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P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


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Liberar los Incidentes Traumáticos




El individuo, es especialmente vulnerable a que las creencias negativas o irracionales queden registradas durante un episodio traumático, involucrando dolor físico que es alojado en el cerebro como un trauma primario de una “experiencia no concluida”. Un tipo secundario de trauma es un incidente relacionado con una pérdida severa, acompañado por emociones dolorosas (magnificadas por pensamientos distorsionados), reforzadas por asociación con un trauma primario previo.

Cuando la supervivencia es amenazada, o algunas necesidades básicas no están siendo resueltas, es cuando el individuo tiene mayor vulnerabilidad a que un evento deje una impronta. La necesidades y las intenciones que no pudieron cumplirse por esa experiencia quedan entonces frustradas. Este efecto energético se convierte en una “carga” que es alojada y asociada a esa experiencia, porque el ciclo de acción (empezar - continuar - completar) ha sido suspendido. El contenido emocional negativo y la frustración asociada a esta memoria, se convierten en un recuerdo desagradable que incide en más dolor.

Es probable que las emociones y decisiones que contiene esta memoria estén amenazando la estabilidad de la persona para alcanzar los objetivos en el presente. Por eso, el trauma primario es inmediatamente reprimido; particularmente en el caso del cerebro de un niño, que todavía no se ha desarrollado por completo, y por tanto, no le es posible integrar la experiencia. Pero el trauma secundario también puede ser reprimido y volverse inaccesible, al pasar a formar parte de los contenidos “subconscientes” en la mente. La “carga” relacionada con el incidente se convierte en una advertencia para la mente, para que esa área no sea examinada, ya que hacerlo resulta doloroso.

Dado a que el ciclo de acción no pudo concluirse en su momento, el incidente no puede ser clasificado en un periodo preciso en el tiempo (memoria accesible a largo plazo), así que queda “pendiente” en el tiempo presente, en espera de una posible conclusión; en una especie de “archivo en el limbo” ubicado entre las memorias de largo y corto plazo. La intención original no ha sido des-hecha, y lo más probable es que la intención original se oculte bajo las intenciones y decisiones tomadas posteriormente al incidente. Por ejemplo, un niño pequeño que toma unos dulces en el supermercado, seguramente es golpeado y regañado por su madre. Desconcertado y llorando, el niño habrá llegado a la conclusión de que hizo algo malo, de otra manera la madre no le habría reprimido su natural deseo por los dulces. Sin saber qué es lo que ha hecho mal, el niño decide: “Soy malo, así que no merezco lo que deseo”.

Dado a que van en contra de la intención original, estas consideraciones secundarias no son clasificadas con el incidente como “no visibles”, así que se convierten en impresiones que condicionarán futuras acciones: las ideas y creencias rígidas en la persona, que dependiendo de la intensidad de su “carga”, serán clasificadas respecto a su relevancia.

Junto con la memoria no visible, estas memorias también quedan pendientes en el tiempo presente, listas para reaparecer automáticamente en cualquier momento a manera de pensamiento obsesivo y responder a cualquier estímulo que se le parezca (aunque sea vagamente), y que invoque las mismas circunstancias en las que la decisión fue tomada. Al no ser esto reconocido, da origen a emociones irracionales y, algunas veces, es motivo de dolores físicos reales, que pueden terminar por causar enfermedades psicosomáticas si su estimulación es crónica. De la misma manera, la comunicación que no se hizo en su momento permanece en ciclos incompletos, tales como el niño que quisiera preguntar: “¿Qué es lo que he hecho mal, mamá?”, ocasionando incertidumbre en su mente.

Cuando tal incidente ha ocurrido, re-estimulaciones posteriores le añaden aun más carga y hacen que el incidente original se oculte, acompañado por decisiones adicionales o “postulados” que son fundados en apreciaciones equivocadas. Puede construirse una secuencia de incidentes con los años, así como reactivaciones del trauma original, o nuevos incidentes traumáticos conectados a circunstancias en común. Usualmente, el incidente más reciente en una secuencia se encuentra disponible para poder ser revisado y en el proceso del psicoanálisis pueda reducirse su impronta; esto debe quedar expuesto desde un principio.