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P S I C O L O G Í A     ●    F I L O S O F Í A     ●    E S P I R I T U A L I D A D
P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


Libertad mental

por Marlene Buffa

A pesar de que la modernidad parece habernos otorgado muchas libertades, en muchos sentidos nos encontramos más esclavos que nunca.

Cada vez le imponemos más limitaciones a nuestro sentido de valía y a nuestra integridad. Creemos lo que vemos en nuestro entorno y asumimos que la ilusión es real. Diariamente batallamos con nuestro espíritu interior y atamos nuestro potencial a las cadenas de la obligación y las expectativas. Lo peor de todo es que reprimimos nuestra creatividad por negarnos a nosotros mismos la libertad de lo posible.

Según nos damos cuenta de que estas preciadas libertades caen presas de nuestros pensamientos y temores, entendemos la importancia de nuestra libertad mental.

Libertad en nuestra actitud
Como Victor Frankl nos señaló en su obra maestra, El hombre en busca de sentido, la verdadera libertad es la posibilidad de elegir nuestra actitud en cualquier situación dada. Muchos líderes espirituales nos recuerdan que somos libres de elegir nuestra perspectiva y destacan la importancia que imprime nuestra visión sobre el resultado de muchas de nuestras decisiones y comportamientos cotidianos. La Madre Teresa nos enseñó a "ver a Dios" en cada persona que encontremos. Cuando cambiamos nuestras actitudes, y por tanto, nuestras observaciones automáticas, de ver problemas a encontrar el bien y a Dios en todas las personas y todo lo que encontramos, alcanzamos niveles de felicidad y energía positiva que nos brindan paz mental.

Libertad para expresar nuestro potencial
Cuando era niña, mis padres me bendijeron con su respaldo y su reconocimiento a mis logros. Nunca dudaron de mis capacidades, buscaron cosas nuevas para que las intentara, nuevos libros para que los leyera y nuevas ideas para que las tomara en cuenta. Aunque tomar clases de violonchelo no se tradujo en algo más que una exploración sobre los instrumentos de cuerda, mis padres me permitieron expresar todo mi potencial. A medida que maduramos nos apoyamos en nosotros mismos para liberarnos de las limitaciones de la duda, para poder entonces concebir la sinfonía completa de nuestro propio potencial. Nadie mas puede expresar tu potencial por ti. Tu visión, tu motivación, el trabajo en tu confianza en conjunto con tu espíritu para expresar el crescendo de tus habilidades en la orquestación armónica de una vida que sea digna de todos sus talentos. Tú eres el conductor que sostiene la batuta del propósito y la dirección de tu vida.

Libertad para crecer
Un adolescente me dijo una vez que el caimán que tenía de mascota nunca crecería más que la pecera en que vivía. Me dijo que los caimanes sólo crecían al tamaño de su contenedor. Aunque no sé si esto es cierto o no, nos presenta una interesante consideración espiritual. Cuando analizas la extensión del contenedor de tu espíritu, consideras tu capacidad de cambiar y crecer a partir del espacio que te asignes a ti mismo. Si limitas tu ambiente espiritual a una pequeña comunidad de individuos con ideas similares, puede que esto te alimente el alma, pero que te deje hambriento de los nutrientes que sólo pueden proporcionar los jardines abundantes. Cuando siembras la semilla de la posibilidad y el hambre por el conocimiento, la información y la sabiduría, amplías la cosecha de tu vida para que incluya una vasta variedad de esfuerzos y experiencias.

Libertad para amar
Con frecuencia consideramos que no somos dignos del amor. En humilde auto-desprecio, nos escuchamos negándonos nuestra capacidad de amar y ser amados, o nos sentimos incómodos cuando alguien reconoce lo mucho que significamos para él o ella. Como nos señaló Gerald Jampolsky: "El amor es la ausencia total de temor". Cuando vivimos en el miedo, vivimos no sólo fuera del amor, sino dentro de los confines del estancamiento. En darnos la libertad de amar –para dar, recibir, y en verdad aceptarlo–, llenamos nuestras vidas con la calidez que sólo las sinceras expresiones de emoción nos pueden brindar.

Louise Hay nos enseñó que somos el único pensador en nuestras mentes. Tú eres el único responsable de tus pensamientos, ya sea que estos alienten o destruyan tu espíritu. La libertad de tu mente no conoce límites, sino los que impongas a tu alrededor. Cuando utilizamos el poder de la actitud para ver la vida de una manera más positiva, encontramos que nos liberamos de dudar de nuestro potencial; nos permitimos seguir aprendiendo y creciendo en formas magníficas, y experimentamos el amor en toda su amplitud.