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P S I C O L O G Í A     ●    F I L O S O F Í A     ●    E S P I R I T U A L I D A D
P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


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Exploraciones

Ejercicios sobre el Darse Cuenta







El darse cuenta (awareness en inglés, que se suele traducir al español como conciencia, siendo que significan dos cosas diferentes) se caracteriza por el contacto, por la sensación, por el entusiasmo y la formación gestalt. Para el darse cuenta, es indispensable estar plenamente en contacto con la realidad. Los sentidos determinan la naturaleza del darse cuenta: ya sea la distancia (por ejemplo, la visión o el sonido), cercanía (por ejemplo, táctil) o internas (por ejemplo, sensaciones musculares o fenómenos mentales como sueños y pensamientos). El darse cuenta aumenta por la excitación del interés y la emoción en busca de excitación. El deseo de formarse una gestalt (centrar la atención dentro de un campo de información) siempre acompaña al darse cuenta, de tal manera que emerja un todo organizado. En este proceso de búsqueda, un asunto destaca en primer plano en relación a su contexto. Un mayor darse cuenta, es resultado de una libre aceptación de diferentes relaciones inherentes a un campo, por lo que se integra más y más significado a la comprensión de la verdad; la mayor parte de las veces, algo simple. La fijación en cualquier aspecto resulta en la disminución del darse cuenta.


Ejercicio 1: Aquí y Ahora

En los próximos minutos describa en todo momento aquello de lo que se da cuenta. Inicie cada frase con: “Ahora...” o “En este momento...” o “Aquí y ahora...”.

Note las dificultades y resistencias que surgen. ¿Por qué dejó de hacer este ejercicio cuando lo hizo? ¿Estaba cansado? ¿Se quedó con la mente en blanco y dejó de formar frases? ¿Se puso a fantasear o a deambular en ensoñaciones? Si es así ¿A dónde tiende a ir? (Algunas personas encuentran que es como si estuvieran en el pasado o en el futuro, sin darse cuenta de que es aquí y ahora donde recuerdan el pasado o anticipan el futuro).

Repita el ejercicio de nuevo utilizando todos sus sentido, describa todo lo que está pasando y si usted se siente distante, cercano o dentro. Entonces reflexione sobre: ¿Cuál es su realidad? ¿La puede sentir? ¿Puede sentir que es suya?

En la medida en que su sensación de realidad y el contacto con el momento presente han sido oscurecidos por el uso de la máscara de la personalidad, el esfuerzo por experimentar la realidad provocará ansiedad (tal vez enmascarada en forma de fatiga, aburrimiento, impaciencia o molestia). Lo que le provoca la ansiedad, específicamente, será la particular resistencia que le ahoga y le previene de vivir la experiencia por completo.

Con la práctica, ya no será necesario que verbalice de esta manera para mantener la disciplina de la conciencia del aquí y ahora. Para volver a adquirir la plena sensación del momento, diríjase a lo verdaderamente relevante, esa es una experiencia de gran impacto. La sensación de miedo por la compresión de la realidad de estar vivo es superada. Ya no es necesario modificar o suprimir la verdad. Practique el ejercicio fuera de sesión en circunstancias diversas, pero mantenga un registro por escrito para abordarlo más tarde.


Ejercicio 2: Fuerzas Opuestas

Para que algo se note, se debe distinguir del fondo. Bajo esta idea, no seríamos conscientes de muchos acontecimientos si sus contrarios no existieran; si el día no se pudiera distinguir de la noche, esta distinción no se hubiese hecho y nos faltarían las palabras correspondientes.

Piense en algunos pares de opuestos que no podrían existir si no fuera por la existencia real o implícita de su contrario.

Con algunos pares es posible que usted haya encontrado que había fenómenos que encajaban en posiciones intermedias. Por ejemplo, “comienzo - fin” tiene un rango intermedio, “medio”; el “pasado - futuro” tiene “presente”; “amor - odio” tiene “indiferencia”. Esto constituye un punto “neutral” o “cero” en la continuidad. En una escala numérica los valores disminuyen hasta llegar a cero, más allá de cero, se incrementan de nuevo como valores negativos. En el punto cero de un continuo (o dicotomía de alternativas) uno se da cuenta y se interesa por las posibles situaciones que se extienden en ambas direcciones. Uno se siente atraído a actuar, pero todavía no está comprometido hacia ninguna de las partes.

Las situaciones en las que encuentre bloqueos en la realización de alguna tarea que ha definido para usted, significa que son situaciones de conflicto entre una y otra parte de su personalidad. Usted se da cuenta de la parte que establece la tarea e intenta llevarla a cabo, tal como el primer ejercicio, como por ejemplo, dejar de fumar. Pero se da menos cuenta o nada en absoluto de la otra parte, la que se resiste. En la medida en que actúa en contra de las resistencias, a menudo parecen no ser de su propia creación, sino que le fueron impuestas desde el exterior.

El trabajo de los ejercicios de este libro está destinado a darse cuenta de los conflictos dentro de su propia personalidad y cuáles son las circunstancias que los reactivan. El objetivo es reintegrar las partes desintegradas para poder así incrementar la elección de puntos de vista y acciones posibles. Una de las ventajas de desarrollar su capacidad de ver las cosas de manera inversa, al considerar a los contrarios sin comprometerse, es el poder hacer sus propias evaluaciones libremente.

En su mayor parte, nuestras preferencias “obvias” y formas “naturales” de ver las cosas, son consideradas sin poner atención. Se convierten en rutina y en “correctas”, porque nos resistimos a imaginar lo contrario. Las personas carecen de imaginación, porque tienen miedo de considerar una posibilidad distinta a la cuestión de hecho a la que se aferran desesperadamente; ya que estas son áreas cargadas de intenciones contrarias que no pueden confrontarse.

Imagínese en una situación donde usted tiene deseos e inclinaciones contrarias a las que le son habituales. Si, por ejemplo, usted ha dicho “no” en lugar de “sí”; o si fuera una mujer en lugar de un hombre (o viceversa). Observe los objetos, imágenes o pensamientos, como si su función o significado fuesen lo opuesto a lo que usted habitualmente supondría.

