Trans4mind
P S I C O L O G Í A     ●    F I L O S O F Í A     ●    E S P I R I T U A L I D A D
P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


Indice


next

El Hombre, ¿una máquina?




Una de las más insultantes y perturbadoras observaciones formuladas por Gurdjieff, fue afirmar que el hombre es una máquina. Lamentablemente Gurdjieff tenía razón; para efectos prácticos, somos máquinas en multitud de maneras aunque no lo reconozcamos. ¡Deberíamos sentirnos ofendidos!

Una persona puede parecer que actúa con inteligencia y de manera consciente, pero puede que actúe mecánicamente; “en automático”. Al pensar erróneamente que es consciente, la persona bloquea la posibilidad real de la conciencia. Gurdjieff constantemente hizo hincapié en que casi todas las consecuencias de la miseria humana suceden por el hecho de que nuestras vidas funcionan de manera automática, mecánicamente. Usted (su comportamiento, pensamientos y sentimientos) es el efecto de causas externas e históricas, en lugar de ser la causa, promotor de acciones deseadas.

Los problemas suceden cuando la realidad cambia pero reaccionamos con respuestas automáticas. Las identidades y las defensas se reactivan; y, aunque corresponden a los tiempos en que se habilitaron, suelen no corresponder a la circunstancias del presente. Cuando la situación se corresponde con un estereotipo, se reactiva una respuesta automática. Si usted está involucrado de manera emocional con un estereotipo (se siente superior, dominante o seguro), esto lo hace aun más rígido y le impide percibir que la realidad difiere significativamente. Los estereotipos habituales, como racismo, sexismo, clasismo, nacionalismo, y así sucesivamente, resultan ser muy costosos. Automatizan la percepción, las emociones, las ideas, las reacciones y particularizan las identidades; con frecuencia están asociados a multitud de situaciones, de tal manera que podemos permanecer perdidos por periodos prolongados (tal vez por toda la vida) viviendo en automático, asumiendo en pocas ocasiones el papel del Adulto maduro, el verdadero ser despierto.

El hombre es una máquina, pero una muy peculiar - na máquina que puede saber que es una máquina- pero al reconocer esto, puede encontrar las maneras de dejar de ser una máquina.

Antes que nada el hombre debe reconocer que no es una, sino muchas personalidades. No tiene un permanente e inalterable “Yo”, sino que permanece cambiando de una sub-personalidad a otra. Cada pensamiento, cada sentimiento, cada sensación, cada deseo, cada gusto, cada disgusto y cada creencia, son un “Yo”. Cada uno de ellos depende de la carga que proviene de las circunstancias externas y de la carga provocada por la impronta. Cuando una persona dice “Yo”, suena como si se refiriera a todo lo que es, pero en realidad, aun cuando considere que representa el todo, solo significa un pasaje, estado o deseo. En la mayoría de los casos, la persona cree que es el “Yo” más reciente que fue expresado mientras este dure: esto es, hasta que otro “Yo”, algunas veces poco relacionado con el que le precedió, decida expresar su opinión o deseo con más fuerza.

La ilusión de unidad del Ser, se crea en principio por la sensación de un cuerpo físico, después por un nombre y por una cantidad de hábitos mecánicos que le son implantados a través de la educación, o son adquiridos por imitación. Al tener siempre las mismas sensaciones físicas, ser llamado siempre por el mismo nombre y encontrar en sí los mismos hábitos que ha tenido, cree que siempre será el mismo.