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P S I C O L O G Í A     ●    F I L O S O F Í A     ●    E S P I R I T U A L I D A D
P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


Conciencia: Verdad o Sabiduría (y/II)

por Christian de Quincey

La verdad a toda costa
Esta toma de conciencia llegó a mí con toda su fuerza en una conferencia sobre la conciencia. En una de las sesiones, un entusiasta joven materialista presentó sus propios argumentos sobre la emergencia de la mente desde la materia. Manejó bien su exposición, habló con elocuencia y apasionadamente nos presentó sus puntos de vista. Apenas podía contenerme mientras él hablaba, porque era muy claro para mí que estaba perdiendo completamente el punto. De lo que estaba hablando no era de la conciencia.

Tan pronto como nos invitó a hacerle preguntas, me puse de pie y me dirigí a él con una crítica despiadada. Dado que la conciencia no es otra cosa que subjetiva, ¿cómo podría en su modelo emerger la subjetividad de una materia totalmente objetiva? "Toda tu tesis está construida sobre arenas movedizas, puros castillos en el aire, y ni siquiera nos dice algo acerca de la conciencia. No es mas que un argumento limitado basado en una especie de materialismo sobrenatural, es decir, un absoluto sinsentido".

Estas no fueron mis palabras exactas, pero reflejan la esencia del tono y el contenido de mi respuesta a su conferencia. Él se sentó a un lado, visiblemente alterado, y el siguiente orador subió al podio. Toda la pasión y el entusiasmo habían desaparecido de su rostro. Hacía tan sólo unos cuantos minutos este joven se había mostrado vibrante y emocionado por sus ideas, exponiéndonos algo en lo que él creía apasionadamente. Ahora parecía destrozado. "Oh, Dios mío, ¿yo provoqué eso?", me dije a mi mismo con un sentimiento de vergüenza y culpa. Si ese era el precio de llegar a la verdad, en ese momento me quedó claro que no valía la pena. Debe haber otra manera de hacer filosofía.

Y por supuesto que la hay. No todos los filósofos son tan insensibles, aunque muchos están entrenados para serlo. Durante el resto del día, y durante toda la noche, me obsesionaba la imagen conmocionada de ese joven filósofo. Decidí no buscar más la verdad "a toda costa". Si la búsqueda de la verdad implicaba elegir un camino que nos aleja de la sabiduría y la compasión, algo debía estar mal. Si la filosofía de la mente produce argumentos meticulosos, finos y detallados, pero falla en aceptar el hecho de que el sentimiento es fundamental en la naturaleza misma de la conciencia —el "cómo-se-siente desde adentro"—, entonces, eso indicaba que la propia disciplina se encontraba en decadencia.

El estudio de la conciencia no puede basarse exclusivamente en la coherencia racional de las conexiones entre conceptos e ideas. Se debe involucrar el inefable proceso pre-verbal, pre-racional, que se puede describir mejor como "sentir el camino que conduce a sentir" el experimentar la experiencia. Y cuanto más le ponía atención a esto, más me daba cuenta que explorar la experiencia en primera persona, tarde o temprano, trae un mensaje: "No estamos solos. No somos burbujas solipsistas aisladas de la conciencia, la experiencia, o la subjetividad (escoge tu palabra favorita), existimos en un mundo de relaciones. Somos, la conciencia es, intersubjetiva. Cualquier investigación exhaustiva sobre la conciencia debe involucrar la perspectiva en segunda persona de ser-en-relación".

Al día siguiente busqué al joven materialista, y cuando lo encontré le había vuelto la luz a los ojos. Me disculpé y me miró sorprendido. Casi no recordaba el incidente y no esperaba ninguna disculpa (¡formación de filósofo!). Tal vez mi ataque verbal, después de todo, no lo había perturbarlo como yo pensaba, tal vez imaginé o proyecté todo el asunto. Real o imaginario, el encuentro me sirvió como una importante lección.

