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P S I C O L O G Í A     ●    F I L O S O F Í A     ●    E S P I R I T U A L I D A D
P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


El Yo Único

por Corey W. de Vos

¿Qué entiendes cuando escuchas las palabras "Yo Único"? ¿Memorias de la infancia y "Soy especial, pónganme atención" de la época preescolar? ¿Pilas de libros de auto-ayuda para ayudar a reforzar el ego? ¿Las recientes modas de la Nueva Era estilo El Secreto, que colocan al yo en el centro del universo, en vez de al universo en el centro del yo? ¿Una constelación particular de tipos de personalidad arquetípicos Junguianos, tipologías del Eneagrama y signos astrológicos?

El Yo Único es mucho más que un cuestionario de personalidad decorado con una cobertura espiritual. No se refiere a ninguno de estos ornamentos del Yo, aunque es inmanente a las confrontaciones y aflicciones del ego, y transciende por completo al ego, permanece siempre intacto de los apetitos de la identidad. El Yo Único representa las más profundas expresiones de la conciencia --un sujeto que no se puede convertir en un objeto--, la unión de la conciencia perenne y la perspectiva individual a un nivel fundamentalmente radical.

Imagina a cuatro personas sentadas en una habitación, mirándose entre sí. Cada una de ellas "completamente" iluminada; esto es, tan iluminada como una persona lo pueda estar en esta época. Contemplándose una a otra, miran a la misma Unicidad contemplándose a sí misma, reconociendo a la misma conciencia detrás de cada mirada. Hay un inmediato reconocimiento de la conciencia fundamental de la radical singularidad del ser: lo singular en lo que no existe el plural. En los ojos de los demás pueden ver reflejada su propia Imagen Original, ecos de omnipresencia que emanan de una Fuente indescriptible. Todos pueden ver la radical y universal semejanza de la realidad. Comprendiendo, cada uno de ellos, que existe un único Testigo detrás de cada conjunto de experiencias. En la mirada de los demás sólo pueden verse a sí mismos, reconociendo a la misma conciencia que constata la existencia de sí misma.

Ahora imagina que estos cuatro seres iluminados están en un círculo, cada uno mirando a un globo que está encima de una mesa que se encuentra en el centro. Aunque todos comparten la misma percepción directa de Unicidad, cada uno mantiene una particular perspectiva del globo, y, por lo tanto, cada uno ve el Mundo de una manera diferente. Hay algo notablemente único en relación a cada una de sus experiencias, desde su orientación física en el tiempo/espacio de su experiencia individual de lo universal. En cada uno de ellos reside la hebra fundamental de la perspectiva, prolongándose hasta las profundas oscuridades del Misterio; una inescrutable gota del Corazón que es única en todos y cada uno de nosotros.

Sólo existe una única "Yoidad" en la existencia, y muchas experiencias particulares, ya que existen las perspectivas en el universo. Si nos permitimos pensar en la conciencia como "una esfera cuyo centro está en todas partes, y cuyo perímetro no está en ninguna parte", veremos que, aunque todos compartimos el mismo centro existencial, mi centro no es el mismo que el tuyo; la "gota" que derramo no es la misma que la tuya, aunque estén entrelazadas en el Corazón del mundo. Hay una unión de lo universal y lo único que es completa e intrínsecamente tuya. Es ese pedacito de yo que nunca podrá ser duplicado, imitado, y que nunca te podrán quitar.

De algún modo, El Yo Único representa el fin del viaje espiritual, la comprensión final de la iluminación.  Pero aquí de nuevo empezamos a perseguir como perros nuestras propias "colas" hermenéuticas, palabras que emanan de lo profundo del Misterio como fotones de un espejo. Esta unificación no-dual de sí mismo y no-sí mismo "final" --por propio derecho-- es tan inalcanzable como ineludible. No tiene principio y no tiene fin, ya que no participa de las condiciones del tiempo y el espacio, y, sin embargo, permea a todo el espacio y el tiempo, nunca separada del caleidoscopio del mundo manifiesto.

El Yo Único es el substrato de nuestra experiencia personal, los sutiles patrones de la perspectiva, sabores del amor, y texturas del espíritu que te hacen un yo exclusivo en esta ecología de las almas. Al hacer un reconocimiento profundo de nuestra Original y Única Cara, empezamos a sentir la imperiosa evolución corriendo por nuestras venas; un impulso insaciable por ser nosotros mismos, tan libres y completos como podamos.

Este es el Alfa y el Omega de la experiencia espiritual integral, el primer y último paso hacia nuestro propio despertar, mientras guiamos nuestras mentes y corazones en cada tramo de nuestro andar.