Trans4mind
P S I C O L O G Í A     ●    F I L O S O F Í A     ●    E S P I R I T U A L I D A D
P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


Indice


next

Terapia Racional Emocional




Creencias son las conclusiones a las que llegamos como resultado del aprendizaje, ya sea este por experiencia personal directa, o asimilado indirectamente a través de presiones de las personas con las que nos relacionamos y de los padres, para que se ajusten a una forma “normal” de pensar (según la cultura a la que pertenecemos).

Después de haber percibido una situación de cierta manera, es decir, haber escogido el aspecto de ésta que considera más importante, el individuo hará una evaluación de acuerdo a sus creencias, sobre la forma en que él se relaciona con este aspecto de la situación. Se dirá (quizás semi-conscientemente) una frase a sí mismo, basada en una suposición o creencia subyacente. Esta creencia puede ser racional, es decir, en base a la realidad, lo que existe y es lógico; o puede ser irracional, basada en el engaño, prejuicios e ideas que son fijas y que no han sido sujetas a revisión.

Por ejemplo, una persona casi es atropellada por un autobús, y deduce que el conductor iba demasiado rápido y, a continuación, cree racionalmente que el conductor, al igual que cualquier otra persona, es un ser humano falible que debería tener más cuidado en el futuro cuando los peatones crucen la calle. Alternativamente, podrá responder irracionalmente y pensar que es absolutamente terrible que el conductor haya hecho tal cosa, y que le darían ganas de meterle un tiro en la cabeza. Esta es una evaluación exagerada, basada en una creencia irracional: que el comportamiento del conductor es absolutamente intolerable.

Habiendo seleccionado el problema exacto que el cliente quiere resolver, el siguiente paso es evaluar las emociones y el comportamiento resultantes. Las emociones que busca son aquellas que resultan inadecuadas, como ansiedad, ira condenatoria, culpa, vergüenza, depresión y celos mórbidos. Cada uno de estos tiene un equivalente que no es tan extremo y que puede ser adecuado para las circunstancias, en cuyo caso no tendría sentido buscar una creencia irracional que lo fundamente. Junto a la emoción inapropiada es probable que exista un comportamiento autodestructivo, ya que la emoción negativa tiene un efecto destructivo.

Una vez evaluado el caso de la activación, o la inferencia acerca de la situación que activa la respuesta: aquello que al cliente le perturba específicamente y que es el objeto de la consulta, se revisa la situación para su análisis, tanto objetivamente (la clave del aspecto práctico de la situación), como subjetivamente (lo que infirió en relación a ese aspecto y la forma en que lo interpretó en su propia mente).

  1. Inferencias
    Diferentes emociones son evocadas por las diferentes interpretaciones de un acontecimiento. Interpretaciones que implican distorsiones de la realidad, es decir, pensamiento distorsionado que da lugar a trastornos emocionales.

    Una situación difícil o traumática no puede ser vista con claridad por la persona que está bajo estrés; de manera diferente, alguien que no se encuentra en esa situación puede verlo de forma objetiva. La persona bajo estrés es probable que recuerde, al menos inconscientemente, situaciones traumáticas similares experimentadas con anterioridad y, por tanto, ver la realidad de la situación a través del filtro de los prejuicios o miedos, y hacer todo tipo de inferencias que no le permitan realizar la revisión conducente al espectador objetivo.

    Por ejemplo, la persona que fue casi atropellada por un autobús, puede haber hecho una inferencia racional de que el conductor iba demasiado rápido, ya que normalmente habría contado con el tiempo necesario para cruzar con seguridad. O puede haber inferido que el conductor iba demasiado rápido debido a una actitud negligente. O también puede inferir que el conductor quería atropellarlo deliberadamente. La interpretación de un hecho singular puede variar para cada observador de acuerdo a sus sistemas de creencias. Un chiste que se contó en una fiesta, por ejemplo, puede provocarle vergüenza a una persona, y ataques de risa a otra.

    Una inferencia puede llevar a otra. Por ejemplo, el rechazo al acercarse a una posible novia puede causar que el hombre infiera que no es lo suficientemente atractivo. Esto puede provocarle ansiedad y hacerle sentir que nunca podrá conseguir una novia que sea atractiva. Además, le provoca mayor ansiedad porque le preocupa lo que sus colegas masculinos piensen de él, y tendrá miedo de que también su carrera se convierta en un desastre. Una cadena de inferencias pueden ser resultado de una situación en la realidad, pero sólo una de ellas será la provocación principal desde el punto de vista de la persona, que ha activado una creencia fija y causado una evaluación irracional, y la inevitable emoción inapropiada acompañada de una respuesta conductual autodestructiva. Por lo que esto debe ser evaluado y tratado en primer lugar.

