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P S I C O L O G Í A     ●    F I L O S O F Í A     ●    E S P I R I T U A L I D A D
P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


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Estrés - El costo del miedo




Por lo que al cuerpo respecta, el miedo es una señal de peligro, ya que responde a una respuesta automática llamada “enfrentar o evadir”. El ritmo cardiaco se acelera, la presión arterial aumenta, la respiración se altera, los músculos se tensan, la piel empieza a sudar; mientras que la digestión, la reproducción, y otros procesos que no son necesarios en el momento, se ven disminuidos. El cuerpo se prepara para la acción: enfrentar o evadir.

En la sociedad contemporánea, este tipo de amenazas son contadas. Nuestra dominio del mundo nos ha permitido evitar y protegernos de esos peligros. Sin embargo esto no significa que estamos libres de amenazas; ya que los seres humanos creamos constantemente nuevos conjuntos de cosas de qué preocuparnos. Nuestra necesidad de sentirnos bajo control puede verse amenazada por nuestra carga de trabajo y fechas de entrega. Nos podemos sentir amenazados por el tráfico, vuelos retrasados, incompetencia de nuestro personal, demandas inesperadas, o cualquier cosa que nos implique un costo en nuestro tiempo. Nuestra necesidad de autoestima, reconocimiento y aprobación puede verse amenazada por temor o miedo al fracaso, a vernos ridículos frente a otros, a la crítica y al rechazo. La incertidumbre o cualquier otra cosa que nos haga sentir inseguros, puede también ser percibida como una amenaza.

Estas amenazas las sentimos únicamente los humanos; somos capaces de imaginarnos -y por lo tanto preocuparnos- cosas que un gato o un perro no podrían concebir. El problema es que nuestra evolución biológica no ha ido a la par con nuestra evolución mental. Nuestros cuerpos responden a estas amenazas psicológicas como si fuesen una amenaza física. Por lo que de pronto encontramos nuestros corazones latiendo con fuerza, las palmas de nuestras manos sudando, y nuestros músculos tensos debido a algún miedo que percibimos en nuestras mentes, provocados por la crítica de alguien, porque tenemos que hablar frente a un grupo, o debido a que se nos hizo tarde para una reunión.

Por lo general estas amenazas terminan siendo falsas alarmas, sin embargo, el cuerpo no puede recuperarse tan rápido como pudo ponerse en alerta y alcanzar un estado normal. El cuerpo pocas veces tiene tiempo de recuperarse de una alarma antes de que aparezca la siguiente, así que nuestros cuerpos terminan en un estado de tensión permanente. El inicio de esta tensión retroalimenta y tiene efectos sobre nuestros pensamientos, emociones y comportamiento. Nuestro juicio se deteriora, tendemos a cometer más errores, a sentirnos deprimidos, hostiles ante otros, a actuar menos racionalmente, etc. El costo sobre nuestros cuerpos se manifiesta de varias maneras: dolores y sufrimiento, indigestión, insomnio, presión arterial alta, alergias, enfermedades en general; en ocasiones un camino prematuro hacia la muerte.