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P S I C O L O G Í A     ●    F I L O S O F Í A     ●    E S P I R I T U A L I D A D
P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


La raíz de las relaciones destructivas

por Guy Finley

Cualquier emoción que esté activa dentro de nosotros –sea cual sea el nombre que se le dé– se yergue en nuestro interior y nos explica por qué tenemos "derecho" a sentir dolor u odio, o por qué tenemos que permanecer en una relación destructiva, bien sea como víctimas de abuso o abusadores, y se establece en contra de lo que es bueno en y para nosotros. Más aún, esa naturaleza auto-demoledora que crea y sostiene las relaciones codependientes requiere de nuestro cautiverio voluntario como una de las condiciones necesarias para obstruir el crecimiento que Dios desea para nosotros. Gana nuestra voluntad por medio del engaño. ¿Podemos empezar a darnos cuenta por qué los santos y los sabios de todos los tiempos siempre exclamaron: "¡Despierta! El sueño que soñamos no nos pertenece?"

La verdad es que no existe nada en el universo que pueda detener nuestro crecimiento... excepto una cosa: nuestra identificación inconsciente con un sentido habitual y mecánico de nuestro ser producido por una imagen equivocada del yo; un "yo" que vale la pena señalar, ya que durante todos estos años ha encontrado la manera de hacer las paces con una naturaleza inconsciente cuyo placer ha sido llevarnos a establecer relaciones ruinosas de uno u otro tipo.

No hemos entendido por qué nos sentimos castigados, pero ahora estamos empezando a despertar. Hemos estado escuchando una voz engañosa dentro de nosotros que siempre aporta nuevas razones para que nos sintamos de esa manera. Guiados por esas falsas conclusiones, asumimos ilusiones aún más dolorosas. La única manera de poner fin a ese desfile de explicaciones vacías y el cautiverio que promueven es darnos cuenta de la raíz que las causa.

El sufrimiento inherente a cualquier condición creada por una inconsciente relación destructiva se debe a una cosa: es el efecto de que hayamos olvidado lo que realmente somos. Es por eso que estamos tan ansiosos de que otras personas nos lo confirmen, que nos digan quiénes somos mediante su comportamiento hacia nosotros. ¡Incluso las personas que esconden sus sonrisas de nosotros nos dicen lo que somos! Y, por su indiferencia, nos contentamos con ser víctimas de sus corazones insensibles mientras nos llenamos de resentimiento por la insensibilidad que percibimos.

Hemos descubierto la verdadera raíz de la codependencia, cualquiera que sea su forma de manifestarse. Su semilla oscura crece en nosotros porque nos hemos olvidado de nuestra naturaleza original. Permanecemos dormidos a nuestro verdadero ser en Dios. Y hasta que empecemos a recordar la gracia divina que nos otorga la libertad, el dolor de nuestro cautiverio continuará porque seguimos participando en su creación.