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P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


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El Cerebro




Pensemos por un momento en el cerebro de una abeja, que es del tamaño de un grano de sal. Con él, puede detectar los mínimos cambios de luz, sonido, olfato y tacto; integra las acciones de una gran cantidad de músculos con delicadeza y precisión; regula el funcionamiento de todos los órganos de su cuerpo para preservarlos en condiciones óptimas para la vida. Esos cerebros aprenden de la experiencia, y encuentran medios para relacionar información con los demás de su especie. El cerebro de la abeja mantiene una relación constante con el tiempo, y funciona como un sistema de orientación precisa: compensa la dirección del viento con la velocidad del batido de sus cuatro diminutas alas y aterriza delicadamente su pequeño cuerpo en el centro de una flor movida por el viento.

El cerebro de la abeja está constituido por apenas 900 neuronas. Entonces, ¿qué podemos esperar de nuestros cerebros, diez millones de veces ese tamaño y muchos miles de millones de veces más complejo? En lo que más nos diferenciamos del resto de los animales es en que hemos logrado un uso del lenguaje muy desarrollado, con capacidad de aprender, no sólo de nuestra propia experiencia sino también de la de otros y adaptar el medio ambiente a nuestras propias necesidades.

Un ser humano tiene la facultad de ser consciente de sí mismo, en el sentido de ser consciente de sus propias experiencias y de sí mismo como un ser consciente. Con esta toma de conciencia de nuestros propios procesos conscientes, estamos facultados con la libertad de elegir llevar a cabo acciones deliberadas. El hombre también es un ser inteligente: puede modificar su conducta instintiva a la luz de las experiencias previas.

La inteligencia y la conciencia de sí mismo, unidas, le dan a los seres humanos la capacidad de progresar y evolucionar en el transcurso de sus propias vidas. El desarrollo físico más elemental en la evolución tarda varias vidas, pero la evolución mental es mucho más rápida; el sistema nervioso de una persona está en continua evolución, adaptándose al medio ambiente y reprogramándose a sí mismo durante toda su vida. Nuestras mentes se han convertido en la punta de lanza de la evolución, y el grado en que progresemos depende del grado en que hagamos uso de este increíble producto de la naturaleza, esto es, el grado en que hagamos uso pleno de nuestra inteligencia y nuestra conciencia.

Potencial ilimitado
Situado en el interior de la fortaleza ósea del cráneo, el cerebro es el órgano mejor protegido del cuerpo, y tiene la mayor prioridad cuando se distribuyen la sangre, el oxígeno y los nutrientes. El cerebro está recubierto por varias capas de una membrana de tejido duro y está suspendido en un mecanismo de líquido circulante; en realidad flota dentro de una bóveda a prueba de choques. La intrincada red de nervios que constituyen el sistema nervioso humano pesa menos de dos kilos, sin embargo, es muy probable que sea el sistema más complejo en el universo.

Cuanto más se sabe sobre el cerebro humano, más capacidades y potencialidades se le encuentran para ir más allá de las especulaciones anteriores. Alrededor de doce mil millones de neuronas o células nerviosas de su cerebro se entrelazan de tal manera que lo hacen potencialmente un procesador de información fenomenal. Cada neurona tiene cientos, o, con el desarrollo mental, incluso miles de extensiones ramificadas que la conectan con otras neuronas, y cada conexión desempeña un papel en la transmisión de señales a lo largo de su cerebro y de su cuerpo. Sus procesos de pensamiento implican un complejo patrón de señales electroquímicas que se mueven rápidamente dentro de este equipo biológico de enorme capacidad.

Como procesador de información, el cerebro es extraordinariamente rápido. Por ejemplo, puede recibir la imagen de la cara de una persona en unas cuantas centésimas de segundo, analizar sus muchos detalles en un cuarto de segundo. Luego, en menos de un segundo, puede sintetizar toda la información en un todo único; al crear una experiencia de conciencia tridimensional a todo color de la cara, reconoce ese rostro entre miles de otros registrados en la memoria -a pesar de que esa cara puede que nunca la haya visto antes en esa posición, con esta iluminación, en este entorno, o con esa expresión- y recordar detalles en la memoria acerca de esa persona, y numerosas ideas, asociaciones e imágenes relacionados con ella.

