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P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


Despacio, vas muy rápido

por Stephanie Marston

Uno de los mayores desafíos en nuestras vidas es "ser" o "hacer", y cómo lograr un equilibrio entre ambas es la pregunta más importante. Nuestra cultura aborrece la inactividad. El dicho "Las manos ociosas atienden los quehaceres del diablo" nació de la ética puritana de mantenerse ocupados.

¿Has notado que debido a que no podemos retrasar las cosas tratamos de acelerarlas? Tenemos prisa, prisa, tenemos prisa. Corremos tratando de salir adelante o ponernos al día. Y luego, ocasionalmente, nos encontramos a alguien que parece tener tiempo para todo y para todos. No tiene prisa. No parece estresado, ir corriendo o estar impaciente. Es casi como si él o ella no tuvieran nada que hacer, y sin embargo hacen mucho.

Pensemos por un momento, las personas estresadas siempre están de prisa. Las personas que se apresuran siempre están estresadas. Las personas que no se dan prisa no parecen frustradas. Las personas que no se sienten frustradas no tienen prisa. ¿Qué viene primero? ¿Las prisas causan estrés o son el resultado de ello?

¿Es posible que nuestra actitud y nuestro enfoque de la vida afecten lo rápido que pasa el tiempo para nosotros? Es posible que seamos un poco como un hámster montados en una rueda que al pedalear sobre ella con mayor velocidad sólo tenemos éxito en hacer que nuestro mundo gire cada vez más rápido. Y que tal vez, si conscientemente disminuimos la velocidad, nos volvamos un poco más pacientes, un poco más conscientes de que podemos reducir la velocidad y descubrir que somos capaces de lograr más con menos apuro.

Tengo que admitir que desacelerar es un reto. Hace poco, me dirigía a un retiro de meditación para aprender a ir más despacio cuando fui detenida por un policía de tránsito. Estaba tan apurada por aprender a reducir la velocidad que me pusieron una multa por exceso de velocidad. Así que no estoy diciendo que ir más despacio es una cosa fácil de lograr. No lo es. Muchos de nosotros pensamos que nos estamos engañando cuando "no hacemos nada". Creemos que tenemos a enfermarnos para tener una excusa que nos deje tiempo para nosotros mismos. Sin embargo, si nos atenemos a los dictados de la sociedad de hacer, hacer, hacer, nos volvemos autómatas y perdemos contacto con nuestra humanidad.

Creemos que rápido es igual a felicidad, pero no lo es. De hecho, cuanto más rápido vamos más tensión provocamos en nuestras vidas. Pregúntate, "¿cuál es mi prisa?" La prisa es tu enemiga. Empleamos mucho esfuerzo en correr por ahí tratando de incluir más cosas de las que deberíamos, lo que nos lleva a hacerlo menos bien y aún menos agradable. ¿Por qué apurarnos? Es probable que contestes que porque tienes que hacerlo. Pero eso simplemente no es verdad.

No llenes todo tu tiempo con nuevas actividades, sino más bien deja que el resto de lo que hagas sea más pausado. Al hacer esto, podrás reducir la velocidad. Esto te hará más eficaz y más pleno. El exceso de información nos ha condicionado a exigir más velocidad, más estimulación para sentirnos comprometidos y no aburrirnos. Nos conducimos por la vía rápida.

¿Sabes a dónde va el tiempo? La mayoría de nosotros presupuestamos nuestro dinero hasta el último centavo, pero muy pocas personas presupuestan su tiempo. Pero el hecho es que el tiempo es mucho más importante que el dinero. Lo gastamos, lo desperdiciamos y lo "aniquilamos". El tiempo es un recurso finito, pero nos comportamos como si fuera infinito.

Pensemos por un momento, si te digo que te doy $ 86,400 todos los días durante el resto de tu vida, pero que tienes que gastarlo de manera inteligente o lo perderías, ¿qué harías? Por supuesto que harías todo lo posible por gastar ese dinero sabiamente. Sin embargo, a cada uno de nosotros se le dan 86.400 segundos todos los días y la misma propuesta nos desafía: gástalo sabiamente o se pierde. Nunca recuperarás las horas que desperdicias en el trabajo y en cualquier otra actividad, ese tiempo se habrá perdido para siempre. La forma en que invierten el tiempo separa a las personas exitosas de aquellas que siguen batallando. Si te admiras por las personas que viven una vida más tranquila que la tuya, hazte responsable de tu tiempo.

Si el tiempo vuela, tú tienes que ser el piloto. Aprécialo como un tesoro, porque lo es. Inviértelo conscientemente porque no lo puedes recuperar. Pero ir más despacio requiere valentía y compromiso. Esto significa nadar contra la corriente que impone la sociedad. Tenemos que aprender a distinguir cuándo "hacer" y cuando "ser". Cómo lograr un equilibrio dinámico entre ambos, entonces, se vuelve un tema crucial.