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La economía actual exige una habilidad fundamental: Optimismo

por Eileen McDargh

Calentamiento global. Escasez de agua. Terrorismo. Un sistema de salud decadente. Guerras en todo el mundo. Precios del gas. Grave recesión económica. Mirar los titulares es suficiente como para preferir quedarse en la cama. ¡Pero espera! Hay esperanza. No el optimismo de los cantos del Pacífico Sur o del espectáculo más popular en Broadway. Más bien es a lo que los psicólogos en Francia le llaman "optimismo inteligente". Ese optimismo no niega la realidad del mundo actual, sino más bien trata de aprender cómo diseñar una vida en medio de tales dificultades. Martin Seligman, el psicólogo que ha hecho del optimismo y la felicidad su trabajo de vida, estaría de acuerdo con los franceses: el optimismo se puede enseñar. Considera estos pasos:
  1. Enfócate en lo que puedes controlar. No te dejes llevar por las circunstancias que no puedes cambiar. No puedes cambiar el calentamiento global, pero puedes controlar tu consumo de energía. No puedes detener la reducción del tamaño de tu empresa, pero puedes armarte con habilidades comerciales. Puedes revisar tus gastos y determinar cuáles son necesidades y cuáles sólo cosas que sería agradable tener pero de las que puedes prescindir. Al mismo tiempo, decídete a invertir un poco de dinero o tiempo en algo que realmente te dé placer y te aligere el espíritu. Comida para dos en un lugar del vecindario, acompañada por un buen amigo, me alegra el corazón y dibuja una sonrisa en ambas caras.

  2. Replantea el evento de modo que no seas una víctima. Siempre hay otra manera de ver una situación. La cancelación de un vuelo que me hizo perder un compromiso importante no fue "planeado" para afectarme a mí. Sólo sucedió. Mi opción es averiguar lo que puedo hacer para ayudarle al cliente que no pude ver y lo que voy a poner en marcha respecto al trabajo cancelado. Cuando el huracán Katrina acabó con la casa de una enfermera; ella me dijo que cada día se enfocaba en lo que tenía todavía y le pidió a sus hijos que hicieran lo mismo. Cada día comenzaba con agradecimiento. De este modo se negó a verse a sí misma como una víctima.

  3. Piensa "lo suficiente". Cuando nos concentramos en lo que no tenemos, perdemos de vista las muchas cosas que sí tenemos. La verdad del asunto es que si estás leyendo este artículo, quiere decir que cuentas con suficiente poder de computación. Cuentas con la inteligencia suficiente. Y tienes suficiente. Tal vez no sea tanto como te gustaría, pero, por hoy, es suficiente.

  4. Cultiva respuestas optimistas. Al igual que un agricultor cuidando un campo, el optimismo no crecerá a menos de que se riegue, fertilice, desyerbe y atienda. Todos tenemos días en los que la negatividad nos puede invadir. Y, a veces, es una buena respuesta, ya que nos mantiene anclados en la realidad. Sólo asegúrate de que es la realidad y no la imaginación la que hace que des saltos extraordinarios en tus conjeturas. Desyerba esas conjeturas. Pregunta qué PUEDES hacer para ver un resultado que te dé una sensación de poder. Alexander Graham Bell, alguna vez dijo: "A veces nos quedamos mirando durante tanto tiempo a la puerta cerrada que no vemos la que se está abriendo". El ingeniero de 3M que pensaban que no había podido hacer un compuesto adhesivo, descubrió lo que todos nosotros ahora llamamos post-it.

  5. Recuerda el poder de las generaciones. Los hijos de padres deprimidos son más propensos a la depresión. Los hijos de los optimistas son más propensos a ser optimistas. ¿Qué es lo que decides transmitir? Incluso si tus padres fueron negativos se puede romper el ciclo si te detienes y elaboras una situación escuchando el diálogo negativo interno, y luego, literalmente, te das un mensaje diferente. Sí, esta es una práctica. Una práctica difícil. Pero la puedes hacer un hábito si la trabajas durante un tiempo.

  6. Canta. Cuando todo falle, empieza a cantar. Es imposible que te sientas negativo si elevas tu voz con una canción. La música te permite formular palabras, para matizar, e incluso ponerte a bailar.

  7. Resiste ver o leer algo que le ponga un manto oscuro a tu día. En lugar de sintonizarte con la tristeza, lee un libro que te transporte a otro tiempo y a un mejor humor. Ve a jugar con el bebé de al lado. Y si eres una de esas personas que simplemente no pueden soportar a los niños, da un paseo con tu perro o siembra una planta en una maceta. Mejor eso que andar con el corazón y la mente lastradas.

  8. Niégate a participar en un coro de conversaciones negativas si lo único que se oye es quejas, quejas y quejas. Dile a tu grupo que tienen tres minutos para hacer un berrinche, pero luego deben parar y en los siguientes seis minutos deben dedicarse a la buscar ya sea algo positivo acerca de la situación o algo que puedan hacer.

  9. Por último, practica diciendo este mantra: "Esto también pasará". Siempre lo ha hecho y siempre lo hará.