Al mismo tiempo, el cerebro interpretará la expresión en la cara y en el lenguaje corporal; proyectando ideas en la mente de la otra persona (asumiendo qué es lo que piensa); generando sentimientos emocionales hacia ella con la correspondiente producción hormonal en función de enfrentarla, evitarla, relajarse o responder sexualmente, para decidir sobre el curso de las acciones a partir de un abanico de posibilidades que pueden entrar en conflicto entre sí o con la realidad; posiblemente la represión de ideas o recuerdos que son incómodos o están en conflicto con las decisiones o creencias actuales, y, posiblemente, a partir de combinaciones intrincadas, provocar movimientos musculares por todo el cuerpo, que pueden resultar en una mano extendida, una sonrisa, y la producción de complejas vibraciones de las cuerdas vocales (llenas de sutiles entonaciones).

Mientras ocurre todo lo anterior, el cerebro estará analizando y digiriendo otra información sensitiva; controlará y ajustará el cuerpo para mantenerlo en equilibrio y en movimiento sin problemas, y estará revisando continuamente varios centenares de parámetros fisiológicos internos, tales como la temperatura y la constitución química de la sangre, para compensar cualquier desviación de la normalidad a fin de mantener el cuerpo en un estado óptimo de funcionamiento. El cerebro continúa de esta manera, percibiendo, recordando, dando seguimiento e integrando un gran número de funciones diferentes; durante cada segundo de cada día de toda nuestra vida. Sin embargo, incluso con toda esta carga de trabajo, apenas utilizamos una fracción de su potencial.

En términos de su complejidad y versatilidad, el cerebro humano supera con creces a cualquier computadora del planeta. Es cierto que las computadoras pueden hacer rápidos cálculos matemáticos, pero sólo de una manera inflexible y preprogramada de procesos paso a paso, y éstos sólo representan una pequeña parte de la capacidad del cerebro. El conjunto del sistema de telefonía del mundo es equivalente a sólo un gramo de su cerebro, ¡un trozo del tamaño de un guisante! Considerando que el cerebro puede reconocer una cara en menos de un segundo, no encontramos, en comparación, ninguna red de computación en el mundo que pueda hacer cosa semejante.

Estructura de funcionamiento del cerebro
El cerebro no se limita a trabajar aislado dentro de su cráneo; se comunica a través de vías nerviosas que van a los músculos, órganos internos y sensoriales, y a cualquier otra parte de su cuerpo. Las actividades que suceden en el cerebro pueden afectar, directa o indirectamente, a cada una de las células, dada la amplia red nerviosa enlazada a través de todos los tejidos de su cuerpo. Por ejemplo, los vasos sanguíneos se dilatan o se contraen en respuesta a un flujo constante de señales originadas en los centros bajos del cerebro. Y, por supuesto, el cerebro recibe una enorme cantidad de señales cada segundo, de los muchos nervios sensores que se originan en los tejidos de los músculos y órganos. Esta es la forma en que su cerebro hace sentido de lo que está sucediendo en todo su cuerpo y responde con las necesarias señales reguladoras. Esta relación interactiva entre los procesos de su cerebro y las demás funciones de su cuerpo, son el motivo de la salud o enfermedad psicosomática. También es el mecanismo que facilita el biofeedback, ya que los procesos mentales producen una respuesta biológica que a su vez es “fed back” (retroalimentada) por el dispositivo de biofeedback, a través de uno o más canales de percepción sensorial del cerebro, dando al cerebro información instantánea sobre su funcionamiento.

Hay tres niveles de operación en el sistema nervioso. Estos son: la médula espinal, la región basal del cerebro y la corteza cerebral. En el nivel más elemental, en la médula espinal en sí, se llevan a cabo algunos procesos primitivos en forma de actos reflejos. Estos incluyen el reflejo en la rótula de la rodilla, que el médico prueba con un martillo pequeño, y reacciones de retraimiento automático ante el dolor agudo, o al tocar algo caliente o frío, que no podemos tolerar.

En la base del cerebro, la médula espinal se amplia hacia el tronco cerebral, justo antes de que se fusione con la corteza cerebral. A este nivel medio del cerebro, el autonómo, o involuntario, las funciones están controladas por determinadas estructuras especializadas como las del sistema límbico. Las señales que se originan aquí, son las que controlan el ritmo cardíaco, respiración, hambre, sed, impulsos sexuales, sueño y vigilia; las funciones del hígado, riñones y otros órganos; la presión arterial, constricción y dilatación de los ojos, y el nivel general de actividad de todo el sistema nervioso. Esta zona también produce una serie de hormonas, o sustancias químicas mensajeras. Estas incluyen la hormona de crecimiento, otras que activan las glándulas suprarrenales para que secreten la hormona de la excitación conocida como adrenalina, y las que estimulan la glándula tiroides para producir tiroxina, que controla el ritmo de los procesos de combustión celular del cuerpo; es decir, el metabolismo.

