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P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


Siete principios para la curación personal y de nuestro planeta (I)

por Anodea Judith

Un puente hacia el futuro
Voy a ir directo al punto. El mundo está en nuestras manos. Esta compleja joya planetaria, desarrollada a través de miles de millones de años de evolución, ha creado una especie cuya influencia es global, una especie igualmente capaz de monumentales creaciones que de destrucciones devastadoras. En este momento de la historia nos encontramos atrapados entre las experiencias del pasado y las expectativas de futuro. Estar en este espacio de transición tiende a crear confusión. En él yace un gran despertar y también una gran elección.

La civilización humana, originada en el primitivo mundo natural, ha madurado desde los habitantes de las cuevas, como recién nacidos, hasta el establecimiento de las primeras civilizaciones, en su infancia, y ha sufrido, como adolescente, la rivalidad entre hermanos durante 5000 años de guerras entre imperios que continúan en la actualidad. Nuestra civilización está sometida ahora a un rito de paso hacia la próxima era. Al igual que los ritos iniciáticos de las culturas tribales —en donde una equivocación podía significar la muerte— este tránsito nos destruirá o será nuestra salvación. Nos guste o no, el reto está aquí y la elección es nuestra. ¿Cómo podemos encontrar nuestro camino?

Los paralelismos con la adolescencia son muchos. A medida que alcanzamos el tamaño adulto en términos de la población del planeta, nuestro crecimiento físico debe ser reemplazado por el despertar espiritual. Nuestra capacidad de ejercer un inmenso poder, ya sea en naves espaciales, aviones, computadoras, modificación genética, calentamiento global, o armas nucleares, requiere de una madurez espiritual, que está siendo invocada por los peligros de nuestro tiempo. Para llegar al futuro con éxito, cada uno de nosotros debe despertar tan profundamente como le sea posible al enorme potencial que yace dentro de nosotros, en este sagrado planeta del paraíso.

En esta iniciación, estamos transitando por una cúspide tecno-espiritual, un tiempo de cambios sin precedente, donde, así como lo es para los individuos, los valores y las defensas que nos hayan protegido como niños, funcionarán en nuestra contra como adultos. Nunca antes hemos tenido que enfrentar la posibilidad de que nuestras acciones destruyan el tejido de la vida, pero nunca antes cada uno de nosotros había tenido la oportunidad de lograr un cambio en nuestro mundo para influir en el futuro. Sentados al borde de este precipicio, ¿qué elegimos, la gloria o la destrucción, el cielo o el infierno, el paraíso o el sepulcro?

Esta puede parecer una pregunta bastante tonta, sin embargo, parece que a menudo elegimos mal. ¿Vives en el paraíso? ¿O es algo en lo que sueñas, planeas para tus vacaciones, o pagas grandes sumas de dinero para encontrarlo? Hay muy pocas personas que describan su vida cotidiana como un paraíso.

Sin embargo, no hay ninguna razón por la que no podamos vivir el paraíso aquí en la tierra. No hay razón por la cual nuestra vida no puede ser emocionante, hermosa, significativa y abundante. Vivimos en un universo abundante. Si no es evidente la abundancia en nuestras vidas, tal vez es que no estamos viviendo en armonía con las leyes naturales del mundo que nos rodea.

Creo firmemente que es posible crear el Cielo en la Tierra. No sólo es posible, es relativamente sencillo, divertido, incluso natural. Simplemente consiste en prestar atención a algunos principios sencillos, los principios que reflejan tanto el mundo dentro de nosotros como el mundo que nos rodea, principios que se derivan del antiguo sistema de curación mente-cuerpo basado en los chakras. Este sistema, que se desarrolló en el período Tántrico de la filosofía del yoga en el primer milenio dC, describe siete niveles esenciales de conciencia humana. Estos niveles describen un patrón evolutivo que ofrece orientación tanto para el individuo como en lo colectivo. Alinearnos con los principios de los chakras es alinear nuestro sistema nervioso —y el de nuestra cultura— con la estructura profunda, inherente a la naturaleza. Es alinearnos con lo que realmente somos, tanto dentro como fuera. Esto es realmente más fácil que vivir desalineados, que es lo que estámos haciendo actualmente.

  1. El primer principio es que la materia importa.
    Basados en el primer chakra o raíz, cuyo elemento es la tierra, este es el principio que reconoce nuestro físico, y el papel del elemento tierra como fuente principal de nuestra supervivencia. Esta es la capa que proporciona nuestros cimientos, nuestra nutrición y nuestra sostenibilidad. La materia importa. ¿Qué significa esto? La materia es el mundo material en que vivimos, derivada de la palabra mater, o madre. Es la madre, o la matriz a cuya semejanza somos creados. Somos esa materia, caminamos sobre ella a cada paso, la ingerimos diariamente, interactuamos con ella en todo momento. Debemos reconocer las cosas que realmente importan.