  2. Perturbación emocional secundaria
    La dolorosa respuesta emocional que siente el cliente cuando se enfrenta con un problema donde reside una creencia irracional subyacente, es un problema en sí mismo, sin embargo, puede desencadenarle una perturbación emocional secundaria. Por ejemplo, puede sentir vergüenza por enojarse y perder los estribos. Es necesario revisar esto en primer lugar, para que quede como un asunto fuera del análisis, ya que su atención puede estar obstruida por esa respuesta y evitarle entrar en contacto consigo para entender sus sentimientos de ira.

    Otra alternativa es que la perturbación emocional secundaria pueda aparecer cuando la primaria ya se ha tratado, y el cliente se denigre a sí mismo por la respuesta original, o para responder de nuevo de esa manera aun sabiendo que es irracional.

  3. Creencias Irracionales El siguiente paso es evaluar las creencias irracionales que residen en el cliente para resolver las emociones que producen. La inadaptación se produce cuando se aplican reglas irrealistas de forma indebida y arbitraria. La terapia intenta sustituirlas por otras normas de adaptación más realistas.

    Las normas auto-impuestas parecen centrarse en el peligro versus seguridad, y el placer versus sufrimiento. Los peligros y riesgos involucrados en situaciones comunes están sobrevalorados. Los peligros psico-sociales son el origen de la mayoría de los problemas: miedo a la humillación, crítica, rechazo, etc. La actitudes que predisponen a las personas a un exceso de tristeza o depresión incluyen las siguientes:

    Con el fin de ser feliz, debo tener éxito, ser aceptado, popular, famoso, rico, etc. Si me equivoco, soy incompetente. No puedo vivir sin amor. Cuando la gente está en desacuerdo conmigo, es que no me quieren. Estas creencias se encierran en absolutos o extremos que no pueden ser satisfechos.

    Por lo general, habrá una demanda (debo) a partir de la cual se deriva una creencia. Al cliente se le pregunta, “¿qué está pensando como para hacerle sentir y comportarse (como resultado)?”. Para discutir acerca de las razones para tener esa creencia, el terapeuta debe detectar cualquier “debo”; opiniones exageradas tal como “es horrible”; signos de poca tolerancia a la frustración como “No puedo soportar más”; y generalizaciones condenatorias acerca de sí mismo y los demás.

    Habiendo hecho que el cliente reconozca explícitamente su creencia irracional y, a continuación, la conecte con su respuesta emocional y de comportamiento, el siguiente paso es discutir la racionalidad de la creencia con el cliente, para ayudarle a ver que no lo está llevando a ninguna parte y que es ilógica, poco realista, y que no resiste una revisión racional. Deberá haber una discusión entre el terapeuta y el cliente, que le debe pedir que demuestre que la creencia es lógica, realista y útil, para que pueda ver por sí mismo que no lo es. Se le preguntará qué es lo peor que podría pasarle en dadas circunstancias, y qué cosas positivas pudieran suceder. Por lo tanto, es mejor que el cliente llegue a esa conclusión por su propio razonamiento evaluando alternativas, ya que es poco probable que realmente vea los aspectos prácticos de otra manera.

    El cliente tiene que ser conducido a la posibilidad de ver otro punto de vista para poner a prueba la viabilidad de su antigua creencia contra las pruebas de la lógica, la realidad y lo que es mejor para él o ella. Esto no ocurre en la mayoría de los casos sin una intervención positiva por parte del terapeuta. La experiencia del análisis lógico es también una educación que continuamente puede ser aplicada en la vida para reconocer las falsas creencias que surjan ante la estimulación de los asuntos cotidianos y evitar acumular otras nuevas.

  4. Ataque de vergüenza
    El sentimiento de vergüenza depende siempre de una creencia irracional, por ejemplo, que usted simplemente no puede hacer frente a la desaprobación por parte de los demás. Por lo tanto, hacer un ejercicio sobre el ataque de vergüenza es una buena manera de practicar una nueva conciencia para encontrar una creencia irracional y ponerla a prueba deliberadamente en una situación real (equivalente al evento que la activó) diseñada para activar esa creencia. Si la creencia irracional se activa, podrá ser ubicada y sustituida por una alternativa más racional que también debe ponerse a prueba. El comportamiento cambia en proporción a la confianza que se construye si la nueva creencia prueba que es viable y resulta que produce sensaciones más placenteras que las que causaba la creencia irracional.