Diviértase con sus evaluaciones habituales de bueno o malo, deseable o repugnante, razonable o tonto, posible o imposible. Esté satisfecho de ubicarse entre ellos en el punto cero, interesado en ambos lados de la oposición, pero sin ponerse de ningún lado. Descubra las circunstancias o las personas que hacen que le sea difícil, incluso en la fantasía, considerar opuestos, donde destacan en primer plano la ansiedad, el miedo o el enojo.


Ejercicio 3: Concentración

En la concentración impuesta, “ponemos” atención donde sentimos que “debemos” hacerlo, al mismo tiempo que distraemos la atención de otros intereses; en la medida en que empleamos más y más energía en eliminar “distracciones”, nos cansamos y aburrimos, fantaseamos o quedamos absortos en un trance hipnótico.

En una concentración espontánea, nuestro interés es atraído, hay una fascinación emocionante y nos quedamos absortos mientras nuestras necesidades y deseos se van despertando. Si la situación es la de percibir algo, hacer un plan, imaginar, recordar o practicar alguna actividad, la mente espontáneamente atiende específicamente a un tema del primer plano y lo distingue de la información del fondo que se va desvaneciendo, creando una vívida figura / fondo gestáltica. Con una atención fluida, el contenido de la figura y el fondo no permanece estático (como en la concentración impuesta), sino que cambia en el transcurso de un desarrollo dinámico en la medida en que destacan nuevos temas de interés en la figura, en contraste con el fondo.

Al seleccionar un significado estable dentro de un caos de información, y desplazarlo hacia otros y relacionarlos, se introduce de forma progresiva cierto orden y significado a la situación. Con plena conciencia del aquí y ahora, lo que podría ser frustrante o aburrido, como esperar el autobús, se hace más agradable. También, las situaciones difíciles en el trabajo pueden tratarse de manera eficaz, e incluso puede derivarse una comprensión más amplia a partir de un conjunto de puntos de vista conflictivos.

Así, los dos obstáculos para el darse cuenta espontáneo son: las figuras demasiado fijas y los fondos demasiado cargados. Entre más completo sea el contacto entre usted y su entorno, y entre más honesto sea al expresar sus sentimientos de deseo, aversión, frío, aburrimiento, rechazo, admiración, etc., con las personas y cosas con las que usted se relaciona, más posibilidades tendrá de darse cuenta de aquello que está escondido (cargado y reprimido), intenciones opuestas que pueden resultar en ideas fijas y juicios.

Deje que su atención cambie de un elemento (objeto, persona, aspecto, situación) a otro, note la figura, el fondo del tema, y sus emociones. Verbalice las emociones cada vez, como por ejemplo: “Por esto siento asco”, “Por aquello siento odio”.


Ejercicio 4: Asimilación

La atención espontánea (más que la impuesta o dividida) está en contacto con el entorno. Los objetos se vuelven simultáneamente más unificados, pero también más detallados. En el siguiente ejercicio, mientras mantiene el aquí y ahora como contexto, usted podrá poner su atención libremente en un objeto. Considere un objeto ordinario, como una silla. Dese cuenta que la silla es una cosa única. Hay otras sillas, pero no son esa cosa única. Nómbrela, “silla”, y dese cuenta de que el objeto no es la palabra. La silla, como objeto, es no verbal. Note los diversos componentes y detalles que conforman su conjunto, tome en cuenta cómo permanecen unidos como una estructura.

A pesar de que el objeto es no-verbal, sus significados (nombre, cualidades, propiedades, funciones, asociaciones, etc.) pueden ser verbalizados Estas son abstracciones, y como palabras, también abarcan muchas cosas además del objeto presente. A continuación, note las cualidades y propiedades que constituyen la silla: forma, color, peso, dureza, suavidad, etc. Revise sus funciones y posibles roles en el entorno: para sentarse, pararse en ella, para venderse y comprarse, etc., así como algunos usos poco usuales, utilizarla como leña o para atrancar una puerta.

Ahora reflexione sobre otras cosas que usted asocia con esa silla. ¿Qué se lleva con una silla? Tal vez una mesa, una comida o una persona cansada, etc. Por último considere qué características tiene en común con otros objetos, es decir, qué clasificaciones le pertenecen: muebles, objetos artesanales, artículos de madera, escultura, cosas que se mantienen en pie, objetos de cuatro patas, etc.

Ahora intente esto en otros temas de su propia elección. Si al considerar el tema, éste lo conduce a una fantasía, mantenga siempre la fantasía de regresar y conectarse con el objeto contemplado en el presente. Haga que todo lo que ha observado se unifique de forma coherente en la experiencia presente, que ahora debe ser mucho más amplia y más consciente que la superficial observación original.

La siguiente parte de este ejercicio consiste en distinguir y luego unificar su percepción del arte y la música. En primer lugar, observe una pintura que le guste. Note las líneas y el dibujo, de forma separada de los objetos pintados y los colores, siga los bordes y contornos de las figuras principales y observe el patrón que conforman. Examine el patrón formado por los espacios vacíos entre los contornos y los objetos principales, entonces observe el patrón producido por cada color; abstraiga el color rojo, azul, verde y así sucesivamente. Si la imagen da la ilusión de ser tridimensional, observe el patrón del primer plano, del segundo plano, y luego del fondo. Observe las luces y sombras. Note como el patrón de las pinceladas representa el uso de los materiales. Por último, mire la escena representada y la historia implicada; aquí es donde uno normalmente comienza a mirar un cuadro más allá de lo evidente. Usted encontrará que la pintura adquiere una nueva belleza y fascinación, y compartirá la alegría del artista. Esta comprensión de la unidad diferenciada, significa que usted está realmente en contacto con la pintura, tal y como lo estuvo el artista.

Ahora intente la misma aproximación con una pieza musical. Reproduzca la misma pieza en varias ocasiones. Cada vez, abstraiga la aparición de un sólo instrumento. Ponga atención únicamente en el ritmo, luego diferencie la melodía y por último el acompañamiento. Con frecuencia encontrará que existen “melodías internas” y líneas de contrapunto de las que no era consciente. Distinga la armonía mientras la siente, es decir, note la progresión de los acordes, así como cuando parece que resuelven y “cierran” la pieza. Si usted desarrolla esta habilidad, la música le reportará una nueva profundidad y un mayor placer.

