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Comunicación Efectiva - Curso de Desarrollo Mental 4
Por Gregory Mitchell - © Derechos reservados



Los Mecanismos de la Comunicación

Etiquetas y cosas

Supongamos que usted no entiende Español. Alguien grita: "¡Cuidado!", pero es sólo un sonido extraño. Ve un autobús grande que viene hacia usted y salta fuera de su camino. Usted conoce la experiencia, pero las palabras de advertencia, ¡eran sólo sonido!

Tiempo después, aprende Español y alguien grita: "¡Cuidado!" y salta fuera del camino para luego darse cuenta que viene el autobús. Pero esta vez actuó en respuesta a las palabras antes de ver el peligro. Las palabras siguen siendo sólo sonido, pero ahora reaccionó a ellas de la misma forma que lo hizo antes al ver que se aproximaba el gran autobús. Porque ahora sabe Español, los sonidos o palabras se convirtieron en una etiqueta de peligro. Después, es posible que las palabras y la realidad se confundan o se identifiquen como la misma cosa.

Revisemos tres observaciones prácticas sobre la comunicación. La primera es que las palabras no son mas que etiquetas -adheridas a las cosas que significan- que no son la cosa misma.

La segunda observación es que las palabras y el lenguaje no son sólo un código, como un código de computadora, sino que contienen un significado cultural que tiene profundas raíces emocionales al interior de cada persona que aprende la lengua como lengua materna. En lugar de extraer el significado de las palabras, como el destinatario de una comunicación, ponemos nuestros significados en ellas en base a nuestra propia interpretación y comprensión.

La tercera observación es que nuestra percepción del mundo exterior se determina y/o se modifica por el lenguaje que utilizamos.

A partir de estas verdades empíricas, podemos concluir que los aspectos inconclusos de nuestra infancia (como el trauma) causan problemas en nuestra idioma. ¿Qué podemos hacer al respecto? La respuesta se encuentra en especial en asegurarse de que se evite el uso de palabras incomprendidas haciendo uso de un diccionario para definirlas. Cuando se hace esto, incluso (o especialmente) con las palabras de uso cotidiano que no pueden definirse, se reduce mucho el poder de las etiquetas verbales adheridas a traumas del pasado y el pensamiento se vuelve más claro y menos sujeto a respuestas automáticas.


¿Las palabras afectan la manera en que vemos el mundo?

Las palabras no son sólo etiquetas. Contienen nuestra experiencia. He aquí un ejemplo.

Imagine estos objetos colocados sobre un trozo de papel blanco:

  • un pequeño objeto de color marrón de forma irregular, como un pedazo de corcho;

  • un fragmento pequeño de lo que parece ser papel de estraza;

  • algunas manchas negras;

  • un objeto de color marrón con la superficie rugosa, del tamaño de una uña.

Este es el tipo de datos que un niño de dos años tendría al visualizar estos objetos. ¡Ahora piense por un momento! ¿Qué tienen en común? Es poco probable que usted puede encontrar alguna cosa! A los dos años de edad, el niño, sin lenguaje, no los puede clasificar, porque el niño no conoce ninguna palabra que los vincule. Pero usted puede. Cuando se le dice que son semillas, ¡usted puede incluso ver la descripción de otra manera!

Al principio es difícil cuando el niño comienza a aprender palabras. Ambos, un labrador y un pekinés, son perros, pero se ven muy diferentes. Después de mucho ensayo y error, el niño tiene idea. Debido a su experiencia, el niño eventualmente los ve como perros, obviamente similares. Sin embargo, la experiencia de cada niño es diferente de la de los demás.

En el aprendizaje de las palabras de nuestro lenguaje se lleva a cabo un continuo proceso de clasificación. El niño aprende a clasificar y ordenar sus experiencias perceptivas como resultado de dos procesos contrarios. El primero consiste en clasificar como similares aquellas cosas que parecen algo diferentes, pero que tienen mucho en común; por ejemplo, un roble y un olmo se clasifican como árboles a pesar de sus diferencias. El segundo proceso es la discriminación. Al aprender a hablar el niño también descubre que ciertas cosas no son tan similares como parecen; por ejemplo, un cuchillo y un tenedor son cubiertos y se utilizan para comer, pero con una función muy diferente.

A través de aprender sencillas palabras comunes del habla cotidiana, un niño poco a poco e inconscientemente adquiere conocimiento (implícito en las relaciones entre las palabras) que en muchos casos le tomaron siglos a la raza humana llegar ahí. Por ejemplo la palabra "pegar" tiene muchas connotaciones cuando se utiliza en diferentes contextos, que el niño no podría haber entendido de ninguna manera, como los conceptos de violencia, herramientas o unir. Una mirada en el diccionario demostrará la amplia gama de significados disponibles en el lenguaje, fruto de la historia cultural de la Humanidad. Agregando la dimensión de otro idioma, se amplía aún más la gama de conceptos. Cada concepto también se matiza por la propia experiencia de vida del individuo.




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