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P S I C O L O G Í A     ●    F I L O S O F Í A     ●    E S P I R I T U A L I D A D
P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


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Dos maneras de saber




Una persona creativa es aquella que puede procesar de nuevas maneras la información sensorial ordinaria (disponible a todos) que tiene a mano. Un escritor necesita palabras, un músico necesita notas, un pintor necesita percepciones visuales, y todos necesitan algo de conocimiento acerca de su oficio. Pero adicionalmente, en el proceso creativo se lleva a cabo un segundo modo de procesamiento mental: en un estado de conciencia alterado, el individuo ve posibilidades para transformar información ordinaria en una creación original.

Se han postulado conceptos sobre la dualidad de la naturaleza humana por filósofos y científicos de diferentes épocas y culturas. La idea clave es que hay dos formas paralelas de “saber”: pensar y sentir, intelecto e intuición, análisis objetivo e insight subjetivo. Los escritores dedicados a la política, generalmente analizan el lado bueno y malo del tema que analizan, pero al final votan según sus presentimientos. La historia de la ciencia está repleta de anécdotas sobre investigadores que trataron de resolver un problema reiterativamente, y que después tuvieron un sueño en el que la respuesta se les hizo presente a manera de una metáfora que fue comprendida intuitivamente por el científico. En otro contexto, una persona puede intuir respecto a otra. “Sus palabras parecen estar bien, pero algo me dice que no debo confiar en ella”: ambos lados del cerebro están trabajando, procesando la misma información de manera diferente.

El cerebro funciona en dos modos muy diferentes. El primer modo es lineal, lógico, pensamiento verbal, que normalmente identificamos como nuestra “mente”: el “programa semántico” del hemisferio izquierdo de la corteza cerebral. El segundo modo es holístico, intuitivo, funcionamiento no verbal (no lo podemos llamar “pensar”) del hemisferio derecho. De este último, usualmente no nos damos cuenta de manera consciente, excepto como resultado de su funcionamiento, que es transferido al hemisferio izquierdo para que haga la interpretación del análisis verbal.

Esta dualidad de funcionamiento es transferida a la manipulación de objetos por las manos. La mano derecha de una persona controla el movimiento fino con detalle, como el escribir, ajustar mecanismos, utilizar herramientas o hacer cualquier cosa que requiera una secuencia de acciones. Mientras tanto, la mano izquierda establece el punto de anclaje o de referencia.

Usted podría decir que el hemisferio derecho es la tiza y el hemisferio derecho es el pizarrón. El asunto del lado derecho, es el plan; el del lado izquierdo es ponerlo en acción. El lado izquierdo es lineal, no puede tratar con más de una cosa a la vez, y olvida sucesiones de palabras y números con facilidad. El lado derecho retiene la gestalt (la forma o el TODO), la visión general. Puede comparar muchas cosas simultáneamente, y su memoria de imágenes, sentimientos y emociones, es permanente. Es como “figura y entorno”, forma y fondo, representación enfocada y percepción de la visión general.

Alexander Luria, el gran neuropsicólogo ruso, describe en su libro “Man with a Shattered World” (título en inglés), cómo un soldado recibió una herida de bala que dañó severamente el cortex derecho, sobrevivió y tenía experiencias muy extrañas. Mientras comía sopa, cuando se concentraba en la sopa, desparecía la cuchara; cuando se concentraba en la cuchara, desparecía la sopa; y cuando se concentraba en el sabor, ¡desparecía todo el cuarto!

Sin esta aptitud, la música no sería posible. El hemisferio izquierdo identifica una sóla nota al mismo tiempo, mientras que el hemisferio derecho es capaz de lograr una visión general del contexto; lo que se está tocando y anticipa lo que sigue a continuación, de tal manera que la improvisación y la interpretación emocional sean posibles. El músico con un lado izquierdo dominante, apenas podría afinar el instrumento y tocar una tonada sencilla como si fuera un robot.

La mayor parte de nuestra conciencia reside en el hemisferio izquierdo, que es el lado organizador; pero esto no quiere decir que el hemisferio derecho esté inactivo; éste continúa como el brillo de las estrellas durante el día, está ahí, pero no lo vemos. Si el lado izquierdo se ha vuelto excesivamente dominante, el hemisferio derecho, al ser bloqueado de diferentes maneras, ve reducida su oportunidad de compartir el proceso de la conciencia y sólo le queda expresarse a través de funciones subconscientes profundas (que se hacen evidentes a través de los sueños). La conciencia completa sólo emergerá de la colaboración integrada de las dos series de procesos.