Para que ocurra cualquier tipo de reconstrucción creativa, primero tiene que haber una deconstrucción de lo existente. Las partes presentes de un objeto determinado, actividad o situación, deben ser recombinadas para satisfacer las necesidades del aquí y ahora. Esto no necesariamente implica que se devalúen los componentes, sino más bien, que se realiza una reevaluación de cómo éstos pueden ir juntos de la mejor forma posible.

Si no se realiza un análisis detallado y se distingue cada parte, no puede haber contacto estrecho, descubrimiento o intimidad. Esto, por supuesto, también aplica en las relaciones personales. Del mismo modo, sin conciencia, una experiencia no se asimila; la experiencia se “traga” por completo sin haberla hecho propia, a menos de que en el futuro se recuerde y experimente plenamente.


Ejercicio 5: Recordar

Los ejercicios anteriores están destinados a aumentar y mejorar su contacto con el entorno. Usted y su medio ambiente, en conjunto (incluidas otras personas), constituyen una manera de funcionar, un sistema de interacción mutua. Al entrar en contacto con su entorno, como ser vivo compuesto, usted entra en contacto con la realidad. De lo que la gente en general apenas se da cuenta, es que el ver y oír son formas de búsqueda, una extensión hacia lo que nos interesa y nos posibilita satisfacer nuestras necesidades. El ser humano y el mundo que lo sustenta, deben estar en íntimo contacto para crecer, desarrollarse y vivir, pero si la persona no se atreve buscar y asumir la responsabilidad de establecer las relaciones necesarias, debido a los miedos y temores adquiridos en experiencias previas, entonces, dado a que son indispensables para el avance de la vida, la iniciativa y la responsabilidad quedan en manos del entorno: los padres, la sociedad, el gobierno o Dios. Estas instituciones “me aportan lo que necesito” o “me obligan a hacer lo que es debido”.

Lo que debe recuperar es la comprensión de que es usted quien ve, oye, se mueve, y que es usted quien pone atención en los objetos de la vida, ya sean estos interesantes o aburridos, deseables u hostiles, bonitos o feos. En tanto crea que su entorno le ha sido impuesto y que usted “lo tiene que aguantar”, tenderá a hacer que perduren los aspectos indeseables de su vida. Consentir en el desamparo prevaleciente, impide la deconstrucción y la reconstrucción necesarias.

La barrera para vivir las experiencias por completo, es la tendencia a asumir como propio lo que uno hace deliberadamente y “a propósito”. De todas las otras acciones no nos damos cuenta. Así, el hombre moderno aísla su “voluntad” de su cuerpo y de su entorno, y habla de “fuerza de voluntad” como si pudiera invocarse sin tener contacto a través de la carne y las circunstancias mundanas. Esta es la escisión de la Mente-Cuerpo.

Los Indios intentan superar el sufrimiento y los conflictos, al atenuar las sensaciones y los sentimientos, para esto se aíslan del entorno. Intentemos nosotros, por el contrario, no tener miedo de animar las emociones y agitar los conflictos tanto como sea necesario, con la intención de conseguir unificar a la persona por completo.

Al hacer estos ejercicios, son de poca ayuda la relajación y concentración forzadas. Las tensiones musculares que impiden la relajación son parte de las mismas resistencias que intentamos atender, así que no debemos perder esto de vista. Los ejercicios que presentamos a continuación, están diseñados para fortalecer su habilidad para experimentar un recuerdo por completo.

Seleccione una memoria que sea lejana o difícil, por ejemplo, recuerde la visita a la casa de un amigo. Cierre los ojos. ¿Qué es lo que ve? ¿La puerta? Alguien que la está abriendo? ¿Muebles? ¿Otras personas? No intente descubrir lo que está en su mente, aquello que usted supone que debería estar ahí, tan sólo ubíquese en el lugar del recuerdo y dese cuenta de lo que está ahí, como un observador. Si permanece en el contexto del recuerdo elegido, se formará la figura / fondo sin su intervención deliberada. No piense en razones como estas: “Debe haber habido sillas, ¿donde están?”. Solamente mire. Relaciónese con las imágenes como si estuvieran presentes en sus sentidos aquí y ahora, y obsérvelas con abstracción detallada, tal y como lo hizo con la pintura. Muy pronto los detalles olvidados aparecerán con naturalidad.

Respecto a la memoria visual, pocos de nosotros mantenemos la memoria eidética (fotográfica) que teníamos durante nuestra niñez. Las demandas convencionales de nuestra educación de abstraer de las situaciones solamente la información útil y verbalizarla, reprimió nuestra capacidad eidética que la mayoría de las personas sólo experimenta en los sueños. Necesitamos practicar, de tal manera que podamos volver a ver los recuerdos vívidamente, con fondo y forma cambiando fácilmente.

Si usted tiene poca memoria visual, la habilidad de ver vívidamente con los “ojos de la mente”, es probable que le haya sucedido porque construyó un muro de palabras y pensamientos entre usted y su entorno. El mundo no se puede experimentar genuinamente si no entramos en contacto con él lo suficiente como para activar las abstracciones verbales previamente adquiridas. El intelecto reprime la participación activa. Mientras tanto, usted debe insistir como si en verdad estuviera visualizando. Es posible que en la mayor parte de la experiencia usted sólo vea sombras de los eventos que recuerda, pero de vez en cuando habrá destellos de visiones. Esta resistencia se mantiene por la tensión de los músculos oculares, como cuando miramos fijamente. Puede ayudar que se tape los ojos con las palmas de las manos, a la vez que ve con ellos la profundidad de la oscuridad.

Se puede aplicar el mismo tipo de entrenamiento al oído y los otros sentidos. Note su resistencia en tratar de recordar las voces de las personas. Si usted no logra hacer esto, puede estar seguro que nunca las escuchó cuando estaban hablando. Tal vez estaba preocupado por lo que iba a decir cuando tuviera oportunidad, o tal vez le desagradaba quien estaba hablando más de lo que usted suponía.

Los olores, sabores y movimientos no son fáciles de volver a experimentar de esta manera, porque estos sentidos “cercanos” están cargados con emociones. Ver y oír, dado a que son sentidos “distantes”, pueden desconectarse de la participación de cuerpo presente y volverse carentes de sentimiento; a excepción de nuestras respuestas hacia la estética, que tiende a pasar a través de nuestros bloqueos musculares.

