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P S I C O L O G Í A     ●    F I L O S O F Í A     ●    E S P I R I T U A L I D A D
P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


¿Qué significa eso?

por Eldon Taylor

Una noche, mientras me quedaba dormido, reflexioné sobre los acontecimientos inexplicables en mi vida y me pregunté, ¿Qué significa eso? A la mañana siguiente, mientras me vestía, escuché en la televisión: "Es increíble. El limpiador de ventanas cayó 150 metros y sobrevivió". De nuevo me pregunté: ¿Qué significa eso? ¿Qué significará para ese hombre?

Ese día, mientras conducía a casa desde el supermercado, observé a un hombre joven con su hijo. El clima era primaveral, y este hombre estaba trabajando en un pequeño jardín. Parecía estar rompiendo algunos pequeños terrones con una azada. Me acordé de mi primer casa y el jardín. El gran sueño de la mayoría de nosotros de poseer nuestro pequeño pedazo de cielo, después de todo, la casa de un hombre es su castillo. Como jóvenes, tenemos la intención de comprar nuestro primer vehículo, y comienza el ciclo de consumo.

Así que hacemos nuestros planes, nuestros sueños, y empezamos a vivir en la medida de nuestras posibilidades. Nuestra ropa, automóviles, casas, muebles, pertenencia a grupos, y así sucesivamente, son parte de nuestros sueños. Los alimentos que comemos, las paradas por un café con leche, los teléfonos celulares que llevamos, son también parte de nuestros sueños. Podría seguir, pero vamos a considerar otra forma de ver este sueño. ¿Estamos consumiendo, o estamos siendo consumidos?

La vida tiene muchas vueltas y revueltas, y rara vez encontramos que el camino es recto y nítido. Lo mismo puede decirse de las decisiones que tenemos que tomar. A veces la vida nos lanza como hojas al viento durante una tormenta, rebotando de un evento a otro, y –a pesar de nuestros esfuerzos por hacernos del control– no podemos mitigar los vientos dominantes. En medio de todo esto, podemos encontrarnos experimentando lo que parece imposible.

¿Por qué? ¿Cómo sucede esto? Y, ¿qué significa?

El incidente del tren
Cuando tenía 17 años, conducía un auto que quedó atrapado en las vías del ferrocarril. Mi lado del vehículo estaba de cara al tren que viajaba a unos 100 kilómetros por hora tirando de más de 100 vagones. La amiga que venía conmigo puso su mano en mi pierna y miraba mientras yo trataba de arrancar el coche para intentar sacarlo de las vías. Pero el tren terminó por golpear el auto. El lado del conductor fue aplastado por el tren y, finalmente, arrojó los restos en un campo al lado de las vías.

A mi amiga Connie la sacaron del auto utilizando una máquina para soldar. Preguntó sobre mí mientras hacían las labores para sacarla, pero no le dijeron nada. Dios la bendiga, también estaba preocupada de que sus medias nuevas pudieran haberse dañado. Las impresiones tan fuertes suelen producir un efecto desorientador como ese.

En cuanto a mí, me encontraba a unos cien metros de distancia en el campo. De repente, como caí ahí y desperté, miré a mi alrededor y vi todo tipo de vehículos de emergencia, automóviles, y una multitud de curiosos. Me apresuré hacia la ambulancia, pero fui detenido por miembros de la tripulación de emergencia. Querían saber quién era yo, ya que por mi ubicación y apariencia, claramente no podía haber estado involucrado en el accidente.

Esta experiencia ha afectado mi vida de muchas maneras. Una de ellas, y quizás la más significativa, es el elemento espiritual. Ocurrió un milagro o me habría muerto. Connie sabía que yo estaba en el coche cuando fue golpeado. ¿Cómo sobreviví?

Entonces, ¿qué significa todo eso? ¿Qué significa cuando la vida nos enfrenta con lo inexplicable? ¿Qué pasa cuando la sabiduría de nuestra cultura se derrumba en promesas rotas y sueños frustrados? ¿Qué quiere decir que nuestros modelos espirituales o científicos se derrumban bajo el peso de la observación y la experiencia en la vida real? ¿Es esto posible, o es sólo un punto de vista, una perspectiva, o una expectativa auto-cumplida?

Aproximación al argumento de los diversos mundos
Tengo un hijo muy brillante –más de uno, en realidad–, pero al que me refiero ha cambiado sus ideas muchas veces en su paso por la adolescencia. Mi hijo Roy adoptó el catolicismo el año pasado y nos incitó a asistir a la iglesia. Este año, sin embargo, es agnóstico. Le gusta pensar de sí mismo como un seis en la escala del famoso ateo Richard Dawkins, y eso significa que es agnóstico, porque no cree que existe un Dios, y vive su vida de acuerdo con esa creencia. También cree que no es posible estar seguro acerca de lo divino, por lo que no se puede decir con absoluta certeza que no existe Dios, y como tal, ¡no puede decir que es ateo!

