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P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


Creencias Irracionales

aportaciones de Albert Ellis

Albert Ellis es considerado por muchos el padre de las terapias cognitivas conductuales. La terapia racional requería que el terapeuta le ayudase a entender al paciente que su filosofía personal contenía creencias que producen sufrimiento emocional. Su nueva aproximación enfatizó el trabajo de cambiar activamente creencias y comportamientos contraproducentes del paciente, demostrando su irracionalidad y rigidez. Ellis relacionó la conducta con estas creencias irracionales, tales como creer que uno, los otros y el mundo, "deben" ser perfectos. Ellis creía que la gente, por medio del análisis racional, al comprender sus creencias irracionales, podría cambiarlas por unas más racionales.


Creencias Irracionales

Creencia Irracional
Por qué es irracional
Alternativas racionales
1. Es una necesidad indispensable ser amado y aprobado por todos.

Pretender ser aprobado por todos es una meta inalcanzable.

Si siempre se busca la aprobación, se generará una preocupación por el qué tanto será uno aceptado.

Es imposible que uno sea siempre simpático o agradable frente a los demás.

Aunque uno pudiera alcanzar la aprobación de los demás, eso demandará una enorme cantidad de esfuerzo y energía.

Intentar ser aprobado por los demás generaría una sumisión donde se tendrían que abandonar las propias necesidades.

La incertidumbre de no conseguir la aprobación de los demás genera un comportamiento inseguro y molesto, perdiéndose con ello el interés de los demás.

El individuo no debe intentar erradicar todos sus deseos de aprobación, sino las necesidades excesivas de aprobación o amor.
 
El individuo debe buscar más la aprobación por sus hechos, actividades y comportamientos, que por sí mismo.
 
No ser considerado por los demás es algo frustrante pero no horroroso o catastrófico.
 
El individuo debe preguntarse: "¿Qué quiero hacer en el curso de mi relativamente corta vida?, más que ¿qué creo que le gustaría a los demás que hiciera?
 
Para conseguir el amor de los demás, una de las mejores formas es darlo.

2. Para considerarse valioso, uno mismo se debe ser muy competente, suficiente y capaz de lograr cualquier cosa en todos los aspectos posibles.

Ningún ser humano puede ser totalmente competente en todos los aspectos o en la mayor parte de ellos.

Intentar tener éxito está bien, pero exigirse que se debe tener éxito es la mejor manera de hacerse sentir incompetente e incapaz.

Esforzarse más de la cuenta puede producir estrés y enfermedades psicosomáticas.

El individuo que lucha por el éxito total vive en continua comparación con otros ante los que siempre se siente inferior.

Buscar siempre el éxito conlleva el querer se superior a los demás, con lo que siempre se entra en conflicto con los otros.

Buscar el éxito distrae al individuo de su auténtico objetivo: ser más feliz en la vida.

La preocupación por el éxito acarrea el miedo al fracaso y a cometer errores, lo que facilita generar frustración por el trabajo y una tendencia al fracaso real.

El individuo debe actuar, más que actuar bien. Se debe enfocar más en disfrutar el proceso, que en el resultado.

Cuando procura actuar bien, es más para su propia satisfacción que para agradar o ser superior que los demás.

Debe preguntarse si está luchando por alcanzar una meta en sí, o una meta para su propia satisfacción.

En la lucha por alcanzar sus objetivos el individuo debe aceptar sus propios errores y confusiones, en vez de escandalizarse por ellos.

Se debe aceptar que es necesario practicar y practicar las cosas antes de alcanzar el éxito.

De vez en cuando es positivo forzarse a hacer aquello en lo que se teme fracasar, aceptando el hecho que los seres humanos no somos perfectos.

3. Cierta clase de gente es vil, malvada e infame, y debe ser seriamente culpada y condenada por su maldad.

Las personas somos seres limitados que la mayoría de las veces actuamos de manera automática e inconsciente sin una "maldad consciente".

El individuo que actúa mal en la mayoría de los casos, es una persona ignorante o perturbada que no es conciente de las consecuencias de sus actos para los demás y para si misma.