Así que ahora recuerde la experiencia como antes, pero ahora integre tantos sentidos como le sean posibles, no sólo lo que vio, sino también lo que escuchó, olió, saboreó, tocó y sintió en sus movimientos, y dese cuenta del tono emocional y los cambos de tono que sucedieron en esa experiencia. ¿Prefiere evitar el recuerdo de alguna persona en particular? ¿La escena se mantiene estática o hay movimiento? ¿Hay drama en la escena? ¿Sólo puede ver imágenes fugaces o puede continuar hasta ver los detalles sin perder el panorama completo?


Ejercicio 6: Afinar el sentido del Cuerpo

Nuestra estrategia para desarrollar el darnos cuenta, es extender en todas direcciones las áreas de nuestro darnos cuenta presente, incluidas las partes de su experiencia que preferiría evitar o que no las acepta como propias. Mientras usted está despierto, se está dando cuenta de algo. Cuando está con la mente ausente o en estado de trance, el darse cuenta se atenúa; el fondo / forma no aparece y conduce a experiencias intensas en forma de memorias, intenciones, planes, acciones. Muchas personas viven en trance permanente, hasta el punto en el que no existe interés por las experiencia no-verbal. Entonces, el pensamiento verbal es el que domina su realidad subjetiva. Nuestro intento es recobrar el darnos cuenta de toda la experiencia como un todo, ya sean éstos aspectos espirituales, mentales, verbales, intuitivos, físicos, sensoriales, emocionales o ambientales (todos abstracciones), dado a que es de su funcionamiento integral del que emergen vívidas figuras / fondos.

La gran barrera para el darse cuenta, es la tendencia a falsificar el flujo integral de la experiencia al inhibirla (censurarla). Es como tratar de conducir un auto con el freno puesto. Forzarse a uno mismo a hacer algo, no puede suceder de no ser que coexista una intención opuesta para detenernos o inhibirnos, y que esta intención opuesta sea equivalente a uno mismo. Cuando se desvelan estos conflictos reprimidos al aumentar el darnos cuenta, debemos identificarlos y las creencias deben ser revisadas.

Así que al practicar el darse cuenta, observe la siguiente fórmula:

  1. Mantenga el sentido de realidad - el sentido de que su darse cuenta existe aquí y ahora.

  2. Comprenda que usted es quien vive la experiencia - al actuarla, al observarla, al sufrirla, al resistirla.

  3. Atienda y siga todas las experiencias, ya sean internas o externas, lo abstracto y también lo concreto, aquello que tiende hacia el pasado o aquello que se dirige hacia el futuro, aquello que usted “desea”, aquello que “debería”, aquellas que simplemente “son”, aquellas que produce deliberadamente y las que suceden de forma espontánea. Hágase responsable de todas ellas, incluyendo los bloqueos y los síntomas.

  4. En relación a cada experiencia sin excepción, verbalice: “Ahora me doy cuenta de…”
Note que los procesos se están llevando a cabo, y que usted está involucrado y es afectado por ellos. La noción de que los pensamientos entran a su mente debe ser sustituida por el insight de que es usted quien piensa sus pensamientos. Comprender esta continua implicación no es fácil, y la mayoría de las personas se evaden de aceptarlas como propias, por identificarse sólo con aquellos procesos que son deliberados. El objetivo es ampliar los límites de lo que usted identifica como usted mismo, para incluir cada aspecto que lo compone, de tal forma que será capaz de hacer, sin esfuerzo, mucho de lo que antes le era imposible.

Ahora que acepta todo lo que abarca su darse cuenta, empiece a diferenciar lo siguiente: Primero atienda los eventos externos: lo que ve, sonidos, olores, movimientos, etc., pero sin suprimir otras experiencias. Después, en claro contraste, concéntrese en sus procesos internos: imágenes, tensiones musculares, emociones, pensamientos. En tercer lugar, uno por uno, distinga estos diferentes procesos internos, concentrándose en ellos individualmente, reconociendo sus funciones, cualidades, naturalezas y partes que los componen, y la manera en que cambian y responden al contexto que los rodea.

A continuación, concéntrese en las sensaciones de su cuerpo como un todo. Deje que su atención divague recorriendo cada parte de su cuerpo. ¿Cuánto de usted puede sentir? Reconozca los dolores y punzadas que suele ignorar. ¿Qué tensiones musculares puede sentir? Al atenderlas, permita que continúen y no intente relajarlas prematuramente. Intente delimitar sus límites con precisión. Reconozca las sensaciones en la piel. ¿Puede sentir donde está su cabeza en relación a su cuello y sus hombros, etc.? ¿Dónde están sus genitales? ¿Dónde está su pecho, estómago, espalda, brazos, piernas, etc.? A la mayoría de las personas, a falta de la adecuada propiocepción (sentido que informa al organismo de la posición de los músculos) de las partes de su cuerpo, apenas saben donde están las piernas para visualizar en donde están, en vez de sentirlas ahí. Amplíe el ejercicio y camine, hable, póngase de pie y siéntese; dese cuenta de los detalles sin interferir en ellos.

Si nota una discrepancia entre el concepto verbal del ser y el darse cuenta que siente al ser, ahí hay una neurosis. Así que note la diferencia mientras recorre de una parte a otra, y no se engañe pensando que siente más de lo que en verdad siente. Vale la pena invertir muchas horas en este ejercicio (en dosis moderadas). Es la base para disolver las tensiones musculares en las que están ancladas las resistencias, y también es el medio para resolver las enfermedades psicosomáticas.


Ejercicio 7: Experimentar Emociones

Cuando se deshace la deliberada dicotomía entre “interno” y “externo”, usted experimenta la unidad diferenciada de usted-en-su-mundo. Esta gestalt siempre cambiante es de vital importancia, porque es su vida en el proceso de ser vivida. La evaluación de esta experiencia es lo que constituye una emoción. La emoción es un proceso continuo, dado a que cada instante de la vida lleva consigo un tono de sensación de grados variados de agrado o desagrado. Sin embargo, en el hombre moderno, esta continuidad de la experiencia emocional se reprime en gran medida, la emoción se considera como una especie de erupción volcánica que emerge inexplicablemente en el comportamiento propio, en el preciso momento en que uno desearía ejercer control.

