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Súper Estudiante - Curso de Desarrollo Mental 1
Por Gregory Mitchell - © Derechos reservados



La Decisión de Fallar

Con frecuencia un niño encuentra un área de estudio, como las matemáticas, y decide que requiere mucho esfuerzo mental, que otros están haciéndolo mejor que él, que se está quedando rezagado, y que no tiene posibilidades de triunfar en el tema. Entonces toma la decisión de que es mejor no intentarlo más para salvar su autoestima. Ha tomado la decisión de fracasar.

Estas decisiones en los niños actúan con el poder de una orden hipnótica, ya que se suelen tomar en un estado emocional y de ansiedad. Las consecuencias de esas decisiones pueden actuar de por vida. Incluso una persona con un coeficiente intelectual muy alto puede encontrar que ciertas simples operaciones mentales siempre están fuera de su alcance. Si la decisión de fallar está tan profundamente impresa que no la puede recordar, la práctica en estas áreas puede producir pocas ganancias.

La decisión de fallar puede resultar de un bloqueo en la mente subconsciente. Tal vez a un niño se le prohíbe tocar un preciado instrumento musical y después de un trauma llega a la conclusión de que la música está fuera de su alcance. Este "abandono" del tema sigue vigente años más tarde como un supuesto subconsciente de que la música está fuera de su alcance.

Desde hace tiempo se reconoce que la mente de alguien no puede funcionar bien cuando hay ansiedad. El efecto de las emociones problemáticas en clase fue objeto de un proyecto de investigación del Servicio de Salud Pública en los Estados Unidos. Este proyecto demostró la íntima conexión entre las emociones y la capacidad de aprendizaje. Los niños con problemas sociales y emocionales también eran pobres lectores en relación con su nivel de prueba de IQ.

Mi propia experiencia como psicoterapeuta es muy similar. Se manifiestan frecuentes problemas de lectura antes que los problemas emocionales severos. Esto se debe a que los complejos relacionados en la mente son empujados hacia abajo, uno debajo del otro hasta formar una pila, de manera que el más reciente en la pila es el primero en aparece; pero la causa verdadera está enterrada hasta abajo. Suponiendo una inteligencia normal, sólo un niño gravemente perturbado encontrará dificultades para aprender a leer, así que uno puede esperar algunas experiencias traumáticas en el fondo de la pila.

Si un niño tiene problemas emocionales y esto no es reconocido por los padres, no se hará nada al respecto hasta que el niño entre a la escuela. Entonces se señalará al niño por su bajo rendimiento académico, no a causa de problemas emocionales. Así que la situación se complica, sobre todo si al niño no se le ayuda en ese momento pero tiene que luchar con el sistema escolar bajo esta confusión. El descuido se vuelve muy costoso para el niño, la familia y la sociedad.

Las causas de la tensión emocional en el hogar son muchas. La más potente de todas son las peleas entre los padres que golpean en la misma raíz de la necesidad de seguridad del niño. Cabe recordar que el padre dominante es visto por el niño pequeño como una infalible criatura divina. Las declaraciones de los padres tienen la fuerza de las órdenes hipnóticas. Declaraciones como "ve a correr y a jugar," o "no me molestes con tus estúpidas preguntas", pueden convertir al niño en un tímido trabajador ermitaño en años posteriores. Los más peligrosos de todos son los pronóstico de los padres tales como "nunca harás nada por ti mismo", o "será un desperdicio de tiempo". Incluso si se habla en broma, pueden convertirse en realidades auto-cumplidas.

Algunos niños pueden ser exigidos por sus padres para alcanzar logros con tanta fuerza, que los resultados educativos se cargan de emoción y el niño puede dejar de lograr como una forma de rebeldía, o desarrollar un complejo de culpa neurótica como resultado del fracaso. En la escuela, el niño es vulnerable a la disciplina del profesor que utiliza el sarcasmo y el ridículo para someterlos. Esto tiende a producir resistencia en quien tiene un desempeño deficiente, resultando en la decisión consciente de actuar como un tonto.

En años posteriores, en el trabajo y en la educación adulta, problemas similares con profesores inadecuados en combinación con técnicas de estudio pobres, pueden conducir a tomar una decisión consciente de fallar en un tema en particular: basado en la sensación de que es imposible alcanzar el éxito en el tema y por tanto debe evitarse en el futuro.

La decisión de fallar puede ser el resultado de haber alcanzado logros que considera que no fueron reconocidos. Este es especialmente el caso si una gran parte de la motivación para la actividad fue para favorecer a otra persona. La falta de reconocimiento cuando se ha conseguido la capacidad, también puede conducir a un exceso en el estudio, por lo que el entusiasmo se desvanece y se convierte en protesta.

Otro factor es la aplicación de una medida de éxito poco realista en una actividad. Una compulsión perfeccionista hará que cualquier logro parezca insuficiente. Si uno piensa que tiene que convertirse en un músico reconocido mundialmente para haber tenido éxito en el estudio de un instrumento, esta expectativa poco realista invalidará los logros reales, y nos llevará a considerar que el estudio es un fracaso y renunciar al tema en el futuro.

Puede haber temores relacionados con la aplicación de las habilidades aprendidas, relacionados con enfrentar el mundo real o situaciones potencialmente estresantes. Esto puede llegar a racionalizarse construyendo justificaciones para no continuar con el estudio.

La decisión consciente de fallar puede ser recordada por el estudiante y volver a evaluarse. Puede llegar a darse cuenta de que la situación que lo llevó a tomar la decisión inicial no es la misma que la actual, y que lo que parecía imposible entonces ahora se puede realizar mediante la aplicación de buenas técnicas de estudio, la motivación adecuada y un enfoque maduro.

Además, puede llegar a identificar que lo que ha percibido como incapacidades, probablemente se originó en la decisión de fallar en la infancia temprana, y que esta decisión es subconsciente y está enterrada bajo capas de posteriores emociones e intenciones, por lo que no se percibe directamente ahora. Sin embargo, es posible reevaluarla: el sentimiento de incapacidad puede ser sustituido por una visión objetiva que esté actualizada.




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