No quiero estar casada
Orientación para enfrentar sus problemas personales - por Eugenio Rincón
Antecedentes:
Estimado Eugenio, tengo una situación muy difícil. No quiero estar casada. Tengo 25 años de casada. Mi esposo es bueno de alma, pero con muy mal carácter, lo que me ha hecho muy infeliz. Nuestra situación es difícil, porque él es mayor que yo, tiene 67 años y es cardiópata. Me siento mal de pensar que al separarme de él no tendrá ya expectativas... además él tiene una personalidad muy difícil y hace crisis de todo, insistiendo en que en él reside la razón.
Puede parecer difícil, pero yo lo quiero y sin embargo no deseo ya vivir con él, quiero ser libre, feliz, autónoma, y siento que este año, especialmente significa una especie de relanzamiento de mi vida, bueno, quisiera que fuese así, y estoy haciendo todo para que así sea. Pero siento que todo eso pasa para liberarme.
Tengo dos hijas preciosas, de 22 y 19 años, nos llevamos espléndidamente bien y ellas están de acuerdo en la separación, porque también han sufrido mucho por el carácter de su papá.
Pero yo me siento mal de dejarlo, porque siento mucha lástima por lo que pueda pasarle, porque lo conozco, y sé que puede hundirse. ¿Qué debo hacer? También yo cuento, pero no podría hacer algo que significase la muerte de otra persona, el hundimiento de otra persona.
Ahora estoy leyendo tu traducción de Transformación de la Mente. Me parece grandioso. Yo te quisiera preguntar, ¿será posible que leyendo muy bien ese libro, pueda hallar algún impulso o solución para mi situación?, ¿tiene el libro elementos para poner en práctica y ayudarse a sí mismo?
Confío en la intuición, pero necesito alguna iluminación, alguna señal, alguna información, no sé. Soy una persona de fe, definitivamente, y pienso que dios siempre provee, no sólo en lo económico, sino en todo. Así que, dios te bendiga y ojalá puedas darme algún consejo, y puedas ser el instrumento de dios. Así sea.
Pregunta:
Quiero resolver mi situación personal, que me amarra.
Respuesta de Eugenio:
Este es un reclamo que recibo constantemente de parte de las mujeres: hombres que no las saben apreciar, que son dominantes y continuamente quieren imponer su parecer, y que consideran, bajo promesa de matrimonio, que se les debe aguantar "hasta que la muerte los separe".
Este es un convenio propuesto por la iglesia católica, quisiera pensar que con nobles intenciones, y que en su momento fue desafiado por la corte de Enrique VIII en Inglaterra, para servir a sus particulares causas nada nobles, lo que posteriormente significó la desobediencia de los mandatos del Vaticano y el surgimiento de la iglesia Anglicana, la que para complacer las motivaciones personales del rey, estableció el divorcio como alternativa para que ese salvaje no le siguiera teniendo que cortar la cabeza a sus consortes, acusándolas de traición, para deshacerse de ellas.
El divorcio se estableció en todos aquellos países escindidos de la iglesia católica y no entró en funciones en el mundo católico sino hasta muy entrado el siglo pasado. Aunque esto sólo es posible de ejercer en su aspecto civil, ya que la iglesia católica permanece en su posición y no ha otorgado la separación de un matrimonio llevado a cabo bajo su tutela, salvo en circunstancias que considera excepcionales.
Comentar esto nos sirve para poner las circunstancias en contexto e identificar de donde provienen esos acuerdos que son de índole más bien ritual y cultural.
Aunque parezca que no estamos tratando con cuestiones de psicología, por el contrario, existe una profundo vínculo en cómo influye lo establecido en la manera en que nos relacionamos. ¿Habríamos de preguntarnos cuánto de nosotros debido a nuestras creencias está sujeto a un comportamiento condicionado a causa de esas mismas creencias?
¿Qué respondería el conjunto de las mujeres que han sido constantemente menospreciadas por esa masculina asunción de que ellos están para mantenerlas y protegerlas, y ellas para aguantarlos y servirlos incondicionalmente mientras vivan?
Las cosas han cambiado mucho en tiempos recientes. Las mujeres han ido construyendo su independencia por mérito propio, y poco a poco han ido ganando autoestima demostrando sus capacidades y habilidades, como podemos observar en tu caso, ya que no eres económicamente dependiente.
Pero entonces, ¿dónde se origina el problema? Nos casamos por costumbre, porque no tener un esposo o una esposa a cierta edad esta mal visto o no soportamos estar solos. Cierto que porque necesitamos realizarnos a través de ese otro que nos complementa de una manera que no podemos lograr por nuestra cuenta. Pero nadie nos ha enseñado a escoger atinadamente. Y la única manera de escoger bien es conocerse en el amor, que no en el enamoramiento que es pura fantasía de la que despertamos al darnos cuenta que el otro es bastante diferente a lo que habíamos imaginado.
Siempre el problema es la ignorancia del amor. Nos enamoramos de un cuerpo, de una figura, de nuestras proyecciones de lo que esperamos sea una pareja, de conformarnos con aquel o aquella que está disponible en el momento, y al final nos terminamos por dar cuenta que todo era pura fantasía.
Lo aparente engaña, y mucho. No nos conocemos a nosotros mismos y formamos pareja con alguien que tampoco se conoce. De ese modo es imposible que se produzca esa conexión a nivel del alma, el verdadero espacio en el que uno y otro se conjugan para elevarse a una dimensión en la que se trascienden los meros formalismos.
La iglesia católica, y para no particularizar, nuestra cultura judeocristiana, ha mantenido a la mujer esclava del hombre por muchos siglos. Hay que ver como los hombres que practican la ortodoxia judía llevan a sus mujeres, sumisas, andando tras ellos con reverencia y resignación, y cómo les gestan todos los hijos que ese Dios al que le rezan les haya mandado parir.
¿Cabe tal humillación en el amor? Me parece que no.
Ahora bien. Tu caso particular. Por supuesto que no te voy a decir qué hacer. Las decisiones las tiene que tomar cada quien y considerar sus posibles consecuencias, para la propia vida y para la de los demás. Pero sí te puedo sugerir que te hagas las siguientes preguntas:
¿Crees que ese pacto que estableciste en la iglesia te obliga a permanecer en una situación que claramente no puedes soportar?
¿Eres, o puedes ser responsable por las decisiones que tomó tu marido?
¿Es el sentimiento de culpa lo que te mantiene con él?
¿Serías capaz de renunciar a lo que reclama tu propio ser para no causarle un disgusto de tal vez graves consecuencias al padre de tus hijas?
¿Realmente serías responsable por ello o en verdad sólo puedes ser responsable de ti y de las decisiones que tomes para tu propia vida?
¿Podrías seguirlo amando en las nuevas circunstancias que te propones a pesar de que él lo interprete como un abandono?
¿Interfiere lo que él interprete con que seas congruente contigo misma?
No somos dioses con capacidad de contemplar todas las alternativas y los efectos que ocasionarán, por eso es tan difícil decidir qué hacer en circunstancias tal importantes como estas, pero aún sin serlos, estamos obligados a tomarlas, sea que decidamos una u otra cosa.
A todas luces la situación que vives no es sana. No parece existir la posibilidad de aliviar una historia que ha estado más identificada con el tormento que con la felicidad. El tiempo de corregir las cosas parece que ha pasado, tal vez hace mucho tiempo. Tener compasión por alguien no significa estar amarrado a ella. Ten confianza en ti misma y en la respuesta que te dé tu corazón. En el corazón puedes confiar, porque el corazón cuando se trata del amor, nunca se equivoca.
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