La emoción está siempre en el fondo en tanto uno esté vivo, pero se convierte en figura cuando hay un interés y preocupación en lo que uno está experimentando. Es decir, la naturaleza de la emoción sentida está determinada por la propia evaluación de los acontecimientos. Debido a que la emoción energiza las medidas adecuadas, o la búsqueda de lo que es apropiado.

En forma primitiva indiferenciada, la emoción es sólo entusiasmo, el incremento de la actividad metabólica y el aumento de la movilización de la energía que es la respuesta del organismo a experimentar situaciones nuevas o estimulantes. En el recién nacido esta respuesta no tiene dirección. Luego que el niño diferencia progresivamente entre las partes de su mundo (la constelación de acontecimientos que enfrenta en diversas ocasiones), en correspondencia diferencia su entusiasmo por incitaciones selectivas que promueven la acción.

Las emociones son marcadamente diferenciadas en estructura y función, así como lo es la persona que las experimenta. Cuando las emociones no fueron diferenciadas sino reprimidas, el niño crece hacia la edad adulta sin darse cuenta de su preparación emocional. Mantiene una “madurez” precaria con la falsa cara del convencional “auto-control”. El mundo exterior y sus exigencias, son consideradas como reales, mientras que los impulsos de las necesidades orgánicas son en gran medida menospreciados al pensar que existen “sólo en la mente”.

El siguiente ejercicio requiere que busque darse cuenta de las emociones dolorosas; las que procuramos evitar. Tales emociones no deseadas, deben traerse a la conciencia y descargarse, antes de que podamos tener la libertad de entrar a las situaciones donde las vivimos previamente. Por ejemplo, una persona tiene miedo de hablar en público, porque en una ocasión anterior la audiencia le fue indiferente. Un hombre puede tener miedo de enamorarse, porque una novia anterior lo abandonó. O una mujer puede tener miedo a enojarse, porque en su infancia fue humillada por mostrar sus sentimientos. Todos hemos tenido innumerables experiencias que pueden reactivarse y causar ansiedad, y sentimientos reprimidos que todavía no hemos enfrentado. Al recordar estas experiencias, una y otra vez, hasta el punto en que podamos reexperimentar las emociones bloqueadas, ya no causarán ansiedad porque podremos ver los incidentes en perspectiva.

En su mente, vuélvalo a vivir una y otra vez, en cada ocasión recobre más detalles y profundidad del sentimiento; experiencias que conlleven una fuerte carga emocional. ¿Cuál es la experiencia más aterradora que puede recordar? Siéntala otra vez tal y como sucedió. Otra vez y otra vez. Utilice el tiempo presente. Cuando aparezcan las palabras, repítalas en voz alta una y otra vez, escúchese decirlas y sienta como las expresa. ¿En qué ocasión sufrió la peor humillación? Vuelva a vivir esa experiencia en repetidas ocasiones. Mientras lo hace, note si le sirve para recordar una experiencia anterior del mismo tipo. Si es así, muévase hacia ésta y trabájela en varias ocasiones.

Haga lo mismo para muchas otros tipos de experiencias emocionales. ¿Tiene usted alguna situación de tristeza que no ha concluido? Cuando murió alguien querido, ¿fue capaz de llorar?, si no ¿lo podría hacer ahora? ¿Puede usted imaginar estar al lado del ataúd y darle la despedida? De igual manera recuerde cuando estuvo furioso, avergonzado, culpable, etc. Vuelva a vivir la experiencia ahora. ¿Puede sentir la experiencia por completo? Si no, ¿puede sentir lo que hace para bloquearla?


Ejercicio 8: Verbalizar

Verbalizar significa “poner en palabras”. Verbalizar de forma saludable comienza desde lo que no es verbal, como objetos, condiciones, el estado de las cosas, y termina en la producción de efectos no verbales, tales como sentimientos y acciones. Cuando uno teme el contacto con la realidad, con personas de carne y hueso, y con las sensaciones y sentimientos en uno mismo, las palabras se pueden interponer como una pantalla.

El “intelectual” (y muchos de nosotros, en menor medida) intenta ser objetivo acerca de sus experiencias personales en formas compulsivas y obsesivas; que en la práctica significa teorías puestas en palabras acerca de sí mismo y su mundo. Pero dado este enfoque, evita el contacto con los sentimientos, el drama, el alma de su vida y aquellas con quienes la comparte. Sustituye la vida con palabras; aislado del resto de su personalidad, con desprecio por su cuerpo y preocupado por las victorias verbales, al discutir racionaliza, impresiona, se promueve y, en general, se empeña en tener la razón. Todo esto es alimentado por los miedos, pero los problemas reales de su vida transcurren sin control.

Cuando un niño aprende el idioma, hablar en voz alta sucede antes que suceda el habla interior, pero más tarde ubica este lenguaje adquirido para su uso privado como “pensamiento”. La mayoría de los adultos consideran al pensamiento como algo que sucede antes del discurso y que es independiente de ellos. “Es fácil pensar, pero es difícil expresar los pensamientos”. Esto se debe al temor del cómo reaccionarán los demás cuando expresamos nuestros pensamientos. Una vez que la persona se prepara para hablar de su tema, pierde el miedo y deja de ensayar su discurso. En el momento en que se hace evidente que no hay nada que temer, el pensamiento y el habla se vuelven idénticos. Con el fin de integrar el pensamiento verbal y nuestra existencia, debemos ser conscientes de ello.

El medio para orientarnos con respecto a hablar, es escuchar. Escuche sus propias palabras cuando habla. Grabe su voz. Cuanto más difiera el concepto que tiene de su ser del de su personalidad actual, más difícil le será reconocer su voz como propia.

Ahora recite un poema en voz alta, y una vez más, escúchese a sí mismo. Repita la recitación una y otra vez, no importa como suene, hasta que pueda sentir la integración del hablar y el escuchar. A continuación, recite el mismo poema subvocalmente (bajo su aliento) hasta que le sea fácil escucharse decirlo mentalmente.

Al leer un libro, escúchese leyendo subvocalmente. Al principio esto lo hará lento y sentirá impaciencia, pero en poco tiempo podrá escucharse tan rápido como es capaz de leer, y la práctica mejorará su memoria al aumentar contacto con el material que lee. Una vez que ha identificado objetivamente el discurso subvocal, encontrará que ya no hay necesidad de que subvocalice las palabras y podrá leer con mucha más velocidad, simplemente duplicando las palabras.

