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P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


Cómo enfrentar la decepción

por Margie Warrell

La vida no siempre va de acuerdo con lo planeado. A veces las cosas no salen como queremos. A veces la gente nos decepciona. A veces nuestras esperanzas, sueños y expectativas se estrellan contra el suelo produciendo un ruido ensordecedor.

Con los años me he sentido decepcionada más veces de las que puedo contar. Una oportunidad que parecía prometedora que no se concretó. Una persona a la que tenía en alta estima que actuó mal. Un trabajo que quería que le dieron a otra persona. Apenas la semana pasada sentí una gran decepción cuando mi hijo mayor no fue seleccionado para el equipo de baloncesto. Había puesto su corazón en ello. Cuando mi marido le dio la noticia, me encontré luchando en vano por contener las lágrimas por la decepción que sentí por él (cómo a los padres nos disgusta ver a nuestros hijos sufrir).

Estoy segura de que has tenido tu propia cuota de decepciones. Tal vez estás pasando por una (o varias) en estos momentos.

La decepción es la emoción que sentimos cuando no conseguimos el resultado que queremos o esperamos. Cuando la realidad no se ajusta a lo que pensamos que "debería ser", se produce en nosotros una decepción (a menudo combinada con resentimiento o frustración), a veces con una intensidad que nos golpea con fuerza. Como seres humanos empeñados en apegarnos a ciertos resultados, estamos destinados a experimentar decepción en el curso de nuestras vidas. Acabo de pasar dos días la semana pasada con el Dalai Lama y ahora sé que incluso el ser más "iluminado" entre nosotros no es inmune a emociones como la decepción. Más bien ha aprendido a no dejar que esas emociones permanezcan en él.

Pero creo profundamente que si las cosas salieran como quisiéramos todo el tiempo, no podríamos valorar los éxitos y nunca desarrollaríamos la capacidad de persistir o adquirir la sabiduría destinada a nosotros. Son los golpes en la vida, los reveses y las desilusiones las que nos permiten saborear y apreciar plenamente las victorias y los éxitos.

Cuando enfrento una decepción, me siento llamada a profundizar mi fe, con la creencia de que todo es exactamente como debe ser (aunque eso no siempre sea como yo quiero), para mí y para mis propios recursos. También me anima a escuchar con mayor atención a mi propia intuición y confiar en que dentro de cada desilusión se encuentra la semilla de un beneficio equivalente o superior. Sólo tengo que encontrarla. Sólo tienes que encontrarla. ¿Eso disminuye el impacto de mi hijo cuando tuvo que aceptar que la realidad fue diferente a la que esperaba? No. No mucho. Pero tengo mucha fe en su carácter, en su capacidad de recuperación y en su capacidad para enfrentar las decepciones para que pueda alinear su camino con fortaleza reforzada gracias a ello.

Nuestra decepción puede aliviarse cuando nos damos cuenta que no importa lo duro que podamos intentar o esperar que sea de otro modo. No podemos obligar al mundo a someterse a nuestra idea de cómo debería ser, ni obligar a la gente a actuar de cierta manera. Esperar que los que nos rodean nos respondan siempre con sabiduría, generosidad, buen juicio o humildad, es exponernos a la decepción. Así como nuestro ego a veces se interpone a lo mejor en nosotros, así también los demás son víctimas de ello.

Del mismo modo, no podemos esperar que la vida se desarrolle siempre de una cierta manera. Que nuestras buenas obras sean reconocidas, que nuestra generosidad sea correspondida, que nuestra honestidad sea recompensada, o que nuestro valor sea reconocido. Al menos no en el corto plazo.

Todo lo que puedes hacer de cara a las decepciones que la vida ponga en tu camino es dar un paso adelante cada día a cada nuevo reto (aunque sea inesperado, injusto o de enormes proporciones) con confianza en ti mismo, fe en tu futuro y con los brazos abiertos a la experiencia que la vida ponga en tu camino. La vida sólo puede vivirse en cada momento. Perdemos la oportunidad cuando pasamos nuestros días atrapados en el remordimiento y el resentimiento de lo que pasó ayer, o en el miedo y la ansiedad sobre lo que podría suceder mañana.

Ahora mismo, en este momento, confía en que estás exactamente donde tienes que estar y que las lecciones valiosas de sabiduría, coraje, fe y confianza en ti mismo están a la espera de que tú las descubras. Y para aquellos de ustedes que estén decepcionados, saben que tienen sus propias lecciones que aprender y que en última instancia arrieros somos y en el camino andamos.

Les animo a respirar profundamente en este momento. Hasta el fondo de su estómago, y mientras exhalan, dejen que se vayan sus ansiedades sobre el futuro y las decepciones del pasado. Más bien da hoy lo mejor que tienes; por todo lo que es, y por todo lo que no es.