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La Personalidad del Niño




Una característica destacable de la humanidad, es el largo periodo de desarrollo que precede a la adultez. Subyacente al funcionamiento de todo adulto, reside una compleja historia personal relacionada con su infancia y su adolescencia.

Los seres humanos somos criaturas dinámicas llenas de contradicciones. Experimentamos problemas, conflictos y miedos, así como alegrías; aburrimiento y satisfacción. Los traumas dentro de la personalidad pueden verse con claridad en la expresión incontenible de las emociones en los niños, o en la lucha por adquirir identidad en los adolescentes. Posteriormente, al transcurrir la vida, estas expresiones se vuelven más controladas o se reprimen en el subconsciente, pero no pierden su poder.

El niño vive en un mundo en el que no distingue la fantasía de la realidad, los miedos y los conflictos generados son más intensos al exagerarse por estar sujetos a una mayor distorsión. ¿Qué tan probable es que experiencias de tal magnitud simplemente se desvanezcan? Lo más probable es que se interioricen y formen parte de la personalidad desarrollada. Las ansiedades en el adulto encubren los residuos de los miedos insertos en memorias emocionales de conflicto.

Más allá del desarrollo primitivo del cerebro-mente durante los primeros años, la personalidad esencial del niño tiene cualidades transpersonales, aquellas del Self Superior. Esta cualidad puede distorsionarse en el transcurso de la vida, en particular aquello relacionado con la indefensión en la infancia. Por ejemplo, el rechazo de sus esfuerzos por ser tomado en cuenta, en un ambiente falto de comprensión, puede provocar una actitud defensiva de reprimirse y tener miedo, dejando a la persona con una imagen interna de “niño atemorizado” que puede surgir en cualquier momento, incluso cuando la vulnerabilidad original ya no existe, o puede permanecer como una parte estructural de su carácter y convertirse en una minusvalía por el resto de su vida.

El impulso primario de “supervivencia” puede subdividirse en ocho campos:

  1. 1) La supervivencia de la personalidad propia
  2. 2) Supervivencia a través de la sexualidad y la familia
  3. 3) Supervivencia a través de la pertenencia a un grupo
  4. 4) Supervivencia a través de la raza humana
  5. 5) Supervivencia a través de todas las formas de vida de este planeta
  6. 6) Supervivencia a través del universo físico
  7. 7) Supervivencia a través de cualidades espirituales, los valores y la estética
  8. 8) Supervivencia a través de la conciencia universal (visión oriental), o a través de la compasión de Dios (visión occidental).
Assagioli consideró que este impulso trasciende la supervivencia y busca la creatividad, es decir, proveniente de la causalidad del Self Superior. Tomados en conjunto, estos son impulsos hacia la realización y el crecimiento personal. Sin embargo, es la interacción de las cualidades transpersonales y genéticas innatas la que influye en las características de la personalidad individual. Para recuperar el impulso creativo del Self Superior, deben tomarse en cuenta estos factores.