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Creencias




Nuestras creencias tienen una fuerte influencia sobre nuestro comportamiento. Nos motivan y conforman lo que hacemos. Es difícil aprender cualquier cosa sin la creencia de que eso nos será placentero o nos brindará algún beneficio. ¿Qué son las creencias?, ¿Cómo se forman y cómo las mantenemos?

Las creencias son los principios que nos guían, los mapas internos que usamos para darle sentido al mundo. Nos brindan estabilidad y continuidad, ya que son información estable que nos ayuda a poner orden dentro de la confusión. Las creencias compartidas nos dan un sentido profundo de compenetración y de comunidad.

Las creencias provienen de muchas fuentes: de la formación, por imitación de quienes nos resultan importantes, conclusiones derivadas de traumas y experiencias repetitivas del pasado. Construimos creencias haciendo generalizaciones de nuestras experiencias del entorno y de las de otros. Algunas creencias nos llegan ya elaboradas por la cultura y el entorno en el que nacemos. Cuando somos jóvenes, creemos lo que nos dicen acerca de nosotros y del mundo, debido a que no tenemos manera de probarlo, y estas creencias pueden permanecer sin modificarse por nuestros logros posteriores, debido a que gozan de la autoridad paterna y se vuelven mandatos inconscientes integrados en el súper-ego que se está desarrollando.

Cuando creemos que actuamos algo como si fuese verdad; entonces hemos realizado un esfuerzo. Esto hace que sea difícil desaprobarlo; las creencias actúan como filtros de la percepción: los eventos son interpretados en términos de las creencias, y “las excepciones confirman la regla”. Las creencias no sólo son mapas de lo que ha sucedido, sino que también son una guía para futuras acciones. Las creencias positivas nos autorizan a hacer uso de nuestras capacidades; nos permiten jugar y explorar en el mundo de las posibilidades.

Por otro lado, las creencias limitantes se suelen concentrar en relación a la idea “No puedo…”. Esta puede ser una afirmación válida para el tiempo presente, pero al creerlo se convierte en una descripción de nuestras capacidades para este momento y para el futuro, programando nuestra mente a fallar debido a que no lograremos encontrar nuestras capacidades potenciales. Las creencias limitantes no tienen una fundamento sólido en la experiencia.

Las creencias pueden ser una cuestión de elección. Cambian y se desarrollan. Pensamos en nosotros mismos de forma diferente, nos casamos, divorciamos, cambiamos amistades y actuamos diferente, debido a que nuestras creencias cambian. Cada uno de nosotros hemos creado muchas creencias sobre nuestras posibilidades y lo que nos es importante en la vida; y eso lo podemos cambiar.

Pero no sirve de nada hacerlo en el contexto de las intenciones estructurales conflictivas. Debemos entender por completo la estructura de los conflictos para que podamos aceptar su realidad y dejen de ser una carga que nos limita. Únicamente en ese contexto, al conocernos de manera completa, podremos visualizar nuevas posibilidades, aquellas que queremos realmente que pasen, sin limitaciones, y trabajar con entusiasmo hacia éstas desde una perspectiva mental creativa (excitación alta integrada). Esto origina un nuevo sistema tensión-resolución que no está en conflicto y será imparable.