A continuación, empiece a escuchar su pensamiento subvocal. Al principio, cuando se escuche como orador subvocal, enmudecerá, pero después de un rato comenzará a murmurar. Usted escuchará pedazos de frases incoherentes flotando alrededor. Dese cuenta de la manera en que habla en su interior. ¿Demuestra enojo, quejas, es infantil? ¿Lo dice con pedantería a pesar de que el significado ya se ha comprendido? Observe el ritmo, el tono, y reconozca las frases que usa. ¿A quién le está hablando? ¿Con qué fin? ¿Modifica las frases como si estuviera escondiendo algo? ¿Trata de impresionar? ¿Su pensamiento es indeciso y desconcertante? En situaciones internas dramáticas, mucho de lo que usted siente como evaluaciones y juicios morales, es la parte del Superego hablando subvocalmente; todos los “debería” o “no debería” que ha llevado consigo y con los que se ha identificado.

Persista hasta que tenga la sensación de que se han integrado el escuchar y el hablar. Su pensamiento será mucho más coherente y expresivo. Los pensamientos redundantes y aleatorios tenderán a desaparecer, dando paso a un discurso más suave y conciso, y el Superego será absorbido progresivamente dentro del pensamiento auto-dirigido por la conciencia.

Tenga en cuenta que su forma de hablar es una parte de usted, pero hay más que eso, la mayor parte no-verbal en usted es la que se da cuenta de que se da cuenta. Cuando haya dominado la escucha interior, continúe al paso definitivo: la producción de silencio interior. No confunda el silencio interior con oscuridad, estar en trance, o el cese de la conciencia. Por el contrario, sólo el habla es silencio; todo el resto del darse cuenta persiste, con una mayor claridad.

Mantenga el silencio internamente; absténgase de hablar subvocalmente, pero manténgase despierto y dándose cuenta. En un primer momento es probable que sólo podrá hacerlo durante unos segundos a la vez, dado a que el pensamiento obsesivo arranca de nuevo. Así que, para empezar, siéntase contento de notar la diferencia entre el silencio interior y el hablar, pero permita que alternen. Una manera eficaz de hacer esto, es coordinarlos con su respiración. Sin palabras, mientras inhala (esto corresponde a la conciencia del cerebro derecho), a continuación, en la exhalación, deje que se expresen las palabras que hayan surgido (en la conciencia del cerebro izquierdo) subvocalmente, o susúrrelas con suavidad.

Si persiste con este ejercicio, su visualización será más brillante, sus emociones más claras, las sensaciones de su cuerpo más definidas, la atención y la energía utilizada en subvocalizar sin sentido, será invertida en estas más sencillas funciones básicas. Además, se dará cuenta de que no subvocalizar más, no lo detiene de la intuición no-verbal y la visualización. Esta es Mente Superior, que no necesita lenguaje, y por supuesto, usted estará en contacto con el aspecto espiritual ilimitado de sí mismo, el Ser Superior.


Ejercicio 9: Comportamiento Retroflexionado

Retroflectar significa literalmente “irse furtivamente en contra”. Cuando una persona retroflecta su comportamiento, hace a sí misma lo que originalmente hizo a otras personas u objetos. Él deja de intentar manipular cambios en el entorno para satisfacer sus necesidades, porque ha encontrado con una oposición insuperable. Él fue frustrado y tal vez castigado. Así que, -dado que todavía tiene la necesidad de comportarse de esa manera para obtener algo de satisfacción- para contener el esfuerzo, redirige la actividad hacia adentro y sustituye al entorno por sí mismo, como objetivo de su comportamiento y su sentimiento. ¡La auto agresión tiene asegurada a su víctima! Mientras hace esto, se divide a sí mismo en el “que hace” y a ”quien se lo hacen”, un conflicto interior. Parte de su energía permanece como impulso reprimido (contenida en forma de tensión muscular), mientras que el resto de la energía la regresa (al tensar los músculos antagonistas para retener y no dejar salir los impulsos).

Cuando una persona no se da cuenta de su necesidades e impulsos subyacentes, y no se da cuenta de la retroflexión con la que está reprimiendo sus impulsos, el conflicto se vuelve habitual, crónico y fuera de control. Olvida la necesidad y la retroflexión inhibidora; un punto muerto perpetuado en la personalidad; esto es la represión.

Con frecuencia un niño sale perdiendo ante un hostil y más fuerte entorno. Pero no somos niños. Somos más grandes, fuertes, y tenemos derechos que le son negados a los niños. Seguramente en estas circunstancias, ¡vale la pena hacer un intento por tomar de nuestro entorno aquello que necesitamos!

Una vez que la persona descubre su actuar retroflexivo (ya que como agresión en contra del ser, usualmente se encuentra disponible para el darse cuenta) y gana control sobre este, el impulso bloqueado será recuperado automáticamente. Entonces deberá expresarse y descargarse. Sentimientos poco habituales y agresiones, pueden ser resucitados, la persona podrá entonces aprender gradualmente a tolerarlos y utilizarlos de manera constructiva, aunque también puede que se retraiga al estado de no darse cuenta que le produce alivio. Pero no serán de utilidad hasta que uno pueda darse cuenta de los propios impulsos agresivos y ponerlos en una perspectiva constructiva.

Uno puede, para empezar, descubrir y aceptar el hecho de que “la toma contra sí mismo”. Puede darse cuenta de las emociones de la parte retroflexiva de su personalidad, con lo que emergerá el impulso subyacente hacia afuera. Entonces podrá redirigirlo hacia una expresión sana, ya que lo ha diferenciado y admitido para integrarlo a la parte más madura de su personalidad. La retroflexión también incluye lo que uno necesitaba de otros pero no lo logró conseguir; con el resultado de que ahora, aquello que necesita de parte de otros, puede dárselo a sí mismo. Esto puede incluir atención, amor, lástima, castigo o las otras necesidades interpersonales que no pueden ser realistamente gratificadas por uno mismo.

