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P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


Tres habilidades para promover un buen comportamiento en los niños

por James Lehman

Cuando tienes un niño que es conflictivo y comete faltas de respeto, es fácil compararlo con los llamados "niños buenos" que parece que nunca se meten en problemas o son una preocupación para sus padres. Muchas personas se sienten sin esperanza de poder enseñarles a sus hijos la manera de modificar su comportamiento.

La verdad es que el buen comportamiento no es cuestión de magia. No puedes agitar una varita mágica y convertir a tu hijo a como tú quieres que sea. Por el contrario, la buena conducta es una habilidad que se puede aprender, al igual que la carpintería, la música o la enfermería. Creo que tres de las habilidades más importantes que los niños deben aprender como base para el buen comportamiento son: cómo leer las situaciones sociales, cómo manejar las emociones, y cómo resolver los problemas adecuadamente. Si tu niño puede aprender a dominar estas tres tareas con tu ayuda, tendrá buenas bases en su desarrollo para tener éxito como adulto.

1. Leer las situaciones sociales
La capacidad de leer las situaciones sociales es importante porque ayuda a que tu hijo se evite problemas y le enseña cómo llevarse bien con los demás. Si puede entrar en un salón de clases. comedor, patio de juegos o una fiesta, y leer lo que está pasando allí y luego decidir cómo va a interactuar en ese ambiente de una manera adecuada, ya está a mitad de camino. Así que si tu hijo ve a un grupo de niños que suelen molestar y acosar a otros, la habilidad de leer las situaciones sociales le ayudará a mantenerse alejado de ese grupo en vez de incorporarse a él.

Los padres pueden ayudarle a sus hijos a desarrollar estas habilidades si consiguen leer las caras de las personas en un centro comercial o en un restaurante, por ejemplo. Si tu niño puede aprender a ver quién se ve enojado, frustrado o aburrido, pueden suceder dos cosas: la primera es que va a ser capaz de identificar las caras de las personas. En segundo lugar, aprenderá que debe tratar de identificar los sentimientos de los otros. Ambas son parte integral para aprender a leer las situaciones sociales.
2. Manejo de las emociones
Es de vital importancia que tu niño aprenda a manejar sus emociones adecuadamente a medida que madura. Manejar sus emociones significa que no está bien hacer un agujero en la pared porque está enojado y no está bien maldecir a sus padres porque le pidieron que dejara de ver la tele y le mandaran a dormir. Los niños necesitan saber que el que se sientan mal o estén enojados no les da el derecho de insultar a otros.

Haz las preguntas apropiadas
Si tu hijo insulta a su hermana pequeña, es tu responsabilidad preguntarte primero: "¿Qué pasó para que hicieras eso?" No, "¿cómo te sentiste?", sino "¿qué estaba pasando?" Encontrarás que por lo general este tipo de comportamiento es centrado en sí mismo. Quizás su hermanita está recibiendo más atención o ella está viendo un programa y el quiere ver otro, o ella está jugando con los videojuegos y él quiere jugar también. Cuando tu hijo no sabe cómo lidiar con esa situación y se vuelve desagradable o abusivo, es el momento en que debes intervenir y ponerle fin a esa situación. Y creo que deberías decirle claramente: "El que estés enojado no te da el derecho a insultar a tu hermana". Esa es una forma importante y directa de enseñarle la habilidad de controlar sus emociones.

¿Qué consecuencias se dan (o no dan)?
Yo creo que las consecuencias son parte de la rendición de cuentas. En otras palabras, tu hijo debe saber que si el comportamiento inapropiado sucede de nuevo, tendrá que rendir cuentas. Al decir esto, no creo que la gente cambie, simplemente porque se les castigue o haya consecuencias. Aunque los padres a menudo se centran en esto, las consecuencias no son suficientes. Más bien, es el proceso de aprendizaje asociado a las consecuencias lo que cambia el comportamiento del niño. De modo que el proceso de pensamiento de tu hijo considere: "Puedo irme a mi habitación y tranquilizarme", en vez de "La próxima vez que esté molesto, si insulto a mi hermana voy a ser castigado".

