Trans4mind
P S I C O L O G Í A     ●    F I L O S O F Í A     ●    E S P I R I T U A L I D A D
P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


Indice


next

Comunicación en la Terapia




El analista en la Psicología Transformacional juega un papel diferente al del psicoanalista Freudiano o Jungiano. Su papel es el de recibir la comunicación de su cliente de una manera no valorativa, sólo sugiriendo algunas cosas qué decir o hacer, cuando sienta conveniente ayudar con la exploración de pensamientos y sentimientos relacionados a un conflicto, es decir, “Intente decir cual podría ser una solución”, podría ayudar a revelar una defensa.

El tipo de cosas que el analista le pedirá al cliente que observe son las típicas: familia, sexualidad, disgustos, evasiones, compulsiones, inhibiciones, soledad, culpa, trabajo, creatividad, objetivos y propósitos, y así sucesivamente; en resumen, todo aquello en lo que está enfocada su atención en ese momento.

Antes que nada, el analista debe ser un experto en el manejo de los elementos básicos del ciclo de la comunicación, esas acciones que son necesarias para que una buena comunicación se lleve a cabo. En el entrenamiento, estas acciones son aisladas y practicadas hasta que el estudiante para analista sea capaz de manejarlas con eficiencia. El estudiante aprende a “estar aquí ahora” y desarrolla la capacidad de mantener la calma desde una neutralidad evidente, así sea provocado a una respuesta emocional. Él, es el “punto de recepción segura” para la comunicación del cliente, ya que se trata de información delicada y personal. Cualquier invalidación hasta este momento por una reacción, algo que se dice, un disgusto, frustración o burla, destruirá la relación terapéutica. Las respuestas sociales habituales deben ser controladas; esto requiere de un punto de vista objetivo, auto consciencia, disposición para mantener sus reacciones al margen y que no las haga evidentes.

El analista debe ser capaz de hacerse escuchar y ser comprendido con claridad, y verificar que esto así ha ocurrido. Debe ser capaz de originar preguntas dirigidas al cliente en un estando relajado; reconocer una respuesta o repetir la pregunta hasta que haya sido respondida de forma satisfactoria. Por supuesto debe estar familiarizado por completo con la teoría y los procedimientos de la Psicología Transformacional, el modelo en el que se basa la terapia, para que pueda analizar a su cliente -y no a uno hipotético- de manera realista. Debe ser capaz de manejar las respuestas y comentarios con suavidad, y no perder de vista la pregunta que formuló. Esto debe suceder en un tono amistoso y natural, no como si fuera una rutina, lo que exige que analista realmente escuche; debe estar interesado, no ser interesante. Toda su atención debe estar concentrada en la persona y en lo que dice, no en su propia reacción emocional o en las distracciones de su mente. Por encima de todo, lo que no debe imponer en modo alguno, son sus propias valoraciones y juicios, no obstante su intención por ayudar, pues esto no sería de utilidad para el cliente, quien debe descubrir la realidad de su circunstancia por sí mismo.

Así, aprender a ser disciplinado, debe ser una práctica en la vida cotidiana, para reestablecer el orden en la comunicación confusa que es típica de las relaciones personales. Es por eso que el entrenamiento en el análisis de la Psicología Transformacional se puede recomendar para cualquier persona, no sólo para aquellos que piensan practicarla de manera profesional.

La comunicación es la solución a cualquier problema. Si puede mantener la perspectiva para dilucidar una situación de conflicto y establecer la comunicación adecuada, entonces podrá manejarla; la confusión encontrará claridad y la realidad se hará presente. Si no es confrontada de esta manera, la situación se convertirá en un problema que dará como resultado indecisión y ansiedad, y se volverá más rígida, sólida y grave.