Conciencia y conquista
La lección se profundizó por la tarde. Entre conferencias, di un paseo y miré los carteles que anunciaban otras ponencias, y me llamó la atención una presentación en particular, Preconquest Consciousness (Conciencia antes de la conquista), por un antropólogo de la Universidad de Stanford, Richard E. Sorenson. Su trabajo también era el capítulo de un libro recién publicado, Tribal Epistemologies (Epistemologías tribales). No tuve tiempo para leerlo todo, pero lo que leí me llamó la atención. Sorenson distinguía entre dos formas muy diferentes de conciencia: la de la "pre-conquista", característica de las mentes de los pueblos indígenas, y la de la "post-conquista", caracterizada por el racionalismo moderno. "Conquista" la refiere a lo que le sucedió a la conciencia indígena y sus formas de vida cuando los conquistadores españoles invadieron el Nuevo Mundo.

Compré un ejemplar del libro para leerlo en el vuelo de regreso a San Francisco. La tesis de Sorenson, basada en muchos años de estudio de campo con numerosas culturas indígenas "aisladas", me impactó. La conciencia previa a la conquista tiene sus raíces en el sentimiento, una forma de conciencia liminal apenas reconocida en la educación moderna, matizada por una "exuberante sensualidad", donde los pueblos desde la infancia crecen acostumbrados a un alto grado de conciencia del contacto cuerpo a cuerpo. La conciencia de la pre-conquista no apunta a la verdad abstracta, sino a lo que se siente bien.

Los individuos en estas sociedades son muy sensibles a los cambios en la tensión muscular en otros, que indican cambios en el estado de ánimo. Si los demás se sienten bien, se sienten bien; si los demás se sientan mal, se sienten mal. Sorenson le llama a esto conciencia "sociosensual". En otras palabras, todo el estímulo y motivación de esta forma de conciencia es optimizar los sentimientos de bienestar en la comunidad. Lo que es "real" o "correcto" (podríamos decir: lo "verdadero") es lo que se siente bien. En esas culturas, lo "correcto" o "verdadero" o lo "real", es una cuestión de aprecio, no la correspondencia entre un patrón de conceptos abstractos y hechos empíricos.

Significativamente, la conciencia post-conquista es radicalmente diferente. Se basa en el razonamiento dialéctico que intrínsecamente implica dominación o conquista: Una tesis se confronta y es "conquistada" por su antítesis, que a su vez es superada por una nueva síntesis. Por su propia naturaleza, entonces, la dialéctica racional de la conciencia post-conquista, es confrontadora. Esta sola idea me dejó pasmado, especialmente después de mi experiencia con el joven filósofo materialista.

Pero lo que aprendí después me sacudió hasta las entrañas. Dadas las diferentes dinámicas y motivaciones intrínsecas subyacentes en ambas formas de la conciencia, cuando el racionalismo post-conquista se encuentra con el sentimiento pre-conquista, el resultado inevitable es la supresión y la conquista pura y simple de la sensibilidad por la razón.

En su búsqueda de la verdad, la razón opera a través de la dialéctica conquistadora: Una idea o la "verdad" de una persona se confronta y se supera por una idea opuesta o la "verdad" de otra persona. El enfrentamiento entre ellas produce una nueva síntesis percibida como un avance creativo en el conocimiento.

La razón funciona diferente cuando sentimos lo que pensamos
Por el contrario, la conciencia liminal o de pre-conquista, se esmera por llegar a lo que se siente bien para el colectivo, trata de adaptar las diferencias. Cuando se confronta con la razón, naturalmente, quiere complacer al otro, así que invariablemente cede. La razón se esfuerza por conquistar, el sentimiento se esfuerza por complacer, y el resultado: destrucción o supresión de la conciencia liminal por la razón.

Era aún más inquietante para mí el constatar que nada de esto implicaba una mala intención por parte de la razón. Basta con encontrar una epistemología de la sensibilidad, la razón automáticamente la eclipsará, incluso si la intención es honorable.

