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P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


El mensaje en la locura

por Karen Wright

Continuamente nos dicen que los tiempos económicos son difíciles y se predice que empeorarán antes de mejorar. No hay duda de que muchos de nosotros hemos sentido el efecto financiero y algunos lo han sentido mucho. Sin embargo, otros, que no han experimentado cambios drásticos, se preguntan de qué se trata todo esto.

Pero, independientemente del momento en que te encuentres actualmente, el llamado de alerta en el mundo es algo que no se detiene. Parece que los signos proféticos tenían razón, "El fin está cerca".

No el fin de la vida ... pero sin lugar a dudas será el fin de la forma de vida tal como la conocemos hasta ahora. En mi opinión, eso no es tan malo. De hecho, creo que es la mejor noticia que he escuchado en mucho tiempo. Desde mi punto de vista, en la vida, como la conocemos, hemos creado algunos líos bastante lamentables. Y ahora nuestra indiferencia y postergación se ve enfrentada a nuestros excesos económicos. Nuestra indulgencia ante la corrupción corporativa y la actitud "no es mi problema" ante las drogas y la violencia, han elevado las señales de advertencia ante una crisis inminente.

Está más allá de la mayoría de nosotros saber cómo arreglar el estado mundial de la economía, las plagas, la pobreza, el hambre, o los conflictos políticos. Ya tenemos bastante con atender nuestras propias vidas. Sin embargo, existe una verdadera relación de causa-efecto entre las situaciones de nuestra vida individual y las de la humanidad en general. Cada uno de nosotros es un microcosmos en el macrocosmos del mundo. "Como es adentro es afuera", el segundo principio hermético, correspondencia, nos dice que el estado del mundo es un reflejo del mundo interior al que llamamos nuestra vida individual, y que la ira que sentimos hacia otro es una escala equivalente al de la guerra entre países.

Desde una perspectiva energética, un macrocosmos como la guerra es la acumulación de las energías contendientes (enojadas) individuales. Cada pensamiento de ira que tenemos se suma a esta energía colectiva. Gandhi dijo: "Sé el cambio que deseas ver en el mundo". Él hablaba de este principio de correspondencia. Detener la guerra en tu propio corazón disminuye el poder colectivo de la guerra en el mundo.

La ciencia se alinea con la filosofía hermética como se muestra en la belleza del mundo de los fractales. Un fractal es generalmente una forma geométrica que se puede dividir en partes, cada una de ellas es una copia en miniatura del todo, similar a todos los niveles.

Uno de los fractales más famosos fue bautizado con el nombre de un matemático polaco, Benoit Mandelbrot, comúnmente considerado como el padre de la geometría fractal. Si nos fijamos en un fractal de Mandelbrot, podemos ver que toda la imagen se repite en su perímetro en versiones más pequeñas.

Pero, ¿qué tiene que ver este asunto fractal con los difíciles tiempos económicos que estamos enfrentando? Mucho. El patrón de la condición del mundo comienza en los patrones de nuestras propias creencias y comportamientos. Mientras sigamos aferrados a las actitudes y acciones que crearon nuestra situación actual, seguiremos experimentando agitación.

Confusión, caos, incertidumbre, cambio... todas estas son señales de una vieja manera de ser del pasando, dando a luz a una nueva forma de ser. Como en cualquier nacimiento, hay dolor y hay alegría. Primero está el dolor, después la alegría. El grado de dolor que experimentamos es directamente proporcional a nuestro nivel de resistencia al cambio necesario. Y el grado de felicidad que experimentamos surge de nuestra voluntad de soltar y seguir adelante.

Muchos de nosotros lo hicimos bastante bien en el mundo del consumismo. Compramos lo que queríamos, cuando queríamos. Cuando perdíamos el encanto por una nueva posesión, simplemente comprábamos algo nuevo, más grande y mejor. Casas más grandes, coches más potentes, armarios más caros. Artefactos que desbordaban los cajones de nuestra gavetas victorianas, y garaje para tres autos.

No le prestamos mucha atención a nuestro uso voraz de los recursos mundiales, especialmente en los países desarrollados, locos de riqueza. Para nosotros el petróleo y los árboles y el agua y el aire, eran abundantes y eternos. Éramos permisivos, egoístas e ignorantes. Para algunos, como los magnates que siguen gastando pródigamente mientras se extiende la mendicidad en nuestros países, este derecho asumido parece que lo irán perdiendo lentamente.

Hoy en día, esa forma de vida arrogante e inútil está llegando a su fin, y estamos sintiendo el dolor en forma de una desintoxicación económica. Pero en ese dolor, si optamos por verlo, hay un sentido renovado de abundancia de lo que es verdaderamente significativo: el amor, las relaciones, la comunidad, la responsabilidad. Podemos crear una nueva relación con nuestro medio ambiente, que honre nuestros recursos y considere nuestro legado para las generaciones futuras con cada decisión que tomemos. Podemos crear una nueva relación entre nosotros, una que honre las diferencias y abarque un terreno común.

El dolor siempre es causado por resistirse a lo que es. Es hora de despertar y reconocer la trayectoria inconsciente que hemos andado a ciegas. Haríamos bien en volver a nuestras raíces humanas y espirituales, estar verdaderamente agradecidos por el aliento del alma en la vida.

Toda la gente con quien hablo siente algún tipo de desconexión con sus vidas. Falta algo. La mayoría piensa que es la conciencia de su propósito de vida. Yo creo que es algo aún más fundamental que eso. Creo que nos hemos olvidado de nuestra interdependencia con la vida misma. No estamos aquí para ser usuarios y consumidores como lo hemos sido, somos divinos protectores y santos benefactores.

La gratitud se ejerce al servir a una causa digna, no con apropiarnos de todo lo que se atraviese en nuestro camino. Si soltamos lo que es necesario que abandonemos, el dolor se detendrá y despertaremos a la oportunidad de volver a conectarnos con nuestra alma y con los demás. No estamos en tiempos de destrucción, como las noticias nos lo quieren hacer creer, estamos a mitad de camino de darnos a luz en la vida real; la que estamos destinados a vivir está a punto de comenzar.