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P S I C O L O G Í A     ●    F I L O S O F Í A     ●    E S P I R I T U A L I D A D
P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


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Padre - Adulto - Niño




El subconsciente condiciona aquello que las personas conflictivas suelen hacer, dados los comportamientos aprendidos en la infancia. Desde la infancia hasta la vejez, los conflictos interiores nos confrontan. Desde edad temprana, el niño juega un papel muy activo en su propio entorno, aprendiendo a una velocidad fantástica, especialmente a través del juego. Pero los padres y otros a su alrededor, buscan influenciar su aprendizaje hacia patrones de comportamiento que complacen sus propias necesidades, lo cual termina por crear un conflicto. El natural sentido de agresión se habrá reprimido y ahora se hace presente en una variedad de formas, como represión de uno mismo o de otros (las personas proyectan en el mundo exterior aquello que reprimen en sí mismos). Eric Berne desarrolló un análisis muy útil, respecto a las divisiones de la sub-personalidad que todos tenemos en común. Los cambios entre uno y otro de estos estados se manifiestan en actitudes, apariencia, palabras, gestos y expresiones corporales.

El primero de estos estados, el “Padre”, es una identificación no cuestionada de los registros repetidos de eventos externos impuestos, percibidos durante los primeros cinco años de vida. Particularmente los padres y todo lo que el niño los vio hacer o decir, incluyendo la dimensión no verbal expresada en el tono de sus voces, expresiones faciales, abrazar o no abrazar. Los miles de haz esto, no hagas esto, se registran como la verdad que proviene de la fuente de toda nuestra seguridad, la gente mayor a la que al niño pequeño le es tan importante complacer y obedecer. Conducta que estará disponible para ser reproducida a lo largo de toda su vida. Parte de ello, entre las figuras Madre, Padre, Maestro y Sacerdote, por supuesto es inconsistente o contradictorio.

Al mismo tiempo, otro registro de sucesos internos se está llevando a cabo: las respuestas del pequeño hacia lo que ve y escucha. Cuando se repiten, la persona en su identidad de “Niño”, vuelve a sentir la misma emoción que se produjo en la circunstancia original, y se da cuenta de las interpretaciones verdaderas o falsas que le otorgó a esa experiencia. Lo que vio, escuchó, sintió y comprendió.

Dado a que el pequeño no tiene vocabulario durante sus primeras experiencias, muchas de sus reacciones son sentimientos, pero cuenta con maneras naturales de expresarlos, experimentar el movimiento y descubrir. Por otra parte, existe la demanda de los padres de que renuncie a que su necesidades básicas sean satisfechas a cambio de contar con su aprobación. Esta aprobación, que puede desaparecer tan pronto como aparece, es un misterio inexplicable para el niño, que no ha logrado hacer ninguna conexión entre causa y efecto.

El subproducto predominante del frustrante proceso civilizador, son las emociones negativas. Este registro permanente es el residuo inevitable de haber sido niño, así haya sido hijo de amables, amorosos y bien intencionados padres (no digamos en caso de que hayan sido crueles y abusivos). Como en el caso del Padre, el Niño es un estado al que la persona puede ser transferida en cualquier momento, dada la correspondiente reactivación ambiental que recree las circunstancias de la infancia, acarreando los mismos sentimientos que tuvo entonces (que, por supuesto, también pueden haber sido agradables). Tan pronto el niño ingresa a la escuela, empieza a utilizar sus identidades de Padre y de Hijo para relacionarse con los demás, lo que conlleva un efecto de reforzamiento.

Desde los diez meses el niño ha descubierto que es capaz de hacer cosas que provienen de su pensamiento y del darse cuenta. Este desarrollo en forma de juego, aprendizaje y comunicación, es el origen de el “Adulto”. La información de adulto se acumula tan pronto se da cuenta por sí mismo de aquello que es diferente respecto a la vida de aquello que le ha sido enseñado por los Padres y lo que ha sentido como Niño. El Adulto elabora un “concepto pensado” de la vida, basado en sus propio acopio de información y como la procesa. El Adulto, el “Yo” haciendo uso de su mente analítica, comprueba la información de los Padres para validarla, y revisa los sentimientos del Niño para actualizarlos en el presente.

La creatividad nace de la curiosidad en el Niño. El Niño provee el “quiero”, y las directrices de los Padres, o alternativamente, las conclusiones del Adulto auto-determinado, proveen el “como”. Una vez revisadas, estas conclusiones se convertirán en parte de una estructura de creencias, liberando en el Adulto su expresión creativa. Pero si se aceptaron las directrices negativas de los Padres, puede que se repriman la creatividad y la libertad para adoptar la perspectiva de un Adulto.