilegio, suele estar desaprovechada entre la mayor parte de la gente, básicamente por descuido.

Dirigir el crecimiento personal implica, primero, tener una visión suficientemente clara de la situación que se desea alcanzar --la meta--, del punto de arranque o la base con que se cuenta --la salida-- y del camino que se debe recorrer para eliminar la brecha entre ambas. Por ejemplo, alguien que aspire a obtener una promoción en su trabajo tendrá que determinar las características necesarias para ocupar el puesto que le interesa, los resultados que debe dar en su posición actual a modo de ser considerado para la promoción y los factores de competitividad personal que deberá destacar para aventajar a otros posibles candidatos. Posteriormente, tendrá que autoevaluarse para determinar con qué cuenta y qué le falta, y hacer un plan para subsanar lo antes posible sus carencias.

Adicionalmente, crecer exige voluntad, carácter y perseverancia para mantenerse luchando hasta el final por lo que cada quien se ha propuesto conseguir.

Así, la fórmula básica del crecimiento autodirigido sería C=(Vi+Vo)T, donde crecer (C) es la resultante de la suma de una visión clara (Vi) más una voluntad firme (Vo), multiplicada por trabajo (T). Tiene sentido: estar ViVo es igual a Crecer.

Otros podrían dirigir nuestro crecimiento, como normalmente ocurre con los niños, pero entre los adultos nada sustituye al deseo, la convicción y el esfuerzo que demanda el cambio hacia la plenitud personal, familiar y profesional. Siempre que asumimos responsabilidad por el propio crecimiento influimos en nuestro destino, modelamos nuestro futuro y convertimos nuestra vida en una obra única e irrepetible.