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P S I C O L O G Í A     ●    F I L O S O F Í A     ●    E S P I R I T U A L I D A D
P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


Símbolos y Realidad

por Dharmbir Rai Sharma

Introducción
Los símbolos han sido siempre una parte integral en la vida del hombre. Tenemos símbolos en todos los ámbitos de la vida; algunos son obvios, otros no aunque los usemos a diario. En este mundo moderno cada organización pública o privada intenta tener una identidad única y distintiva mediante la creación de un símbolo en forma de un logotipo o emblema. Por definición un símbolo representa algo que puede ser físico o no físico, como una idea o un concepto. No es la "cosa en sí", la sustancia o la realidad detrás de él. En tanto se entienda claramente la distinción entre el símbolo y la sustancia, el uso del símbolo sirve su propósito. El problema viene cuando se le confunde con la sustancia. Esto ocurre con mayor frecuencia cuando un símbolo representa algo no físico; encontramos que ocurre en casi todas las actividades humanas. Por ejemplo, cuando estamos leyendo un libro o un periódico apenas nos damos cuenta del hecho de que las letras y las palabras son sólo símbolos que transmiten las ideas por medio de un lenguaje particular. En realidad cada letra que forma las palabras en las páginas es un símbolo para un sonido particular. La letra en sí misma no significa nada. Lo mismo es cierto para los números. Es sólo un símbolo escrito de cierta manera en un idioma determinado. Los lenguajes están hechos por el hombre y, en general, todo lo que está hecho por el hombre es un símbolo para una idea.

Cuando el símbolo toma la identidad de la cosa real resulta en una degeneración de la idea original y se pierde su finalidad esencial. La forma se convierte en la sustancia y el principio se convierte en un dogma. El individuo pierde la capacidad del pensamiento racional que a su vez frena el crecimiento personal.

También es importante recordar que el símbolo en sí mismo no puede ser físico. Las estatuas son físicas pero las instituciones como símbolos no lo son. Por ejemplo, las escuelas, colegios y universidades son símbolos de la educación como un concepto. Un gobierno es un símbolo para el concepto de la administración de los asuntos de un país de acuerdo con unos principios bien definidos. Una religión es un símbolo para el desarrollo espiritual de grupos de personas. Cada una de las instituciones pueden tener sus propios símbolos distintivos para describir las cosas dentro de ella. Los símbolos también pueden encontrarse en forma de acciones tales como rituales prescritos dentro de una religión. Todo lo simbólico tiene un concepto detrás de sí y sirve para que a la persona que mire el símbolo le quede claro.

Cada símbolo se origina como una imagen en la mente del creador mientras piensa el concepto que quiere ilustrar. Una característica inherente a la mente humana es que un pensamiento siempre está acompañado por una imagen. A la imagen se le da una forma física y se convierte en un objeto específico. En algunos casos se toma como real, como en el caso de una fotografía. Al mirar la fotografía de una persona a menudo se la identifica como la persona real sabiendo muy bien que sólo es un pedazo de papel que representa la imagen de la persona en un determinado momento y lugar. Una situación similar ocurre en el caso de la adoración de imágenes en las religiones. Una imagen es simplemente un símbolo para el dios o diosa que representa, no es el dios o la diosa en sí. A menos que el creyente sea consciente de este culto, convertirá el símbolo en una función mecánica carente de cualquier significado.

Símbolos y Desarrollo Personal
Ahora, ¿qué significado tiene esta relación entre el símbolo y la realidad en el contexto del desarrollo personal? Vamos a considerar algunos ejemplos para responder a esta pregunta. Primero consideremos las relaciones personales de las cuales el matrimonio es la más íntima. Incluso la palabra matrimonio es un símbolo que representa una relación especial entre dos personas del sexo opuesto, la unión de dos almas. Es el comienzo de una relación duradera que tiene que desarrollarse con fe y respeto mutuos. Cuando vemos la cantidad de matrimonios que terminan en divorcio, parece que muy pocas parejas entienden el verdadero concepto del matrimonio. Es posible que digan que están enamoradas sin darse cuenta del verdadero significado del amor. El amor es la más noble de las emociones humanas y el amor verdadero no se basa en la pura atracción física.

En los viejos tiempos, en el emparejamiento y en los matrimonios concertados, no existía ninguna mención al amor como tal, el amor debía comenzar y crecer a partir de la unión. En su lugar había devoción y fuerza moral adquirida a partir de una completa comprensión de la responsabilidad mutua. No había expectativas indebidas, sólo la determinación de dedicarle la vida a otro por el bien de ambos. En particular, las virtudes de la novia se consideraban más importantes que el atractivo físico. Con el tiempo el deseo y la pasión se reduciría, pero a cambio quedaría algo más sustancial para mantener el vínculo. No podemos volver a las viejas prácticas ahora, pero sería útil que la gente recordara y tratara de inculcar esos valores.

