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P S I C O L O G Í A     ●    F I L O S O F Í A     ●    E S P I R I T U A L I D A D
P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


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Sexualidad




El cuarto programa nos hace ser aun más conscientes y estar más presionados por el tiempo. Este es el “moral” programa socio-sexual. Su función principal es formar una personalidad de “adulto”; un padre que se preocupa por la siguiente generación de la especie. En lenguaje mental esto significa planeación, esperanzas y aspiraciones. En el lenguaje de los místicos significa tener “apegos” y “estar atrapado en la rueda del karma”.

El cuarto programa se encuentra en el neo-córtex izquierdo, la parte más nueva del hemisferio izquierdo. Está conectado neurológicamente con los órganos genitales y los senos, y es activado e impreso en la adolescencia, cuando el aparato sexual vuelve a despertar después de un período latente en el que el programa semántico se estaba desarrollando. El adolescente se convierte en poseedor desconcertado de un cuerpo nuevo, con un nuevo programa neurológico orientado al orgasmo y la fusión del esperma-óvulo, por lo que la vulnerabilidad de la impronta es aguda. Las primeras señales sexuales para activar este sistema tienden a definir la realidad sexual del individuo. Otras impresiones de la época (la moda, la moral y los fetiches) tienden a definir a esa persona como miembro de su “generación”.

Al igual que la ansiedad o seguridad del programa de bio-supervivencia, éste está condicionado por los accidentes de la dominación y sumisión emocional en el período de lactancia, el del período donde aprendemos a caminar y los ocurridos por nuestra habilidad o “estupidez” simbólica en el periodo de aprendizaje. Las opciones por la heterosexualidad, homosexualidad, promiscuidad, timidez sexual, etc., suelen ser condicionadas por accidentes similares (incluidas la casualidad, la genética y la malicia) en ese momento.

La mayoría de los seres humanos -no debido a los accidentes descritos- condicionan la impronta al rol social-sexual que demanda su sociedad. Esto puede ser descrito como el programa de culpabilidad: casi todo el mundo prefiere ocultar su verdadero perfil sexual y actuar el rol aceptado para su género en su cultura. Las impresiones sobre este programa son afectadas por necesidades insatisfechas de los tres programas anteriores, de modo que las tendencias oral y anal tengan oportunidad de expresarse. La información falsa, malentendidos y pensamientos distorsionados adquiridos, también se integran en este nuevo programa.

La impronta en este programa, es la que suele llamarse “personalidad madura”, un punto de vista de “adulto”, y corresponde a un súper ego desarrollado que toma el relevo del Padre de la infancia. Calculo que sólo un 10% de la raza humana está conformada por “adultos responsables e inteligentes”, con los programas tercero y cuarto racionalmente desarrollados, a quienes los parámetros de primate predominantes en la sociedad humana les parecen absurdos, inmorales y cada vez más restrictivos.

Una vez formulada, “la moral” no sólo sirve para controlar la impureza genética, sino también como freno a la innovación semántica. Cualquier cosa nueva que nos conduzca fuera del mito del tiempo cíclico hacia una revolución lineal y progresiva del tiempo, inmediatamente es clasificada como “inmoral” o “equivocada”. Del mismo modo, la persona promedio, es filosóficamente más “abierta” y curiosa antes de haber escogido el rol sexual de la paternidad. Después de la reproducción hay menos especulación intelectual, porque la supervivencia del status quo se vuelve fundamental. Por lo tanto, el tercer programa tiende a sacarnos del tiempo cíclico tribal, y nos conduce a un concepto de tiempo lineal y progresivo; pero el cuarto programa nos regresa al ciclo de nuevo (a través de las ya mencionadas sanciones, prohibiciones, tabúes, etc.) Así pues, la cultura (y el desarrollo del individuo) se convierten en una máquina perpetua de cuatro etapas. Sólo la naturaleza semántica de tiempo vinculante (crecimiento progresivo del conocimiento) permite un avance, aunque con un impulso conservador.

Es interesante observar que Freud reconoció el primer programa como etapa oral, el segundo como etapa anal, y el cuarto como etapa genital. No se dio cuenta del tercero, - programa semántico - tal vez porque como obsesivo racionalista estaba tan absorto en los programas verbal y conceptual, que le fue invisible, como puede ser el agua para los peces. Del mismo modo, Jung describe el primer programa como la facultad de percibir, el segundo como la facultad de sentir, el tercero como la facultad racional, y se salta el programa sexual por completo, por no haber sido capaz de compartir la visión de Freud sobre el énfasis sexual. Jung entonces integró los programas superiores bajo la etiqueta de intuición.

La forma más fácil de conseguir un lavado de cerebro, es nacer. El programa de bio-supervivencia automáticamente se vincula con la madre o el objeto materno más adecuado; el programa emocional-territorial busca un “rol” o identificación del ego en la familia y la cultura; con el programa semántico aprendemos a imitar y después a utilizar los sistemas simbólicos locales; el programa socio-sexual se condiciona por cualquier experiencia en la búsqueda de compañía sexual desde el inicio de la pubertad. Cada uno de estos programas puede ser reajustado por nuevos condicionamientos integrados en los momentos de mayor vulnerabilidad, ya sean estos inducidos por las circunstancias o por uno mismo.

El universo es, obviamente, suficientemente extenso y complejo, en cambio el ego, es lo suficientemente centrado en sí mismo como para que todos esos túneles de realidad puedan “dar sentido” a aceptar los condicionamientos. La mayoría de estos túneles de realidad contienen elementos tan absurdos que cualquiera que no esté condicionado por ellos los mira con asombro y consternación, preguntándose “¿Cómo es posible que una persona racional (o pueblos), crean tales tonterías?”

En este proceso cada uno de nosotros paga un precio muy alto. La supervivencia y el estatus significan perder las posibilidades ilimitadas de una conciencia no condicionada. Dentro de este túnel de realidad, la persona está utilizando sólo un pequeño fragmento de los potenciales para vivir la experiencia y la inteligencia innata en la súper potente biocomputadora humana; por no mencionar el potencial de la conectividad de la red a los niveles transpersonales de conciencia. Como Robert Henlein escribe:

Un ser humano debería ser capaz de cambiar un pañal, planear una invasión, destazar un cerdo, diseñar un edificio, tripular un barco, escribir un poema, hacer cuentas, cantar, bailar, jugar, seducir, construir un muro, arreglar un hueso, confortar a los moribundos, tomar órdenes, dar órdenes, cooperar, actuar por sí solo, resolver una ecuación, analizar un problema nuevo, saber quién es, programar una computadora, cocinar una comida sabrosa, luchar con eficiencia, morir gallardamente. La especialización es para los insectos.
Pero mientras permanezcamos en los antiguos programas no seremos muy diferentes de los insectos. Esto es, igual que los insectos repiten su programa de cuatro fases (huevo, larva, crisálida, adulto) de generación en generación, nosotros también repetimos nuestro ciclo de cuatro etapas.

Los cuatro primeros programas, en general, son conservadores. Garantizan la supervivencia y la continuación de la especie, pero nada más. Para seguir evolucionando, tenemos que desarrollar nuevos programas, y para ir más allá de los programas, la clave está en la apertura de la conciencia en el hemisferio derecho, para cuyo propósito se han desarrollado las técnicas de la Psicología Transpersonal.