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P S I C O L O G Í A     ●    F I L O S O F Í A     ●    E S P I R I T U A L I D A D
P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


Principios para guiarte en el Año Nuevo

por Roger Ellerton

¿Cuántos de nosotros hemos establecido resoluciones de Año Nuevo y objetivos para nuestras vidas que rápidamente olvidamos o dejamos a un lado hasta el año que viene? El siguiente conjunto de principios te ayudará a lograr tus resoluciones de Año Nuevo y mucho más. Léelos con cuidado. Cuestiónalos, ya que en su primera lectura puede que no los entiendas o estés de acuerdo con algunos de ellos. Ahora, selecciona uno de estos principios y ponlo en acción durante una semana completa. Observa cómo mejoran las cosas en tu vida y te acercan a lograr tus deseos. Al final de cada semana enfócate en un nuevo principio hasta que cada uno de ellos se convierta en un modo de vida para ti.

1. No existe el fracaso, sólo la retroalimentación
¿Alguna vez has hecho algo que no te salió como lo planeaste? ¿Cuántas veces lo has interpretado como un fracaso y posiblemente te hayas castigado o hayas culpado a otros? Hemos sido entrenados para juzgar los resultados, ya sea como éxito o fracaso. ¿Cómo cambiaría tu vida si vieras el fracaso simplemente como una retroalimentación; la oportunidad de aprender cómo no hacer algo y ser flexible en el desarrollo de nuevas formas de lograr el resultado deseado? La próxima vez que algo no salga según lo previsto, acéptalo como una retroalimentación. Ten la curiosidad de hacerte preguntas como: "¿Qué tengo que aprender de mí mismo, de otros, de mi trabajo o del entorno familiar, de modo que si se produjera en el futuro una situación similar pudiera obtener un mejor resultado?"

¿Cómo sería tu lugar de trabajo si el fracaso se considera como una retroalimentación? ¿Tendrían tú y los otros mayor disposición a explorar nuevas maneras de hacer el trabajo con más eficiencia y de manera más divertida?

2. No puedes no comunicar
A menudo pensamos que nos comunicamos cuando hablamos o escribimos. Esto no es así. Considera las siguientes situaciones: Estás en una reunión del personal sentado a un costado, con los brazos cruzados y una mirada de enojo en tu rostro, y no participas en la discusión en lo absoluto. O bien, has optado por no responder las llamadas telefónicas y el correo electrónico en el momento oportuno, si es que lo llegas a hacer. Incluso la falta de comunicación transmite un mensaje, y muchas veces no es positivo. ¿A quién crees que le haces daño?

Mediante tu tono de voz, acciones, expresiones faciales, gestos y lenguaje corporal, siempre estás comunicando. Tómate el tiempo para recapacitar y ver el impacto de tus acciones. ¿Es esa la impresión que realmente deseas dar o el mensaje que deseas transmitir?

3. Sé flexible
Si lo que estás haciendo no produce los resultados que deseas, haz algo diferente. ¿Alguna vez te has quedado atrapado en la vida haciendo las mismas cosas en espera de obtener un resultado diferente? Esa es una definición conocida de la locura. Si quieres que tu vida sea diferente, hacer las mismas cosas con más frecuencia o con más empeño, no es la manera de cambiarla. Debes elegir hacer algo diferente. Si pruebas una llave en una cerradura y no encaja, ¿seguirías intentando abrir con la misma llave? ¿O serías flexible y tratarías con otras llaves hasta que encuentres una que funcione?

Es lo mismo para tu vida. Sé flexible; explora diferentes conductas y estrategias para desbloquear lo que realmente quieres en la vida o lo que estás destinado a ser. Si eres un padre o una madre, considera lo siguiente: no hay niños resistentes, sólo adultos inflexibles.

4. El significado de la comunicación es la respuesta que produce
La comunicación que se pretende no es siempre la que entiende la otra persona. Y lo que es más importante, ¿se entiende tu intención? No importa lo que sea tu intención, lo que importa son los resultados que se generan a partir de tus palabras, tono de voz, expresiones faciales y lenguaje corporal. Al tomar la respuesta de la otra persona como una retroalimentación y ser flexible, puedes cambiar la forma en que te comunicas hasta que logres el resultado deseado.