El castigar o culpar severamente al que comete errores, suele provocar que los siga cometiendo; por el contrario, una actitud más tolerante y racional a la hora de analizar sus errores, favorece más un cambio positivo.

Culparse uno y generar depresión, angustia o ansiedad; como culpar a los demás y generar rabia y hostilidad, no conduce a otra cosa que al conflicto personal o social.

No se debe criticar o culpar a los demás por sus faltas, sino comprender que éstas se cometen por ignorancia o perturbación emocional.

Cuando alguien nos culpe, deberíamos preguntarnos si uno realmente lo hizo mal e intentar mejorar la conducta, pero si no es así, entonces la crítica de los demás es problema de ellos, por algún tipo de defensa o perturbación.

Es positivo comprender por qué la gente actúa como lo hace, desde su punto de vista, y si hay una manera más tranquila de hacerle entender sus errores, practicarla. Si no es posible habrá que decirse "esto es malo, pero no necesariamente catastrófico".

Debe intentar comprender que sus propios errores, como los de los demás, son producto de la ignorancia o de la perturbación emocional.

4. Es tremendo y catastrófico que las cosas no vayan por el camino que uno preferiría.

No hay razón para pensar que las cosas deberían ser diferentes a lo que realmente son, otra cosa es que nos gusten o no.

Estar abatidos por las circunstancias no nos ayudará a mejorarlas, y sí es posible que de esa forma las empeoremos.

Cuando las cosas no nos salen está bien esforzarnos por cambiarlas, pero cuando esto es imposible, lo más sano es aceptar las cosas como son.

Aunque nos veamos frustrados o privados de algo que deseamos, sentirnos desdichados es sólo consecuencia de considerar erróneamente nuestro deseo como una necesidad fundamental.

Debemos distinguir si las circunstancias son realmente negativas, o si estamos exagerando sus características frustrantes.

El sentido catastrófico se lo damos a veces con nuestras propias expresiones: "Es terrible", "Dios mío", "No puedo soportarlo". Hemos de aprender a cambiar estas expresiones por otras más racionales y realistas: "Son negativas pero no catastróficas", "Seguro que puedo soportarlo".

Debemos intentar tomar las situaciones difíciles como un desafío del que vamos a aprender.

5. La desgracia humana se origina por causas externas y la gente tiene poca capacidad o ninguna, de controlar sus penas y perturbaciones.

Los ataques verbales de los demás nos afectarán sólo en la medida en que con nuestras valoraciones e interpretaciones le hagamos caso.

La expresión: "me duele que mis amigos no me hagan caso", esta mal dicha, ya que lo que me duele es que yo me lo diga atribuyéndole un valor de terrible o insoportable.

Aunque la mayoría de la gente pueda creer que las emociones negativas no se pueden cambiar y simplemente hay que sufrirlas, la experiencia demuestra que es factible poderlas cambiar.

Un individuo, cuando experimenta una emoción dolorosa, debe reconocer que es él quien la crea, y que así como la originó, también puede eliminarla.

Cuando un individuo observa de forma objetiva sus emociones dolorosas, descubre los pensamientos y frases ilógicas que están asociados con esa emoción. Y cuando es capaz de cambiar sus propias verbalizaciones de forma radical, entonces puede transformar las emociones autodestructivas.

6. Si algo es o puede ser peligroso o temible, se deberá sentir terriblemente inquieto por ello y deberá pensar constantemente en la posibilidad de que esto ocurra.

Si se está muy preocupado por el riesgo en una circunstancia, el nerviosismo impide ver realmente la gravedad del asunto.

La intensa ansiedad ante la posibilidad de que suceda algo amenazante, impide enfrentarla con eficacia cuando realmente ocurre.

Preocuparse mucho de que algo suceda no solo no evita que ocurra, sino que a menudo contribuye a su aparición.

Inquietarse por una situación peligrosa hace que se exageren las posibilidades de que ocurra, aunque esto sea muy improbable.

Cuando han de venir acontecimientos inevitables como la enfermedad o la muerte, de nada sirve el preocuparse anticipadamente por ellos.

La mayoría de los hechos temidos y peligrosos (como las enfermedades) son mucho menos catastróficos cuando ocurren de verdad, pero la ansiedad o el miedo de que sobrevengan sí constituye algo incluso más doloroso que lo que tememos.

