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El futuro que me espera

Orientación para enfrentar sus problemas personales - por Eugenio Rincón



Antecedentes: Soy estudiante del último semestre de la carrera de medicina, que estoy pudiendo terminar con mucho esfuerzo y el apoyo de mi familia, con el que siempre he contado.

Nací en una población que hace no mucho era pequeña y ahora está integrada a la zona metropolitana de una gran ciudad. Mis padres y mi abuelo me cuentan sus memorias y me sorprenden los cambios que han pasado en tan poco tiempo.


Como soy todavía muy joven, tengo la esperanza de poder formar una familia algún día y desarrollarme en mi carrera. En mi casa, aunque no tuvimos lujos, siempre me dieron buen ejemplo, ya que son responsables, trabajadores y buenos cristianos.

Pregunta: Leí el artículo sobre el 2012 y me preocupa el futuro que me espera.

Respuesta de Eugenio: Liza Palm, la autora del artículo, es una antropóloga que no sólo es capaz de hacer una interpretación acertada de las expresiones simbólicas manifestadas por las diversas culturas antiguas para explicarse el orden del universo --cosmogonías--, sino que también es una persona que ha trabajado en conocerse a sí misma desde el punto de vista espiritual (esto último añadido, por supuesto, a su vasta cultura, compromiso social y capacidad intelectual privilegiada).

Me parece que en este artículo y en los anteriores, ella nos sugiere, con justa razón, que las consecuencias que han tenido que enfrentar las diversas culturas a través de la historia se han originado en la toma de sus propias decisiones.

Esta es una ley universal que no podemos evadir y que está estrechamente relacionada con el proceso evolutivo de todo el universo, nosotros incluidos; expresada por el hinduismo como ley del karma y, en nuestro contexto occidental, como causalidad.

Esta ley, en apariencia tan simple, usualmente se nos convierte en un dolor de cabeza cuando nuestras decisiones se derivan más bien de actos reactivos, inconscientes e irracionales.

La humanidad, en su conjunto, padece de este antiguo mal. Los actos inconscientes dominan la mayor parte de nuestros actos y, en consecuencia, producen efectos de los que nos empeñamos en no hacernos responsables.

Al hacer esto, los efectos persisten, puede que se compliquen incluso más y, por supuesto, no desaparecen. La vida funciona así para que podamos aprender de nuestras experiencias, superarnos como personas y conducirnos por el camino correcto.

Se me ocurre aprovechar la materia de su estudio para exponer un ejemplo sencillo. Podríamos pensar que todo el mundo está familiarizado con los buenos hábitos alimenticios, ya que en la escuela nos enseñan el esquema de la pirámide alimenticia donde se ubican los niveles nutricionales de cada uno de los grupos de alimentos y, con ello, las correspondientes recomendaciones para observar una dieta equilibrada.

Pero esto no sucede así. Al estar gobernados por el inconsciente, actuamos de manera compulsiva y desordenada, comiendo más de lo necesario como un acto reflejo instintivo que no tiene certeza de cuando volverá a comer. A eso le podemos añadir el placer que nos producen los sabores que nos resultan agradables y, como resultado, generamos un problema de obesidad que a su vez produce consecuencias nocivas en nuestra salud.

Con la misma inconciencia, saqueamos nuestros bosques, envenenamos nuestros ríos y mares, contaminamos el aire que respiramos emitiendo gases que además elevan la temperatura atmosférica y alteran el comportamiento climático. Todo ello justificado por algo a lo que le llamamos "progreso", mismo que nunca ha sido en el beneficio de la mayoría de la población, sino para el de unos cuantos que operan desde las esferas del poder.

Los estados y sus instituciones se están viendo rebasados por el tamaño del conflicto que estamos enfrentando. Como muestra, recientemente hubo un desprendimiento masivo de témpanos de hielo gigantescos en la Antártida. Si esto no lo hacemos consciente y actuamos en consecuencia, un evento de tal magnitud sólo queda en un nota espectacular que se transmite en los telediarios.

En pocos días se llevará a cabo la Cumbre Climática en la ciudad de Copenhague. Se supone que los gobiernos de los Estados Unidos y China --los dos países que generan mayor contaminación en nuestro planeta-- van por fin a participar y se supone que tienen la voluntad de ajustarse a ciertos protocolos. Pero dudo mucho que se vaya a hacer lo necesario para que se detengan los efectos de las decisiones (o falta de ellas) tomadas en el pasado.

Por lo tanto, nos inventamos tramas inexistentes (como Liza ya nos hizo el favor de explicar) a las que hacemos responsables de los eventos que están por ocurrir, y en las que resulta que nosotros nada tuvimos que ver.

En este caso, con el pretexto de una interpretación equivocada acerca del calendario maya --sólo basta observar que si hubieran sido tan visionarios en sus pronósticos, podrían haber prevenido su propio declive--, se exhibe una película propia de la saga de Indiana Jones, en la que se explota la ignorancia de las personas para que asistan a presenciar un desastre espectacular en la pantalla del que pueden salir ilesos sin padecer siquiera un leve rasguño.

Lo que está sucediendo en la realidad es cierto y más nos vale enfrentarlo con conciencia para enmendar nuestro camino. Nada de ello tiene que ver con alguna profecía, sino que es consecuencia de nuestros propios actos. Todos los individuos, sin importar nación, lengua, raza o género, estamos involucrados. La naturaleza no reconoce nuestras falsas fronteras y no hace distinciones a la hora de manifestarse.

Usted se va a dedicar a una profesión muy noble: aliviar el dolor y el sufrimiento de sus semejantes. Según nos comenta, proviene de una familia que basa su actuar en valores constructivos. Esto es lo que nos hace falta, aunque tal vez no baste sólo eso. Creo que todos estamos comprometidos a hacer un esfuerzo añadido para ayudar a que sea cada vez más el número de personas que actúen con conciencia y persigan fines que no sean egoístas.

Comprendo que los jóvenes de las nuevas generaciones deben sentir un cierto desasosiego por consecuencias que no provocaron, y que les toca enmendar el desorden que están encontrando. Sin embargo, también tienen la oportunidad de construir un mundo en el que todos, sin excepción, podamos convivir en armonía entre nosotros y nuestro entorno.

Así que no nos preocupemos por las falsas profecías inventadas para hacer taquilla. Ocupémonos de cambiar de actitud, encontrar soluciones y hermanarnos con todos nuestros semejantes. Se requiere de nuestra participación colectiva, dado que el problema rebasa nuestra capacidad individual. Haga el bien antes que nada, sea un buen cristiano como lo aprendió de su familia, mire el futuro con ilusión, dedique su vida a servir a los demás, forme una familia, desarróllese en su quehacer y anime a todos cuantos pueda a seguir su buen ejemplo.


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