En la parte superior del tallo cerebral está el tálamo, una gran región que contiene muchos núcleos; algunos de transmisión de información de los órganos de los sentidos a la corteza, otros de transmisión de información entre las zonas de la corteza que interactúan con la formación reticular (véase en el esquema) y el sistema límbico.

El siguiente esquema ilustra la arquitectura básica del cerebro:

Escondido debajo de la corteza, o parte superior del cerebro, está un pequeño órgano llamado cerebelo. El cerebelo se encarga de las funciones motrices habituales, tales como el equilibrio y la coordinación, caminar, movimientos rutinarios de manos y brazos, el control de la voz, movimientos oculares, y otros procesos motrices bien aprendidos o habilidades, tales como golpear una pelota con el pie, operar un teclado para escribir, o conducir un auto. Algunos de estos procesos requieren del cerebelo para operar en conjunto con los centros de pensamiento de nivel superior, mientras que otros los opera casi en exclusiva. Note lo extraño que parece si intenta controlar un proceso habitual con el pensamiento consciente, tal como levantarse de una silla.

El cerebro tiene incorporada una tendencia neutral a estructurar sus operaciones en forma de “programas” almacenados que cubren las operaciones en todos los niveles, incluido el razonamiento abstracto. Cuando se aprenden nuevas habilidades y mejores patrones de comportamiento, es necesario practicar y sobre-aprender los procesos involucrados, de manera que los nuevos programas que controlan la habilidad se incorporen en este nivel práctico del cerebro. La compresión intelectual por sí sola no pueden lograr esta integración. Es necesario sobre-aprender las habilidades debido a la inmensa cantidad de operaciones que el cerebro tiene que realizar de manera simultánea, como se ha descrito anteriormente. ¡Si estas fueran ejecutadas conscientemente, no podríamos hacer casi nada! En el caso de una consulta, sin contar con habilidades sobre-aprendidas, las distracciones causadas por el estrés del desempeño y la reactivación que se produce en consecuencia, daría lugar a errores de medición básica y omisiones.

En este nivel del cerebro, la región basal, en el tronco del cerebro, también encontramos el Sistema de Activación Reticular (SAR), una zona que es sumamente importante debido a su función en relación a la excitación y sensibilización. Nuestra capacidad de pensar y percibir, incluso nuestra capacidad para responder a los estímulos más allá que con un mero reflejo, es función de la corteza cerebral, pero la corteza no puede funcionar a menos que sea estimulada (despierta). La corteza cerebral no se puede despertar a sí misma, lo que despierta y mantiene despierta a la corteza del sueño, es el SAR. También se invoca al SAR para cambiar de percibir las cosas fuera de nosotros, a percibir las cosas dentro de nuestro mundo interior. El SAR regula y controla todos nuestra actividad muscular y todas nuestras percepciones sensoriales; la corteza y el SAR operan en modo de retroalimentación, cuya finalidad es mantener un nivel óptimo de excitación.

Las sensaciones que llegan a la corteza cerebral son alimentadas al SAR, y cuando el nivel de actividad se vuelve demasiado alta, el SAR envía señales inhibitorias a la corteza para reducir la excitación. Los estados de ansiedad que se producen cuando la función inhibidora del SAR no mantiene la actividad cortical en límites cómodos. Por otra parte, en una situación de pérdida sensorial, donde el nivel de estimulación de la corteza a través del SAR es demasiado baja, el SAR envía señales de estímulo a la corteza para mantenerla en alerta, actividad que a menudo produce alucinaciones. Es el SAR el que prende la corteza durante el sueño para producir sueños vívidos. También es responsable de inhibir en los sueños la actividad de toda la médula espinal, de modo que la persona no manifieste literalmente el sueño y pueda ponerse en peligro. La función de bio-retroalimentación facilita la cooperación entre la corteza y el SAR, a fin de lograr la autorregulación.

