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P S I C O L O G Í A     ●    F I L O S O F Í A     ●    E S P I R I T U A L I D A D
P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


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Pensamiento Racional




Debido a que estamos atrapados en la creencia de que nuestro estado interior se encuentra a merced de eventos externos, por lo general intentamos manejar el estrés tratando de controlar al mundo para reducir las circunstancias que pensamos son causa de nuestro estrés. Pero esto sobrepasa el rol principal que juega la mente en la mayoría de las reacciones de estrés. En muchos casos, no es la situación por sí misma la causante del estrés, sino la forma en que nosotros percibimos la situación. Si yo veo la situación como una amenaza ante lo que quiero, hacia mi identidad, o hacia mis expectativas sobre la forma en que las cosas deben ser, entonces puedo enojarme.

El hecho de que es nuestra percepción de los eventos lo que dispara nuestras reacciones, sugiere que podemos tener mayor influencia sobre nuestras respuestas acerca de lo que normalmente creemos. Tomando responsabilidad sobre nuestros procesos internos, podemos volver a estar bajo control, y entonces tener la posibilidad de elegir si nos enojamos con nosotros mismos sobre las cosas que pasan.

Ello no significa que nos quedemos sentados y dejemos que el mundo pase sobre nosotros. Habrá muchas cosas que podamos hacer para aliviar la presión bajo la que estamos. Lo que no queremos hacer es enojarnos y hasta enfermarnos en el proceso. En efecto, probablemente responderemos con mayor comprensión, facilidad y efectividad, si nuestras mentes no se ven obstaculizadas por una respuesta más propia de nuestro pasado evolutivo. En la medida en que usted aprenda a trabajar consigo mismo, estará aprendiendo a tratar con la fuente del miedo -la voz interna que juzga e interpreta lo que ve- y a dejar a su ego a un lado.

La mente está llena de palabras sueltas, frases aisladas, comentarios, quejas. Un charlatán interno está constantemente sermoneando, justificando, hablando. Hay un sinfín de posibilidades: recriminaciones, argumentos fantasiosos, hasta juegos de palabras y bromas. Esta perturbación prevalece debido al dominio general por la parte izquierda del cerebro; muchas personas tienden a intelectualizar o “racionalizar” para justificar sus sentimientos, a tal punto que pueden sufrir una escisión de sí mismos y alcanzar el grado de “esquizofrenia”. Dicha persona evita el contacto con las emociones y no verbaliza la realidad. Está aislada del resto de su personalidad y es despectivo con su cuerpo. El flujo de palabras que salen de su mente diluyen el contacto directo con el momento.

Los sentimientos directos aterrorizan a muchas personas y pueden levantar muros de palabras como barreras emocionales. Mucho del comportamiento neurótico está basado en el deseo desesperado de evadir el dolor emocional. Concentrándose en el dolor, localizando qué parte del cuerpo le afecta, recordando experiencias pasadas asociadas con usted, aprendiendo de las entrañas lo que está sintiendo (más que de la cabeza), permitirá que surja la verdad: las creencias irracionales y las evaluaciones que enfatizan los sentimientos negativos.

Un evento se interpreta, juzga y etiqueta de tal forma, que resulta inevitable una respuesta emocional. Usted está constantemente describiendo el mundo para sí mismo, poniendo en cada evento o experiencia una etiqueta. Hace interpretaciones de lo que ve o escucha, juzga los hechos como buenos o malos, dolorosos o placenteros, y predice si éstos le traerán peligro o relativa seguridad. A las personas se nos ha dicho qué pensar desde que somos niños, hemos sido condicionados a interpretar los hechos de ciertas maneras, por la familia, los amigos y los medios de comunicación.

Estas etiquetas y juicios son creados por el diálogo obsesivo que usted tiene consigo mismo, y que además empaña toda su experiencia con significados personales. Los pensamientos son constantes y rara vez percibidos, ya que usted no los está reflexionando y razonando, pero son lo suficientemente poderosos como para estimular sus emociones más intensas. Ese “dialogo” que mantenemos con nosotros mismos, se compone generalmente de pocas palabras esenciales o de una breve imagen visual, actuando como una etiqueta entre una colección de memorias dolorosas, miedos y auto-reproches. Mismos que, en una visión objetiva, se verían irreales, exagerados y generalizados; sin embargo, en la práctica aparecen automáticamente como respuesta a los estímulos. Simplemente brotan en la mente y se creen sin ser cuestionados o minimizados, de igual forma que tampoco sus implicaciones y conclusiones se sujetan a un análisis lógico.

Los pensamientos automáticos son expresados en términos de “deber”, y sus negativos. Cada vez que queda “tatuado” un “deber”, se produce un sentimiento de culpa o pérdida de autoestima. Estos pensamientos también tienden a ser pesimistas, siempre se espera lo peor y son la mayor fuente de ansiedad. Dado que son reflexivos y convincentes, pasan desapercibidos al tejerse dentro de nuestra fábrica de pensamientos (conciencia). Parece que van y vienen por voluntad propia, y también tienden a actuar dándole entrada los unos a los otros: un pensamiento depresivo provoca una cadena de pensamientos asociados que refuerzan la depresión. Considerar algo como terrible, es pegarle una etiqueta traumática a lo que en la realidad es sencillamente lo que está ahí.

La preocupación u obsesión, como una sola forma de pensamiento, causa una visión de túnel en la que sólo son reconocidos aquellos aspectos de la existencia que respaldan dicha forma de pensar. El resultado es generalmente una predominante y absoluta emoción dolorosa: enojo crónico, ansiedad o depresión. La visión de túnel es el fundamento de la neurosis y lo opuesto a la conciencia.

Para incrementar la conciencia es necesario darse cuenta de los pensamientos negativos, así como cuestionarlos; particularmente aquellos que están causando sentimientos dolorosos. Considere sus pensamientos como una película en cámara lenta. Revise su diálogo interno cuadro por cuadro, perciba la fracción de segundo que toma decir “no lo soporto”, o lo rápido que aparece la imagen de un hecho aterrador. Note si usted está interiorizando, describiendo e interpretando las acciones de otros: “Ella está aburrida…Él me está culpando”.