Cuando revisé mi vida profesional, me encontré con un montón de circunstancias que lo confirmaban. En mi trabajo, han habido muchas ocasiones en las que me he involucrado con personas interesadas en la conciencia con otras perspectivas diferentes al de la filosofía o la ciencia: el misticismo, el chamanismo, la estética, por ejemplo. Con mucha frecuencia —aunque yo estuviera tratando de ser considerado con sus diferentes formas de saber—, estas personas terminaban nuestros encuentros sintiéndose maltratadas por tener que hacer coincidir sus experiencias con la lógica rigurosa del análisis racional. Cuando una búsqueda de la verdad enfrenta la razón dialéctica contra la experiencia dialógica, el componente de sentimiento en el conocimiento de los demás rara vez puede soportar el encuentro. Sentir se siente invalidado. La "verdad" obstruye a la sabiduría.

La tesis de Sorenson me permitía entender esta dinámica de una manera que no había concebido antes. Y su escrito no me dejó con un mero reconocimiento intelectual de la dinámica pre-conquista post-conquista. Él sustentó su tesis con una observación presencial realmente conmovedora e impactante de la desintegración de toda una forma de vida de una tribu en Nueva Guinea, cuando su isla remota fue descubierta por los turistas occidentales después de la Segunda Guerra Mundial.

Antes de la "invasión", la tribu neolítica de cazadores-recolectores vivía con un "sincero acercamiento basado en la confianza íntegra" y una sensual "relación intuitiva" entre la gente. Su comunicación era espontánea, abierta y honesta. Para ellos, "decir la verdad" era lo mismo que hablar, porque sólo funcionaba "cuando los sentimientos personales se expresaban sin restricciones y con precisión. Lo que requería transparencia en las aspiraciones, intereses y deseos... Lo que importaba era la cantidad de alegría colectiva que producía.

En la vida real de estas personas, previa a la conquista, el sentimiento y la conciencia se enfocaban a la experiencia sensorial en-el-momento, como si lo sustancial de la vida estuviera dentro de ese complejo flujo de la inmediatez sensible colectiva. En ese flujo las personas le confíaban sus pensamientos y aspiraciones a los demás para que las apreciaran y consideraran. Esa descarada honestidad abierta era el fundamento que hacía posible su muy afinada empatía e integración en las relaciones. Cuando se cedió esa apertura, la empatía y la simpatía se marchitaron. Cuando el engaño se convirtió en una práctica común, se desintegraron.

Una semana después de la llegada de los turistas a la isla, una forma de vida y una forma de conciencia que había durado cientos si no miles de años, se colapsó irreversiblemente. Sorenson lo describió como una "gran amnesia cultural", donde poblaciones enteras se olvidaron de los acontecimientos pasados, incluso recientes, y cometieron graves errores al describir hechos sobre ellos. En algunos casos, incluso habían olvidado qué tipo y estilo de ropa había usado hacía un par de años (en Nueva Guinea) o que utilizaban hachas de piedra y se comían a los parientes cercanos que morían, hacía unos cuantos años... La unión desinteresada que parecía tan firme y auto-curativa en sus aislados enclaves, se desvaneció como una brisa de verano. Así, una conciencia basada en la verdad dio paso a una que miente para sobrevivir.

A treinta mil metros de altura, el relato de Sorenson del momento de crisis en el colapso cultural de este pueblo, hizo que se me saltaran las lágrimas. En una sola semana, un espíritu que a todo el mundo le gustaría, no sólo para sí mismo, sino para todos los demás, se había perdido. Uno que había tomado miles de años crear, de pronto había desaparecido.

Epidemia de insomnio, danzas frenéticas durante toda la noche, enrojecimiento en unos ojos más vacíos a medida que pasaban los días y las noches, disfasias de varios tipos, mini-epidemias repentinas de extrañamiento espontáneo, lagunas en la percepción, hiperactividad, pérdida de la sensualidad, colapso del amor, impotencia, visión frenética desconcertada como la de los búfalos en la India cuando son golpeados hasta la muerte. Adolescentes de 14 años (y otros) colapsados en la playa... Tal era el panorama general de esa semana, una semana que la imaginación no podía haber prevenido, la semana en que el sutil vínculo sociosensual de la forma de vida de los moradores de la isla se desintegró.

