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Volición




La Teoría Inversa, como fue descrita anteriormente, nos da un marco conceptual en el que se dan lugar una amplia variedad de motivos particulares, emociones y problemas psicológicos, que desde ahí pueden comprenderse. Sin embargo, hay otros a los que no abarca, y estos otros, tienen que ver con las relaciones interpersonales. Por ejemplo, las emociones de amor y odio, gratitud y culpa, devoción y humillación.

Por lo tanto, la estructura de la teoría básica tiene que ampliarse. Junto con los estados télicos y paratélicos, otros estados que tienden a invertirse son: sentir la necesidad de actuar en contra, opuesto a la necesidad de conformarse; sentir la necesidad por dominar o controlar, opuesta a la necesidad por tener simpatía; y, ser auto determinado (actuar desde la voluntad propia), opuesto a ser determinado por otros (la voluntad reside en otra persona). En cada uno de estos pares de estados, uno debe experimentar una u otra de las dicotomías en un momento determinado, lo que las hace mutuamente excluyentes.

Un concepto de sí mismo (como la autoestima) es: la totalidad de las actitudes, juicios y valores de un individuo relacionados a su comportamiento, habilidades y cualidades. Tal concepto es difícil de sostenerse. En contraste, las emociones propias o tonos (tales como el “tono hedonista”) son muy dependientes de los cambios momentáneos de situación, y por tanto, tienden a estar siempre en movimiento. Por ejemplo, uno puede tener una baja autoestima como jugador de tenis, pero tener un agradable tono en esas particulares ocasiones en que en un juego uno gana un punto. Los sentimientos involucran un sentido inmediato de valía personal.

El estado de dominio puede definirse como un modo en el que el tono agradable proviene de la sensación de sentirse en control. El tono desagradable en este modo está asociado a sentirse incompetente, débil o inferior.

El estado de simpatía puede definirse como un modo en el que el tono agradable proviene de la sensación de ser apreciado. El tono desagradable en este modo está asociado a sentirse rechazado, abandonado o ser poco apreciado.

Los estados de dominio y simpatía difieren entre sí, principalmente por la manera en que el individuo interpreta el resultado de la transacción entre él y el “otro”, resultante en una pérdida neta o en una ganancia neta.

En un estado de dominio auto-determinado (deliberado), una transacción se siente de forma subjetiva en lo relacionado ya sea a “tomar” (correspondiente a una ganancia agradable), o “ceder” bajo presión (correspondiente a una pérdida). Donde, en un estado de simpatía auto-determinado, la transacción se siente en lo que involucra algún grado ya sea de “haber recibido” (correspondiente a una ganancia agradable), o el de ”haber dado bajo presión” (correspondiente a una pérdida).

¿Por qué es bueno tener una ganancia neta? Una razón es el conseguir una meta en el estado télico (que puede acompañar a un estado de dominio o compasión) que proporciona la satisfacción de haber obtenido el resultado previsto; y otra, es que en el estado de dominio se puede tomar como evidencia de poder personal, fuerza y capacidad; y, en el estado de simpatía, como evidencia del atractivo personal. En ambos estados se produce una mejora en el tono y sentimientos derivados de la valía personal.

La envidia y los celos, emergen cuando otro consigue una ganancia neta a expensas de nosotros. La envidia se produce como una versión del estado de dominio, en el que otra persona tiene éxito en tomar o lograr, y por lo tanto, ésta se siente más fuerte que uno. Los celos ocurren en el estado de simpatía, en el que se atiende a alguien a expensas de que nos falte atención, y por tanto, el otro se siente más querido que uno.

En un estado auto-determinado, el origen del tono propio reside dentro de uno mismo, nuestro ser volitivo. Pero también es posible que el origen o la voluntad del tono propio sean transferidos desde otra identidad, es decir, que uno experimente el tono que nos parece que la otra persona está experimentando: uno se convierte en “determinado-por-otro”. Por ejemplo, la otra persona está enojada conmigo, así que acepto su emoción como válida y me enojo conmigo mismo; si él está enojado con otros, yo también me enojo con ellos. Me he identificado con la otra persona.

Renunciar en el estado determinado-por-otro, también puede ser agradable y no sólo desagradable, por ejemplo, un soldado que se somete con entusiasmo a la disciplina militar. Esto también es cierto al dar, por ejemplo, una madre que cuida a su hijo con amorosa ternura.

Mientras que el objetivo de un estado de dominio en la versión auto-determinada es el dominar a otra persona (objeto o situación), y de ese modo sentirse fuerte; en el estado determinado-por-otro, es ser dominado, de tal manera que es el otro quien se siente fuerte, es decir, en quien reside temporalmente la voluntad del ser. Así que paradójicamente, uno gana al tener una pérdida neta en la transacción; al someterse, uno se siente fuerte. Por ejemplo, el adolescente que idealiza al líder de la pandilla a la que pertenece.

En el caso del estado de simpatía, el objetivo en el caso del estado determinado-por-otro, es el ser aceptado para sentirse querido; y en el caso auto-determinado, es aceptar a otra persona, de tal manera que se sienta querida (y por tanto, uno también disfrutará del sentimiento de ser querido a través de la identificación). Por ejemplo, una esposa que disfruta el placer que le ocasiona ser “el pilar” en el que puede descansar su marido. Posiblemente esta es la esencia del altruismo.

