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P S I C O L O G Í A     ●    F I L O S O F Í A     ●    E S P I R I T U A L I D A D
P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


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La mente semántica




El tercero, programa semántico, es lo que se suele conocer como “el intelecto”. Es impreso durante todo el proceso educativo. Maneja artefactos y hace un “mapa” (realidad-túnel), que puede transmitirse a otras personas, incluso a través de generaciones. Estos “mapas” pueden ser ilustraciones, símbolos, palabras, conceptos, herramientas (con instrucciones de uso transmitidas verbalmente), teorías, notaciones musicales, etc. La neurología recientemente nos ha demostrado que el predominante uso de la mano derecha (diestra), está íntimamente conectado con nuestra tendencia a utilizar más el hemisferio izquierdo del cerebro, que el derecho.

Hay una preferencia genética (innata) en la mayoría de los seres humanos para manipular con la diestra y tener actividad mental en el lado izquierdo del cerebro; que es lineal, analítico, parecido al de una computadora, y muy verbal. Así pues, existe un vínculo entre los mapas mentales y manipular. La mano derecha manipula el universo (y hace artefactos), y el cerebro izquierdo crea mapas de los resultados dentro de un modelo que permite hacer predicciones sobre el futuro de esa parte del universo. Estas son características claramente humanas (posteriores a los primates).

El cerebro derecho, por el contrario, se ocupa de las funciones holística, supra-verbal, intuitiva, musical y mística (programas superiores); y de las funciones del primer y segundo programas.

Los componentes neurológicos del programa de bio-supervivencia o “id”, se desarrollan en la parte más antigua del cerebro, el sistema límbico o “cerebro de reptíl” que media las sensaciones. Las partes donde se encuentra la impronta son el tallo cerebral y el sistema nervioso autónomo, relacionado con el endocrino y otros sistemas de apoyo de la vida. Las perturbaciones a este programa son causa de enfermedad.

Las estructuras del programa emocional-territorial aparecieron con los primeros mamíferos y están centradas en el tálamo, mediando los sentimientos y emociones del “ego”. Los sitios donde se ubica esta impronta son el sistemas nervioso voluntario y los músculos.

Los sitios donde se ubica la impronta del programa semántico son la corteza izquierda, mediando la razón, y está estrechamente vinculado con los delicados músculos de la laringe y las manipulaciones finas que aportan la destreza de la mano derecha. La corteza en sí, es relativamente reciente en la evolución y sólo se encuentra en los mamíferos superiores, de los cuales está más desarrollada en los seres humanos y los cetáceos (delfines y ballenas).

No nos debería sorprender que la mayoría de las personas, la mayor parte del tiempo, están más controladas por los programas reptílico-mamífero, que por el programa semántico humano (racional); ya que el programa semántico se pervierte con facilidad por lógicas falsas (ideologías intolerantes y fanatismos de todo tipo), originadas por señales del programa de bio-supervivencia, si percibe amenazas a la vida; o del programa emocional, si previene amenazas al estatus.

Como señaló Alfred Korzybski, “los que dominan los símbolos, nos dominan a nosotros”. Dado que las palabras contienen referencias a los sentidos y connotaciones de los estados emocionales, añadido su fundamento poético y retórico, los seres humanos pueden verse motivados a actuar, incluso por palabras que no tienen sentido o referencia en la realidad. Este es el mecanismo de la demagogia, la publicidad y de la mayor parte de las religiones organizadas.

Creemos en todo lo que se escribe y se dice en los medios de comunicación como si tuviéramos algo instalado en nosotros que les atribuyera una especie de autoridad semejante a la de nuestros padres. Se nos olvida revisar el realismo y las limitaciones que contienen las declaraciones; como cuando los políticos hacen discursos que nos suenan verosímiles a pesar de que nos estén diciendo lo contrario de lo que parecen decir. Un saludable escepticismo expondrá todo tipo de hipótesis faltas de pruebas o información alterada u omitida.