Yo había asistido a la conferencia para presentar una ponencia detallada en la que solicitaba que se incluyera la intersubjetividad para establecer un nuevo enfoque basado-en-las-relaciones que nos permitiera comprender la naturaleza y la dinámica de la conciencia. Me conmovió el incluir la perspectiva de la segunda persona, porque durante años sentí que algo importante se estaba dejando a un lado en el debate entre la primera persona (subjetivo/experiencial) y la tercera persona (objetivo) en las investigaciones sobre la conciencia. Ya que la mayoría de nuestras experiencias cotidianas involucran relaciones de un tipo u otro, me pareció que pasar por alto este aspecto común de la conciencia se seguía manteniendo como una evidente brecha en los estudios filosóficos sobre la mente y la conciencia en general.

No me pude evadir de la paradoja o la ironía de mi situación. Yo estaba ahí para defender la importancia de las relaciones en la conciencia —implicando reciprocidad de sentimientos compartidos—, por ello me resultó una dura experiencia observar el contraste que había entre mi análisis intelectual sobre la intersubjetividad y mi falta de experiencia sobre la conciencia relacional. No sólo respecto a mis relaciones con con otros, sino dentro de mí. Yo había estado utilizando la razón para virtualmente excluir la verdadera profundidad de sentir. Mi propia vida profesional era un microcosmos del encuentro entre la conciencia post-conquista y pre-conquista; entre la moderna mente racional y la mente intuitiva tradicional. Yo estaba acumulando conocimiento filosófico acerca de la conciencia, pero había perdido contacto con las raíces vivas de la sabiduría.

Diferentes maneras de saber
Si el análisis de Sorenson sobre el choque fatal entre las formas de conciencia de la pre-conquista y la post-conquista es correcta, la perspectiva de poder conocer mediante formas no-racionales parece desalentador, pero sólo si aceptamos la premisa (bastante improbable) de que la racionalidad es el final del juego epistemológico. Es evidente que tenemos abundantes pruebas en la filosofía perenne y en los maestros y practicantes espirituales modernos de que la experiencia mística trasciende a la razón. Podemos evolucionar más allá de la razón, y cuando lo hacemos, no anulamos los beneficios que hemos acumulado por medio de la razón durante los últimos cuatro o cinco mil años.

Dicho de otra manera: El que históricamente —tal como lo documenta el trabajo de Sorenson— cuando la forma primitiva de saber basada en el sentimiento se encuentra con moderna forma de saber basada en la razón y el encuentro siempre diezma a la primera, no tiene por qué ser el fin de la historia para trascender a la razón, todos tenemos el potencial para desarrollar la intuición espiritual o mística transmoderna, y esta forma de saber incluye e integra a todas las demás.

Por debajo, la razón se basa en sentimientos e intuiciones pre-verbales; por encima, la razón proyecta la imaginación hacia las experiencias transverbales y transracionales. Previo a la razón, los sentimientos interconectados y los estados alterados de conciencia a la razón le parecen como magia: el dominio indefinible del chamán. Más allá de la razón, la unión y comunión de experiencias y estados superiores de conciencia le parecen a la razón como inefables y noéticas: el dominio infinito de la mística.

Mientras que la razón domina al sentir, el conocimiento místico no "conquista" a la razón, la envuelve, la abraza, la trasciende. Por lo tanto, la intuición mística o espiritual es integradora: Incluye a la vez que trasciende, tanto a la razón como al sentimiento somático.

Por otra parte, la razón no tiene que diezmar al sentimiento. Esto sólo lo hace cuando se desconecta de sus raíces en la profunda sabiduría del cuerpo. La razón es muy eficiente cuando mantiene o recupera el contacto con sus raíces pre-verbales somáticas. La razón funciona de manera muy diferente cuando sentimos nuestros pensamientos.

