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P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


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Miedo - La atadura al tiempo




Todo miedo es en esencia miedo al futuro. Tenemos miedo de las cosas que aun no han sucedido, pero que de haberlo hecho, nos hubieran causado dolor, sufrimiento o algún otro malestar. Tenemos miedo de que las circunstancias que ya están causándonos disgusto en el presente, se prolonguen en el futuro.

Podemos temer la pérdida de nuestro trabajo y su resultante disminución en nuestro nivel de vida, podemos sentir miedo ante la desaprobación que esto puede generar. Podemos temer la aburrición debida al poco quehacer, o a decir la verdad porque podemos no agradar a otros con ello. Tenemos miedo a lo desconocido debido a los peligros que pueden presentarse. Tememos lo incierto, al no saber lo que seremos y dónde nos encontremos posteriormente. He aquí una triste ironía: deseamos ser felices y estar en paz con nosotros mismos, sin embargo, la naturaleza del miedo nos pone ansiosos en el presente y no nos deja estar en paz.

Sin embargo, muchos de nuestros temores no son lo suficientemente fuertes como para que los encasillemos como miedos. Pueden ser sólo preocupaciones o pequeñas inquietudes sobre el resultado de las cosas. Quizá ni siquiera sean preocupaciones conscientes que en muchas ocasiones emergen únicamente en nuestros sueños, en conversaciones con amigos, o después de unos tragos; no obstante, llenan nuestra mente con pensamientos.

Esta es la voz que emerge dentro de nuestro cerebro y que interpreta, generalmente en tono crítico, todo lo que hacemos. Piensa, “hice aquello bien, la gente me aprobará”, o bien, “si tan sólo lo hubiera dicho de otra forma, ella no se hubiera enojado”. Es la voz que también especula sobre el futuro, “¿haré esa llamada telefónica… qué tal si?”. Preguntar sobre cómo piensan y reaccionan otras personas, es la voz del miedo, la voz del ego, esa parte de nosotros que cree que únicamente aquello que pasa en nuestro entorno es lo que nos puede traer paz. Pero mantener nuestra mente repleta de pensamientos sobre lo que otras personas pueden o no pensar, no es la manera más constructiva de utilizar nuestra imaginación.

Este diálogo interno nos mantiene atrapados en el tiempo, entre el pasado y el futuro, mientras nuestra atención se mantiene en estos dos momentos, no estamos experimentando las cosas como realmente son, sino mediante juicios del pasado y temores del futuro. En ocasiones podemos estar envueltos en nuestros propios monólogos y ni siquiera nos damos cuenta del presente. Ignoramos lo que está pasando a nuestro alrededor, no escuchamos lo que dicen las personas, y tampoco apreciamos lo que sentimos. Estamos tan absortos en nuestras preocupaciones que no realizamos ninguna pausa para permitir que las cosas se desarrollen y sean. Hemos perdido el momento presente: el AHORA.

Este preciso momento, es todo lo que existe. Este momento fugaz, es la única realidad, el pasado se fue para siempre, y el futuro aun no ha llegado.

Su cuerpo es el AHORA, pero si usted es como la mayoría de la gente, seguramente su mente está en el pasado o en el futuro, sufre o disfruta por eventos que sucedieron hace tiempo. Guarda resentimientos, culpa y vergüenza; malestares del pasado. Piensa en lo que pudo haber dicho o pudo haber sido, teme y fantasea sobre el futuro, se preocupa por cada momento perdido; sobre la muerte, al no haber tenido suficiente tiempo para alcanzar sus objetivos; el fin de su ego. Todo esto le separa del presente mediante una oscura pantalla.

Si traemos la mente a la actividad del momento, si calmamos el sonido de nuestra mente para focalizarnos en la realidad física que rodea nuestro cuerpo, y las sensaciones que sentimos, seremos capaces de experimentar gradualmente un bienestar. Efectivamente, sintonizarnos en el AHORA, nos abre una puerta a la percepción de la eternidad. El filósofo Ludwig Wittgenstein observó: “…, la vida eterna pertenece a aquellos que viven en el presente”. Al experimentar un momento en plenitud detenemos el tiempo, y este se define como el intervalo entre dos eventos. Cuando estamos en el AHORA no hay intervalo, se da sólo el evento.

El concepto del AHORA tiene gran validez cuando de emociones y sensaciones se trata. El AHORA es un punto en el que usted está en contacto con el proceso en curso. El pasado y el futuro se orientan continuamente desde el presente y deben relacionarse con él. Si no se tiene ninguna referencia del presente, ambos pierden significado.