    ¿Qué significa que importe? Significa tener sustancia, importancia, peso. Si algo importa, no puede ser ignorado. Su realidad es esencial para la causa que se trata: nuestra propia supervivencia. Que algo no importe es intrascendente. Si algo no tiene importancia, desde luego no tiene ningún efecto sobre el futuro.

    Para que algo cambie en el futuro, nos debe importar. Si queremos salvar la preciosa biosfera de este planeta, tenemos que darle importancia a la materia. Si no lo hacemos, seguramente vamos a perder la salud de nuestra biosfera, y por lo tanto, la vida tal como la conocemos.

    Como niños a los que se les han dado bloques para que aprendan a construir, la estructura de la materia que nos rodea contiene misterios elaborados que nuestras ciencias apenas están empezando a comprender. Si existe una escritura duradera que haya llegado hasta nosotros a través del tiempo, escrita por una inteligencia más allá de nuestra comprensión, es la que se encuentra en la elaborada complejidad de la materia. Desde las enormes galaxias espirales que todavía dan nacimiento a las estrellas, a las partículas subatómicas que aparecen intermitentes dentro y fuera de la existencia. La materia es nuestro libro de historia, nuestra lección de biología, y nuestro primer reto en la supervivencia.

    Sin embargo, vivimos en una cultura cuyas principales tradiciones espirituales han negado la importancia de la materia. En un esfuerzo por desviar la conciencia al aspecto del espíritu eterno, la materia ha sido denigrada como sin importancia, básica, o inferior, y por lo tanto menos digna de nuestra atención. Se nos dice que la tierra es un objeto inanimado, que está a nuestra disposición, y esta creencia está destruyendo nuestro medio ambiente. Se nos dice que los mensajes de nuestro cuerpo deben ser ignorados o trascendidos, y esto ha creado una crisis de salud. Nuestras empresas han ignorado el hecho de que la gente y los principios importan, y se están desmoronando por la corrupción.

    Cuando algo básico para nuestra existencia es negado o reprimido, emerge más bien en forma de sombra, que es lo que conocemos como materialismo. Que importe la materia no justifica el materialismo, sino que nos reclama que la materia sea sagrada de nuevo. Es cuando hemos perdido el contacto con nuestro entorno, con nuestros cuerpos, con el sabor de los alimentos saludables, con ese toque crujiente de supervivencia para el que nuestro sistema nervioso fue preparado, que buscamos sustitutos en las comodidades materiales para llenar el agujero. ¿Así que, por qué es importante la materia?

    La materia nos brinda integridad estructural. Es lo que nos sostiene, nos da solidez y apoyo. En el ámbito de las rocas, la integridad es lo que hace que una roca sea dura y permanezca. Las rocas fuertes son las que permiten que las montañas mantengan su forma a pesar de las lluvias y el viento, y embellezcan el paisaje. Las cosas duras son duraderas, son cosas que pemanecen. Tienen integridad.

    Integridad es una palabra que usamos para implicar un comportamiento ético. Integridad implica consistencia, como llevar a cabo una acción que hemos dicho que íbamos a hacer. Si imitamos a la naturaleza en la forma en que vivimos, entonces nos volvemos consistentes con la naturaleza. Por tanto, somos íntegros con las fuerzas naturales, reforzadas por patrones que mantienen nuestra propia coherencia, y por ello, establecidos para perdurar. Si se degrada nuestra integridad, producimos debilidad. Nos desalineamos con la naturaleza, la fuerza misma en la que se sustenta la vida.

    Asi que hacer que la materia importe, es reconocer que importa lo que ingerimos en nuestros cuerpos. Importa lo que le hacemos al medio ambiente. Importa lo que compramos en el mercado. Importa cómo tratamos nuestra casa, nuestras posesiones, nuestros cuerpos. Como digo, ignoramos estos temas a nuestro propio riesgo, un riesgo que nos aparta de la naturaleza, lejos de la forma en que nuestros cuerpos han evolucionado, lejos de la integridad de nuestra naturaleza biológica.

    Hacer que importe la materia, es también estar dispuestos a tomar partido por lo que realmente importa. Reclamarle a nuestros representantes que defiendan el medio ambiente para honrar nuestros principios y nuestra ética. Cuando hacemos que importe la materia, cuando los principios fundamentales de la naturaleza están respetuosamente en su lugar, entonces la vida se vuelve más agradable, lo que nos lleva a nuestro segundo principio...