Quien sea capaz de asustar a la gente lo suficiente (provocar ansiedad a nivel del programa de bio-supervivencia), podrá venderles fácilmente cualquier mapa verbal que parezca aliviarles la ansiedad. El caso que sucede en algunas religiones que atemorizan a las personas con el Infierno, ofreciéndoles la Salvación, a cuyos devotos más ignorantes les venden todo un sistema de pensamiento que no es capaz de sostenerse a la luz de un par de minutos de análisis lógico; el reflejo religioso.

Cualquier hombre, así sea cruel o tortuoso, puede congregar a su tribu alrededor al anunciar que un rival está a punto de atacar su territorio: el patriotismo reflejo. Sea lo que sea que amenace con retirar los objetos que otorgan estatus a una persona, será rechazado -que no es procesado por el programa semántico, sino a través del programa emocional- ya que se interpreta como un ataque al estatus (ego, rol social, factor superioridad). Esto es simplemente el comportamiento de los mamíferos en un rebaño, típico del 50% (aproximado) de la raza humana que no ha desarrollado el tercer programa.

La enorme cantidad de tiempo que la población emplea en ver televisión, desde la infancia en adelante, la expone a una sobrecarga de información que facilita el trance hipnótico, en el que se pueden instalar las sugestiones de los patrones culturales que estimulan los reflejos del primer y segundo programas; a la vez que a los temas se les reduce el tono de sensibilización a estímulos que normalmente provocarían una reacción enfrentar-evadir, como la agresión, pobreza, hambre, tragedia, manipulación, injusticia, abuso, delincuencia, violencia y asesinatos. Los medios de comunicación son, por tanto, un inmenso y poderoso mecanismo de control, Ya sea que se utilice de esa manera conscientemente o no.

El programa semántico nos permite subdividir las cosas y reconectarlas a nuestro gusto. Este etiquetado y envasado de la experiencia es interminable. A nivel histórico, este es el momento vinculante de la función descrita por Korzybski, que le permite añadir a cada generación nuevas categorías a nuestra biblioteca mental. Esta es la dimensión vinculante. Einstein sustituyó a Newton antes de que la mayor parte del mundo hubiese oído hablar de Newton; la simple aritmética dio a luz al álgebra, que a su vez dio origen al cálculo, etc. El proceso, sin embargo, se va acelerando al paso del tiempo, porque la capacidad de simbolizar se expande en sí misma. Del mismo modo se trasmiten las pautas culturales, por lo que muchos pensamientos existenciales son socialmente impensables, ya que, (a) todo el mundo que compone una sociedad determinada comparte poco de la misma impronta semántica y, (b) la sociedad está condicionada cotidianamente por supuestos que se dan por sentados.

Cuando alguien hace un nuevo mapa semántico, construye un nuevo modelo de la experiencia; esto siempre produce una profunda conmoción en aquellos que siguen atrapados por las antiguas improntas mecánicas; así que generalmente a éste, se le considera una amenaza para el territorio (espacio ideológico). La larga lista de mártires, defensores de la libre investigación, demuestra lo mecánico de este temor hacia las nuevas señales semánticas.

En la neurología de bio-supervivencia no existe el tiempo; decimos “De pronto me encontré haciendo esto”, después de haber pasado por un reflejo automático de bio-supervivencia. El programa emocional inicia cuando incluimos como factor al tiempo; usualmente nos agobiamos al tener que tomar decisiones emocionales; esto nos hace conscientes del tiempo en tanto que dudamos. Los dos primeros programas se basan en la retroalimentación positiva; mantienen la homeostasis (vuelven cíclicamente a un punto fijo, como un termostato).

El programa semántico vinculado al tiempo, es un mecanismo de retroalimentación negativa. No busca un estado de equilibrio, sino que busca constantemente un nuevo equilibrio a un nivel superior, una meta en movimiento, como si fuera un misil guiado. El tercer programa siempre ha sido severamente castigado por las normas, leyes, prohibiciones, tabúes, etc., ya que rompe los ciclos constantes de la cotidianidad humana y amenaza los intereses creados. Muchos de estos tabúes son inconscientes y se transmiten a sí mismos como “sentido común” o “elemental decencia”.

En el programa semántico, el tiempo se vuelve un concepto así como una experiencia. Nos reconocemos a nosotros mismos como receptores de los mensajes de los sabios antiguos y también como potenciales transmisores de mensajes que pueden ser considerados en épocas del futuro.