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Sub-personalidades




Bajo estrés, el Adulto puede perder sus cabales, al grado en el que el Padre o el Niño tienen que hacerse cargo, reaccionando de manera inapropiada. Estos han sido reactivados de manera incontrolable por situaciones similares a las improntas que la originaron; el “Yo” se identifica con la visión del Padre o del Niño: la de imponerse o ser impuesto; dominar o ser dominado; oponerse o sufrir oposición. La mayoría de las personas, en sus transacciones, compulsivamente y sin saberlo, caen en las sub-personaliades del Padre o del Niño.

En términos Freudianos, el comportamiento del individuo está determinado por las fuerzas del “Id” (los impulsos instintivos del inconsciente, la incontrolada pasión del niño, los requerimientos poco elaborados del pensamiento primitivo), bajo el control de la función consciente del “ego”, que a su vez ha sido modificado por la creación de un ego-ideal o “superego”, un modo aprendido de control sobre el ego que consiste en un sistema consciente de creencias vinculado con arraigos del subconsciente. Como Freud dice: “El ego es la parte del id que ha sido modificada por la influencia del sistema de percepción-conciencia. El ego tiene la tarea de traer la influencia de la realidad externa hacia el id, y la tarea de sustituir el principio de realidad por el principio de placer. En el ego, la percepción juega el papel que en el id corresponde al instinto”.

El Niño entonces es el mundo de las emociones y del id; esto corresponde a los procesos del lado derecho del cerebro. El Padre representa el mundo hipnótico de las órdenes, el superego que dirige su conciencia; esto corresponde al sistema de creencias verbales del lado izquierdo del cerebro, con componentes emocionales y traumáticos reprimidos del lado derecho del cerebro, y con raíces en la parte inconsciente primitiva de la zona baja del cerebro.

El Adulto, es el ego que ha madurado, el pensamiento racional y la libre expresión; esto corresponde al funcionamiento integrado de ambos hemisferios del cerebro en una comunicación interactiva no reprimida.

El estereotipo, la habitual combinación de todo esto, es “la persona”, el término de Jung para la máscara, que es la cara que uno presenta hacia el mundo. Esta máscara será intercambiada según el ego se identifique con una u otra de las sub-personalidades dominantes de su colección de identidades del tipo Padre o Niño para corresponder con lo que sus circunstancias le demanden. Tenderá a usar una máscara permanente a la que identifica como su personalidad, como “mí”, pero también otras máscaras temporales para corresponder a circunstancias particulares, que ni siquiera se da cuenta que posee y utiliza, dado a que estas se adoptan como una reacción desde el subconsciente.