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P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


Superar tus demonios

por Harry Tucker

En los últimos años, varias personas han compartido conmigo la idea de demonios que los mantienen atemorizados. Los demonios pueden variar en atributos: no hay suficiente dinero, no soy suficientemente inteligente, no estoy suficientemente relacionado, etc. No importa qué tanto les diga que los demonios se pueden superar, me responden que no los entiendo porque mi vida ha sido muy fácil.

Los demonios también varían en intensidad y combinación, pero cualesquiera que sean, se combinan para obstaculizar el que la gente realice sus sueños y su propósito.

Me gustaría contarles la historia de alguien que me dio permiso para compartirla con ustedes. Le voy a dar a esta persona el nombre de "Sam" para los efectos de esta ilustración. Él es sólo uno de los muchos ejemplos de cómo podemos superar nuestros demonios.

La concepción de Sam fue un accidente. Sus padres vivían en una pequeña y pobre comunidad rural, y Sam definitivamente no estaba planeado. Sus padres se comprometieron a estar juntos y hacer que su relación funcionara. Se mudaron un par de veces antes de establecerse en otro pueblo rural para compartir su vida familiar. El dinero no le llegaba fácil a esa familia, pero lograban mantenerse.

Durante sus primeros años Sam fue un niño delgado. Se la pasaba ingresado en el hospital local por razones inexplicables. En más de una ocasión en su vida (en la infancia y como adulto), pensaron que Sam iba a morir por una u otra razón. Sus frágiles huesos se le rompian. Su hígado y riñones le hicieron ingresar al hospital varias veces por razones inexplicables durante su vida. Ser sano no era un atributo de Sam.

Sus primeros años en casa los pasaron amontonados. Vivían en una casa muy pequeña que era básicamente una habitación con una pared falsa y un par de divisiones que daban la apariencia de habitaciones. El inodoro era un balde de acero y el agua corriente era correr al pozo para sacar agua.

Sus padres eran amorosos pero no siempre pacientes. Esto le creó a Sam una "necesidad por complacer" que a veces lo paralizaba.

En una casa de 6 x 6 metros, vivió con sus padres y dos hermanos durante los primeros siete años de su vida.

Durante su periodo escolar en ese pueblo rural, a menudo fue víctima de bravucones. Este acoso continuó durante la primaria y la secundaria. Fue algo que tuvo que soportar y que tardó un buen tiempo en superar después de esos años de clases. El impacto de la intimidación no debe subestimarse. Como él les diría, "si sientes que tu hijo está siendo intimidado, haz algo al respecto, ahora mismo".

Esto hizo que evadiera varias actividades escolares durante ese periodo para evitar ser víctima de la gente que abusaba de él a causa de su propio dolor. Tal evasión le hizo perder muchas oportunidades de crecimiento y realización personal.

Un par de veces en su juventud, incluyendo una en la víspera de su primera comunión, unos pedófilos trataron de compartirle su propio dolor. En ambas ocasiones no tuvieron éxito. Sin embargo, estas situaciones hicieron que Sam se preguntara, ¿por qué me pasa esto a mí? ¿Por qué Dios permite que esto me ocurra? Tal vez Dios no existe.

Cuando se graduó de la escuela secundaria era muy tímido, introvertido, incluso fue escogido en la universidad por ser una combinación de ser inteligente y tímido.

Sam ha tenido dos mini-paros cerebrales, en 1983 y 1990. El diagnóstico: causa desconocida, así que no hay que preocuparse por eso. Él nunca se lo dijo a su familia, le parecía innecesario.

Sam también está ciego de un ojo.

La combinación de estos eventos en su vida y la genética lo dejaron torpe, pequeño de estatura, un introvertido que tenía miedo de hablar con la gente, un joven que por lo general no estaba contento consigo mismo por muchas razones, y que debido a su baja estatura, introversión, timidez y haber crecido en una familia que no era rica, no veía un futuro que fuera brillante.

Cuando vemos a gente como Sam, es posible que sintamos lástima por él o que nos preguntemos, "¿dónde va a acabar ese pobre diablo?" Después de todo, él ha sufrido daños irreversibles. ¿Por qué alguien debería tratar de ayudarle? Es probable que no valga la pena hacerlo. ¿Qué diferencia puede hacer en el mundo en esas circunstancias? Tal vez sería mejor darle la espalda a Sam y considerarlo un ser humano perdido.

Tal vez somos como Sam, con una colección de demonios similar o diferente a la de Sam, y usamos estos demonios para que nos detengan.

Déjame decirte algo más sobre Sam.

El verdadero nombre de Sam es Harry.

Yo soy Sam

Cuando veo la vida que viví de joven, siento que estoy mirando la vida de otra persona.

La gente que me conoce ahora me ve como una persona extrovertida que se siente cómoda dando una plática frente a 15,000 personas en un auditorio repleto, tan fácil como si lo estuviera haciendo en una conversación entre amigos en una cafetería. He creado empresas exitosas en Nueva York, uno de los entornos más difíciles para tener éxito en los Estados Unidos (especialmente para un niño de un pueblo pequeño).

El niño pequeño y enfermizo ahora mide 1,94 y pesa 110 kilos.

He sido bendecido con muchos dones, muchas oportunidades, muchos buenos recuerdos, una red de negocio increíble, una bella familia, muchos grandes amigos y una gran fe en Dios.

Si me hubieras visto hace 25 años, no habrías pensado en una vida así para mí. Yo tampoco lo habría considerado así.

Puede haber alguien más de quien no habrías pensado una vida así.

Quizás esa persona eres tú.

Tal vez eres Sam.

Hay algo que tienes que decirle a esa persona que es como "Sam": Si excava en el fondo puede encontrar el espíritu que lo impulse a ser alguien en la vida.

Si lo desea mucho, es suyo y lo puede tomar.

Si su fe es fuerte, lo que desee puede convertirse en su propósito y destino final.

Su pasado es su pasado. Lo que determina los resultados del resto de su vida se basa en cómo convierte sus dones en acciones que hagan una diferencia.

Como escribió Stephen Covey, ayúdale a "Sam" a responder estas cuatro preguntas:
  • ¿En qué eres bueno? Esa es tu mente. (Coeficiente Intelectual)
  • ¿Qué amas hacer? Ese es tu corazón. (Coeficiente Emocional)
  • ¿A qué necesidad puedes servir? Ese es el cuerpo. (Coeficiente Físico)
  • ¿A qué te llama la vida? Lo que le da sentido y propósito a tu vida.
  • ¿Qué sientes que deberías estar haciendo? En resumen, ¿qué es lo que tu conciencia te indica hacer? Ese es tu espíritu. (Coeficiente Espiritual).
Nos motivamos, según el Dr. Covey, con vivir, amar, aprender y dejar un legado.

Busca qué respuestas coinciden con los cuatro principios anteriores y la imagen que resulte se convertirá en el propósito de la vida de "Sam", o de la tuya.

No hay demonios en tu vida que sean lo suficientemente fuertes como para impedir que logres tu propósito.

Los demonios no tienen poder sobre tu vida. Sin importar qué demonios tengas, puedes encontrar a alguien que haya vencido esos mismos demonios que te pueda orientar.

¿Qué te dice esto? Que los demonios no son mas que aquellas cosas que tienen el propósito de ofrecerte la oportunidad de adquirir los conocimientos y la fuerza por haberlos derrotado, proporcionan un medio para encontrar tu propósito y dejar un legado.

Con deseo de servir. Harry.