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P S I C O L O G Í A     ●    F I L O S O F Í A     ●    E S P I R I T U A L I D A D
P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


Indice



Psicología Transpersonal




La mayor parte de las psicologías y psicoterapias están interesadas únicamente en la personalidad. En los últimos años surgió una variedad de la psicología conocida como “Psicología Transpersonal”, que combina, o posiblemente reintegra, la psicología y la personalidad, con la teología y el alma. Dos disciplinas y dos conceptos que habían sido claramente separados por nuestro materialista mundo occidental, pero que anteriormente, solían ir juntas. Por cierto, en los inicios del Cristianismo, había una colección de libros escritos por diferentes autores que utilizaban Philokalia como nombre genérico, en los que describían la psicología y la iluminación mística; este conocimiento fue la base de la Gnosis, que fue la fuente para muchas de las ideas de Gurdjieff. El propio Freud, en realidad escribió acerca de la psique en términos de “alma”, pero su alemán, al traducirse, fue deformado para adecuarse a los términos de la audiencia “científica” de la sociedad anglo americana.

En la psicosíntesis, que fue desarrollada por Assagioli en los años treintas, se plantea que una persona tiene personalidad y también es un alma. Sin embargo, las personalidades en el mundo nos resultan obvias a todos; pero las almas están presentes sólo para aquellos que tienen ojos para verlas. El punto de vista de la síntesis de Assagioli, es tomar más y más conciencia del alma, no solamente de la propia, sino también de la de los demás. Su perspectiva, y la de la mayoría de las disciplinas espirituales, es que el alma es fundamental y eterna, y la personalidad, aunque necesaria para estar en el mundo, es relativamente superficial y cambiante.

El alma en este contexto es la casa, el “movedor inamovible”, la fuente de vida no creada; mientras que la personalidad está llena de contenidos, respuestas aprendidas, y es dinámica. El alma puede no ser reconocida por mucha gente de forma explícita; la naturaleza de esa barrera y como removerla para “iluminarse” o “despertar”, es un área que examinaremos con detalle en capítulos posteriores.

En los siglos XVIII y XIX, antes de Freud, desde los valores de la Ilustración y la idea del progreso, se asumió que el ser humano se estaba convirtiendo en un ser más racional y completamente civilizado. Fue esa asunción la que Freud cuestionó con su habilidad para discernir acerca de los procesos inconscientes de las personas. Él vio el significado de los sueños como un proceso de comunicación entre el consciente y el inconsciente; lapsus, actos fallidos, emociones irracionales, conductas inapropiadas y enfermedades manifiestas en la vida cotidiana, empezaron a ser reconocidas como efectos de procesos que tienen lugar más allá de nuestra conciencia. Muchos fenómenos que no encuentran explicación hasta la fecha, se explican como síntomas del conflicto entre la fuerza de la “libido” (sexual), las fuerzas del “Id” (el impulso de la fuerza de vida del ser fundamental), y el “súper ego” (la conciencia adquirida), percibida por el “ego” (la parte del Id que se separa al principio, en el desarrollo, para formar una personalidad independiente: “la cara hacia el mundo”).

Hay cinco partes principales en nuestra psique: Conciencia Superior - es la que se da cuenta de que se da cuenta; Conciencia Normal: darse cuenta en el mundo cotidiano - ser, percibir, relacionarse; y en el mundo interior: pensamientos, conceptos, actitudes, decisiones, imágenes, memoria emocional, sensaciones y sentimientos. Los dominios que se encuentran debajo de la conciencia normal: el Pre-consciente - una interfase de la mente consciente que, cuando es evocada por el interés y el compromiso emocional, va y busca información relevante en el subconsciente; el Subconsciente - contiene los impulsos poderosos del amor y del miedo, y los programas por cuyos motivos se deciden las acciones que llevamos a cabo; y el Inconsciente - el Ser Fundamental, que contiene un registro de todas las sensaciones que el individuo ha registrado desde su concepción y su línea evolutiva antes de esta. También contiene programación genética que nos dota de los estímulos más fuertes para la supervivencia (apegos y expresiones comunes a toda la humanidad), que producen la energía de las emociones que a su vez controlan el flujo de las energías de la libido, y los esfuerzos involucrados en el movimiento y la percepción con el cuerpo físico.

La Conciencia Superior es la esencia del ser, el Self Superior. Es el centro desde donde nos damos cuenta y se desarrolla a través del auto conocimiento. El Self Superior es el “darnos cuenta de que nos damos cuenta”, de lo que el “Yo” mental (ego) es un pálido reflejo. Ha habido un reconocimiento a través de la historia de la humanidad de que es posible desarrollar una capacidad más elevada del darse cuenta, más allá de la experiencia de los estados normales de conciencia, reconocida en los sueños, en las experiencias psíquicas y religiosas, y en la interioridad y creatividad de toda índole.

