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Soy una persona espiritual y deseo lograr manejar mis emociones

Orientación para enfrentar sus problemas personales - por Eugenio Rincón


Antecedentes: Tengo 52 años. Separado y con 2 hijos. Mi profesión es la de publicista.

Soy casado y separado. Del matrimonio tengo dos hijos. La niña tiene 16 años y el joven 19. Ellos han tenido estabilidad en lo referente a su educación, casa y gustos personales. Pero después de la separación de pareja, la mamá a desmotivado a los hijos al amor paternal, inculcando sólo valores materiales. Yo soy un padre que he inculcado buenos sentimientos: amor, comprensión y respeto hacia ellos y las demás personas, pero su mama cambió toda esa educación por el dinero.

En estos momentos mis hijos sólo me demuestran poco respeto, me gritan hasta fuertes expresiones, insultos. En estos momentos mi situación económica cambió por motivos de la quiebra de mi empresa, y se presenta una  economía regular para los gastos. Ellos no comprenden esta situación, y siempre que requieren algo solo lo piden de una forma grosera y vulgar. Tanto llegó el caso que he mirado la posibilidad de irme de la casa.

Ruego por favor me dé un consejo que me ayude a orientar mi situación a un buen término, pues realmente adoro a mis hijos, pues sólo trabajo para ellos. No sé si esta situación se me presenta por que soy una persona muy cariñosa y muy sensible, y además, practico mucho la espiritualidad.

Pregunta: Soy una persona espiritual y deseo lograr manejar mis emociones.

Respuesta de Eugenio: Buena parte de las solicitudes de consulta que recibo están relacionadas con personas que han visto disminuida su capacidad para resolver económicamente sus actuales circunstancias, y, en consecuencia, enfrentan conflictos en su entorno familiar.

No es de extrañar que pase esto. Vivimos una época en que se tendrá que producir un cambio profundo en nuestros hábitos y en nuestra manera de relacionarnos entre nosotros y con la naturaleza. La crisis del presente no es una crisis pasajera como las ha habido en otros tiempos. Esta es diferente, pues estamos empujando las demandas a nuestro entorno hacia límites que son imposibles de sostener. Además, el sistema monetario en el cual se basa la distribución e intercambio de bienes y servicios está reventando por todas partes. Como claro ejemplo de ello consideren que si todos los contribuyentes de la nación más poderosa del mundo pagaran el 65% de sus ingresos como impuestos, ¡sólo alcanzaría para ir cubriendo los intereses de la deuda de su país! En Europa se está produciendo un efecto dominó que se va escalando hacia países más grandes en necesidad de ser rescatados de sus deterioradas finanzas, y Japón, que ya venía de una depresión económica que había durado más de una década, padece además las consecuencias de su reciente catástrofe ambiental. Todo ello está afectando a otras economías tradicionalmente dependientes de éstas. Todos vamos a bordo de la misma nave: el planeta Tierra, y, junto con él, dirigidos hacia un mismo destino.

Cierto que mientras el cambio sucede, tendremos que seguir luchando por mantenernos a flote en condiciones sociales que caen cada vez más en el absurdo. Pero más nos vale empezar a reconocer estos hechos y dejar de insistir con nuestras conductas programadas en continuar por este camino equivocado. Con esto quiero decir que al mismo tiempo que tenemos que resolver nuestras necesidades del presente, debemos estar dispuestos a emprender esfuerzos que garanticen la existencia de un futuro.

Ahora bien, en tu caso particular me gustaría hacerte algunas observaciones:

  • Los primeros que deberían comprender estas circunstancias son tus hijos, pues lo más probable es que sea a ellos a quienes les toque vivir la crisis más profunda. Lo más amoroso que podrías hacer por ellos es explicarles y hacerlos entender que el mundo ya no está para caprichos, ni para ellos ni para nadie más, así que bien les vendría prepararse para resolver sus vidas basados en sus propios esfuerzos. Exigirte que los sigas protegiendo y que tú te sientas culpable por no poderles corresponder de momento a como ellos han estado acostumbrados, no resuelve nada. Esto incluso implica que no debes tolerar ninguna de sus groserías. Lamentable que no hayan aprendido la noble virtud de ser agradecidos. Que maduren y maduren pronto, y aprendan cuanto antes a hacerse responsables de sí mismos.

  • Lo que tú y tu exmujer formaron cuando decidieron formalizar su pareja, es una familia. Las familias están integradas por todos sus miembros. Tu exmujer y tu hijo son adultos, así que en vez de acusarte por pasar dificultades, deberían ponerse a ver cómo contribuyen para salir adelante entre todos. La responsabilidad es compartida y necesariamente solidaria.

  • Es posible que tu fracaso como pareja te haya afectado la autoestima y en consecuencia se hayan visto alterados otros aspectos de tu vida, como el trabajo. En esto es fundamental que sepas distinguir de qué eres responsable tú y qué no está en tus manos resolver. Por ejemplo, dices que eres publicista, así que espero que comprendas la paradoja que implica que quien se dedica a establecer estrategias para promover productos y servicios de los demás, de pronto ignore sus propias capacidades y no sepa como emplearlas para ayudarse a sí mismo. ¿Te das cuenta de la contradicción?

  • Tienes que aceptar las condiciones de tu presente aunque te duela hacerlo. Aceptar la pérdida y desde ahí aspirar a construir de nuevo. Es una pena que hayas descubierto que quien fue tu compañera resultó ser una persona que te apreciaba en tanto le cumplías con mantenerle un buen nivel de vida y que ahora no haya sido capaz de comprender que en la vida también existen momentos de dificultad. Pero eso te servirá para encontrar en el futuro una pareja que sea más como dices ser tú: espiritual, amorosa y compasiva. Respecto a tus hijos nada podrás hacer mientras ellos sólo te aprecien desde los ojos interesados de su madre. Ten paciencia y procura dar el mejor ejemplo, ellos comprenderán tarde o temprano que su padre es solamente un ser humano y no una identidad que está obligada a nunca equivocarse.
Trata de serenarte, que desde la confusión es muy difícil imaginar alternativas. La única forma de no estar sujetos a ser conducidos por nuestras emociones es comprender qué las produce. Mira si en verdad quieres seguir empleando tus esfuerzos en lo mismo que venías haciendo o si la vida te está sugiriendo que cambies de camino. Imagina en qué te parecería mejor desempeñarte ahora. Piensa en qué forma puedes contribuir a que se realice la transformación que requiere la humanidad y participa en ello. Sé congruente contigo mismo y con tu manera de ser, de esa forma podrás fluir más fácil hacia lo que te espera ahora. Valora y aprecia tu experiencia, sensibilidad y conocimientos, esas son las fortalezas con las que sin duda podrás salir adelante.


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