Para ayudar a hacer esta descripción un poco más concreta, a continuación presento una serie de ejemplos de situaciones en las que uno posiblemente haya experimentado los estados previamente descritos. Para hacerlo más sencillo, cada ejemplo está descrito en términos de alcanzar un logro, y por tanto, asociado con una mejora en el tono propio. Si el resultado fue desagradable, uno entonces se encontrará en el otro lado de la dicotomía.

Reunidas, estas dos matrices muestran la estructura de las relaciones subyacentes de ocho tipos de sentimientos distinguibles y contrastantes. Esto se puede llevar más allá al incorporar una última dicotomía: negatividad en oposición a conformidad. Esto entra en juego cuando emergen sentimientos desagradables, de la manera siguiente:

En el estado auto-determinado de dominio, si uno prueba ser superior, entonces uno debe sentir orgullo; pero, si uno termina en una posición de inferioridad, entonces sufrirá humillación, que es un tono propio desagradable. La humillación difiere de la humildad, la subordinación de la sumisión, el servilismo del servicio; el primero de cada par, es un impacto no deseado de auto-determinación, y el segundo, es un reflejo deseado de dominio determinado-por-otro.

Entonces, en la versión determinada-por-otro, en el modo de dominio, uno se siente humilde si está en disposición a someterse ante una persona más fuerte, que implica admiración por el otro. Pero si por el contrario, la otra persona resulta ser más débil que uno, a pesar de todo nuestro esfuerzo por hacerla sentir más fuerte, entonces lo más probable es que sintamos desprecio por ella.

En un estado auto-determinado de simpatía, uno se siente agradecido por haber sido aceptado y querido; en contraste, uno se sentirá agraviado (dolido, ofendido) si a uno no le responden de igual manera, o si uno termina teniendo que darse a sí mismo en lugar de que el otro nos dé.

En el estado de simpatía, caso determinado-por-otro, los sentimientos propios para con el otro serán de atenciones y ternura, y si uno tiene éxito en cuidar y dar, el resultado será un sentimiento placentero de auto satisfacción, virtud, e incluso de rectitud. Si uno fracasa por no ser capaz de cultivar al otro, o incluso por haber tenido una ganancia neta en la transacción, entonces uno, como resultado, se sentirá culpable y avergonzado (o experimentará alguna sensación de obligación), y este es un tono desagradable de uno mismo.

Los estados de dominio y simpatía pueden ocurrir en asociación con estados télicos o paratélicos, de tal forma que la interacción se puede percibir como seria (télica) o lúdica (paratélica). Por ejemplo, uno puede gozar de la humillación de haber sido sujeto de una broma o una burla, si es que nos encontramos en el estado paratélico.

En este punto aparece en escena la dicotomía negativismo - conformismo. Si alguno de los resultados desagradables mencionados anteriormente, habiendo sido aceptados en el modo del conformismo, se prolonga demasiado, se puede generar frustración e inducir el modo del negativismo como rechazo a ese resultado. Cada una de estas emociones desagradables será transformada en diferentes emociones por la llegada del modo del negativismo:

Así pues, la humillación se convierte en rebeldía, y el sentimiento por haber sido agraviado se convierte en resentimiento, incluso odio. Una cosa que el análisis ayuda a poner en claro, es que el amor y el odio son emociones de simpatía, refiriéndose a la gratitud o a la autosatisfacción por haber recibido, así como a la reacción negativa de pena por no haber recibido (tales como, atención, admiración, caricias), o puede que se relacionen con un dar de manera desinteresada y odio a sí mismo como una reacción negativa, si es que dar no fue posible. Del mismo modo, la versión dominio del amor es la lujuria y puede implicar la búsqueda por la dominación o el sometimiento.

En el estado determinado-por-otro, las cosas son un poco más complejas, ya que el negativismo puede ser dirigido a otra persona o en contra de uno mismo, dependiendo quién parezca haber sido el responsable de la falla. Así, el desprecio hacia alguien que falla en dominarnos, puede conducir a la denigración de uno mismo y la autoflagelación, en un intento desesperado por hacer más fuerte a la otra persona, o puede conducir a un esfuerzo redoblado por fortalecer a esa persona, que puede describirse como un compromiso apasionado de lealtad.

De la misma manera, la culpa puede conducir a una forma de odio por uno mismo, en la que uno se niega a sí mismo lo que ha recibido, o a redoblar el esfuerzo por dar, que puede describirse como devoción hacia la otra persona. Entonces, paradójicamente, el compromiso y la devoción que usualmente son vistas como emociones “positivas”, emergen de este análisis como emociones “negativas”, que derivan buena parte de su fortaleza de la suma de poderes del negativismo en esa situación. Si es generada una gran excitación, ésta será experimentada en el estado de negativismo con un tono de enojo. Adicionalmente, todas estas emociones negativas, pueden ser experimentadas con algo de placer y alegría, si se puede mantener el estado paratélico.