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P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


Cómo saber si el miedo se ha infiltrado en tu cuerpo

por Iain Legg

¿Alguna vez, de pronto te sentiste ansioso o "al límite" y no sabes por qué? Hay muchas razones por las que podemos sentir miedo en diferentes momentos. Sentimos miedo por situaciones como un peligro físico, accidentes, desastres naturales, y así sucesivamente. Todas estas son situaciones en las que el miedo puede ser útil, ya que provoca la respuesta "enfrentar o evadir", que inunda nuestro cuerpo con adrenalina y nos impulsa a defendernos o huir del peligro.

Por desgracia, también hay muchas otras situaciones en las que se activa innecesariamente nuestra respuesta enfrentar o evadir, y terminamos sintiéndonos amenazados y en actitud defensiva, incluso cuando no haya nada que nos pueda lastimar en el momento presente.

Por ejemplo, solemos temerle a las entrevistas de trabajo, hablar en público, las reuniones sociales, deportivas y otras actividades que involucran un desempeño; las visitas al médico y al hospital, y muchas otras. Estas situaciones no son físicamente amenazantes, pero nuestros cuerpos suelen reaccionar a ellas como si lo fueran.

¿Alguna vez has tenido conflicto con miedos irracionales como éstos? A pesar de que puedan parecer irracionales, en realidad tienen una causa simple: tus pensamientos. Cuando enfrentas una situación en la que sientes que no estás preparado para manejarla, tus pensamientos empiezan a contemplar posibilidades terribles. Tus pensamientos en esos momentos podrían parecer algo así: "No puedo dar un discurso delante de la gente, ¿qué pasa si me equivoco, yo no soy bueno en los deportes?, ¿sólo haré el ridículo si trato de jugar? No quiero ir al médico, ¿que tal si encuentra algo horrible?" A medida que pasan estos pensamientos por tu mente, desencadenan la respuesta del miedo y tu cuerpo comienza a reaccionar como si estuviera enfrentando un peligro físico real.

Síntomas físicos y emocionales del miedo
Cuando empiece a infiltrarse el miedo en tu cuerpo, te darás cuenta de algunos signos y síntomas inconfundibles. Estos signos incluyen la tensión de los músculos, especialmente en el cuello, hombros y espalda; también se puede sentir tensión o mareos en el abdomen, tensión o presión en el pecho, dificultad para respirar, palpitaciones, inquietud, y debilidad muscular o temblores en los brazos y las piernas.

Más allá de las sensaciones físicas, también puedes observar emociones negativas como estar a la defensiva, irritabilidad, frustración, ira, agresividad, tristeza e impotencia. El continuo enfrentamiento con situaciones atemorizantes también puede conducir a problemas físicos y emocionales más serios, tales como insomnio, depresión, cambios en el apetito, pérdida de peso o aumento de peso, y paranoia.

Entonces, ¿qué puedes hacer cuando te siente abrumado por el miedo? El diálogo positivo contigo mismo es una forma de empezar a cambiar tus pensamientos, del temor a la calma. En lugar de preocuparte por las cosas negativas que pudieran producirse, podrías calmarte diciéndote cosas como, "No hay nada que temer, todo saldrá bien; creo que puedo manejar cualquier situación, todo estará bien". Aún mejor, intenta hacer todo lo posible por alentar un resultado positivo en una situación de miedo. Puedes practicar dar un discurso varias veces hasta que te sientas más cómodo, o visualizar al médico dándote un certificado de buena salud.

Cuando cambias los pensamientos que desencadenan la respuesta del miedo, se desarticulan los sentimientos de miedo.