En el siguiente ejemplo se demuestra cómo es que sobreviene ese bloqueo. Imagine el efecto en un niño cuando su madre presenta un mensaje de forma verbal, pero otro muy diferente con su expresión facial y lenguaje corporal. “Te estoy dando azotes, sólo porque te amo, cariño” dicen las palabras, pero “Te odio, te voy a destruir” dicen la cara y los azotes con el cuerpo. Cada hemisferio está expuesto al mismo estímulo sensorial, pero por sus respectivas especializaciones, cada uno enfatiza uno de los mensajes. El izquierdo va a atender solamente a las señales verbales, porque no puede extraer información de la gestalt facial y las sensaciones kinestésicas con eficiencia. El derecho atenderá a las señales no-verbales, porque se ha especializado en hacer esto y no puede comprender las palabras.

En esta situación, los dos hemisferios puede decirse que actúan en direcciones opuestas: el izquierdo acercarse, el derecho alejarse. Dado a que el izquierdo es el hemisferio que organiza, puede tomar el control de los canales de salida la mayor parte del tiempo, pero no puede “apagar” al lado derecho por completo, pero puede que se ajuste para desconectar la información conflictiva de ese lado. El proceso mental en el hemisferio derecho, segregado de esta forma de la conciencia hemisférica izquierda, que dirige el comportamiento de manera tan patente, es posible que no sea capaz de continuar una vida propia. La memoria de la situación, el contenido emocional y el plan de acción frustrado, pueden persistir; afectando la percepción subsecuente, y formando la base para las expectativas y evaluaciones de estímulos en el futuro. Esto puede tener efecto cuando el hemisferio derecho no está bloqueado y se manifiesta en interpretaciones irracionales equivocadas.

Cuando una persona está en el modo “cerebro-derecho” de una emoción extrema, como el amor, la ira o la pena, el dolor y la emoción hacen un esfuerzo por experimentarse, pero es incapaz de acceder a los postulados, conclusiones, y otros materiales almacenados verbal y conceptualmente en el izquierdo, que se encuentran debajo de los límites de la conciencia; en la persona, la forma de sobreponerse a ello, suele ser quedarse sin palabras.

Como resultado del mayor dominio del cerebro-izquierdo, las emociones se convierten en memorias simbólicas (“Yo estaba enojado”) en vez de sentir la sensación de lo que en realidad fue experimentado. La persona puede tener una descripción verbal del evento, pero es incapaz de experimentar la emoción y el dolor del mismo. El hemisferio izquierdo habitualmente persuade a las emociones dolorosas de detener su participación. Eventualmente, con un trafico reducido entre los hemisferios, las fibras nerviosas del canal conector (el cuerpo calloso) se atrofian por falta de uso (esto debe ser estimulado para que vuelva a desarrollarse con las técnicas de la Psicología Transformacional) y la calidad del funcionamiento cerebral sufre entonces severos retardos.

Una causa frecuente de este bloqueo es cuando el hemisferio derecho contiene información que el izquierdo encuentra claramente incómoda; ¡como la verdad! Por ejemplo, el hecho de cometer una mala acción, puede reprimirse de esta manera, así como cualquier experiencia que la mente encuentre que sea embarazosa, inaceptable o incómoda. De manera semejante, las creencias profundamente arraigadas y con una fuerte implicación emocional, se vuelven áreas con “carga” en el hemisferio derecho. La persona que es dominada por el lado izquierdo, tiende a ser gobernada por palabras y sistemas de creencias, al grado de segregarse de la realidad externa. Una persona con una mente integrada, utiliza las palabras como medio y está en contacto con la verdad donde sea que se encuentre.

La persona promedio, vive en gran medida un estado de ilusión sensorial de adoctrinamiento que no le permite estar clara acerca de cualquier cosa, excepto en raros intervalos de lucidez. Los estados de trance son mucho más comunes de lo que imaginamos. Es poco frecuente un estado de conciencia “objetivo”. La mayoría de nosotros estamos en un trance semi-despiertos, semi-dormidos, inducido por nuestra herencia cultural, genética, y nuestro sistema personal de creencias. Para volvernos despiertos por completo, debemos darnos cuenta por completo de todas las influencias que se relacionan con nuestro estado cotidiano de conciencia.