Nuestras conversaciones se han centrado en Freud, en especial sobre sus teorías del desarrollo psicosexual, y en Dawkins, autor de The God Delusion. Cuando Roy tiene una idea en la cabeza, se vuelve imperativo en él convencer a los demás de su valía. Así que si no te inclinas por su especie de agnosticismo, se vuelve un reto convencerle de su error.

Han habido muchos de lo que yo llamaría "milagros" en mi vida, y mi hijo agnóstico, Roy, conoce la mayoría de ellos. He hablado de este tema, diciéndole: "Si no hay milagros en el mundo, entonces tal vez no hay evidencia que pueda ser explicada por la ciencia. Sin embargo si hay milagros en el mundo, entonces deberías reconsiderar tu posición. Por ejemplo, ¿cómo explicar el choque con el tren cuando era un adolescente?"

Su respuesta, en pocas palabras, fue: "Simple papá, fue un salto cuántico".

Sabemos acerca de los saltos de electrones, como esos, mi experiencia en el choque con el tren fue simplemente la función de una ley natural que todavía tenemos que comprender. Todo tiene que ver con el argumento de varios mundos y dimensiones.

El jardín en la jungla
El argumento de los muchos mundos, saltos cuánticos y leyes naturales por ser descubiertas, todas me recuerdan la vieja analogía de Antony Flew. Flew, un destacado filósofo y ateo británico que cambió de parecer y encontró evidencias de la existencia de Dios, sugirió lo que generalmente se conoce como "la historia del jardinero", o "el debate sobre la falsificación". Libremente, y sin duda con cierta exageración, la historia es la siguiente: Imaginemos que dos hombres pasan por un jardín en medio de la selva. El lugar parece estar muy bien cuidado: maíz, calabazas, zanahorias, guisantes, etc., que crecen en líneas rectas. No hay maleza.

Ahora, los dos caballeros tienen diferentes puntos de vista acerca de este jardín. El primer hombre (lo llamaré creyente, o "C", para abreviar), dice: "¡Qué bonito jardín! Me pregunto dónde estará el jardinero".

El segundo (lo llamaré incrédulo, o simplemente "I") dice: "No hay un jardinero. Esta es una parte del mundo natural. Al igual que muchas otras relaciones perfectas en la naturaleza, esto es una maravilla, pero es totalmente natural".

Aquí hay dos visiones opuestas de la misma cosa. C responde: "Tienes que estar bromeando. Mira los cultivos en el jardín: todos crecen en filas rectas. Observa que no hay maleza".

Responde I: "Es que tú antropomorfizas todo. Supongo que alguien colocó las estrellas en el cielo en la forma adecuada para crear esa maravillosa vista. Todo lo que en este espacio natural llamas un jardín no es más que un tipo especial de oasis en medio de la selva. No miras una duna gigante de arena en el desierto y asumes que un oasis fue creado por un constructor de oasis, ¿verdad?".

C, hablando en un tono bastante molesto, le dice, "Está bien, vamos a esperar para demostrarte que hay un jardinero. Nos esconderemos... Y cuando el jardinero vuelva, tendrás tu prueba. ¿Qué te parece?"

I, igual de molesto, responde: "Bien. Eso está muy bien, pero, ¿y si no aparece nunca? Entonces admitirás que no hay jardinero?"

Nunca aparece un jardinero. C argumenta que tal vez la persona es invisible, por lo que I instala un cerco eléctrico y pone perros a que vigilen, pero nadie aparece. Los cultivos siguen creciendo en línea recta, no brotan las malas hierbas, y los jardines parecen estar atendidos. Sin embargo, todavía no aparece un jardinero.

C, sigue creyendo, y, finalmente I hace la gran pregunta: "¿Qué se necesita para convencerte de que no hay un jardinero?"

Responde C: "Tiene que haber uno. El hecho de que no lo hayamos visto o tocado, o que los perros no lo hayan olido, y así sucesivamente, ¡no quiere decir que no existe!"

I, presenta el argumento de los empiristas, y la creencia de C es ridiculizada a la luz de la falta de evidencia observable. Sin embargo, el argumento funciona también a la inversa. Piensen en mi hijo Roy, a quien le pregunté: "¿Existen los milagros en el mundo?" Si todo es sólo cuestión de una ley natural aún sin descubrir, entonces no hay milagros, y nada puede probar lo contrario. La definición contiene el sujeto y el predicado para todos los efectos. En otras palabras, es una tautología (un argumento circular) el definir como milagros sólo aquellos eventos que son explicables por leyes naturales que están por ser descubiertas, ya que siempre hay espacio para tejer en lo desconocido.