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P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


Destierra los demonios de la culpa

por Stephanie Marston

La mayoría de nosotros estamos atrapados en un tira y afloja entre lo que pensamos que deberíamos ser y lo que somos, entre lo que queremos hacer y lo que realmente somos capaces de hacer. En otras palabras, estamos a merced de los demonios de nuestra culpa. Nuestros sentimientos de culpa a menudo nos impiden cuidar de nosotros mismos. En primer lugar, tenemos que tener expectativas realistas. Me refiero a lo que razonablemente se puede esperar de ti mismo.

La culpa es un gran obstáculo para cuidar de nosotros mismos. Siempre hay una lista de cosas que se tienen que hacer, que tiene prioridad sobre la atención de nuestras necesidades. Luego está el temor de decepcionar a alguien si de vez en cuando haces de ti mismo una prioridad. Pero detente y considera por un momento: cuando te pones como el último de la lista y permites que la culpabilidad conduzca tu vida, la persona a la que defraudas continuamente es a ti mismo.

Aquí te presento tres pasos a seguir para desterrar tus demonios de la culpa de una vez por todas:
  1. Reconoce el tipo de sentimiento de culpa que tienes y su propósito
    La culpa es una señal de advertencia emocional. Su propósito es hacernos saber si hemos hecho algo mal o ayudarnos a enfrentar nuestros estándares poco realistas. La culpa es productiva y saludable si nuestro comportamiento ha sido ofensivo o nocivo hacia otros o hacia nosotros mismos. Si nos sentimos culpables por haberle dicho algo ofensivo a otra persona, o por trabajar 80 horas a la semana a costa de nuestra familia, esa es una señal de alerta con un propósito. Tu culpa te está diciendo que cambies tu comportamiento o sufras las consecuencias negativas con tus amigos o familiares. Este tipo de culpabilidad tiene un propósito. Está tratando de ayudarte a reorientar tu brújula moral o comportamiento. Si seguimos ignorando nuestra culpa lo hacemos bajo nuestro propio riesgo y con consecuencias nefastas.

    Sin embargo, la culpa se presenta incluso cuando no es necesario que se examine o se cambie nuestro comportamiento. Por ejemplo, una gran cantidad de madres primerizas se sienten mal por volver al trabajo a tiempo parcial, temerosas de que esto pueda causarle daños desconocidos al desarrollo normal de su hijo. Este no es el caso en la mayoría de las situaciones. La mayoría de los niños tienen un desarrollo normal y saludable, aun cuando ambos padres trabajen. No hay nada de qué sentirse culpable, y sin embargo, lo hacen. Esto se conoce como culpa "tóxica" o "enfermiza", porque no sirve a ningún propósito racional o productivo. Este tipo de culpa está basada en expectativas y normas poco realistas.

  2. Enfrenta tus estándares y expectativas poco realistas
    La mayoría de nosotros tenemos una imagen idealizada de lo que deben ser los buenos padres, hombres/mujeres con carrera, buenas hijas/hijos, buenos esposos/esposas o novios/novias; estamos obsesionados por estas imágenes de la perfección. La culpa tóxica tiende a ponerte en un perpetuo estado de inseguridad, provocando que te cuestiones constantemente tus necesidades y motivaciones. En lugar de enfrentarnos a la comparación entre nuestras imágenes idealizadas y nuestro yo real, muchos de nosotros nos sentimos inadecuados y llenos de culpa, porque no podemos coincidir con nuestros propios estándares imposiblemente elevados.

    La culpa tóxica que conduce al exceso de trabajo y a la extensión excesiva de ti mismo, tiene un principio básico: no eres digno de tener tiempo para ti. Debes trabajar y producir o cuidar de otros para sentir que tienes valía. Es hora de enfrentarte a tu demonio mirándolo fijamente en la cara.

    Por ejemplo, cada vez que te escuches a ti mismo diciendo cosas como que siempre debes ser responsable, consciente y darle a los demás. O bien, nunca debo ponerme a mí y a mis necesidades en primer lugar. O bien, los buenos empleados nunca le dicen "no" a su jefe. O bien, los buenos empleados siempre trabajan horas extras. O bien, los buenos padres siempre ponen las necesidades de sus hijos en primer lugar. Entonces sabrás que estás en territorio peligroso. Todas estas afirmaciones son imposibles de cumplir.

    Aquí es cuando necesitas ser realista acerca de lo que realmente puedes hacer. Simplemente no podemos actuar de forma más generosa de lo que nos sentimos, dar más de lo que tenemos para dar y esforzarnos continuamente más allá de nuestros límites. Es hora de ajustar tus normas para que coincidan con tu realidad actual y lo que realmente puedes hacer.

  3. Discúlpate y/o cambia tu comportamiento
    Si la culpa es culpa sana, actúa y trata de remediar la situación. Mientras muchos de nosotros somos voraces consumidores del auto-castigo, la culpa existente interfiere con nuestra capacidad para reducir el estrés y tener tiempo para lo que realmente importa.

    Ten en cuenta que es bastante fácil pedirle perdón a alguien a quien has ofendido por un comentario descuidado. Es un poco más difícil no sólo reconocer que tus 80 horas de trabajo a la semana pueden dañar a tu familia y ajustar tu horario de trabajo (suponiendo que existan razones legítimas para trabajar 80 horas a la semana en primer lugar).

    Acepta y reconoce tu comportamiento inadecuado, pide disculpas, y luego sigue adelante. Tan pronto "aprendas la lección", tan pronto como desaparecerá la culpa.
La culpa sana es una de esas emociones que nos alertan de algo importante. Por lo general hay algo de verdad cuando nos sentimos culpables. Enfócate en el sentimiento de culpa que lastima a tus seres queridos o amigos. Pero recuerda que debes mantener un sano escepticismo en relación a tu culpabilidad.

En lugar de simplemente sucumbir a tu demonio de la culpa, la próxima vez que te sientas culpable, pregúntate a ti mismo, ¿mi culpa está tratando de enseñarme algo razonable y útil acerca de mi conducta? ¿O es sólo una respuesta irracional a una situación en la que tengo expectativas poco realistas acerca de mí mismo y lo que puedo hacer? La respuesta a esa pregunta será tu primer paso para ayudarte a enfrentar mejor la culpa.