Trate de entender con claridad que cuando “se pregunta” algo, se pegunta de manera retroflexiva. Usted no sabe la respuesta o no tendría que hacerse la pregunta. ¿Quién sabe en su entorno, o siente que debería saber? Si identifica a esa persona, ¿puede darse cuenta de la necesidad de preguntarle? ¿Qué lo detiene a hacerlo? ¿Es por timidez, miedo o rechazo, renuencia a admitir su ignorancia?
Cuando se “consulta a sí mismo” acerca de algo, ¿puede darse cuenta de su motivo? Esto puede ser un juego, una burla, una consolación, o hacer un reproche. ¿Por quién se está sustituyendo?
Considere el auto reproche como culpa fingida. ¿A quién le está haciendo ese reproche? ¿A quién quiere reformar o criticar? ¿En quién quiere despertar la culpa que usted pretende producir en sí mismo?
Poco a poco empezará a ver el papel que desempeña en su relaciones interpersonales, y ver cómo es que los demás lo ven. Si usted siempre está haciéndose las demandas, usted también está, implícita o explícitamente, exigiendo a los demás, y esta es la manera en que es visto por ellos. Si se siente enojado consigo mismo, usted se sentirá enojado incluso con la mosca en la pared. Al ser la “persona-le-que-dice-siempre-que-sí” a todos los demás, retroflectamos el negativo y nos decimos “No” a nosotros mismos; a aquello que nos es importante. En la represión retroflexiva, uno se desvincula de la conducta reprimida y se identifica con la conducta represiva. Dado a que esto se hace de forma desconsiderada, por motivos racionalizados, no se dará cuenta de la conducta reprimida y esta se continuará manifestando. Debe darse cuenta y aceptarla antes de que se convierta en agresión, que si es racional y saludable, el reproche puede convertirse en acercamiento.

Sentir lástima por el sufrimiento de otra persona más débil o inferior, es un regodeo disfrazado. Al sentir lástima enfatizamos la discrepancia entre él y nosotros, esta actitud sirve de motivación a lo que llamamos caridad. Cuando el interés por el sufrimiento de otros es genuino, conlleva la urgencia de ayudar de forma práctica y asumir la responsabilidad para que cambie la situación. La lástima llorosa, más bien es regocijo masoquista por la miseria. Cuando esto es retroflexionado nos encontramos en la situación de tener lástima por uno mismo.

Examine un ejemplo de lástima por sí mismo en su propia vida.
¿Por quién quiere sentir lástima? ¿Quién quiere que sienta lástima por usted?
Cuando una persona demanda “¿Cómo puedo obligarme a hacer lo que debo hacer?”, en realidad está diciendo, “¿Cómo puedo reprimir la parte fuerte en mi que no quiere hacerlo?”, y racionaliza la retroflexión (“debo”). En el compulsivo, el “Yo” se identifica con objetivos rígidos y trata de pasar hacia ellos con una embestida, el “gobernante” y “el gobernado” están en continuo conflicto. Revierta una situación en la que se obliga a mismo. ¿Cómo obligaría a otros a realizar la tarea por usted? ¿Los intimida, soborna, amenaza, recompensa o manipula? ¿Cómo reaccionar ante su propia manera de obligar? ¿Pone oídos sordos? ¿Se hace promesas que no tiene intención de mantener? ¿Responde con culpa y paga la deuda con el auto-desprecio y la desesperación?

Otra versión de la retroflexión a considerar, es el desprecio por uno mismo: auto evaluación compulsiva; viviendo todo el tiempo la discrepancia entre el desempeño real y el que sería ideal. Al invertir la retroflexión, la persona deja de evaluarse a sí misma y comienza a evaluarse en relación a su entorno. Pronto se dará cuenta de lo inútil de su actitud y dejará de hacerlo. Se dará cuenta de que sus evaluaciones retroflexionadas no son más que un mecanismo que reside en sí mismo.

¿Qué dudas tiene acerca de sí mismo? ¿Desconfianza? ¿Desprecio? ¿Puede revertir esas actitudes, quién es la persona que duda? ¿De quién sospecha? ¿Quién le gustaría que manejara las cosas?
Las retroflexiones son manipulaciones de sus propios impulsos como sustituto de otras personas y objetos. La retroflexión se convierte en auto-abuso cuando ha censurado, ahogado y silenciado por completo una parte de sí mismo, de modo que ya no pueda alzar la voz su personalidad consciente. Pero no importa qué tan cerrada se encuentre esta parte censurada, de todos modos ejerce presión. La lucha continúa, simplemente ha perdido conciencia de ello.

Debido a que los músculos se corresponden con el conflicto mental, el resultado será una inevitable disfunción psicosomática. Alteraciones en la coordinación, dolores (como los dolores de cabeza), debilidad o incluso la degeneración de tejidos, son producidos por la tensión muscular.

La única manera de resolver el problema crónico de la tensión muscular -y de todos los demás síntomas psicosomáticos- no es relajarse deliberadamente y aislarse de estos, sino más bien hacerse plenamente consciente de los síntomas al aceptar que las dos partes en conflicto están en usted. Esto significa volver a identificarse con partes de su personalidad de las cuales se ha disociado. De este modo, es mejor asumir la responsabilidad por su dolor de cabeza que tomarse una aspirina. El medicamento atenúa temporalmente el dolor, pero no resuelve el problema, sólo usted puede hacerlo. El impulso reprimido debe encontrar la forma de ser expresado y satisfecho. Al prestarle atención y permitirle interactuar con el resto de su comportamiento, encontrará su lugar en la integración de su personalidad.

Al desbloquear la expresión del impulso, normalmente se da una liberación de energía reprimida. Por ejemplo, el letargo de una depresión será sustituido por las emociones ocultas que se encontraban contenidas: rabia o sollozos. O si usted se concentra en un dolor de cabeza y permite que ocurra, es posible que tarde o temprano se dé cuenta de que el dolor de cabeza es producido por las tensiones musculares en el cuello. Usted puede entonces darse cuenta de que está triste y tiene muchas ganas de llorar, para después soltar los músculos y dejar que las lágrimas fluyan. Las sensaciones de entumecimiento también pueden resolverse. Si el impulso reprimido se manifiesta físicamente de manera significativa, con la situación o las personas en mente, y con la sensación de que es usted quien lo está haciendo y es responsable por ello, permitirá que se descargue.


Ejercicio 10: Descubrir Introyecciones

Una introyección es una “lección” que usted se ha tragado por completo sin haberla comprendido, tal vez en relación a la autoridad, que ahora ocupa un lugar como si fuera propia. Dado a que las introyecciones son forzadas con tanta frecuencia en el individuo, la hostilidad es lo primero que se siente contra quien coacciona. Debido a que este conflicto se da antes de que ésta se resuelva, la hostilidad se retroflecta, esta es la situación normalmente conocida como “autocontrol”.