El cerebro puede recibir, clasificar y dar respuesta a la información sensorial sin que esos datos penetren la conciencia. Sin embargo, si un estímulo repetido finalmente da como resultado un darse cuenta consciente, esto es debido a que el SAR ha sido activado. Esta es la capacidad del cerebro para la atención selectiva; al leer un libro, sobre todo si es suficientemente interesante, el lector se abstrae de las distracciones que lo rodean. Esta dualidad de percepción es necesaria para la supervivencia del hombre. La conciencia es un sistema de capacidad limitada y debe ser utilizada para el máximo provecho. Limitar la entrada de datos sería perjudicial, así que lo que requiere es una restricción variable de lo que entra en la conciencia. Para lograr este objetivo en la etapa pre-consciente del proceso de percepción, el cerebro detecta el significado de la información entrante y después inicia una cambio en el nivel de su sensibilidad desde el nivel del SAR. De esta manera, para lograr una representación consciente, tiene más probabilidades de entrar la información importante y significativa, que los datos triviales.

Es evidente que el SAR puede entrenarse. La madre se despierta al escuchar a su bebé mientras el padre duerme. El padre, si viven en el campo, se despierta cuando escucha el ladrido del perro, pero en un visita a la ciudad pronto aprende a ignorar el ladrido de un perro mientras está durmiendo. Muchas de las funciones tienen un programa completamente automático; si se quiere mover un brazo, no es necesario escoger qué músculos se tienen que utilizar.

Sin embargo, podemos llevar a cabo casi toda nuestra vida en “automático”; nuestras reacciones hacia otras personas y situaciones particulares, son controladas a menudo por un programa de cuya existencia somos completamente inconscientes. Tales hábitos basados en creencias fijas, pueden ser irracionales, sin base en la realidad, inapropiados y autodestructivos. Esos programas o reacciones, fueron impresos en situaciones bastante traumáticas, o pueden haber sido instalados por un proceso repetitivo de condicionamiento al que siempre responderemos de la misma forma, aunque la situación actual pueda ser significativamente diferente. Este es el precio que nos arriesgamos a pagar por las ventajas de contar con un umbral variable de conciencia. La psicoterapia nos ayuda a mirar estos viejos hábitos para aprender por qué damos la misma respuesta en particular o tenemos una reacción determinada, de manera que los programas nuevos y más apropiados puedan ser instalados conscientemente.

El SAR y el sistema límbico trabajan en estrecha colaboración. La parte superior del tronco cerebral contiene el SAR, que luego se enlaza con el sistema límbico del cerebro medio: una colección de estructuras asociadas que desempeñan un papel importante en la emoción y motivación. La parte central del sistema límbico es el hipocampo, que procesa la información de corto plazo y la memoria de largo plazo, y por tanto, es vital para el aprendizaje. El sistema límbico parece ser en buena parte responsable del extraño fenómeno de los estados alterados de conciencia, como perder los límites del cuerpo, la sensación de flotar o volar, y extrañas experiencias visuales, como las sensaciones de luz blanca.

En los extremos del hipocampo está la amígdala, y por encima, el hipotálamo. Entre el hipotálamo y la amígdala generan el impulso sexual, hambre, sed, rabia y euforia. El hipotálamo es responsable en gran medida de la homeostasis, asegurándose de que todos los parámetros de funcionamiento del cuerpo estén en equilibrio. Supervisa de forma continua la sangre; si hay poco o demasiado dióxido de carbono, reduce o aumenta la respiración; si tiene un nivel bajo de azúcar en la sangre, le hace sentir hambre; si su temperatura es demasiado baja o demasiado alta, provoca escalofríos o sudoraciones; si la sangre contiene demasiada sal, le hace sentir sed; y así sucesivamente. El hipotálamo dirige estas respuestas a través del sistema nervioso autónomo del cuerpo, así como la activación cortical a través de la excitación del SAR. También controla dos respuestas que son de especial importancia, las de enfrentar o evitar, que son acompañadas por una disminución de la resistencia de la piel (tal como se indica por una caída en el medidor GSR); y la respuesta de relajación, que es acompañada por un aumento en la resistencia (un aumento en el medidor GSR).