Por muchos siglos los Sufies han dicho que el hombre debe aprender a usar su mente de una manera diferente, si es que quiere progresar. Ese eslabón perdido, es el recuperar la integración de las funciones holísticas del lado derecho del cerebro. Nuestro hemisferio derecho -con su capacidad de apreciar un todo completo- provee el modo alternativo del conocimiento: para el reconocimiento facial, lectura de mapas, solucionar laberintos, etc.

¿Como es que nos sucedió esto? El dominio del cerebro-izquierdo, probablemente sucedió por nuestra necesidad básica de supervivencia en un mundo material. Debe haberse desarrollado cuando el hombre cambió de ser recolector a tener que matar para sobrevivir; incluido el tener que matar semejantes que amenazaban su territorio. El hombre se tuvo que organizar en grandes grupos para vivir. Tuvo que entregar una parte de sí para negar sus propias necesidades y sentimientos, en defensa de aquellos en su sociedad. Para ello requería una especie de mecanismo que le permitiera apagar el lado derecho, y así poder cometer actos como matar animales y a otros seres humanos.

La cuestión sobre esta división, es que una parte de nuestro cerebro puede sentir algo, mientras que el otro lado está pensando algo muy diferente. La persona dividida puede gritarle y no saber por qué lo hace, aunque tratará de racionalizar sus actos y echarle la culpa a las circunstancias o a los demás. Con esta división del cerebro, uno podría pensar una cosa y estar haciendo otra. Los sentimientos pueden ser transmutados a la forma simbólica, desconectados de sus raíces emocionales, se integran a la vida simbólica ritualista, con la consecuente pérdida del sí mismo. Así, el hombre puede entonces matar a otros por motivos religiosos, o matar a otros cuando el Estado (una abstracción - no él mismo) es amenazado.

En tanto el hombre le fue cediendo a una autoridad superior su derecho a tomar decisiones, se volvió más activo su hemisferio simbólico y represivo. Desarrolló todo tipo de ideas y racionalizaciones para mantenerse alejado de sus emociones. El trance cultural había comenzado.

Durante miles de años nuestros ancestros reforzaron el dominio de lado izquierdo del cerebro, porque esa era la manera de hacer las cosas. Las dos especializaciones funcionaban de manera eficaz, el derecho apoyando el uso de herramientas de las manos izquierdas, incluyendo la escritura. Todo nuestro sistema de aprendizaje, aplicación y operación -libros, escuelas, universidades, industria, estructuras políticas, iglesias- es dominado fundamentalmente por el hemisferio izquierdo. Generalmente, hemos relacionado las funciones del cerebro derecho con el recelo, la frustración y los temores.

De hecho utilizamos nuestro cerebro derecho durante nuestra vida cotidiana, de diversas y sutiles maneras. Mientras que el cerebro-izquierdo le sirve a nuestra conciencia, el lado derecho nos sirve para darnos cuenta. A pesar de que el cerebro izquierdo parece predominar y coordinar el comportamiento general de ambas mitades, es el lado menor el que es capaz de ver las cosas en una perspectiva más amplia. Ve el contexto, y ve las partes de un caso. Es el cerebro derecho el que conoce hechos que resuelve el lado izquierdo del cerebro, y puede sacar conclusiones (conexiones) de ellos. Hace que los hechos sean “significativos”.

La importancia de entender nuestra dualidad de conciencia, es, por una parte, ver que es posible tener pensamientos que no tienen nada que ver con lo que estamos sintiendo; y por otra, que tratar de cambiar a alguien para mejor sólo a través de sus ideas e intelecto, sería un ejercicio en vano. El cerebro-izquierdo puede darse cuenta de que el fumar puede ser causa de cáncer, pero la persona seguirá encendiendo un cigarrillo. La persona se da cuenta pero no es consciente.