En la medida en que ha saturado su personalidad con introyecciones, usted tendrá afectada su capacidad de pensar y actuar desde su propia determinación. El “yo” que está compuesto por introyecciones no funciona espontáneamente, dado a que está compuesto por conceptos relacionados con deberes, normas, y puntos de vista de “naturaleza humana” que son impuestos desde el exterior. Este es el típico “superego”. La correcta asimilación de ideas, agresiones recibidas y experiencias, para hacerlas propias, requiere de un análisis objetivo (desestructuración) con la parte racional concentrada en función de las necesidades. Esto en contraste a la simplista definición de “antisocial”, “equivocado” o “malo”, que es la base de la introyección.

Una forma de descubrir que parte en usted no es suya, es recobrar el sentido original (reprimido) de disgusto, y la urgencia de rechazar o escupir aquello que fue tragado. Si desea liberar la carga de las introyecciones en su personalidad, usted debe intensificar el darse cuenta de el “sabor” de la reglas morales, opiniones, prejuicios y actitudes que aceptó como normales, y si “saben mal” entonces ¡escúpalas! Este material puede entonces ser desestructurado y las mejores partes pueden ser absorbidas para recuperar un superego autónomo.
Para eliminar las introyecciones de su personalidad, el problema es diferente al de las retroflexiones: acepar las partes disociadas en usted; sino el que se de cuenta de lo que no le pertenecen en verdad, para adquirir una actitud crítica y selectiva hacia lo que se le ofrece. Sobre todo es la habilidad de “masticar” la experiencia para que lo que se “traga”, nutra sanamente.

Los neuróticos hablan mucho acerca de ser rechazados. Esto es en mayor parte la proyección hacia otros del odio que sienten hacia sí mismos, el disgusto reprimido que han incorporado a su propia personalidad, las miles de posibilidades no asimiladas, alojadas como introyecciones, que no son digeridas y que tampoco son digeribles. Digerirlas requiere del proceso de exponerlas para trabajar en ellas como “asuntos pendientes” para después asimilarlas.


Ejercicio 11: Descubrir Proyecciones

Una proyección es un rasgo, actitud o sentimiento personal que no es experimentado como tal; en su lugar le es atribuido a otra persona en el entorno, y son experimentadas como dirigidas hacia la persona que las está proyectando. Por ejemplo: quien proyecta, sin darse cuenta que está rechazando a los otros, piensa que lo están rechazando a él. Igual que la retroflexión y la introyección, es una defensa en contra del conflicto y la tensión de lo que resulta desagradable. Aunque la persona se dé cuenta (como la sensación de ser rechazada), dado a que no puede expresarlo abiertamente, asume que proviene de los otros y pierde la sensación de que es ella quien está sintiendo el impulso. Al no hacerse responsable de la situación, se considera a sí misma como el objeto pasivo que es maltratado y hecho víctima. Suponga que tiene una cita con una persona y que esta se tarda en llegar. Si, sin tener mayor evidencia, usted llega a la conclusión de que esta es una señal de desprecio, entonces proyecta desprecio (una proyección hacia afuera) o desprecio por sí mismo (una proyección hacia adentro).
En su propio caso, ¿Por quiénes sintió rechazo? ¿Con que bases los rechazó, de qué forma le fallaron? ¿Usted siente estas mismas faltas en sí mismo? ¿Rechaza en sí mismo las mismas cosas que piensa que los otros rechazan de usted?
Ahora imagine a un conocido. ¿A usted le gusta o le disgusta este o aquel rasgo o comportamiento? Háblele en voz alta, dígale que acepta esta característica o manierismo, que no puede tolerarlo cuando hace esto o aquello, etc. ¿Es capaz de sentir lo que dice? ¿Le surge ansiedad? ¿Se siente consciente, o con miedo de que pueda perjudicar la relación al hablar con franqueza? ¿Está usted rechazando en los mismos términos en los que usted cree que es rechazado?
Usualmente, quien proyecta, puede encontrar “pruebas” de que lo imaginado es realidad. Estas racionalizaciones y justificaciones siempre están a mano de quien las necesita; tal vez encontrando alguna queja genuina pero insignificante, para luego exagerarla. La más ligera evidencia bastará, y si fuese equivocada, entonces la situación se repetirá hasta encontrar otra evidencia. Un caso común de proyección paranoica es la del esposo celoso de su esposa. Si usted es propenso a este tipo de celos, pregúntese si usted no está reprimiendo el deseo de ser infiel del mismo modo. A veces la pareja que siente celos lo que hace es reprimir sus impulsos homosexuales y por tanto imagina que el otro es atraído por otro hombre o por otra mujer, y fantasea que ellos están juntos. Un caso extremadamente peligroso de proyección son los prejuicios de raza, clase, edad, sexo, etc. A los grupos agraviados se le atribuyen rasgos que en realidad le pertenecen a la persona prejuiciosa, pero que esta reprime del darse cuenta. Revise cuantos de sus prejuicios son proyecciones. Esta actitud irresponsable está incrustada en nuestro lenguaje y en las instituciones. En un mundo de proyecciones, el ser raramente expresa algo; en su lugar “sólo sucede”. En vez de pensar, un pensamiento “ocurre”. Sus problemas le “preocupan”, cuando en realidad él es motivo de preocupación para los demás. Las instituciones deben ser “culpadas” porque nos controlan, como si no fuésemos los individuos quienes las avalamos. Enajenado de sus propios impulsos, el hombre hace “cosas” fuera de su propio comportamiento para negar su responsabilidad sobre ellas, trata de olvidarlas o esconderlas, o proyectarlas y sufrirlas, como si vinieran de afuera.
Examine su expresión verbal: traduzca las frases donde “ello” es el sujeto y usted es el objeto, en frases en donde el “Yo” es el sujeto. Por ejemplo, “Me sucedió que tengo un compromiso” traducido a “Recuerdo que tengo un compromiso”.
El objetivo es darse cuenta que usted es creativo en su entorno y es responsable de su realidad, no para culparse, pero sí para hacerse responsable en el sentido de que es usted quien permite que permanezca o cambie.