El desajuste entre las expectativas y la realidad, puede provocar una activación de los procesos fisiológicos y cognitivos: una reacción emocional. Un conjunto de emociones parece ser el resultado de la activación de los programas del sistema simpático y del sistema nervioso autónomo, semejante al efecto de sentir frío. Esta activación de la respuesta de enfrentar o evitar, provoca tensión general, especialmente de los músculos que tienden a apoyar el cuerpo (los músculos llamados antigravedad). El patrón típico es de tensión en las rodillas, erguir el cuerpo, manos y mandíbulas apretadas. El ritmo cardíaco aumenta, los vasos sanguíneos se contraen y hay un aumento en la presión arterial. En término de las emociones, estos son a menudo síntomas producidos por la ira, el odio o el coraje.

Otro conjunto de emociones parecen tener síntomas que son casi lo contrario. Son el resultado de la activación de programas del sistema parasimpático del sistema nervioso autónomo, similar al efecto de sentir calor. Esto provoca una respuesta de relajación, disminución de la frecuencia cardiaca, dilatación de los vasos sanguíneos y una reducción en la presión de la sangre. Las extremidades tienden a doblarse. En término de las emociones, estas son a menudo síntoma de estados agradables: por ejemplo, la satisfacción por hacer el amor, o evitar una amenaza del entorno.

Las distinciones que sentimos entre los estados, son el resultado de factores cognitivos, lo que requiere que nosotros interpretemos los estados resultantes en el organismo de acuerdo a las circunstancias contextuales. Esos factores cognitivos juegan un papel importante en la manipulación de nuestra conducta emocional, aunque no significa que seamos necesariamente conscientes de nuestras cogniciones. Cuando nos enojamos o somos amenazados por los comentarios o acciones de alguien, nuestra lógica puede decirnos que no hay nada de qué preocuparnos, mientras que nuestras respuestas internas pueden decirnos algo diferente. Puede, entonces, haber una gran discrepancia entre la racionalización de nuestro comportamiento y el comportamiento real. La cognición y la emoción están íntimamente entremezcladas entre sí, ya que la corteza interactúa con el sistema límbico a través del SAR. Nosotros interpretamos activamente el medio ambiente y sintetizamos la información para decidir si nuestras expectativas coinciden o están en conflicto con la realidad percibida, y esto da lugar a determinadas respuestas emocionales que controlan el comportamiento.

El tercer nivel de funcionamiento cerebral se encuentra dentro de la corteza cerebral, y lleva a cabo una serie de funciones básicas: recibe y organiza los mensajes de los cinco sentidos (vista, olfato, gusto, oído y cinético); manipula cognitivamente los datos junto con datos similares que se encuentran en forma de recuerdos, comparando el análisis sensorial con un modelo interno del mundo que proporciona las expectativas que son tan importantes para la emoción, y predice el futuro si las cosas continúan del mismo modo; y, por último, como resultado de esta comparación, se relaciona con la región basal para enviar hormonas adecuadas a la estructura bioquímica del cuerpo, activando comandos motores a los distintos músculos del cuerpo, y modifica la activación neuronal de las estructuras cerebrales. Este proceso cognitivo puede ser racional, basado en la realidad, o irracional, incorporando patrones habituales irracionales que distorsionan el pensamiento.

Incluso, a nivel de la corteza hay muchos procedimientos de operaciones de las que uno no se da cuenta conscientemente; ahí se da una estrecha interacción entre el pensamiento abstracto (en niveles consciente, subconsciente e inconsciente) y las funciones corporales básicas. Por ejemplo, la reacción de estrés, o la movilización -enfrentar o evitar- de todo su cuerpo con la “nerviosa” adrenalina, puede ocurrir en respuesta a una situación como la de llegar tarde a una cita, dirigida por los pensamientos que son a la vez conscientes y por debajo de la conciencia. O alternativamente, se le puede explicar una idea compleja a otra persona, creándola en su mente, encontrando palabras para expresarla, utilizando su aparato del habla, gesticulando expresiones faciales y movimientos de manos ilustrativos, observando las reacciones de la otra persona para reconocer señales, y así usted pueda analizar y decidir lo bien que está entendiendo la idea, y experimentar el “tono” emocional de la situación en su conjunto. Pensar, realmente es una función de todo el cerebro, de hecho, una función del cuerpo entero.

Las diversas funciones de la corteza no están dispersas al azar dentro de sí, sino que están ordenadas en base a un patrón bien definido. Por ejemplo, todas las señales procedentes de las retinas van a una zona en la parte posterior de su cerebro, en la base del cráneo. Este proceso puede medirse por medio de electrodos de calor que detectan el momento en que cambia la temperatura en la superficie del cráneo, adyacente a los lóbulos occipitales, si se producen cambios en la excitación cuando la luz alumbra sus ojos. Usando el Medidor Bilateral, se puede detectar si la luz brilló desde el campo visual izquierdo o desde el derecho. Las señales de los otros canales sensitivos van a sus propias regiones características.