IZQUIERDO DERECHO
Descripción verbal, explícita

Lineal - un pensamiento después de otro

Secuencial, ordenada, contando

Racional, conclusiones basadas en la razón

Abstracto - representa el conjunto por una parte

Conceptual, símbolos de palabras

Pensamiento lógico, análisis

Simboliza, sentimientos evaluativos (cabeza)

Convergentes, enfocado (atiende al detalle)

Soluciona problemas para lograr objetivos

Organiza acciones, masculino

Maneja el tiempo, reflexivo, objetivo


Orientado a Fines, télico

Imagina los detalles, cuenta historias

Memoria simbólica a corto plazo

Debilidad hostil, fuerza amistosa

Hipócrita, mentiroso

Conciencia del Ego

Conciencia no verbal, implícita

Espacial, relacional, holístico, síntesis

Simultánea, espontánea

No-racional, dispuesta a no hacer juicios


Analógico - ve las similitudes


Perceptual, concreta, imágenes-símbolos

Ideas intuitivas, conexiones

Sentimientos afectivos y emociones (corazón)

Divergentes, contextual (omite el detalle)

Percibe problemas

Apoyo, receptivo, femenino

Sólo tiene el tiempo presente, activo, implicado

Orientado a Medios, paratélico

Construye contextos, hipótesis

Memoria perceptual a largo plazo

Debilidad amistosa, fuerza hostil

Auténtico, genuino

Sub-conciencia

Fallos de funcionamiento: falsear,
inventar, no asumir, confundir, fijar
Bloqueos: represión, invalidación,
negación, condicionamientos aceptados

El hombre es consciente, como lo son los animales, a los estímulos externos, pero para ser consciente de que él es consciente, darse cuenta de sí mismo, la facultad introspectiva es la que lo distingue de los animales. Pero sólo puede ser objetivo de modo significativo acerca de sí mismo cuando sus emociones y la compresión contextual están conectadas e integradas.

La lógica está bien para hacer un recorrido mental sobre los errores del pasado y para anticipar el futuro, de tal manera que no cometamos las mismas torpezas de nuevo. Pero no hay manera de que podamos vivir en verdad en cualquiera de estos dos modos del tiempo, y el esfuerzo por hacerlo puede dañar nuestra mente y nuestro cuerpo. Nuestra tarea es entonces aprender a liberarnos del trance cultural, recuperar ilusiones, y vivir la vida en el hoy, con una mente despierta dentro de una completa objetividad consciente.

En nuestra vida diaria, vivimos en dos mundos simultáneamente, los modos izquierdo y derecho. El modo izquierdo está asociado con la lógica, el pensamiento lineal, racionalidad, agendas, tiempo, secuencias, medidas, lo obvio, nombres, citas, razonamiento destructivo: las cosas que aprendemos en la escuela. El modo derecho trata acerca de la intuición, comprensión holística, movimiento expresivo, arte, poesía, emociones, lo oculto, lo inferido y la imaginería; en resumen, el estado de “¡ah-ha!”. En terapia, se accede mejor al inconsciente por la ruta de las imágenes y los sentimientos; las respuestas entonces son reveladas por el inconsciente, que, de otra manera, no podrían ser alcanzadas por la mente racional.

El cerebro derecho, por su propia naturaleza, no puede mentir; el cerebro izquierdo es experto en mentir: construye mentiras, cuenta historias, racionaliza, culpa y erige las defensas del Ego.

Mientas conversamos, nos decimos unos a otros lo que nos parece mejor: detalles, acerca de emociones admisibles, trivialidades sociales, medias verdades, mentiras y todo aquello que nos sea necesario decir para funcionar en el mundo cotidiano. Pero es mejor que no digamos lo que en realidad estamos pensando; debemos omitir información y mentir, con la intención de proteger a otros o a nosotros de potenciales verdades dolorosas.

Nosotros, mientras tanto, nos contamos a nosotros la verdad reprimida; ambas, la de la realidad consciente y la de las dimensiones más profundas de nuestro ser más íntimo, acerca de eventos, información, nuestros motivos; pero esto no será revelado a través de la mente consciente. Son nuestras emociones directas, utilizando imágenes y metáforas, las que nos plantean la verdad sin necesidad de andarse con rodeos. Los mensajes ocultos ocurren especialmente en momentos en que el cerebro derecho es estimulado: cuando una persona está expresando su Ser de manera emocional o creativa.

Entonces ya no es necesario mentir o aparentar. Hacer esto es resistir la lucha de poder, la tiranía, la baja estima y el aislamiento; en cambio la verdad nos acerca, aunque nos hace tomar más riesgos al abrirnos y exponer nuestra vulnerabilidad. Como seres humanos, queremos ser bien recibidos, por nuestra necesidad de ser aceptados, para encontrar fuerza y también ser amados, para ser reconocidos por lo que verdaderamente somos. Al ser honestos con nuestros semejantes y con nosotros mismos, nos es posible tocar una cuerda que resuene en el corazón de todo ser humano.