A continuación consideremos el sistema educativo moderno. Comúnmente se cree que la educación tiene por objeto impartir el conocimiento suficiente a una persona en un campo determinado. Pero el conocimiento es sólo una parte del proceso. El verdadero propósito de la educación es desarrollar en la persona la capacidad de pensar independientemente y generar nuevas ideas. El conocimiento es una acumulación de hechos que sólo pueden servir como base para desarrollar ideas. Sin la capacidad del pensamiento independiente no puede haber progreso. El sistema educativo actual se ha vuelto tan rígido y estereotipado que no es propicio para el crecimiento intelectual. El resultado es que los estudiantes van a las escuelas no para recibir educación, sino para obtener un título. El título, que es sólo un símbolo, se ha convertido en lo auténtico en lugar de la educación. La sociedad es en parte responsable de este estado de las cosas por hacer un mayor hincapié en el grado cuando se evalúan candidatos a los puestos de trabajo. La motivación en la educación superior también ha cambiado. Las posibilidades para conseguir un empleos bien remunerado aumentan para quien tenga un grado más alto. Los estudiantes en la educación superior no buscan aprender más, sino ganar más. Hay, por supuesto, excepciones, pero son muy pocas.

El problema, que inicia desde las escuelas primarias, es que la educación se ha vuelto basada en hechos en lugar de estar basada en ideas. Desde el principio se hace hincapié en el qué y en el cómo, dedicando poca atención al por qué. A los niños se les enseña a hacer algo sin proporcionarles el razonamiento detrás del proceso de hacerlo. En la escuela secundaria y superior se vuelve más grave. A los estudiantes se les enseña sobre un fenómeno y conocer los hechos relativos a él, pero por lo general carecen de la comprensión relacionada con los procesos fundamentales que producen ese fenómeno. El conocimiento simbólico superficial entonces sustituye a la verdadera comprensión.

Ciencia y Religión
Ahora pasamos a una discusión más abstracta de la relación entre el símbolo y la realidad, y a considerar a la religión y a la ciencia. En los últimos años ha habido mucha discusión sobre la convergencia (o una tendencia) entre la ciencia y la religión, especialmente a la vista de los nuevos desarrollos en la física cuántica. El objetivo de la ciencia es comprender a la naturaleza en todas sus manifestaciones. El objetivo de la religión es entender y (si es posible) ponerse en contacto con la naturaleza de la Realidad Última subyacente y el universo. La física se ocupa de los fenómenos que ocurren en el universo que siempre permanecen en el espacio-tiempo. La física cuántica se refiere a la física del mundo subatómico que ocurre en el extremo inferior de la escala espacio-tiempo, mientras que la física relativista atiende el extremo superior de esa escala. Así que el dominio de la física está limitado al espacio-tiempo y el universo. La física no puede ir más allá. Por otra parte la realidad que la religión trata de alcanzar está más allá del espacio-tiempo, y, por tanto, fuera del dominio de la ciencia. Así es que, hablando estrictamente, no puede haber una convergencia de la ciencia y la religión. Al mismo tiempo, es importante tener en cuenta que la falta de convergencia no implica desacuerdo o conflicto.

Tampoco quiere decir que no hay similitudes entre los hallazgos de la ciencia y la religión. El vacío cuántico, la ausencia de relación causa-efecto, la no localidad y el entrelazamiento de fase, el comportamiento de los electrones en la selección de órbitas, etc., hacen que todos estos fenómenos cuánticos resuenen con las experiencias religiosas y espirituales. Pero la razón de estas similitudes puede estar en el hecho de que la realidad subyacente, tanto de la existencia manifiesta como de la no manifiesta, es la misma.

Ahora, ¿qué tiene todo esto que ver con los símbolos? Todos los fenómenos de la física son descritos por ecuaciones matemáticas. A nivel cuántico en particular, no es posible la visualización directa de los resultados y todo se describe en términos de funciones de probabilidad y funciones de onda. Las ecuaciones matemáticas y las funciones de onda son sólo símbolos. Todos los eventos en el universo resultan del colapso de las funciones de onda. Así que, en efecto, aquí no estamos tratando con el universo real o la naturaleza, sino sólo con su representación simbólica... En las experiencias espirituales la persona está en contacto con la mismísima Realidad, y en ese momento no existe ningún símbolo involucrado.