Crisis económica y falta de trabajo
Orientación para enfrentar sus problemas personales - por Eugenio Rincón
Antecedentes:
Tengo 43 años, soy católico practicante y asisto a misa todos los domingos con mi familia. Estoy casado y tengo dos hijos en edad adolescente. Desde que me gradué de la universidad nunca me faltó trabajo, siempre tuve uno mejor que otro con el paso del tiempo.
Prosperé de manera moderada, pero siempre hacia algo mejor. Eso me permitió mantener a mi familia y llevar a mis hijos a escuelas privadas. También me alcanzaba para pagar mi hipoteca y salir de vacaciones de vez en cuando.
Hace casi un año que me despidieron de mi último trabajo. Con la liquidación me pude sostener unos meses, pensando que volvería a encontrar otro como había pasado en otras ocasiones. Poco a poco se ha ido deteriorando nuestro nivel de vida. He tendido que vender algunas cosas para irla sobrellevando, y mi esposa (ella tiene estudios pero siempre se dedicó a atender la casa y a los niños) y yo hemos empezado a tener dificultades en nuestra relación.
Me encuentro en una situación desesperada, he aplicado muchas solicitudes de trabajo, pero hasta ahora no he tenido suerte.
Pregunta:
¿Qué me recomienda hacer para resolver mis problemas?
Respuesta de Eugenio:
He escogido su pregunta porque seguramente su situación es la misma que viven millones de seres humanos hoy en día, atravesando esta lamentable crisis a nivel mundial.
Antes de hablar de su caso en particular, me gustaría poner las circunstancias en contexto.
Hasta ahora La Humanidad ha funcionado en base a un modelo de sociedad que no asume nuestra naturaleza espiritual. Nuestra forma de vida tiene sus raíces arraigadas a las interpretaciones distorsionadas del ego. Todo está construido alrededor de esta visión equivocada de la vida. Por ello confundimos los bienes (cosas) que tenemos, con lo que verdaderamente somos. La Humanidad toda (o casi toda), se ha negado a su propia grandeza y esto que nos sucede es una llamada de atención --ciertamente brusca-- para que despertemos y por fin nos animemos a ser la maravilla que verdaderamente somos.
Puede ser un poco complicado comprender esto si no se tiene contacto con la interioridad de uno mismo y no hemos descubierto que en efecto es así. Que todos compartimos un mismo destino, que no es otro que el de formar parte consciente, responsable y activa de La Creación originada por una conciencia muy superior a la de la miserable visión con la que nuestro pobre ego se ha identificado, poniéndonos a unos en contra de los otros para alcanzar a arrebatar un mendrugo de pan y no sucumbir de inanición, siendo en realidad que este mundo, por el contrario, es abundante en sus recursos.
Ahora, volviendo a su caso. Me resultaría muy sencillo proponerle que tenga una buena actitud. Que visualice cómo sí llega a conseguir el trabajo que busca. Que mejore el resumen de su trayectoria y lo presente de manera más atractiva. Que cuide su apariencia y proyecte la imagen de una persona con experiencia, comprometida y responsable --como seguramente lo es usted--, y que con todo esto incluso podría llegar a aspirar a tener un mejor salario; pero tanto tiempo de búsqueda sin haber conseguido resultados puede indicar que en su caso tal vez la vida le está pidiendo un cambio de rumbo y una renovación de propósitos. Lo invito a que se dé la oportunidad de explorar esta otra posibilidad.
Veo que usted es católico practicante. Si ha desarrollado su capacidad espiritual sabrá reconocer que esa conciencia superior a la que llamamos Dios siempre está ahí para consolar nuestro sufrimiento y guiarnos por el camino adecuado para cada uno de nosotros.
Si usted pierde la fe y se permite ser presa del miedo, la angustia o la depresión, estará prestándole atención a malos consejeros.
Lo primero que le recomiendo hacer por las mañanas es ser agradecido por todo lo que la vida le ha dado: una compañera, sus hijos, gozar de buena salud y tener la oportunidad de formar parte de un cambio que nosotros, nuestros hijos y nuestros mayores, tanto necesitamos.
La vida nos demanda ahora que cambiemos de actitud por una más positiva. Reconozca todas sus habilidades, reconozca toda su experiencia, valore lo que puede hacer con ello si es que sigue sin encontrar empleo, para iniciar una actividad que sea propia. Piense cómo puede servir a los demás antes que servirse a sí mismo. Atrévase a imaginar que puede tomar un rumbo diferente y ser más congruente consigo mismo.
Salga de la zona de seguridad que hasta ahora le había funcionado. Asuma el desafío. Propóngase un plan, establezca metas claras e identifique lo que requiere para poderlas alcanzar. Reconozca los avances que hace cada día y trátese con consideración y respeto si ha hecho su mejor esfuerzo. No se castigue ni se deprima. Eso no lo conducirá más que a continuar en el mismo ciclo de lamentaciones.
Reinvéntese, confíe, tenga fe. Sea un promotor del cambio transformándose a sí mismo. Encuentre la certidumbre que no encuentra afuera en su interior. Pídale a su mujer que sea solidaria y que lo apoye, no sólo siendo comprensiva, sino participando en la solución de los problemas de los que ella también es responsable. Estas crisis además de provocar el caos, también sirven para unir más a las familias y a las comunidades.
Todos tenemos la gran tarea de construir un nuevo modelo de sociedad que sea justa y solidaria, donde ninguno de sus integrantes sea abandonado y dejado atrás. Siéntase parte del cambio, participe, colabore, sea útil a sus semejantes, imagine o busque nuevos proyectos. Sacúdase la angustia y la depresión. Aprenda a mirar el mundo con nuevos ojos y confíe en que en consecuencia sus circunstancias cambiarán a su favor.
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