Usualmente, para nuestra frustración, son momentos breves y poco frecuentes, pero está claro que con el estudio y el esfuerzo adecuado, la gente puede aumentar su capacidad del darse cuenta, a través de lo cual, el campo de la conciencia se vuelve más y más observado por el Ser Superior, que ya no permanece dormido; así, el comportamiento ya no está determinado solamente por los condicionamientos. El Ser se da cuenta de la diferencia entre su propia motivación, y aquella que ha sido aprendida, adquirida o instalada genéticamente y por condicionamiento; ahora se da cuenta de lo que está haciendo y lo hace. La energía y la atención atadas por los nudos de la inconciencia se vuelven conscientes, al tiempo que la verdad es validada y la falsedad es descartada.

El segundo aspecto de la psique, la Conciencia Normal, es nuestra realidad cotidiana, interna y externa, que se ve arrastrada por fuerzas más poderosas que nosotros y que no alcanzamos a entender, sean estas biológicas, psicológicas o sociales, como el incesante flujo de sensaciones, imágenes, pensamientos, sentimientos, deseos e impulsos que podemos observar, analizar y juzgar.

Cuanto menos se dé cuenta la persona, será menor su campo de conciencia y su funcionamiento será más automático. La mayor parte de las personas transcurren a la deriva en la superficie de esta “corriente mental”, y se identifican con su oleaje y con los cambiantes contenidos de sus conciencias. Así, la conciencia es usualmente irreflexiva, sin darse cuenta, determinada por las abundantes fuerzas personales y sociales que nos han dado forma: la programación cultural que nos moldea en un “trance por consenso” hacia un comportamiento automatizado y robotizado. En este hipnotizado, estado medio-dormido, poseídos por el condicionamiento de nuestro pasado, parecemos, casi por completo, un producto de nuestra herencia genética, de nuestro entorno personal y de la sociedad en la que vivimos.

La mente consciente contiene todo lo que uno sabe y esa información la tenemos disponible en cualquier instante. Esta información está bien ordenada e interconectada de manera lógica. Las características de esta mente “analítica” son invaluables para el aprendizaje, para poner las cosas en orden y para probar ideas. Por otro lado, la mente conciente tiende a ser inhibida por la misma cualidad que la hace tan útil: busca tener la razón.

Esta parte de la personalidad, la materia de estudio de la psicología cognitiva y del comportamiento, puede fácilmente, sin reflexión, ser considerada como un todo, pero el desarrollo de la psicología profunda y los descubrimientos de la Psicología Transpersonal en este siglo, han puesto en claro que ese nivel de conciencia es sólo parte del todo.

La tercera parte, el Pre-consciente, es la antesala de la conciencia, donde nuestras diferentes experiencias son asimiladas, nuestra actividades mentales e imaginativas son elaboradas y desarrolladas en una especie de interacción y gestación psicológica, antes de que nazcan a la luz de la conciencia. Si la conciencia se comparara con un foco, el pre-consciente es todo lo que se encuentra dentro de su haz de luz, pero que no está iluminado por el momento.

Es real y accesible para la persona. Incluye material del subconsciente que ha sido reactivado (estimulado y puesto en acción debido a una semejanza o relevancia de las circunstancias o pensamientos del pasado en el presente). El pre-consciente es como un archivo listo para resolver problemas, Mira por sobre del hombro de la conciencia: cuando un problema es evaluado, busca pistas en el subconsciente que considere relevantes.

Su criterio para establecer la relevancia no siempre parece serle lógico a la conciencia, y por lo tanto “el encargado de los archivos” aprende a censurar cierto tipo de información del subconsciente, previniendo que surja a los niveles de la conciencia. Este “censor” opera por debajo de la conciencia; consecuentemente, no es posible abrir la mente al subconsciente con tan solo resolver el que no bloquee las señales; las defensas deben ser reconocidas primero, descubierta la razón para su existencia, y el censor del pre-consciente debe ser reprogramado antes de que esto sea posible. Esto requiere de un procedimiento de profunda introspección.

El interés, el compromiso emocional y el deseo por resolver el problema, hace que el pre-consciente trabaje con los contenidos del subconsciente (y también a través del subconsciente hacia el inconsciente), y los resultados, eventualmente, regresan al nivel de la conciencia si es que no han sido previamente censurados. La intuición nos permite un reconocimiento inicial, por debajo del nivel de la conciencia, que opera en el conducto adecuado y produce una señal sensible al incrementar la excitación, lo que ocasiona que la mente consciente ponga atención a toda la periferia de la conciencia, para escarbar un poco y sacar la información. Dado a la señal que emana de esta energía, puede ser registrada por aparatos como el biofeedback, el péndulo sostenido o los galvanómetros que miden la resistencia en la piel, con los que podemos ayudarnos a reconocer nuestra intuición.