  2. El placer es placentero.
    El placer es una fuerza curativa. Adoptar este principio puede parecer ridículamente sencillo, pero es quizás el más reprimido y, me atrevo a decir, distorsionado, en nuestra cultura en general. En términos biológicos, esto se refiere al principio del placer y ha sido conocido por profesionales desde que Freud lo identificó hace más de un siglo, y conocido también por la gente común desde el principio de los tiempos. Simplemente establece que los organismos biológicos se orientan hacia el placer y se alejan del dolor cuando se les da la opción. Cuando llegas a casa del trabajo al final del día, te involucras en algo placentero, no doloroso, cuando te es posible. Cuando se atienden las necesidades de supervivencia, el placer se convierte en la siguiente preocupación.

    El placer es un antídoto de la naturaleza para el dolor. Si vivimos en un mundo donde las personas están sufriendo —de dolor emocional, dolor físico, enfermedades, aislamiento, pobreza, opresión— hasta el punto en que ni siquiera se atreven a SENTIR nunca más, entonces puede ser que nos hayamos alejado demasiado del principio del placer.

    Los estudios han demostrado que el placer y la violencia tienen una relación inversa. Esto significa que las sociedades que son sexualmente más permisivas —que incorporan el placer como parte de su vida cotidiana—, son considerablemente menos violentas. Por el contrario, las culturas que son sexualmente restrictivas, tienden a generar más violencia. Sólo tenemos que ver algunos de los aspectos más extremistas de ciertas religiones, como los talibanes, para ver este principio en acción.

    Cuando negamos el placer, comenzamos a entumecer nuestros sentidos, y por tanto, nuestra capacidad de sentir. Con los sentidos negados, nos volvemos insensibles, culpables de actos sin sentido, y nos insensibilizamos a fin de no sentir nada en absoluto. Pero cuando nos abrimos al placer, los sentidos se nos abren también. Entonces, podemos ser sensibles, así como sensuales. ¿No tiene esto más sentido?

    ¿Pero es así de simple? ¿Qué pasa con los peligros de placer? ¿No es el placer una búsqueda interminable que se conduce por la resbaladiza pendiente de la adicción y la desgracia? ¿O es tal vez la ausencia de los placeres naturales de la vida, como el tacto, los alimentos saludables, dormir bien por la noche, la satisfacción sexual, la música, la risa y la belleza, lo que nos conduce a los falsos placeres que nunca satisfacen y sólo provocan desear más. El verdadero placer, enraizado en los sentidos, es muy curativo y produce alegría en el momento, sin necesidad de necesitar más. Complacer es hacer que el otro sea feliz, dar placer.

    La materia importa y el placer es placentero. ¿Qué puedes hacer para que tu vida sea más placentera? Puedes empezar por recuperar la fuerza curativa del simple tacto. El significado del tacto se ha distorsionado por asociarlo al terreno sexual, por lo que tenemos miedo de establecer un genuino contacto con los demás.

    Tocar es estar en contacto. Estar en contacto es estar consciente y despierto. Tocarse entre sí es empezar a derribar las barreras que mantienen separadas a las personas, producto de la ilusión de separación. Ésta es la forma de curación más básica de la naturaleza. Y es muy conmovedora.

    ¿Cómo sería un mundo en el que todos estén en contacto y brillando intensamente de placer? ¿Cuáles serían tus niveles de energía si tu día estubiera lleno de cosas que deleitaran tus sentidos y tu imaginación? ¿Cómo tratarías a tus compañeros de trabajo, tus vecinos, tus amigos, si tu vida fuera placentera? El placer suele encontrarse en las cosas simples, como pasar tiempo con los amigos, escuchar música, observar el paisaje, con lo que cada momento del día se vuelve más placentero. ¿Puedes llevar flores para ponerlas en el escritorio de tu trabajo? ¿Puedes usar ropa que te guste, que le siente bien a tu piel, con colores que te favorezcan y atraigan las miradas? ¿Puedes complacer a otros y hacer que su vida sea un poco más fácil? ¿Cómo te haría sentir el vivir en un mundo que fuera agradable a los sentidos? ¿Cómo te comportarías?

    En el sistema de los chakras, el segundo chakra está asociado con el elemento agua. Sin placer, la vida se seca y pierde brillo, pero cuando la vida es placentera, ¡se vuelve jugosa!

    En la raíz del placer está el dios Eros, el dios de la atracción erótica, la fuerza universal de la sensibilidad y la seducción, la fuerza que atrae para reunir. En un mundo que se está cayendo a pedazos, donde las personas están librando guerras y provocando destrucción, donde los sacerdotes célibes destruyen la santidad de los niños, donde abundan la violación y la pornografía, no hacemos bien en alejarnos de Eros. Eros nos invita a vivir esta fuerza conscientes, esta fuerza que une las cosas de nuevo. Debemos rendirle homenaje a este dios de una manera que sea saludable y placentera. De nuevo, negar algo natural es crearlo en su forma más destructiva como sombra. Para terminar con la violencia, el aislamiento y la monotonía de la vida cotidiana, podemos usar el placer como fuerza curativa y encarnar el principio del segundo chakra: El placer es placentero.