Deberemos comprender que la mayoría de las preocupaciones no las causan los peligros externos, sino la manera que tiene uno de hablarse a sí mismo.

Es importante darnos cuenta de que los miedos no nos ayudan a evitar los peligros, sino todo lo contrario.

La mayoría de los miedos tiene su origen en el miedo a lo que los demás piensen de nosotros. Por lo que debemos darnos cuenta de lo irracional de este argumento.

Deberá de vez en cuando hacer las cosas que más miedo le dan (como hablar en público, defender sus derechos o mostrar sus puntos de vista con sus superiores), para demostrarse que esos miedos no son tan terribles.

No debe afectarle que los miedos que parecían superados vuelvan a aparecer de nuevo, debe trabajar para erradicarlos y enfrentarlos hasta que ya no le afecten.

7. Es más fácil evitar que afrontar ciertas responsabilidades y dificultades en la vida.

Aunque a veces resulta cómodo abandonar determinadas actividades por considerarlas desagradables, esto trae grandes consecuencias negativas. Por ejemplo, dejar de estudiar, trabajar o realizar cualquier actividad que requiera un esfuerzo físico o psíquico.

El proceso de tomar decidir no hacer algo que se considera difícil pero que es provechoso, habitualmente es largo y tortuoso, y suele conllevar más sufrimiento que el hacer la actividad desagradable.

La confianza en uno mismo sólo proviene de hacer actividades y no de evitarlas. Si se evitan, la existencia se hará más fácil, pero a la vez aumentará el grado de inseguridad y desconfianza en uno mismo.

Aunque mucha gente supone que una vida fácil, evasiva y sin responsabilidades es algo deseable, la experiencia demuestra que la felicidad del ser humano es mayor cuando está comprometido con un objetivo difícil y de largo plazo.

Un individuo racional deberá esforzarse por realizar las cosas desagradables que sea necesario hacer, y terminarlas lo más pronto posible.

No debemos suponer que detrás de cada evasión de nuestros problemas existe una actitud indolente "por naturaleza", sino suponer que ésta es el resultado de creencias irracionales que debemos descubrir y cambiar.

No debemos imponernos una autodisciplina rígida ni exagerada, pero sí planear las actividades y objetivos de un modo razonable, estableciendo metas a corto, medio y lago plazo.

Un individuo racional acepta la vida con las dificultades que ésta conlleva, el descansar o evitar los problemas sólo sirve para aumentarlos.

8. Se debe depender de los demás y es necesario contar con alguien más fuerte en quien confiar.

Aunque en normal tener un cierto grado de dependencia de los demás, no debemos llegar al punto en que los demás elijan o piensen por nosotros.

Cuanto más se depende de los demás, menos se elige por uno mismo y más se actúa por los demás, con lo que perdemos la posibilidad de ser uno mismo.

Cuanto más se le dejan las decisiones a los demás, menos oportunidades tenemos de aprender. Por lo que actuar así genera más dependencia, inseguridad y pérdida de autoestima.

Cuando se depende de los demás, uno queda a merced de ellos, y esto implica que la vida toma un cariz incontrolable, ya que los demás pueden desaparecer o morir.

Aceptar el hecho de que uno está solo en el mundo, y que no es tan terrible apoyarse en uno mismo y tomar decisiones.

Comprender que el fracaso no es terrible en la consecución de los objetivos, y que los fracasos no tienen que ver con la valía como ser humano.

Es preferible arriesgarse y cometer errores por elección propia, que vender el alma por una ayuda innecesaria de los demás.

No debemos rechazar, de forma rebelde o defensiva, cualquier ayuda de los demás, para probar lo "fuerte" que somos. Es positivo aceptar la ayuda de los demás cuando es necesaria.

9. La historia pasada de uno es determinante y decisiva de nuestra conducta actual, y que algo que nos ocurrió alguna vez y nos alteró, debe seguir alterándonos indefinidamente.

Aunque una persona haya tenido que sufrir los excesos y condicionamientos de otros; por ejemplo, ser excesivamente complaciente con los padres, eso no quiere decir, que 20 años después haya que seguir siéndolo.