Esta es la verdad: se puede castigar a los niños hasta que las ranas críen pelo, pero no va a cambiar su comportamiento. Eso es porque el problema no es realmente el comportamiento; el problema radica en la forma en que piensan los niños. Este pensamiento inadecuado se exterioriza en su forma de comportarse. Si los castigas por su comportamiento y omites cuestionar la forma de pensar sobre el problema, o hacerles considerar cuáles son sus opciones para enfrentar ese problema de manera efectiva en el futuro, entonces, ¿qué estás haciendo? Estás castigando a tu hijo, pero él no ha aprendido nada y no va a hacer nada diferente. De hecho, es probable que lo vaya a hacer otra vez cuando no estés presente.

"¿Qué vas a hacer diferente la próxima vez?"
Creo que es muy importante que hables con tu hijo acerca de lo que puede hacer diferente la próxima vez que se sienta enojado o frustrado. Esta herramienta anima al niño a llegar a considerar lo que él o ella podría hacer en lugar de utilizar el comportamiento inadecuado. Por cierto, cuando tengas esta conversación con tu hijo, ésta debe ser una conversación bastante seria; sin sonrisas pero tampoco abusiva o negativa. Limítate a los hechos y pregúntale: "¿Qué puedes hacer diferente la próxima vez?"
3. Enseñarle habilidades para resolver problemas
No hay tal cosa como "niños buenos" y "niños malos". Creo que los niños que son etiquetados como "buenos" son niños que saben cómo resolver sus problemas y manejar su comportamiento y vida social, y los niños que son etiquetados como "malos" son los niños que no saben cómo resolver esos problemas. A un niño se le considera "el chico malo" cuando ha desarrollado acciones ineficaces para resolver los problemas que otros niños resuelven adecuadamente. Así que ese niño puede recurrir a respuestas que son irrespetuosas, destructivas, abusivas o violentas. En mi opinión, no hay tal cosa como niños buenos o malos, simplemente hay niños que han aprendido maneras efectivas de resolver problemas de la vida y niños que no.

A medida que se desarrollan, los niños ajustan continuamente sus habilidades para resolver problemas y aprenden otras nuevas. Por ejemplo, para un niño de tres años, decirle que "no" es el mayor problema en su vida. Patalea y hace un berrinche. Con el tiempo, tiene que aprender a lidiar con ese problema y gestionar los sentimientos asociados con ello. Y así continúan las tareas a los cinco años, cuando tienen que lidiar con su primer día de clases; a los nueve, cuando inician alguna actividad deportiva; y continúan a los 12 - 13 años, cuando están en la escuela media en un ambiente mucho más caótico de lo que jamás hayan enfrentado antes.

He dedicado gran parte de mi carrera tratando con niños que se comportan de manera inapropiada, tanto con niños abandonados y deprimidos, como con niños que eran agresivos y golpeaban a los demás. Creo que un elemento clave para ayudar a que los niños cambien su comportamiento es que los padres aprendan técnicas que ayuden a que sus hijos identifiquen el problema que enfrentan. Junto con él o ella, analiza cómo resolver problemas para llegar a nuevas soluciones. Así que habla con tu hijo sobre el problema en cuestión y la forma de resolverlo, no de la emoción que siente el niño.
Al final, no hay una solución mágica para lograr una buena conducta. El secreto está en realmente enseñarle a los niños a resolver problemas, la buena conducta es simplemente uno de los frutos de ese árbol para resolver problemas. Tu meta como padre o madre es enseñarle a tu hijo las herramientas para que aprenda a comportarse. Nunca es demasiado tarde para obtener estas herramientas, pero sé esto: si tu hijo no puede leer una situación en el noveno grado y no sabe cómo responder, reaccionará con agresiones y luego se meterá en problemas, ¿Cómo crees que se va a manejar cuando sea un adulto y su jefe le diga algo que no quiere escuchar? Es por eso que es importante para ti, como padre o madre, no "hacer que desaparezca" el mal comportamiento y empezar a enseñarle a tu niño las habilidades necesarias para que cambie su comportamiento para siempre.