    Una vez que tenemos la base de los principios que importan y estámos encantados con la sensación de placer, se produce una emergencia natural de energía y alegría. Esto nos lleva hasta el tercer chakra, y a nuestro tercer principio...

  3. La voluntad despierta produce maravillas.
    Como adolescentes culturales, aún estamos viviendo en una época en la que el poder está puesto en manos de las figuras paternas: presidentes y políticos, jefes corporativos, las fuerzas de la ley, y los militares. En otras palabras, seguimos viviendo bajo las reglas de los padres. Somos enseñados desde la edad temprana a someter nuestras voluntades a nuestros mayores, y como niños, esto es completamente apropiado.

    Cuando nuestros antepasados establecieron sus primeras ciudades, con decenas de miles de personas que vivían juntas por primera vez, este principio fue necesario. Se podría argumentar que esa autoridad paterna era necesaria en ese momento, y que se ha logrado con ello un progreso de largo alcance. Sin embargo, no hemos podido coordinar una civilización planetaria. Pero si este es nuestro paradigma dominante, debemos darnos cuenta que en realidad es un paradigma de sumisión, uno en la que hay más gente sometida que dominante. Ahora es el momento de convertirnos en Pioneros de un Nuevo Paradigma y superar el paradigma de la sumisión. Ojo. No digo derrocar, sino superar. Una incita a la pelea, la otra a la madurez. Lo sé porque con mis propios hijos cuando suelto el control, veo como surge su madurez.

    El paradigma de sumisión nos mantiene en un estado infantil, obediente, haciendo lo que nos dicen. Pero en la crisis de la adolescencia, las viejas formas ya no funcionan, y se cuestiona la obediencia, como debe ser si queremos desarrollar algo nuevo. Sin embargo, todavía no tenemos la madurez de los adultos. Para ello tenemos que cambiar del "poder sobre ti" al "poder contigo". Este tipo de poder se construye mediante la formación de alianzas en vez de facciones, cooperación en vez de competencia, paz en vez de guerra.

    Pero antes de que podamos subvertir el paradigma de sumisión, tenemos que encontrar la fuerza interior. Con el fin de resistir el entrenamiento de la sumisión, debemos emplear un corolario en este principio: "Atrévete a individuar". Individuar es apartarse de la multitud, estar dispuesto a ir contra la corriente, a mantener una posición, a decir no, o tal vez sí, cuando los que están contigo también quieren tomar otro camino. Margaret Mead dijo una vez: "Nunca dudes de que solo un grupo de individuos pueda cambiar el mundo. De hecho, siempre ha sido así". Sólo si nos atrevemos a individuar, las cosas podrán cambiar.

    La individuación despierta nuestro poder. Cuando logramos liberarnos de las expectativas de la gente, podemos decir nuestra verdad, actuar auténticamente, y aprender a vivir con nuestro propio ingenio. Cada acto que hacemos es un acto de elección, un acto de dirigir nuestra energía. Si decimos esto con plena conciencia, empezamos a vivir por elección, no por casualidad.

    Tenemos más opciones ahora que las que nunca antes hayamos tenido. Tenemos más poder: el poder de empalmar genes, influir en el clima, hacer la guerra, o volar a las estrellas. Pero educados en el paradigma del poder, no estamos acostumbrados a tener esa opción. Estamos acostumbrados a ser pasivos, a dejar que alguien más nos enseñe el camino, haga el trabajo, tome la decisión. Pero nuestros líderes están fallando en hacer eso con sabiduría, y esto es un llamado a que despierte nuestro poder.

    ¿A dónde quieres dirigir tu energía? ¿Hacia qué meta? ¿Cuándo no estás viviendo tu verdadera voluntad? ¿Cuándo te estás sometiendo? Los sistemas violentos de nuestro mundo, como el partido nazi, los talibanes, o el régimen estalinista, han sido todos sistemas rígidos, dominantes; sistemas en los que las voluntades de muchos han sido sometidas al poder de unos cuantos.

    El lado oscuro de un pueblo sin poder es un mundo de dominadores y víctimas, dominado por el ego, donde todo el mundo está compitiendo por aprobación y buscando maneras de aumentar su poder. Si actuamos auténticamente desde el centro individuado de nuestro propio poder, se reduce la necesidad de reforzar al ego constantemente. Pero esto requiere de una mayor madurez, que nos saca de la lucha de poder entre nosotros y nos lleva a nuestro siguiente principio operativo...

    Segunda parte...