El Subconsciente, es esa parte de la mente de la cual la persona no se da cuenta, la que permanece fuera de su control, aquello que Jung identificó como La Sombra. Las funciones del subconsciente incluyen antecedentes vitales en la actividad psicológica, tales como la integración de nueva información y la reprogramación cuando ha sido necesaria -una función que se refleja en los sueños-, y la coordinación del conjunto de patrones de comportamiento que la mente consciente puede dejar “en piloto automático”, liberándola para concentrarse en las tareas que necesita resolver en el momento.

El subconsciente contiene las experiencias emocionales y cognitivas de toda una vida, sean agradables, ordinarias o traumáticas. Sus contenidos son extraídos por el pre-consciente cuando a este le parecen relevantes. Es una reserva de información tan vasta y rica, que a la mente consciente le resulta increíble. Sus contenidos no pueden ser alcanzados por el consciente mediante los métodos del análisis psicológico, pero sí con la ayuda de los aparatos de biofeedback, que logran evitar la censura del pre-consciente.

El aspecto “Sombra” de la mente del subconsciente, incluye las raíces de las fobias, obsesiones, compulsiones y engaños; así como complejos cargados de intensas emociones. Estas se desarrollaron en respuesta a las circunstancias del pasado y se utilizan en el presente cuando son reestimuladas por circunstancias similares; esto sucede fuera del control de la conciencia y de manera irracional. Un proceso mental “reactivo”, ya que la memoria de las circunstancias originales, generalmente dramática, acompañada por los miedos, usualmente se reprime, dado que resulta incómodo y doloroso reexaminarlas.

El Inconsciente contiene los impulsos fundamentales para la supervivencia y todos los instintos primitivos (incluyendo las memorias genética y de raza), que hacen posible el funcionamiento de la mente como un todo. Contiene todos los registros kinestésicos que operan el cuerpo (sentimientos, sensaciones y sufrimientos) y está integrado al cuerpo, al cual controla y coordina: es “la mente del cuerpo”. También contiene el nivel más profundo del Self: las experiencias fundamentales (primitivas), y las memorias y decisiones de esta vida, desde la concepción en adelante. Todo esto emerge a la conciencia de manera simbólica en el contexto de los sueños y en los patrones de comportamiento reconocibles en retrospectiva.

El propósito del trabajo psicoanalítico es desvelar su contenido a la luz de la conciencia. El quehacer de Jung respecto a los sueños y la simbología mitológica, jugó un papel decisivo en el descubrimiento del increíble mundo del inconsciente, y la existencia de los arquetipos: modos de ser programados en el inconsciente, que le dan forma al Self fundamental. Su trabajo también expuso las dimensiones transpersonales que van más allá de los estereotipos raciales, y la necesidad de trabajar a través de los materiales primitivos y arquetípicos, para diferenciar e individualizar al Self Superior: espiritual, no genético, meta- self.

Tanto el trauma primario del inconsciente, como el trauma secundario del subconsciente, están conectados con la “mente-cuerpo” a través de una estrés muscular crónico o “armadura defensiva”, que mantiene al cuerpo preparado para reaccionar ante la disyuntiva de “enfrentar-evadir”. Esto ocurre cuando una experiencia ha sido demasiado dolorosa para ser reconocida, y su recuerdo resulta incómodo, por lo que mejor se reprime. Al ignorar la experiencia, esta se transforma en rencor y persiste. Aunque el estrés pudo haber sido útil en su momento, luego puede convertirse en un estorbo. Dada su naturaleza permanente, mantiene el trauma original a través de la re-estimulación (aunque la sensación original y la forma de reconocerla hayan sido reprimidas). Asimismo, tanto las reacciones cognitivas como las emocionales, pueden haber sido racionales en el pasado (debido al instinto de supervivencia), pero si son representadas en el presente sin una correcta apreciación de la realidad, se convierten en la causa fundamental de comportamientos irracionales e inapropiados; de emociones negativas y enfermedades; por lo que se tornan en los principales objetivos del proceso psicoterapéutico.

Dado a que las funciones del cuerpo-mente funcionan de manera interactiva, el trabajo en la Psicología Transpersonal a veces requiere de una variedad de técnicas para resolver el problema. Los síntomas físicos (presión arterial alta, úlceras, falta de energía, etc.) surgen por el estrés, traumas reactivados, trabajo en exceso, ansiedad relacionada con la competencia, amenazas e inseguridad en el trabajo, actitudes rígidas relacionadas con el perfeccionismo y el miedo a fallar.

Basadas en una baja autoestima, debido a no haber sido lo “suficientemente buenos” para los padres y otras figuras dominantes, estas dependencias neuróticas hacia los otros entran en conflicto con el impulso a ser independientes y autorrealizados. El masaje psicoterapéutico se debe recomendar para desarrollar el darse cuenta de los actos fallidos y las emociones reprimidas, y así ayudar al cuerpo a relajarse y aliviar los traumas.