Considera la siguiente situación: como hombre, me doy cuenta de que una compañera de trabajo lleva un vestido nuevo, así que decido hacerle un cumplido (mi sincera intención). Le digo: "Te ves muy bien con ese vestido". Sin embargo, su reacción no es la que yo esperaba. Se molesta y abandona la habitación. No sé lo que está pasando en su mente, pero, obviamente, interpretó mi mensaje de manera muy diferente a lo que había previsto. Tal vez a partir de sus experiencias y creencias, interpretó lo que dije como un mensaje "sugerente". La próxima vez que la vea, puedo continuar con el mismo comportamiento, o simplemente ignorarla y tenerle recelo. O puedo reconocer que mi comentario no produjo el resultado que intenté y encontrar diferentes maneras de comunicarme con ella para que podamos tener una relación de trabajo productiva.

5. Todo comportamiento tiene una intención positiva
No importa que tan extraño te puede parecer un comportamiento inadecuado o agresivo de una persona hacia ti; para que una persona actúe ese comportamiento, tiene que tener sentido desde su perspectiva –sus creencias y valores– y estar basado en la satisfacción de una intención positiva para ella.

La clave es que te des cuenta de que hay una intención positiva detrás de la conducta de la otra persona; para ella, tal vez no para ti. Esto no significa que debas ver el comportamiento de la otra persona como algo positivo o aceptable. Por el contrario, puede que te resulte muy desagradable. Tienes que ver detrás de la conducta para descubrir la intención positiva o, si no es evidente, busca la intención que tiene sentido en su realidad. Esta intención puede ser para sí misma, para ti o para alguien más. Una vez que hayas comprendido su intención, puedes explorar formas alternativas para ayudar a que la persona la logre.

A modo de ejemplo, digamos que estás teniendo una discusión con alguien y de repente te levanta la voz, tira las cosas de la mesa y se va de la habitación. Desde tu perspectiva, esto ciertamente no puede ser visto como un comportamiento positivo. ¿Cuál podría ser la intención positiva detrás de ese tipo de comportamiento? Ahora mira desde la perspectiva de la otra persona. Dados sus antecedentes –sus experiencias, creencias y valores– tal vez se sentía inseguro o abrumado por la conversación contigo. Tomando en cuenta los recursos que tenía disponibles en ese momento, esta puede haber sido la única opción que sentía que tenía con el fin de crear un espacio o huir a un lugar más seguro.

¿Qué puedes hacer para evitar un resultado similar la próxima vez? Puedes aceptar lo que pasó como retroalimentación, respetar su punto de vista, explorar las posibles intenciones positivas detrás de su conducta y buscar otras formas para lograr tu resultado a la vez de satisfacer su intención positiva. En otras palabras, sé flexible.

Es útil que hagas un balance de tus propios comportamientos con frecuencia. Observa los resultados que estás logrando, identifica la intención positiva detrás de esos comportamientos y pregunta: "¿Hay una mejor manera de lograr mi intención positiva para minimizar los efectos colaterales negativos?"

6. Todo el mundo hace lo mejor que puede con los recursos que dispone
Las personas ya cuentan con los recursos que necesitan para triunfar. Sin embargo, su perspectiva del mundo (creencias, valores y restricciones limitantes) o un estado mental temporal (agobio, tristeza o enojo), puede impedirles ver lo que es realmente posible o les impide acceder plenamente a sus capacidades y recursos. En estas situaciones una persona puede tomar decisiones o realizar acciones que, desde otro punto de vista, son mucho menos que sus capacidades y que incluso pueden ser experimentadas como dolorosas.

En retrospectiva, esa persona podría haber hecho muchas cosas de manera diferente, pero no pudo considerar la mejor opción en ese momento. No siempre tomamos la decisión o acción "correcta", simplemente tomamos decisiones y acciones basadas en los recursos a nuestra disposición en el momento.

7. Eres responsable de tu mente y por lo tanto de tus resultados
Fuiste tú quien eligió las creencias, valores y decisiones que determinan tu perspectiva del mundo y cómo experimentas los diferentes eventos. También eres tú quien puede cambiarlos para obtener una perspectiva diferente y así aprovechar los beneficios de resultados que pueden ser muy diferentes y produzcan cambios significativos en tu vida.

En conclusión: sólo tienes que seguir estos principios y empezar a ponerlos en práctica para hacer de ellos un modo de vida. Al hacerlo, tendrás la oportunidad de cambiar tu realidad, tus resultados y tu vida.