Perdí un embarazo. No sé por qué me duele tanto haberlo perdido
Orientación para enfrentar sus problemas personales - por Eugenio Rincón
Antecedentes:
A mis 31 años no tengo una teología definida. Sé que hay algo superior a nosotros pero no creo en las religiones. Quiero crecer espiritual e intelectualmente. Lograr un pasar económico acomodado y ayudar socialmente para lograr mejorar la calidad de vida de todos.
He estado desempleada desde hace mas de 6 meses. Me ocupo de mis hijos.
Tengo 3: una nena de 15, un nene de 13 y otro de 11. A mi hija de 15 la tuve a los 16 y la estuve buscando casi un año, el padre es el mismo compañero que tengo hace 15 años que estamos casados, él tenia 31 cuando lo conocí. Tiene educación terciaria y con el tiempo me ha impulsado y ayudado a continuar con mi educación, hoy día estoy en proceso de terminar el secundario. He trabajado como
corresponsal para un periódico, vendedora, coordinadora de fuerza de
ventas, representante comercial, promotora, mucama, guardia de
seguridad, asistente para eventos, co-organizadora de eventos, entre
otros muchos rubros. Me mandaron reposo por las perdidas y dolores que
tenía.
Pregunta:
Perdí un embarazo. No sé por qué me duele tanto haberlo perdido si no lo estaba buscando. A mi marido no le tocó mucho el tema, o sea, lo tomo bien ya que no estábamos buscando el embarazo, y a mi entorno ni le importó que hubiese pasado esto. ¿Qué hago con esto que siento? ¿Está bien o me estoy volviendo loca por el reposo que me mandó el médico? Gracias.
Respuesta de Eugenio:
Tu circunstancia actual entraña diferentes conflictos que espero te sean más fáciles de comprender y resolver una vez que hayas leído mi respuesta.
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Desde muy jovencita —todavía eras una adolescente— asumiste responsabilidades de una mujer adulta. Es claro que no te ha faltado compromiso para con tu pareja (has sido solidaria aportando ingresos a la casa) sin importar aquello a lo que te hayas tenido que dedicar, como ser mucama, por ejemplo. Esto ha significado también un gran sacrificio de tu parte, pues de alguna manera renunciaste a lo que te correspondía a los 15 años de edad, ser una adolescente.
De alguna manera te extraña que a ninguno de tus seres cercanos en la familia le importe y comparta tu sufrimiento por esta pérdida. Sientes una especie de indiferencia hacia ti que no se corresponde con la actitud responsable y comprometida que has tenido durante todo tu matrimonio y crianza de tus hijos. Sin embargo, tus hijos están siendo lo que les corresponde ser y no tienen porqué tener una madurez impropia de su edad, compréndelos. Por otra parte, tu marido se debe sentir satisfecho con la familia que ya tiene y no le parece tan grave el que no hayan podido concebir otro hijo.
Es posible que de manera inconsciente hayas depositado en este embarazo expectativas como la de llamar la atención de los demás y volverte ahora tú el centro de la atención que tal vez no te hayan prestado hasta ahora. También es posible que tengas una cierta sensación de injusticia o de falta de equidad. Si tú has dado tanto, ¿por qué no te corresponden como deberían?
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Llevas más de la mitad de tu vida —a tus 31 años— ocupada trabajando y colaborando con ingresos para sostener a tu familia, y además atendiendo una casa con tres hijos. Sin espacio de tiempo para dedicarlo a ti misma.
De pronto y de manera inesperada, después de 11 años de haber tenido a tu último hijo, la vida parece que cambia ante la posibilidad de ser madre de nuevo y con ello la posibilidad de tener "alguien" que aprecie tu compañía y que te exprese de nuevo ese amor y esa ternura de la que tal vez no has disfrutado hace tiempo.
Por supuesto, al no lograrse tu embarazo y en consecuencia quedar convaleciente, se te generó un hueco que no sabes como llenar. Ahora resulta que no cuentas con la vitalidad para salir adelante que siempre te ha acompañado (y que seguro recuperarás), ni con la posibilidad de ser madre de nuevo... y tampoco tienes trabajo. Todas ellas circunstancias a las que no estás acostumbrada. Esto nos lleva al último punto...
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La vida es extraordinariamente sabia y aunque hasta ahora no hayas sido capaz de verlo, te está transmitiendo un mensaje. Si miras detrás de la apariencia de tus circunstancias, verás que a lo que la vida te invita es a tener tiempo para ti —aunque sea por estar convaleciente—, para que te pienses, para que reflexiones, para que decidas qué quieres hacer contigo al margen de los demás.
No necesitas que nadie te haga caso o que te expresen un reconocimiento especial por lo que te está pasando. Es cierto que una pérdida es dolorosa, pero en esta ocasión sólo quedó en una posibilidad que no llegó a concretarse y tienes que reconocer que eso no está en tus manos y capacidad de control. Más bien trata de reconocer el mensaje.
Lo que en el fondo te está pasando, y esto sería lo más importante, es que se te creó un vació existencial. De repente todas las actividades externas desaparecieron y te dejaron sin nada que hacer. De algún modo no has sabido estar en la vida sin nada que hacer. Siempre has estado ocupada, distraída de ti misma, de tu interioridad.
La vida nos ofrece circunstancias que no solemos reconocer. Escondidos tras apariencias que parecen muy obvias y evidentes, nos invita a cambiar nuestra perspectiva. Nos invita a analizar las circunstancias de otra forma para que aprendamos; para que evolucionemos; para que reconozcamos que tenemos una vida que es propia de la que nadie mas que uno mismo se puede hacer cargo.
Durante muchos siglos los filósofos de occidente se hicieron la misma pregunta: ¿por qué? No fue sino hasta principios del siglo pasado que a un nuevo grupo de pensadores, ante las graves tragedias que asediaban a la Europa de las grandes guerras, se les ocurrió modificar la pregunta. Entonces se preguntaron, ¿para qué? Esto originó toda una nueva corriente de pensamiento existencial que derivó en las escuelas humanistas.
Como podrás ver, no es una pregunta fácil de responder, y al mismo tiempo es una pregunta que debemos agradecer cuando la vida nos obliga por las circunstancias a hacérnosla, pues la mayoría de las personas nacen, viven y mueren sin haber tenido la menor idea de ese "Para Qué" que nadie puede responder en nombre de otro.
Aprovecha la ocasión a la que le invita la vida. No le atribuyas un tono dramático. En realidad hay mucho por lo que debes estar agradecida. No se trata de volverse loco. Por el contrario, se trata de por fin encontrar la cordura. Has dedicado más de la mitad de tu vida a resolver tareas externas. Me parece que es el momento en que debes dedicarte tiempo a ti y olvidarte un poco de lo que les parezca o no a los demás, aunque sean tu familia, tu marido, tus hijos, a quienes no tengo duda que amas. Ahora ámate a ti y busca dentro de ti esa respuesta que tanto necesitas encontrar: Tu vida, ¿para qué?
Esa no es una tarea que se resuelva instantáneamente con sólo formular la pregunta. Puede llevarte un tiempo llegar a la respuesta adecuada para ti, así que tente paciencia, medita, pídele a tu Ser Superior que te oriente. A tus 31 años tiempo no te ha de faltar si decides dedicarle una parte a ti. Te invito a que leas la serie de artículos (listados en su curso) que con tanta generosidad nos compartió Melody Larson. Es posible que te sirvan de inspiración.
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