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Las palabras y su significado




Las creencias son una parte importante de nuestra personalidad, no obstante, son expresadas en términos muy sencillos: Si hago esto…esto sucederá. Yo puedo… Yo no puedo… Y esto se traduce a: Yo debo… Yo debería… No debo… y así sucesivamente. Las palabras se vuelven obligaciones, y esto sucede en parte por la naturaleza del lenguaje. Las palabras tienen el poder de evocar imágenes, sonidos y sentimiento en el escucha, tal como los poetas y los autores conocen bien. Pueden iniciar o terminar las relaciones, romper relaciones diplomáticas, provocar peleas y guerras.

El lenguaje es una herramienta de la comunicación y, como tal, las palabras significan lo que la gente está de acuerdo que signifiquen. Se trata de una forma compartida de comunicar la experiencia sensorial y los conceptos derivados de ella. Sin ella no habría bases para construir la sociedad tal y como la conocemos. Nos basamos en el hecho de que nuestra experiencia sensorial es lo suficientemente similar como para compartir muchas características en común.

Pero no compartimos exactamente el mismo código, cada uno de nosotros experimenta el mundo de una manera única. Le damos sentido a través de palabras asociadas a los objetos y experiencias a lo largo de nuestra vida y, por supuesto, todos tenemos diferentes experiencias. El hecho de que las personas tienen diferentes códigos y significados, añade riqueza y variedad a la vida. Discutimos hasta entrada la noche sobe el significado de palabras tan abstractas como “honor”, “amor” y “moral”.

El lenguaje es un poderoso filtro de nuestra experiencia individual. Es parte de la cultura en que nacemos y no se puede cambiar. Canaliza nuestros pensamientos en diferentes direcciones; facilita pensar de algunas maneras (socialmente aceptadas) y dificulta otras (menos convencionales). La persona promedio (no vegetariana) responderá positivamente a “suave y jugoso filete miñón” en el menú, pero no a “un pedazo de toro castrado muerto”. Sin embargo, las dos expresiones significan lo mismo.

El mismo comportamiento puede describirse de muchas maneras diferentes, y puede utilizarse para manipular: “Yo soy firme; tú eres obstinado; él es un tonto cabeza de buey”. 'Yo soy atrevida; tú eres pretencioso; ella apesta”. “Yo soy flexible, tú te doblas con el viento; ellos son un montón de oportunistas'.

Considere las siguientes descripciones:

Libro obsceno
Teoría atrevida y original
Empresa sexista
Liberal deschavetado
Economía sensata
Novela realista
Especulación salvaje y plausible
Distribuidores de arte raro y exótico
Humanitario apasionado
Comercio mezquino y cruel

La frase de la izquierda puede describir personas o eventos, que podrían muy bien ser descrito por otra persona con la correspondiente frase en la derecha. Tenga en cuenta que es fácil ver el sesgo en el mapa semántico en los demás, pero no es tan fácil ver el sesgo en el propio. Estas cuestiones son más simbólicas que lingüísticas. Por ejemplo, el español que se vestía para la cena en su solitaria choza tropical, no era un tonto, sino que mantenía una burbuja de realidad española en torno a sí mismo a fin de evitar ser sumergido en la burbuja de la realidad de los nativos. Sólo toma unas cuantas semanas de estar en la cárcel, para convertirse en “un recluso”, sea cual fuere la definición de sí mismo que tuviese antes. Sólo toma unas cuantas semanas de estar en el ejército para convertirse en “un soldado”.

Las palabras son, por lo general, sólo una pálida sombra de la velocidad, la variedad y la sensibilidad de nuestro pensamiento subyacente. Para plantear nuestra idea rápidamente, aplicamos un proceso de selección: una gran cantidad necesariamente deberá ser eliminada, pero quizás demasiada. Es posible que se produzca un exceso de simplificación, de manera que se distorsione el significado subyacente. Tendemos a generalizar, sin ánimo de enunciar todas las posibles excepciones y las condiciones específicas que aplican.

Las palabras “puedo” y “no puedo”, “posible” e “imposible” definen (en el código de quien está hablando) lo que se considera posible. A menudo se utilizan para definir capacidades, pero dado a que son demasiado generalizadas, son limitantes: “No lo podía rechazar”, “No puedo cambiar” o “Es imposible hacer esto”, se toma como un estado de absoluta incompetencia, no susceptible a sufrir cambios. Fritz Perls, propone para responder a esto: No diga “no puedo”, diga “¡no quiero!” Por lo tanto, modifica inmediatamente la idea de su cliente, para que por lo menos reconozca su posibilidad de elegir.

También se podría preguntar: “¿Qué pasaría si lo hubieras hecho? o “¿Qué te detiene?” Son estas las consecuencias y las barreras que han eliminado el pensamiento consciente en la persona. Del mismo modo, las palabras que significan necesidad, como “debería” y “no debería”, “debe” y “no debe”, son normas de conducta, pero no suficientemente explícitas. Esto se expone al preguntar cuál sería la consecuencia si se rompe la regla: “¿Qué pasaría si lo hizo, o si no lo hizo?” La pregunta ¿Qué pasaría?” es la base del método científico. Una vez que las consecuencias y las razones se han hecho explícitas, se pueden considerar de nuevo para ser evaluadas, de lo contrario limitan la elección y el comportamiento.

Considere la frase: “Yo no puedo hacer eso aquí”. “Yo” es la identidad de la persona, “no puedo” se refiere a sus creencias; “hacer” expresa su capacidad; “eso” indica un comportamiento; “aquí” es el entorno. La persona que dice esto, se está segregando del medio ambiente y de la realidad, por limitar innecesariamente sus creencias basado en un uso distorsionado de la lengua.

Cuando tenemos demasiadas cosas en la cabeza, es el lenguaje el que no se corresponde con la experiencia, porque mucho de ello se asume, elimina o generaliza; esto puede provocar la sensación de que la mente está separada del cuerpo. Las creencias no se corresponden con lo que los sentidos nos están diciendo; los pensamientos no crean los sentimientos por anticipado; los deseos no resultan en las acciones necesarias para satisfacerlos, debido a que no están basados en la realidad, la mente está desvinculada y adormecida, y es particularmente susceptible a ser influenciada. Esta es la división mente-cuerpo, lo cual resulta en una dependencia emocional de otras personas, que es terreno fértil para los efectos hipnóticos, y esto se traduce en un estado de trance cultural o “dependiente del entorno”.

Lamentablemente, esto afecta a la mayoría de los seres humanos, especialmente en la cultura actual. La técnica del Diferencial Semántico que se presenta a continuación, reduce drásticamente la posibilidad de que sucedan este tipo de distorsiones del lenguaje, y por ende, reduce la dependencia al trance cultural.