Triste en Navidad
Orientación para enfrentar sus problemas personales - por Eugenio Rincón
Antecedentes:
Soy una mujer de 67 años, viuda desde hace ocho. Mi esposo fue un hombre cariñoso y responsable. Tuvimos un hijo que ahora tiene 36 años, está casado, tiene una hija, mi nieta de siete años, muy linda, me recuerda mucho a mi.
Desgraciadamente ellos se fueron a vivir al extranjero y no es fácil que vengan a visitarme. Hace como 10 años que no los veo en persona, sólo me hablan por teléfono. A mi nieta sólo la he visto en fotografías.
En donde vivo estoy sola, afortunadamente tengo salud, mi única hermana tampoco vive en mi ciudad y sólo nos vemos de vez en cuando. En estas fechas en las que celebramos el nacimiento de Jesús me entra mucho la tristeza. Mi esposo me dejó una pensión con la que puedo vivir con dignidad, con modestia pero no me falta lo necesario. Una vecina con la que me llevo bien me comentó que usted da consejo y me ayudó a mandarle este mensaje.
Pregunta:
Es muy triste para mí sentir la soledad en estas fechas. Las navidades que recuerdo con mi familia eran muy bonitas. Ahora esos recuerdos sólo me hacen sentir mal. ¿Cómo me podría usted ayudar?
Respuesta de Eugenio:
Es posible que no conozca las respuestas anteriores, ya que entiendo que usted no utiliza internet. En todas ellas, en mayor o menor grado, tratamos con conflictos bastante usuales y el suyo no es la excepción.
Es un fenómeno bastante común en estas fechas, en las que se celebra y se convive con la familia, que las personas que se encuentran solas lo vivan precisamente al revés, Esto es, que noten la falta de amor y de afecto, y se sientan mal por ello.
Esto puede suceder, entre otras, por alguna de las siguientes razones:
- Nos olvidamos de nosotros mismos. De ninguna manera quiero desestimar el dolor que siente por la ausencia de sus seres queridos, pero es bastante común que pensemos que estamos solos y nos olvidemos que antes que nada en nosotros mismos podemos encontrar la compañía espiritual que buscamos afuera. La vida de cada uno de nosotros tiene un sentido, de otra manera no estaríamos aquí. Encontrar este sentido y vivir en base a él es la tarea más importante en la vida de cada persona. Usted dispone de un recurso valioso para hacerlo: tiempo. Dése la oportunidad de conocerse y descubrirlo. Si necesita orientación a este respecto, le sugiero que lea el artículo de Gabriella Kortsch en este mismo número.
- Nos abandonamos a la tristeza. La pérdida de los seres queridos es una de la pruebas más difíciles de superar en la vida. Cuando hemos establecido vínculos afectivos profundos con otros, damos por sentado que ahí estarán para siempre. Desafortunadamente esto no es así. A todos, tarde que temprano nos pasará. En este caso hay que apreciar el tiempo que vivimos en convivencia y disfrutamos de esa grata compañía; lamentarnos y poner el acento en la desdicha más allá del duelo natural no remedia nada y termina por obstaculizarnos la posibilidad de establecer nuevas relaciones de afecto.
- Nos convertimos en nuestra necesidad. Sin duda todos necesitamos afecto, cercanía, buena comunicación, y pensamos que esto es algo que nos va a llegar de alguna parte. Esta espera puede tardar muchos años o tal vez no llegue nunca en la vida si no hacemos algo al respecto. El verdadero privilegio está en el dar y sobra gente a quien le hagamos falta, aunque no sean de nuestra propia familia.
- Creemos que sólo nos pasa a nosotros. El sufrimiento es parte de la vida, pero no es lo único. Al suponer que las cosas sólo nos pasan a nosotros, dejamos de observar que hay muchos otros que también pasan por situaciones similares o tal vez aún más difíciles. Se puede sanar el dolor propio cuando sentimos verdadera compasión por los demás y dejamos de pensar sólo en nuestra propia falta.
- Suponemos que el amor sólo era posible con los que ya no nos acompañan. El amor es más fácil de encontrar de lo que suponemos, pues el amor siempre empieza por el cuidado, la atención y el respeto que observamos en nosotros mismos. Nadie nos impide compartir ese amor que llevamos dentro; le puedo asegurar que una actitud amorosa suele ser bien recibida por los demás.
Estas son sólo unas cuantas sugerencias para que las considere y reflexione. En su caso en particular le recomendaría que decorara su hogar como si sus seres queridos la estuvieran acompañando. Viva la experiencia navideña aunque no estén presentes. Recuerde aquellos momentos y sienta de nuevo la alegría de haberlos tenido cerca.
Intuyo que tiene una buena relación con esta vecina que le ayudó a enviar su mensaje. Invítela a ella y a algunas de sus amigas a que la acompañen y celebre cualquier otro día aunque no sea navidad. Prepáreles algo y recíbalas con la alegría que siente el corazón cuando comparte.
Si se siente capaz de hacerlo, en todas las ciudades hay casas hogar donde residen niños abandonados. Ofrezca ir a pasar la navidad con ellos y colaborar en algo para que una mujer como usted les pueda transmitir lo que es haber vivido la experiencia de estas tradiciones en familia. Verá cómo se refleja en usted cada una de sus sonrisas.
No se deje abatir por la nostalgia, no se aísle, su vida puede significar mucho para otros que ni siquiera han tenido sus oportunidades. Comparta lo bueno en usted. Enséñeles el camino de la alegría. Siéntase útil y viva desde el corazón el verdadero espíritu navideño.
Aprovecho la ocasión para desearle una navidad que aunque diferente sea igualmente memorable y le permita llegar en el futuro a estas fechas no con tristeza, sino con la ilusión de compartir de nuevo.
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