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P S I C O L O G Í A     ●    F I L O S O F Í A     ●    E S P I R I T U A L I D A D
P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


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Hacia, en contra y lejos




Karen Horney analizó las formas en que una persona se mueve hacia, en contra y lejos, de los demás y del mundo que la rodea. Estos “flujos” se reflejan en actitudes saludables de interés extrovertido, certeza para superar obstáculos, y consideración por los resultados. Sin embargo si estos flujos se vuelven compulsivos, pueden originar dependencia neurótica, agresión y alejamiento introvertido.

Según crece el niño, aparece un sentido intrínseco de separación. La conformidad por pertenecer al rebaño es una frecuente solución para no estar solo; la forma más causal es estableciendo comunicación, para establecer entendimiento con los demás, manteniendo la integridad de permanecer fiel a la propia opinión de lo que está bien o mal.

La acción más básica de estar vivo, es buscar y retirarse, es la base dinámica de la supervivencia, buscar alimento o retirarse de peligro. También es la base de la comunicación. Si utiliza suficiente intención, y otro presta atención y corresponde a lo que se está planteando, entonces se está llevando a cabo la comunicación. La base de la comunicación y la interacción, entonces, es: buscar - retirarse; hablar - escuchar, dar - recibir. Si los puntos de vista son compartidos a través de un proceso de comunicación en ambos sentidos, se puede establecer afecto y empatía, lo que resulta en mutua comprensión.

En la práctica, las personas por supuesto tienen diferentes puntos de vista y objetivos en la vida, y estos pueden entrar en conflicto. “Buscar acercarse” se convierte en “luchar contra”. El conflicto puede ser en sí mismo (o cualquier parte de uno mismo o del entorno con el que se está identificado, como los “deberes” paternos, inseguridades del niño, la familia, amigo, jefe, amante, maestro, futbolista, político, la estrella del pop, la posesión, o actitudes fijas, creencias, ideas o sentimientos) opuesto a cualquier elemento del mundo exterior que se considere contrario a su intención. Este conflicto sólo se convierte en un problema si no se puede confrontar, o experimentar con comodidad la confusión que crea, de lo contrario podría ser tratado y ver la situación (realista), como parte integral del “juego” de la vida.

Hacia, en contra y lejos

En la medida en que estos movimientos son flexibles y espontáneos, el individuo es libre. Cuando son inflexibles y rígidos, el individuo queda atrapado. Una dirección puede haberse vuelto compulsiva; por ejemplo, “hacia” puede ser compulsivo entre los amantes y los otros flujos tenderán a ser reprimidos; por ejemplo, entre los amantes el “contra” reprimido puede provocar ira, y el “lejos” reprimido puede incluir el deseo de estar con otras personas. Estos factores pueden estar reprimidos y brotar de repente de forma inexplicable.

Si queda atascado en el “contra”, como un problema irresoluble, esto tenderá a pender en el tiempo flotando en una intemporalidad, que en lugar de tener una ubicación específica en el registro de las experiencias del tiempo, causa una cresta mental opuesta a los flujos de energía, provocando una sensación de pesadez y tensión alrededor de la cabeza.

La causalidad creativa queda reducida a una compulsión fija, como una solución segura o defensa, ante el dolor no confrontado, el miedo, ansiedad, confusión, el cambio o la culpabilidad. Una solución puede ser intentar dominar a los demás, agradarles o provocarles simpatía. Esta compulsión es racionalizada internamente como “correcta” o comportamiento ideal, calificando a cualquier otro punto de vista como “equivocado”. La solución se convierte en un patrón fijo, y la racionalización en una idealización de sí mismo; estas ideas conectadas se mantienen inconscientes junto con la experiencia traumática que las necesitaba originalmente. Al reaparecen las circunstancias desagradables, o alguna similar, el patrón se repite automáticamente, y la persona no se da cuenta de que está exagerando de forma reactiva, o que su verdadero ser está “dormido”. Sus perspectivas resultan poco realistas, mistificando e idealizando cómo es el mundo o cómo debería ser.

El moldeado del carácter en la infancia, donde los padres imponen un conjunto de “debes” y “no debes”, causan que el niño construya una imagen de cómo debería de ser para estar seguro y poder sobreponerse a la ansiedad básica de “no estar bien”. Esto es reforzado más tarde por otras personalidades dominantes entre los amigos, maestros y así sucesivamente.

Las idealizaciones y las reclamaciones a los demás que resulten, se ajustan a esta imagen interna de “debería ser”; por ejemplo, que “la gente debería hacer las cosas a mi manera, porque naturalmente mi manera es la correcta”, o “Esto no debería sucederme a mí, porque soy especial”. Las reclamaciones frecuentemente contienen la expectativa de que las cosas vendrán a usted sin tener que hacer ningún esfuerzo. La indignación causada cuando dichas reclamaciones se ven frustradas, puede provocar autocompasión o sentimientos de ser una víctima, o ser reprimidos y emerger como síntomas psicosomáticos.

Las demandas internas a sí mismo (por ejemplo: “Debería ser independiente”), resultan en demandas externas hacia los otros (“Déjame hacerlo solo”), usando el orgullo como defensa contra el odio a sí mismo, que es resultado de las demandas internas irrealistas que no pueden realizarse.

El falso orgullo y el odio, son dos caras de la misma moneda: la compulsión por tener la razón. Causa de tanta miseria y sufrimiento.

Cuando una persona está funcionando en base a la ansiedad e incertidumbre acerca de su verdadera capacidad y valía, no estar a la altura de sus idealizaciones provoca impulsos y acciones autodestructivos inconscientes; síntomas de odio a sí mismo. Cosas tales como la imprudencia y el abuso de las drogas, así como desprecio por sí mismo (“No es posible que alguien me pueda amar”), incluso demandas del Self (“No debería molestarme”), auto-acusaciones (“Soy un fraude”). Dependencia mórbida o “actuar de víctima”, son medios para garantizar no tener que asumir la responsabilidad.

La indiferencia puede verse como una solución a este conflicto; todo lo que facilite cortar con los sentimientos sensibles, “déjame en paz”; no poner la menor atención en los demás, o “no traten de cambiarme”. El odio por sí mismo puede ser proyectado contra otras personas, ideas, instituciones o la vida misma, con generalizaciones utilizadas para evitar que sea descubierta la falsedad, por ejemplo, “los políticos son idiotas”, o “la vida no es justa”.

O en un esfuerzo por “tener la razón”, las idealizaciones pueden ser identificadas con un falso orgullo, lo que provoca una búsqueda sin fin por obtener la gloria siendo perfeccionista, despiadado, arrogante, mañoso, etc., para probar que sus ideales son ciertos. Sin embargo, dado a que no están basados en la realidad, la vida parece ser decepcionante y el odio a sí mismo reaparece.

Por otro lado, cuando una persona actúa con una confianza basada en un auto conocimiento realista, no le importará cometer errores y tendrá disposición a aprender de ellos. La integridad y la plenitud de sí mismo, se basa en el respeto por sí y por los otros. Ser selectivo en el amor, luchar por principios, y darse tiempo y espacio para uno mismo, son elecciones que se toman desde la libertad, lejos de las compulsiones de la falsa personalidad.