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P S I C O L O G Í A     ●    F I L O S O F Í A     ●    E S P I R I T U A L I D A D
P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


11. ¡Preferiría no haberlo hecho!

Todos hemos hecho cosas de las que no nos sentimos orgullosos; no seríamos humanos si no fuera así. Algo que afecta a los demás de una manera que no estaríamos dispuestos a experimentar en nosotros mismos. A veces hacemos algo que en el momento sabemos que está equivocado, pero que parecía la mejor solución en nuestras circunstancias. O quizás, nos vimos tentados a poner nuestros intereses en primer lugar. Otras veces nos dejamos llevar por emociones de ira o celos y hacemos algo a pesar de que podamos lamentarlo más tarde. O algo que no hacemos, como no haber ayudado a un amigo que nos necesitaba y que sabemos que debimos haberlo apoyado. Podemos tener la mejor de las intenciones, pero las cosas van mal, cometemos un error o nos damos cuenta que algo que hemos hecho ha sido perjudicial, aunque no haya sido nuestra intención.

Este tipo de acciones nos hace sentir avergonzados y deprimidos, y pueden acarrear culpas que permanezcan con nosotros durante años; pero si queremos vivir felices, tenemos que asumir la responsabilidad de las consecuencias de nuestro comportamiento y seguir adelante.

Sentirse culpable no debe confundirse con asumir la responsabilidad por nuestro pasado. Responsabilidad que significa hacer un esfuerzo decidido para cambiar el patrón de conducta que resultó en una mala acción, y las creencias y sentimientos que la provocaron. Tenemos que empezar por hacer las paces con el pasado.

La tendencia natural cuando hacemos algo malo, es tratar de justificar nuestras acciones para hacernos sentir que tuvimos razón en hacerlo, de tal manera que la acción no estuvo mal y el otro se lo merecía, ya que la otra persona estaba equivocada. Al negar nuestro sentido del bien y el mal, y la responsabilidad por nuestras acciones, estamos evadiendo la realidad. Evadimos los sentimientos de culpa al pretender que no hicimos nada malo, sino que teníamos la razón. Evadimos los sentimientos de vergüenza (sentirnos mal acerca de cómo nos perciben los demás) al fingir que es el otro quien deberían avergonzarse.

El problema no es en sí el mal acto o darnos cuenta de una equivocación, que ya pasó y no se puede deshacer. El problema es lo que después nos decimos a nosotros mismos. Ya sea que seamos honestos o que prefiramos engañarnos. Es el engaño lo que daña nuestra integridad y la posibilidad de continuar la relación con aquel a quien perjudicamos.

Tenemos que abandonar nuestras defensas; abandonar las mentiras que nos hemos contado para ocultar la verdad; enfrentar la realidad de nuestras acciones, sus consecuencias, y perdonarnos.

Hay una gran recompensa por ser realistas y honestos: podemos aprender de la valiosa lección que nos ofrece la experiencia. De hecho, es sólo cuando hemos aprendido la lección que podemos dejar de lado los errores del pasado y vivir nuestra vida como realmente somos en el presente.

Así que, para perdonarnos a nosotros mismos, tenemos que aprender la lección. Primero echemos un vistazo a los errores. Los errores son una parte esencial del aprendizaje. Cuando aprendemos a conducir un automóvil, movemos la palanca para ir hacia atrás en lugar de ir hacia adelante. Pero aprendemos y mejoramos. Después puede que nos pasemos una luz roja y que la policía nos detenga y nos ponga una multa. De nuevo, podemos aprender a ser más cuidadosos cuando nos acerquemos a un cruce de calles. Así nos convertimos en mejores conductores. La próxima vez que cometa un error dígase a sí mismo, "Está bien, así que ¿qué puedo aprender de esto?" En lugar de sentirse despreciable se sentirá desafiado y motivado.

Pero que tal si me paso la luz roja, choco con otro auto y lesiono gravemente al conductor. Puedo decir que apenas había cambiado la luz roja, así que realmente no hice nada malo. Puedo culpar al otro conductor por no haber comprobado que no había nadie cruzando antes de avanzar. O puedo aceptar mi torpeza; la combinación de una equivocación y una decisión temeraria. Me equivoqué, lo hice. Lo siento.

Pero el verdadero perdón no tiene nada que ver con sentir o pedir disculpas. El perdón no puede ser otorgado por otro, tiene que ser otorgado por uno mismo. A menos que podamos realmente perdonarnos a nosotros mismos, nunca podremos realmente avanzar y liberarnos del pasado.

Lo que se interpone en el camino del perdón, es juzgar que soy una mala persona. Tengo que distinguir entre mi valía como persona y mi equivocación. Básicamente soy un ser amoroso, lo sé. Todos lo somos. Ni siquiera soy mis pensamientos y sentimientos. Esos los creo, y a veces, a través de ellos y mi ignorancia, los creo indebidamente, y mis consiguientes acciones pueden provocarle daño a los demás. Entonces lo mejor que podemos hacer es aprender, de tal manera que en el futuro lo podamos crear más apegados a nuestra verdadera naturaleza.

Tengo que comprender que mi equivocación fue resultado de mi ignorancia; no sabía lo que ahora puedo ver desde la lección de la experiencia. Sólo quería llegar a mi destino con rapidez, no pensé en las posibles consecuencias que podrían derivarse de conducir de forma irresponsable, pensé que estaba bien cruzar un semáforo en rojo. Así que mi motivación fundamental no era mala, pero estaba operando con información falsa, estaba equivocado.

No podremos avanzar si lamentamos el pasado, ni si tenemos desprecio por nosotros mismos. Sentir eso implica ver nuestro pasado como sin sentido y sin valor, y, por tanto, que nosotros ya no somos dignos de confianza. Por el contrario, el perdón a nosotros mismos requiere encontrar el valor de nuestras experiencias y de nosotros mismos. En lugar de intentar eliminar una experiencia como un episodio doloroso y tratar de olvidarla, debemos aprender de ella todo lo que podamos.

La vida es un viaje de aprendizaje, y el aprendizaje más valioso se obtiene de nuestras experiencias personales. Cuando las cosas van bien, porque contamos con buena información y creencias adecuadas, nuestro aprendizaje se ve reforzado por esta respuesta positiva. Cuando las cosas van mal, porque tenemos información errónea y creencias inadecuadas, entonces sufrimos nosotros y los que son efecto de nuestras acciones. Pero ahí tenemos la oportunidad de aprender algo nuevo. Gran parte de nuestro aprendizaje y crecimiento personal, por tanto, es resultado de experiencias dolorosas, siempre que estemos dispuestos y abiertos a aprender ellas.

Si queremos crecer y sacar provecho de nuestras experiencias, es fundamental que nos centremos en lo que podemos aprender, en lugar de resistir la realidad de lo ocurrido.

Encuentre algo que hizo (o no pudo hacer) por lo que todavía se siente mal; de lo que se arrepiente; qué le hace sentirse avergonzado. Vea cómo ahora empieza a tener sentido y valor esa experiencia. Pregúntese: "¿Qué me ha enseñado; acerca de mi, de los otros y de mi vida?" Basado en esta lección, trabaje en las creencias que es necesario cambiar; qué ideas fijas puede dejar de ir; qué supuestos ya no le son útiles.

El perdón a sí mismo rescata la energía que estaba empleando en sentir culpa y resistirse al pasado. Lo libera para volver a ser usted mismo; renovado, feliz y sabio.