Consciousness

El diagrama ilustra la estructura de la mente en término de niveles de conciencia. La ayuda dirigida a cualquiera de sus niveles, afectará el funcionamiento de los demás -el poder de los miedos e impulsos del subconsciente afectan la salud física, sentimientos, creencias y comportamientos- por tanto, lo más eficaz es hacer un acercamiento holístico. El Sistema de la Psicología Transpersonal toma en cuenta esta estructura; las técnicas profundizan, progresivamente, más y más a fondo, hacia el núcleo del Self dentro de la realidad Transpersonal, que es la esencia de la humanidad. La progresión debe ser la correcta para garantizar un trayecto seguro y efectivo. Como las capas en una cebolla, el comportamiento queda expuesto, y debe ser visto y confrontado. Este acercamiento al manejo del área de alta reactivación en el tiempo presente, es fundamental en las consultas y el sistema de entrenamiento de la Psicología Transpersonal. Sin embargo, no encuentra ningún beneficio en “escarbar” en el inconsciente. Cuando este brota a la superficie y se encuentra reactivado en el tiempo presente, es en el pre-consciente donde debe ser tratado. Las técnicas de la Terapia Primal y del renacimiento, escarban buscando material traumático al azar, por lo que dejan mucho de este sin asimilar en el camino con sus correspondientes cargas reactivadas, lo que termina por construir una persona desestabilizada.

Siguiendo la pista de Bruer y Freud en su práctica psicoanalítica, se ha encontrado que el reexperimentar conscientemente y confrontar una experiencia dolorosa, si se realiza con el rigor suficiente como para lograr que el paciente la acepte, sirve para despojarla de su poder corrosivo. Se libera la energía utilizada para reprimir el dolor, y así, el paciente recupera la capacidad de reevaluar las decisiones tomadas en el pasado relacionadas con esa experiencia y pone en evidencia las mentiras con las que estaba viviendo. Por supuesto esto no es posible sin un acercamiento gradual, para facilitarle al paciente la capacidad de analizar la experiencia en plena conciencia.

Freud reconoce que tales incidentes dramáticos tienden a operar en secuencias: la experiencia traumática original recarga experiencias semejantes posteriores.

Para ser capaces de quitarle la cargar a una experiencia original, los incidentes posteriores que la reactivan deben ser observados desde un principio. Por tanto, al trabajar con el incidente más reciente, la memoria debe ser reactivada para observarlo en el momento presente, y desde ahí enfrentar el incidente original, de tal manera que pueda ser reexaminado y confrontado por completo, para que gradualmente se le pueda remover la dolorosa carga emocional. Hecho esto, las decisiones y los postulados expuestos de una manera racional, deben ser adecuados al tiempo y circunstancias del presente.

La energía de la “carga”, que ha sido utilizada para reprimir ese molesto material y mantenerlo alejado de la conciencia, puede ser detectada en tanto que produce una resistencia en la piel, y esto se puede medir por un psicómetro (galvanómetro que mide la resistencia en la piel). Este monitoreo por el aparato de biofeedback (en inglés) puede utilizarse en psicoterapia para ayudar a detectar el material “cargado” reactivado en el pre-consciente.

Jung, para ayudar a aclarar el proceso inconsciente del pensamiento, primero utilizó el método de analizar respuestas a un listado de palabras, articulando una certeza que de otra manera no se podría lograr con la penetración del análisis. Al utilizar el medidor, se logra una eficiencia en el análisis superior a la de las técnicas psicoanalíticas de cuestionamiento profundo y asociación libre. El analista no tiene por qué dedicar años probando a ciegas para encontrar la raíz del problema. Cualquier cosa que revele el medidor, proviene del conocimiento de la persona, el Self Superior, y está relacionado a los contenidos del subconsciente, aunque fuera del alcance del darse cuenta del consciente. (El medidor sólo mide las reacciones de energía, no juzga por su cuenta, ni distingue lo correcto de lo errado).

Un principio básico del psicoanálisis de Freud, es que estamos limitados a realizar solamente una fracción de nuestro potencial verdadero, debido a los contenidos negativos que tenemos reprimidos en la mente que provocan respuestas emocionales reactivas: miedos, resentimientos, motivaciones y aversiones.

A pesar de que mucho de estos contenidos hayan sido apropiados en el momento en que se originaron, durante la niñez, pierden su validez ante la perspectiva de la mente de un adulto. Cuando los contenidos son confrontados y hechos conscientes por la mente adulta, se disuelven y pierden la capacidad de reprimir el pensamiento y las acciones; de ello se produce una liberación positiva de energía creativa.