Cuanto más influenciado se está por el pasado, más se utilizan soluciones a los problemas, que se utilizaron entonces, pero que hoy pueden ser ineficaces y, por tanto, se pierde la oportunidad de encontrar otras actuales y más útiles.

El pasado se puede utilizar de excusa para evitar enfrentarse a los cambios del presente y de esa manera no realizar el esfuerzo personal requerido.

Se exagera la importancia del pasado cuando en vez de decir "me resulta difícil cambiar por mi pasado", se dice "me resulta imposible cambiar por mi pasado".

Un individuo racional acepta el hecho de que el pasado es importante y sabe de la influencia de éste en el presente, pero sabe a la vez que su presente es el pasado del mañana y que esforzarse en transformarlo puede hacer que su mañana sea diferente, y por lo tanto más satisfactorio.

En lugar de reaccionar con los mismos comportamientos del pasado de forma automática, debemos detenernos y desafiarlos, tanto verbal como activamente.

En vez de rebelarse con rencor contra todas o la mayoría de las influencias pasadas, debemos valorar, cuestionar, desafiar y rebelarnos sólo contra aquellas ideas adquiridas que son claramente perjudiciales.

10. Uno debe preocuparse mucho por los problemas y las perturbaciones de los demás.

Los problemas de los demás con frecuencia nada o poco tienen que ver con nosotros, y no hay ninguna razón por la que debamos estar preocupados por ellos.

Aunque los demás tengan comportamientos que nos perturben, nuestro enojo no proviene de su conducta sino de lo que nos decimos a nosotros mismos.

Por mucho que nos disgustemos por la conducta de los demás, esto probablemente no la cambiará; debemos aceptar que no tenemos el poder de cambiar a los demás.

Y si acaso lo conseguimos, habremos pagado un alto precio con nuestra perturbación, por lo que debemos buscar otras formas menos destructivas de intentar, sin alterarnos, que los demás corrijan sus errores.

El involucrarnos en los problemas de los demás a menudo se usa como una excusa sutil para no enfrentar nuestros propios problemas.

Debemos preguntarnos si realmente vale la pena preocuparnos por los comportamientos de los demás; sólo debemos interesarnos cuando nos preocupen lo suficiente, cuando pensemos que podemos ayudar a cambiar o que nuestra ayuda puede ser realmente útil.

Cuando aquellos que nos preocupan estén actuando erróneamente, no debemos preocuparnos por sus comportamientos, pero sí hacerles ver sus errores de forma tranquila y objetiva.

Si no podemos eliminar la conducta autodestructiva de otros, debemos al menos no estar enojados con nosotros mismos por no conseguirlo y renunciar a la ideas de mejorar su situación.

11. Siempre existe una solución precisa, correcta y perfecta para los problemas humanos, y que si no se encuentra esa solución, se producirá una catástrofe.

 

No existe ni seguridad, ni perfección ni verdad absoluta en el mundo. La búsqueda de seguridad sólo genera ansiedad y expectativas falsas.

Los desastres que la gente imagina que le pasarán, si es que no consiguen una solución correcta a sus problemas, no tienen una existencia objetiva sino que son desastres creados en su mente, que en la medida en que se los crean les ocurrirá algo catastrófico (como un intenso estado de pánico o desesperanza).

El perfeccionismo induce a resolver los problemas de forma mucho menos "perfecta" que si no se fuera perfeccionista.

Un individuo racional no comete la estupidez de decirse que se debe conocer la realidad totalmente, o que tiene que controlarla, o que deben existir soluciones perfectas a todos los problemas.

Cuando se enfrenta un problema, un individuo racional pensará en varias soluciones posibles a elegir, y elegirá la más factible y no la "perfecta", sabiendo que todo tiene sus ventajas e inconvenientes.

Deberemos buscar los puntos intermedios y moderados (grises) entre las opciones extremas (blanco o negro).

Debemos saber que errar es de humanos, pero que nuestros actos no tienen nada que ver con nuestra valía como seres humanos. Sólo aprendemos de hacer intentos y equivocarnos, experimentamos una y otra vez hasta que solucionamos los problemas.