El dilema de la razón
Claramente, yo había desarrollado una dependencia excesiva en la razón, y no había podido ver que eso no es del todo racional. Es una distorsión de la razón.

Esta no es una idea nueva. Algunos de nuestros mejores filósofos han reconocido este desequilibrio entre lo que podemos llamar "razón clara" y "razón distorsionada". En los albores de la filosofía occidental, Sócrates y Platón sabían que la razón estaba limitada, y que antes de que alguien pudiera saber cuales eran esos límites, tendría que dominar la razón para llegar ahí. Sólo entonces se podría pasar a la siguiente etapa. En el siglo XVIII, Immanuel Kant asumió este reto como un proyecto importante de su vida y demostró el desequilibrio en su gran obra Crítica de la Razón Pura. Alfred North Whitehead también era un maestro de la razón, tal vez el mejor, porque abarcó lo suficiente como para saber que la razón clara está enraizada en el sentimiento.

La razón clara sabe que los límites de la razón no son los límites del conocimiento, y ciertamente tampoco los límites de la realidad. Y no reconocer esto es una parte importante del problema, no solo de mi problema, sino el dilema para el mundo moderno en general.

Aquí está el dilema: Por un lado, hemos perdido el contacto con el vínculo profundo que la razón tiene en los sentimientos del cuerpo, y los sentimientos interconectados en y con la naturaleza. Por otra parte, no hemos hecho un uso pleno del don de la razón que ya tenemos. Este segundo problema tiene su origen en el primero. Pero ambos deben trabajarse juntos. Nuestro problema, entonces, no es tan grande. Utilizar suficiente razón de la categoría adecuada: una razón clara arraigada en los sentimientos del cuerpo y abierta a los canales trascendentales de la sabiduría.

Gran parte de la filosofía académica de la mente trata de encontrar fallas en la lógica de otro. Funciona desde el supuesto de que el progreso se basa en descubrir lo que está mal y corregirlo. Incluso podríamos llamarlo una "vía negativa", exceptuando que eso distorsionaría el sentido de la frase en la práctica espiritual.

Pero la filosofía no tiene que construirse sobre el conflicto de enfrentar visiones del mundo. Como señaló John Stuart Mill cuando dijo (parafraseando): "Los filósofos tienden a estar en lo cierto sobre lo que afirman, y tienden a estar equivocados sobre lo que niegan". Una idea perceptiva y sabia que demuestra que la filosofía puede estar a la altura de su propio nombre.

Imagina practicar la filosofía buscando lo que es correcto sobre la posición del otro. Ese tipo de cambio de actitud acerca a la filosofía y la espiritualidad, y la verdad se acerca a la sabiduría. Mi propia versión de esta idea es la siguiente:
"Cada visión del mundo expresa cierta profundidad de la verdad y cae en un error sólo si reclama poseer toda la verdad... Es decir, es probable que haya alguna profunda simiente de verdad poco común en cada visión del mundo —ya sea en el materialismo científico, el idealismo espiritual, el dualismo mente-cuerpo, o el panpsiquismo— y la tarea de los filósofos honesto es descubrir esas verdades. La tarea de los grandes filósofos es encontrar cómo estas verdades poco comunes son coherentes en nuestra realidad común."
Nota al pie: Por "verdad" me refiero a: i) la verdad proposicional donde el lenguaje es rigurosamente auto-consistente y no contradictorio, y ii) correspondencia de la verdad donde la verdad proposicional (expresada en ideas y palabras) se confirma con la evidencia empírica. El tipo de conocimiento necesario para lograr el rigor lógico y racional con frecuencia es incompatible con el tipo de conocimiento esencial de la sabiduría espiritual. Por "sabiduría" me refiero a una inefable forma de saber que nace de la experiencia directa, una especie de pragmatismo intuitivo que funciona en la medida que toma en cuenta el Todo. Es incluyente e integradora, e invariablemente implica empatía y compasión.
Primera parte...