El daño físico en alguna región particular del cerebro, afectará los patrones almacenados y funciones que normalmente son realizadas por esa región. Por ejemplo, un accidente cerebrovascular (el bloqueo de un vaso sanguíneo que suministra sangre a alguna región del tejido del cerebro) dejará de aportar oxígeno a esa región de tejido en particular, provocando la muerte. La destrucción de la zona motora del habla, dejará a la persona con capacidad de formar pensamientos correctamente, pero con absoluta incapacidad de hablar. Por el contrario, la destrucción del centro de procesamiento verbal dejará a la persona con capacidad de articular con claridad, pero su discurso será una mezcla semántica carente de sentido. El daño a la región frontal, justo detrás de la frente, que puede ser causada por alcoholismo avanzado o el uso de drogas fuertes, disminuye la capacidad del pensamiento abstracto, como desarrollar el concepto de una acción futura, formar una intención, realizar una secuencia lógica de acciones, o hacer juicios acerca de lo apropiado de la propia conducta.

El cerebro almacena sus recuerdos de forma que son distribuidos de alguna manera a través de una amplia región de la corteza. Experimentos con pacientes con daño cerebral, han demostrado que ciertos recuerdos se atenúan y se distinguen menos, pero no desaparecen abruptamente con la pérdida de pequeñas regiones de tejido cerebral. Una teoría predominante sostiene que la memoria puede almacenarse en el cerebro junto con principios holográficos; las memorias individuales no son almacenadas en sinapsis específicas, sino que están distribuidas en las interconexiones de los conductos de toda la red del cerebro, de tal manera que cualquier sección de la red contiene el patrón básico de la memoria, mientras que el conjunto de la red reproduce la imagen de alta definición.

El hecho de que distintas áreas del cerebro estén unidas por miles de conductos paralelos, proporciona una base del equivalente neurológico con la de la actividad coherente láser holográfica; los patrones rítmicos de la actividad eléctrica del cerebro se consolidan en base a cambios químicos, de tal modo que una experiencia se codifique permanentemente. Cada memoria será codificada como un patrón de cambios químicos a lo largo de billones de sinapsis, y cada sinapsis estará relacionada con miles de millones de memorias diferentes.

Esto pone de manifiesto otra importante diferencia entre el cerebro humano y una computadora. Si se daña una pequeña conexión en un equipo, todo el contenido informativo se distorsiona o se pierde para siempre. Sin embargo, ambos, los hologramas fotográficos y la memoria distribuida, son muy resistentes a sufrir daño. Los hologramas son campos de información, y los campos de información (escalar) a los que se puede acceder y comunicar en formas que sólo recientemente están siendo comprendidas, parece que no están limitados por la materialización del espacio-tiempo. En resumen, tienen “vida propia”, y esto puede dar una explicación a los fenómenos psíquicos, experiencias fuera del cuerpo y memorias de vidas pasadas. En otras palabras, el cerebro es una interfaz entre el campo de información escalar no-material o mente. A cambio, es el punto de vista espiritual quien crea implícitamente esta mente.

Los campos escalares son igualmente holográficos en naturaleza, por lo tanto, la mente de cualquier persona tiene posible acceso a la mente infinita del universo, y con las apropiadas y coherentes longitudes de onda láser cerebrales, se puede tener acceso a esta información a través del cerebro como interfaz. Para lograrlo, es requisito previo que se haya conseguido la sincronización hemisférica. Esto corresponde a la “conciencia colectiva” de Jung y, por supuesto, las hipótesis trascienden a la raza humana, para incluir los campos escalares de todas las especies y órdenes de clasificación, en todos los tiempos y lugares: la Mente Universal. De esta manera, el Ser tiene acceso a todo el conocimientos y está, en efecto, creando esta información.

El lector interesado puede investigar más allá en los escritos producidos en épocas recientes por David Bohm, Karl Pribram, Tom Bearden, Rupert Sheldrake, Michael Hutchison y Michael Talbot, para descubrir los impresionantes avances en la investigación científica que desmitifican el tema de la metafísica.